Temperatura media y alta
Pleno sol o semisombra
Suelo rico y bien drenado
Riego diario en verano
Hoja perenne
Flor: verano

La Impatiens hawkeri, que en los viveros españoles se vende como alegría guineana o alegría de Nueva Guinea, es una herbácea de la familia de las balsamináceas originaria de Nueva Guinea. Se cultiva por una floración prácticamente continua desde que se asientan los calores de primavera hasta que llegan los primeros fríos. Las flores son planas, de cinco pétalos, y aparecen en rojo, naranja, coral, fucsia, lila, rosa y blanco sobre un follaje lustroso que a menudo lleva el nervio central teñido de rojo o de bronce.

Lo que la separa de la alegría de toda la vida, la Impatiens walleriana, es el porte y la resistencia. Tiene hojas mayores y lanceoladas, dispuestas en verticilos, tallos gruesos y jugosos, flores de más tamaño y bastante más tolerancia al sol directo. Esa diferencia se volvió decisiva cuando el mildiu velloso de las impatiens (Plasmopara obducens) arrasó los cultivos de walleriana en Europa y Norteamérica: la guineana resultó ser mucho menos sensible a ese hongo, y por eso ocupó buena parte del hueco que dejó en jardineras y macizos de temporada.

Cómo reconocerla

La mata es redondeada y compacta, de una altura que en cultivo de temporada suele quedarse en el entorno de los 30 o 40 centímetros, con un diámetro parecido. Los tallos son carnosos, translúcidos, quebradizos, y se parten con solo doblarlos: esa fragilidad es una de las señas del género y conviene tenerla en cuenta al manipular las plantas en el vivero o al plantarlas.

Las hojas son lanceoladas, con el borde finamente aserrado, de un verde oscuro brillante que en muchos cultivares vira al bronce, al granate o al verde con nervadura roja. Hay también variedades variegadas, con márgenes crema o amarillos. Ese follaje decorativo es una ventaja frente a la walleriana, cuya hoja es más pequeña y de color más plano.

La flor tiene cinco pétalos abiertos en un solo plano, con un espolón fino que sale hacia atrás y que es característico del género. Los colores son planos y muy saturados, y en algunos cultivares aparecen bicolores y ojos contrastados. El nombre Impatiens viene de las cápsulas maduras, que en las especies silvestres estallan al menor roce y disparan las semillas; en los híbridos de jardín la fructificación es escasa o nula, porque la selección ha ido hacia plantas que gastan toda su energía en flor.

Dónde y cómo plantarla

En España se maneja como planta de temporada. No aguanta las heladas, y basta un episodio de frío para que los tallos se deshagan, así que se planta en primavera, una vez pasado el riesgo de heladas tardías, y se disfruta hasta el otoño. En las zonas libres de heladas del litoral mediterráneo, Canarias y algunos puntos del sur puede comportarse como perenne y rebrotar al año siguiente, que es lo que refleja la ficha al indicar hoja perenne.

La exposición admite pleno sol o semisombra según el cultivar y, sobre todo, según la zona. En el norte y en el interior con veranos suaves aguanta el sol de todo el día sin problema. En el interior peninsular con veranos duros y en el sur, el sol de mediodía de julio y agosto le pasa factura: las hojas se marchitan a media tarde y las flores duran menos. Ahí lo sensato es sol de mañana y sombra en las horas centrales. Las series seleccionadas específicamente para resistir el calor, como las SunPatiens desarrolladas por Sakata a partir de cruces interespecíficos, toleran bastante mejor esa insolación.

Es una planta que luce en maceta, jardinera de balcón y cesta colgante, y también en macizo si el suelo es suelto y se riega. En cesta y jardinera pide un volumen razonable: en recipientes pequeños el sustrato se seca a mediodía y la planta responde tirando flores y hojas.

Riego y sustrato

El sustrato debe ser rico y bien drenado, con materia orgánica que retenga humedad pero que no encharque. Una mezcla de turba o fibra de coco con compost y un porcentaje de perlita funciona bien en contenedor. En suelo de jardín conviene enmendar con compost si el terreno es pobre o muy arcilloso.

El riego es la clave del cultivo y la principal razón por la que estas plantas fracasan. En verano necesitan agua a diario, y en maceta pequeña bajo sol directo, a veces dos veces al día. La planta avisa antes de sufrir daño real: los tallos y las hojas se descuelgan de golpe y recuperan turgencia en menos de una hora tras el riego. Si se repite mucho ese ciclo de estrés, la planta pierde flores y se abre por la base.

El exceso tampoco perdona. Con el sustrato permanentemente saturado y poca ventilación aparecen podredumbres de cuello y raíz que matan la mata en pocos días. Lo correcto es regar de forma abundante y dejar que la capa superficial se seque un poco antes del siguiente riego, sin llegar nunca a la marchitez profunda. Los platos con agua estancada bajo la maceta son un error.

Con floración tan continua, la planta agota los nutrientes del sustrato rápido. Un abono líquido para plantas de flor cada una o dos semanas durante toda la temporada mantiene el color de la hoja y el ritmo de floración.

Poda y mantenimiento

No necesita poda propiamente dicha. Sí agradece que se pinzen las puntas de los tallos cuando la planta es joven, para que ramifique y forme mata en lugar de estirarse. Si a mitad de verano se ha desmadejado y muestra tallos largos con flor solo en la punta, un recorte de un tercio y un abonado la rejuvenecen: en dos o tres semanas rebrota y vuelve a florecer.

Las flores marchitas caen solas y no hace falta retirarlas para que la planta siga floreciendo. Sí conviene limpiar de vez en cuando las hojas secas del interior de la mata, que son el punto de entrada habitual de la botritis en otoño.

Plagas y problemas frecuentes

La araña roja es la plaga más común en verano seco y caluroso, sobre todo en balcones muy soleados. Se detecta por un punteado amarillento en el haz y telarañas finas en el envés. Aumentar la humedad ambiental y mojar el envés al atardecer la frena bastante.

El trips deforma las flores y les deja manchas plateadas; la mosca blanca y el pulgón se ceban con los brotes tiernos, sobre todo si se ha abonado en exceso con nitrógeno. Las babosas y caracoles pueden destrozar en una noche una planta recién puesta en el macizo, porque los tallos tiernos son un bocado fácil.

Entre las enfermedades, la botritis aparece en otoño con humedad y frío, como un moho gris sobre flores y hojas viejas. Del mildiu velloso ya se ha hablado: la guineana no es inmune, pero es claramente menos sensible que la walleriana, y en la práctica rara vez da problemas en jardín particular.

Multiplicación

Por esqueje es muy sencillo, y es el método natural para conservar un cultivar que gusta. Se corta una punta de tallo de unos diez centímetros, se le quitan las hojas inferiores y se pone en un vaso de agua o directamente en sustrato ligero y húmedo. En verano enraíza en una o dos semanas. Es una forma barata de conservar plantas de un año para otro: se hacen esquejes a finales de verano, se pasan el invierno en el interior junto a una ventana luminosa y se sacan al exterior en primavera.

La siembra tiene menos sentido para el aficionado. La mayoría de las plantas del mercado son híbridos, cuya semilla no reproduce fielmente las características de la madre, y muchas apenas fructifican.

Usos en el jardín

Su terreno natural son las zonas de sombra parcial que se quieren llenar de color durante meses: el pie de un árbol grande, un patio orientado al este, una galería, la parte umbría de una terraza. Ahí resuelve lo que pocas plantas resuelven, que es color intenso sin sol pleno.

Combina bien con plantas de follaje que compartan sus exigencias de riego, como coleos, helechos, heucheras o hostas, y con otras plantas de temporada de porte colgante en cestas mixtas. Al ser una mata compacta y de floración uniforme, funciona muy bien plantada en grupo, con varios ejemplares del mismo color, o alternando dos tonos que contrasten.

Variedades

El mercado de la alegría guineana está dominado por series comerciales, no por variedades botánicas. Las series se seleccionan por el porte de la mata, la resistencia al calor y la gama de color, y cada temporada aparecen nuevas. La distinción práctica que importa al comprar es si la serie está pensada para sombra parcial o si tolera pleno sol, porque en el clima español esa diferencia cambia por completo el resultado. Las de follaje bronce o variegado aportan interés incluso fuera del pico de floración.

En resumen

La Impatiens hawkeri es una planta de temporada de floración larguísima y colores intensos, más robusta y más tolerante al sol que la alegría clásica, con hojas grandes y lustrosas que ya adornan por sí solas. Pide un sustrato rico y bien drenado, riego diario en verano, abonado regular y protección del sol de mediodía en las zonas más calurosas de la Península.

No resiste el frío, así que en la mayor parte de España se trata como anual, aunque en el litoral sin heladas sigue de un año para otro. Conservarla es fácil con esquejes de finales de verano, que enraízan en un vaso de agua en un par de semanas. Con riego constante y un pinzado a tiempo para que ramifique, da color desde mayo hasta bien entrado el otoño en lugares donde pocas plantas florecen tanto.


Contenidos relacionados