Cero grados bastan para matar un flamboyant de un año. Ese dato condiciona todo lo demás: la fecha de siembra, el tamaño de la maceta, dónde pasa el invierno y hasta la cantidad de agua que se le da en diciembre. El Delonix regia es un árbol tropical de Madagascar, de la familia de las leguminosas, y en la península ibérica solo vive al aire libre en una franja muy estrecha del litoral. En el resto del país se cultiva en maceta y se protege, o no pasa del primer febrero.

Dicho eso, es una planta agradecida de sembrar. Las semillas germinan rápido, la plántula crece a ojos vista y en septiembre del primer año puede tener ya medio metro y hojas bipinnadas de aspecto de helecho. Lo que hay que aprender es a acompañarla en los meses en los que no crece.

Dónde puede vivir en España

El flamboyant necesita zonas USDA 10 y 11. En la práctica, eso significa que un ejemplar adulto y bien establecido aguanta plantado en tierra en las islas Canarias, en la costa de Málaga y Granada, en puntos abrigados de Almería, Murcia y el sur de Alicante, y poco más. Un adulto puede encajar una helada corta de uno o dos grados bajo cero perdiendo las ramas finas; un ejemplar de uno o dos años, no. El tejido joven es herbáceo, se congela entero y el árbol se pierde desde la base.

Fuera de esa franja —Madrid, Valladolid, Zaragoza, el interior de Andalucía, toda la cornisa cantábrica— el flamboyant es una planta de maceta que veranea fuera y pasa el invierno resguardada. Se puede tener así muchos años, pero conviene saber desde el principio que no florecerá: la floración llega hacia los ocho o diez años desde semilla, y solo en ejemplares plantados en suelo, grandes y con calor suficiente. Un flamboyant en maceta de treinta centímetros en un piso de Burgos es un árbol de hojas bonitas, no un árbol de flores.

Semillas de flamboyant, Delonix regia, listas para escarificar

Las semillas y su coraza

El fruto es una legumbre leñosa que puede pasar de los cincuenta centímetros de largo y que permanece colgando del árbol durante meses, ennegrecida. Dentro hay entre veinte y cuarenta semillas alargadas, de un par de centímetros, jaspeadas en gris y marrón, con una cubierta durísima e impermeable.

Esa dureza tiene una ventaja práctica: la semilla se conserva viable durante años en un sobre, en seco y a temperatura ambiente. Si te regalan una vaina en un viaje, no hay prisa por sembrar. Espera a la primavera.

Y tiene un inconveniente: sembrada tal cual, la semilla no absorbe agua y puede tardar meses en germinar, o no hacerlo nunca. Hay que romper la impermeabilidad de la cubierta. A esto se le llama escarificación y hay dos formas fiables:

Con lima o lija. Se desgasta un lado de la semilla, el opuesto al hilio, hasta que asoma el color claro del interior sin llegar a tocarlo. Después, doce horas en agua a temperatura ambiente. Es el método más controlable.

Con agua caliente. Se calienta agua hasta que empieza a humear, se retira del fuego, se echan las semillas y se dejan enfriar dentro veinticuatro horas. Aquí hay una confusión que sale cara: hervir las semillas no es escarificar, es cocerlas. El agua se retira antes de romper a hervir y no se vuelve a calentar. Al día siguiente, las semillas que han absorbido agua estarán hinchadas y blandas al tacto; esas son las que germinarán. Las que sigan duras y del mismo tamaño se pueden repasar con la lima y volver a remojar.

Siembra y primeras semanas

La siembra se hace de abril a junio, cuando el sustrato se mantiene por encima de 25 °C sin necesidad de calefacción. Con temperaturas de 25 a 30 °C, la radícula asoma entre el quinto y el decimoquinto día. Por debajo de 18 °C la germinación se vuelve lenta y errática, y las semillas hinchadas se pudren antes de brotar.

Siembra en macetas individuales, no en semillero colectivo. El flamboyant emite muy pronto una raíz pivotante recta y potente que no tolera bien que la corten al repicar. Un tiesto profundo de nueve o diez centímetros de lado, o mejor un cono forestal alargado, evita ese trasplante temprano. Entierra la semilla a un centímetro, tumbada, y riega para asentar.

El sustrato debe ser drenante y pobre: mitad turba o fibra de coco, mitad perlita o arena silícea gruesa. Nada de tierra de jardín ni de compost fresco en la maceta de siembra. La plántula sale con dos cotiledones gruesos y verdes que le dan de comer las dos primeras semanas; no necesita ningún abono hasta que tenga tres o cuatro hojas verdaderas.

Esos cotiledones son también el bocado favorito de babosas y caracoles. Una plántula descabezada en una noche de mayo no rebrota: no le queda yema. Si el semillero está en el suelo del patio, súbelo a una mesa y revisa los bordes de las macetas.

Luz, riego y crecimiento del primer verano

Recién nacida, la plántula agradece unos días de luz tamizada. A partir de la segunda o tercera semana quiere sol directo, cuanto más mejor, aclimatándola de forma gradual para no quemar las hojas tiernas. Criada tras un cristal, en el interior de una casa, se estira, produce entrenudos larguísimos y acaba doblada sobre sí misma con un tallo que no se sostiene. Un flamboyant etiolado en junio ya no se endereza; como mucho se corta y se deja rebrotar.

El riego durante el verano es abundante pero espaciado: se empapa el cepellón y se deja que la superficie se seque un par de centímetros antes de repetir. En una maceta pequeña al sol de julio en el interior peninsular eso puede ser a diario. El problema no es regar mucho en verano, sino regar poco y a menudo, que mantiene húmeda la capa de arriba y deja seca la punta de la pivotante.

Con calor, sol y agua, el crecimiento del primer verano ronda los 40 a 80 centímetros. Las primeras hojas son simplemente pinnadas y engañan; a partir de la cuarta o quinta empiezan a salir bipinnadas, con esa textura de helecho que define al árbol. Abona quincenalmente y flojo —a la mitad de la dosis de la etiqueta— con un fertilizante equilibrado, desde junio hasta mediados de agosto, y para ahí. Alimentar en septiembre produce brotes tiernos que llegan a noviembre sin lignificar y se estropean al primer frío.

No podes nada el primer año. La plántula construye un eje único y ese eje será el tronco. Despuntarla para «que engorde» solo consigue un arbusto de tres guías que luego hay que corregir.

Plagas y problemas del primer año

Damping-off. La plántula se estrangula a ras de sustrato y cae de un día para otro. Lo causan hongos de suelo (Pythium, Rhizoctonia) favorecidos por sustrato encharcado, poca luz y aire quieto. No tiene tratamiento una vez que ha ocurrido: se previene con sustrato drenante, riegos espaciados y ventilación.

Araña roja (Tetranychus urticae). Aparece en ambientes secos y calurosos, sobre todo en la planta invernada dentro de casa cerca de un radiador. Las hojas se ven punteadas de amarillo y, con lupa, se distinguen los ácaros y la tela fina en el envés. Lavados a presión en el envés, humedad ambiental y, si hace falta, un acaricida específico. Los insecticidas generalistas no la matan y sí matan a sus depredadores.

Pulgón. Coloniza los brotes tiernos en primavera. Con hormigas subiendo por el tallo, casi seguro que hay pulgón o cochinilla arriba. Jabón potásico a última hora de la tarde, repitiendo a los cinco días.

Cochinilla algodonosa. Se instala en las axilas de las hojas y en el envés de los foliolos. En una planta pequeña se retira a mano con un bastoncillo mojado en alcohol; en una mayor, aceite de parafina fuera de las horas de sol.

Amarilleo generalizado. Si las hojas viejas amarillean y caen en octubre, no pasa nada: el flamboyant es caducifolio y en nuestro clima se deshoja en otoño. Si amarillean en pleno julio, mira el drenaje antes que el abono.

El primer invierno, que es lo difícil

El árbol pierde las hojas y se queda en un palo pardo con yemas. Parece muerto y no lo está. A partir de ahí, dos reglas.

La primera es la temperatura. Entra la maceta antes de la primera helada, con los primeros fríos de octubre o noviembre según la zona, y busca un sitio luminoso y fresco: entre 8 y 15 °C es ideal. Un garaje con ventana, una galería sin calefacción, un invernadero frío. Lo que hay que evitar es el salón caldeado a 22 °C, donde la planta ni descansa ni crece bien, brota débil en enero y cría araña roja.

La segunda es el agua. Un flamboyant sin hojas no transpira y consume muy poco. Riega una vez cada tres o cuatro semanas, lo justo para que el cepellón no llegue a polvo. Un riego semanal en enero sobre un árbol dormido y frío pudre el cuello, y el fallo se descubre en abril cuando el resto de las plantas brota y esta no. Si dudas, pesa la maceta con la mano en lugar de mirar la superficie.

La brotación llega tarde, con frecuencia entre abril y mayo, y más tarde aún que en otras plantas del patio. No des el árbol por perdido hasta junio: rasca con la uña un centímetro de corteza en la base y, si aparece verde debajo, sigue vivo.

Ejemplar joven de Delonix regia con hojas bipinnadas

La segunda primavera: trasplante y decisiones

Cuando la yema apical se hincha y empieza a moverse, es el momento de cambiar de maceta. Sube un solo escalón de tamaño y elige un tiesto alto antes que ancho, por la raíz pivotante. Manipula el cepellón entero, sin deshacerlo ni «peinar» las raíces: el flamboyant responde mal a la poda de raíz en frío y puede pasarse medio verano parado.

El sustrato definitivo puede ser más rico que el de siembra: tierra de jardín o sustrato universal con un tercio de arena gruesa o grava fina. La especie no es exigente con el pH y tolera bien los suelos calizos habituales en gran parte de España, algo poco frecuente entre los árboles ornamentales de origen tropical.

Si vives donde puede plantarse en tierra, la plantación definitiva se hace en primavera, con el árbol ya brotado, y hay que pensarla dos veces. El flamboyant desarrolla raíces superficiales gruesas y extendidas y una copa en parasol que supera con facilidad los diez metros de diámetro. Plantado a dos metros de una acera, la levanta. Plantado junto a una piscina, mete raíz bajo el vaso y deja además una alfombra de flores y de vainas de medio metro cada verano. Necesita distancia: seis u ocho metros libres de todo, como mínimo.

Una confusión de vivero que conviene aclarar

En muchos centros de jardinería del levante y del sur aparece etiquetado como «flamboyán enano» o «poinciana enana» un arbusto de floración naranja y roja muy vistosa que no es un Delonix: es Caesalpinia pulcherrima, hoy Erythrostemon pulcherrimus. Comparten familia y cierto aire en la flor, pero la diferencia práctica es grande. La Caesalpinia se queda en dos o tres metros, florece el segundo o tercer año, rebrota de cepa aunque se hiele la parte aérea y aguanta el invierno en Valencia o Sevilla sin problema. Si lo que buscas es color en tres años y no en diez, es la compra sensata; si lo que quieres es el árbol de las fotos del Caribe, entonces tiene que poner Delonix regia en la etiqueta.

En resumen

El primer año de un flamboyant se juega en dos momentos. En primavera hay que escarificar bien la semilla —lima o agua caliente retirada del fuego, nunca hervor— y sembrarla en maceta individual, profunda, con sustrato drenante y a más de 25 °C. Durante el verano quiere sol directo, riegos abundantes y espaciados, y un abonado flojo que se corta a mediados de agosto para que el brote se endurezca a tiempo.

El invierno es la prueba de verdad. Deshojado y dormido, el árbol necesita un sitio luminoso y fresco, entre 8 y 15 °C, y prácticamente nada de agua: un riego cada tres o cuatro semanas. El calor de un salón y el riego semanal son las dos cosas que se llevan por delante a los ejemplares de primer año. En el resto, es un árbol rápido, tolerante con la cal y fácil de contentar, siempre que se acepte lo que no puede dar: fuera de Canarias y del litoral más cálido, tendrás un follaje espectacular, pero no verás la floración.


Contenidos relacionados