La planta de la que habla esta página es Impatiens glandulifera, la balsamina del Himalaya, y lo primero que hay que saber de ella no es para qué sirve, sino que no se puede plantar. Figura en la lista de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión, la que desarrolla el Reglamento (UE) 1143/2014, y eso significa que en España está prohibido cultivarla, venderla, transportarla, intercambiarla y liberarla en el medio natural. No es una recomendación de jardinería: es una prohibición legal con sanciones detrás.

La segunda cosa que conviene aclarar es el nombre. El texto que ocupaba antes esta página se titulaba «ancho» y la presentaba como una flor de Bach que se toma en infusión para la impaciencia y los nervios. La planta es la correcta, porque el preparado floral que Edward Bach llamó Impatiens se hace efectivamente con Impatiens glandulifera. Lo que no es correcto es nada de lo demás: ni «ancho» es un nombre documentado de esta planta en español, ni las flores de Bach se toman en infusión, ni tienen eficacia demostrada. Vamos por partes.

Flores rosadas de balsamina del Himalaya sobre tallos altos con hojas dentadas Balsamina del Himalaya, Impatiens glandulifera. Las flores en forma de casco y los tallos gruesos y rojizos la delatan en cualquier ribera del norte.

Cómo se reconoce

Es una herbácea anual, de las más altas que se pueden ver en Europa, con tallos huecos, gruesos, con nudos hinchados y a menudo teñidos de rojo, que se parten con facilidad. Las hojas son lanceoladas, de borde finamente dentado, opuestas o en verticilos de tres. Las flores, de junio al otoño, son grandes, rosadas o malva (a veces casi blancas), con forma de casco o de zapatilla y un espolón corto hacia atrás.

El rasgo que le da el nombre científico está en el fruto: una cápsula alargada que, al madurar, salta al menor roce y dispara las semillas a varios metros. De ahí lo de Impatiens, la impaciente. Si pasas la mano por una mata en septiembre, las cápsulas estallan solas.

Crece en riberas, cunetas húmedas, bordes de acequia y suelos frescos y ricos, donde forma masas continuas que no dejan ver el suelo. En España está presente sobre todo en el tercio norte.

Por qué es un problema y qué hacer si la tienes

Una anual que semilla así, en un ambiente que le va bien, forma poblaciones densísimas que dan sombra y desplazan a la vegetación de ribera. El problema no acaba ahí: como es anual, al llegar el invierno muere entera y deja el talud desnudo justo cuando vienen las crecidas, con lo que se favorece la erosión de la orilla. Y las semillas viajan flotando río abajo, así que una mata en la cabecera siembra kilómetros de cauce.

Hay un matiz que se cita a menudo y es cierto: la flor produce mucho néctar y atrae muchísimo a las abejas. Eso ha hecho que algunos apicultores la vean con buenos ojos. No cambia el balance, entre otras cosas porque esa misma atracción desvía polinizadores de las plantas autóctonas que florecen a la vez.

Si la tienes en una parcela, lo eficaz es sencillo y no requiere ningún producto: arrancarla o segarla antes de que forme semilla, es decir, en cuanto florece y nunca más tarde. Se arranca fácil porque la raíz es superficial. Los restos no se compostan sueltos ni se tiran al río: se embolsan y se gestionan como residuo. Y hay que repetir varios años, porque el banco de semillas del suelo sigue germinando. No muevas tierra de una zona infestada a otra.

El marco español en esta materia es el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, aprobado por el Real Decreto 630/2013, que es donde se consulta el régimen aplicable a cada especie junto con la lista de la Unión. Si aparece una población nueva en tu zona, lo útil es avisar al servicio de medio ambiente de la comunidad autónoma.

No la confundas con las alegrías del jardín

El artículo original la llamaba «la flor de la alegría de la casa», y ahí mezclaba dos cosas. Las alegrías de jardinería son otras especies del mismo género, perfectamente legales y muy cultivadas:

  • Impatiens walleriana, la alegría de la casa de toda la vida, la de las flores planas en macizos de sombra.
  • Impatiens hawkeri, la alegría guineana o Nueva Guinea, de hoja más oscura y flor más grande.
  • Impatiens balsamina, la balsamina de jardín, anual y con las flores pegadas al tallo.

Las tres son plantas de maceta y de macizo, no tienen nada que ver con la invasora de ribera salvo el parentesco y ese mismo mecanismo de cápsulas explosivas, que en las de jardín también funciona.

De dónde sale lo de «ancho»

Aquí toca ser honesto: no se puede atribuir. «Ancho» no consta como nombre común de Impatiens glandulifera ni de ninguna otra planta del género en las fuentes de flora en español. Los nombres que sí se usan son balsamina del Himalaya, impaciencia, hierba de Santa Catalina y, en la jerga de las floristerías, simplemente impatiens. En castellano, «ancho» designa más bien un tipo de chile mexicano seco, el poblano deshidratado, que no tiene ninguna relación con esto.

Lo más probable es que sea un artefacto: los preparados de Bach circulan con sus nombres ingleses, las listas se copian y se traducen mal de página en página, y en algún punto de esa cadena aparece una palabra que ya no corresponde a nada. Preferimos decirlo así antes que inventar una etimología.

Las flores de Bach, contadas sin adornos

El sistema de Edward Bach consta de 38 preparados obtenidos macerando flores en agua al sol, o hirviéndolas, y conservando el líquido resultante en brandy, para después diluirlo mucho. Cada uno se asigna a un estado de ánimo. Impatiens es el que se asigna a la impaciencia y a la irritabilidad, y de ahí venía todo el texto anterior.

Lo que hay que saber es esto: se han hecho ensayos aleatorizados y controlados con placebo, y se han publicado revisiones sistemáticas que los agrupan, y el resultado consistente es que los preparados florales no se distinguen del placebo. No son medicamentos, no son fitoterapia y no tienen ninguna declaración de propiedades saludables autorizada en la Unión Europea. Las declaraciones que existen para los alimentos están recogidas en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión Europea tras evaluación científica. Si te interesa el tema, está desarrollado en Flores de Bach: qué son y qué dicen los ensayos.

Y una precisión práctica: el texto original hablaba de beber infusiones de esta flor para la ansiedad, el acné, los nervios o para reducir el riesgo de accidentes. Eso no es ni siquiera lo que propone el sistema de Bach, que no usa infusiones, y desde luego no es algo que debas hacer con una planta invasora recogida en una cuneta. Ante un problema de ansiedad, de piel o de sueño, el sitio al que hay que ir es la consulta del médico.

En resumen

Detrás del nombre «ancho» hay una planta muy concreta, Impatiens glandulifera, la balsamina del Himalaya: una anual alta, de tallos huecos y flores rosadas en casco, que dispara sus semillas al tocarla y que en las riberas del norte de España forma masas que desplazan a la flora autóctona y dejan el talud desnudo en invierno. Está incluida en la lista de especies exóticas invasoras de la Unión y no se puede cultivar, vender ni soltar en el medio natural.

Es también la planta con la que se elabora el preparado floral Impatiens de Bach, y ese es todo su interés en esta sección: cultura popular, no remedio. Los ensayos controlados no distinguen esos preparados del placebo, no hay ninguna propiedad saludable autorizada y no hay infusión que tomar. Si querías una impatiens para el jardín, la que buscas es la alegría de la casa o la de Nueva Guinea, y esas sí se plantan sin problema.


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