Dos cosas atraen a quien se acerca a una pasiflora después de haber visto la flor: si eso que cuelga se come, y si es verdad lo que dice la caja de infusión de la farmacia. Las dos preguntas tienen respuesta, y ninguna de las dos es la que se espera. El fruto se come solo en algunas especies, y de la parte medicinal hay tradición larga, evidencia corta y bastantes matices.
Qué fruto es cada uno
El fruto del género es una baya, con corteza dura y coriácea y el interior hueco, ocupado por semillas envueltas cada una en un saco jugoso llamado arilo. Lo que se come es ese arilo: la pulpa gelatinosa y aromática que rodea la pepita. No hay carne entre la piel y las semillas, como en una manzana; la baya es esencialmente un recipiente.
Passiflora edulis es la que vale. Redonda u ovoide, de cinco a ocho centímetros, con la pulpa naranja intensa, muy perfumada y de acidez alta. Es la que se vende con el nombre de maracuyá, fruta de la pasión o parchita.
Passiflora caerulea, la que de verdad crece en los jardines peninsulares, da un fruto ovoide de cuatro o cinco centímetros que pasa de verde a un naranja intenso llamativo. Es comestible cuando está maduro del todo, pero no merece la pena: la pulpa es escasa, aguada, sosa y con un punto amargo, sin nada del aroma del maracuyá. Se planta por la flor y por la fauna, no por la cosecha. Y un matiz que sí importa: como el resto de la planta, el fruto verde contiene glucósidos cianogénicos y no debe comerse; con niños en el jardín conviene saberlo, porque el fruto naranja llama mucho la atención. Lo mismo vale para hojas y tallos, que no son comida.
Otras especies de fruto aprovechable, todas tropicales y raras aquí fuera de invernadero: Passiflora ligularis, la granadilla, de corteza naranja y pulpa dulce y poco ácida; Passiflora quadrangularis, la badea, cuyo fruto puede pasar del kilo y del que se aprovecha también la pared carnosa; y Passiflora alata o Passiflora mollissima, de calidad menor.
Morada y amarilla: la misma especie, dos plantas distintas
El maracuyá comercial se reparte en dos formas botánicas de Passiflora edulis que en el mercado se comportan casi como productos diferentes.
La morada (Passiflora edulis f. edulis) da un fruto pequeño, de cuatro a seis centímetros, con la corteza púrpura muy oscura al madurar. La pulpa es más dulce, menos ácida y más aromática, y por eso es la que se destina a consumo en fresco. La planta prefiere clima subtropical de altura, fresco por la noche, y es en buena medida autofértil, así que cuaja sin ayuda. A cambio es menos vigorosa y bastante sensible a la fusariosis del cuello.
La amarilla (Passiflora edulis f. flavicarpa) da un fruto mayor, de hasta ocho o nueve centímetros, de corteza amarilla brillante. Es marcadamente más ácida y con más rendimiento de zumo, lo que la ha convertido en la base de la industria de néctares y concentrados. La planta es más vigorosa, más resistente a las enfermedades de suelo y de clima tropical cálido de tierras bajas. Su problema es que resulta en gran medida autoincompatible: necesita polen de otro individuo genéticamente distinto, y el trabajo lo hacen abejorros carpinteros del género Xylocopa, grandes y peludos, únicos capaces de cargar polen en el lomo bajo el androginóforo. Donde no hay Xylocopa se poliniza a mano, flor por flor, y por eso en Canarias o en invernadero peninsular una planta sola puede florecer sin dar un solo fruto. La forma amarilla se usa además como patrón de injerto para la morada, aportándole su resistencia radicular.
Hay híbridos entre ambas, seleccionados para combinar el sabor de la morada con el vigor de la amarilla, y son los que se plantan hoy en gran parte de la producción comercial.
Cuándo está en su punto
Aquí se equivoca casi todo el que lo prueba por primera vez. El maracuyá no madura en el árbol como una manzana ni se recoge duro y liso. La secuencia correcta es esta:
El fruto alcanza su tamaño final y después cambia de color: la corteza vira de verde a púrpura o a amarillo según la forma. En ese momento ya está fisiológicamente maduro, y en la práctica comercial se recoge del suelo: la baya se desprende sola cuando llega a punto, y caer no la estropea porque la corteza es dura. Un fruto cortado antes de virar no termina de madurar en sabor.
Después viene la fase que confunde. Sobre la encimera, durante una o dos semanas, la corteza pierde agua y se arruga hasta quedar apergaminada y abollada. Ese aspecto no indica que se haya echado a perder: indica que la pulpa se ha concentrado, ha bajado la acidez y ha subido el aroma. El punto óptimo es el de la piel claramente rugosa y el fruto pesado para su tamaño. Un maracuyá liso, brillante y tenso está verde por dentro y sabe agresivamente ácido.
Si suena a hueco al agitarlo y pesa poco, está pasado y seco. Y en el caso de Passiflora caerulea, la referencia es distinta: solo el fruto completamente naranja y blando está maduro, y aun así el interés gastronómico es nulo.
La fama medicinal: qué hay de tradición y qué hay de ensayo
Lo primero es una precisión que casi nunca se hace: la pasiflora medicinal no es la del jardín ni la del frutero. La droga vegetal reconocida en farmacopea es la parte aérea desecada de Passiflora incarnata, especie del sureste de Estados Unidos, empleada tradicionalmente por los pueblos originarios de aquella región y adoptada en Europa a partir del siglo XIX. Passiflora caerulea y Passiflora edulis no son intercambiables con ella, y la adulteración entre especies ha sido un problema documentado en el comercio de la planta seca.
La tradición le atribuye un efecto sedante suave: nerviosismo, dificultad para conciliar el sueño, tensión emocional. Sobre esa base, la Agencia Europea del Medicamento la admite en la categoría de medicamento tradicional a base de plantas, una figura que se concede por antigüedad y seguridad de uso documentadas, no por eficacia demostrada en ensayo. Es una distinción importante: no es lo mismo «se usa desde hace mucho sin que consten daños» que «se ha probado que funciona».
La evidencia clínica existe pero es limitada. Hay ensayos aleatorizados sobre ansiedad generalizada y sobre ansiedad preoperatoria, algunos con resultados favorables frente a placebo, y un estudio pequeño de comparación con una benzodiazepina que no encontró diferencias significativas. También hay trabajos sobre calidad del sueño con mejoras discretas en parámetros subjetivos. El problema es transversal: muestras pequeñas, de unas decenas de participantes, seguimientos cortos, preparados no equivalentes entre estudios y calidad metodológica desigual. Las revisiones sistemáticas que los agrupan concluyen lo mismo una y otra vez: los resultados son modestos y prometedores, y la evidencia insuficiente para recomendaciones firmes. Los compuestos que se estudian son flavonoides como la vitexina, la isovitexina y la isoorientina, con un mecanismo propuesto sobre los receptores GABA-A; los alcaloides tipo harmano aparecen en cantidades muy pequeñas y su papel no está establecido.
Las precauciones son las que hay que tener claras, y son concretas. El efecto sedante se suma al de otros depresores del sistema nervioso central: benzodiazepinas, hipnóticos, antihistamínicos de primera generación, algunos antidepresivos y el alcohol. Esa suma puede producir somnolencia mayor de la prevista, y por eso conviene no conducir ni manejar maquinaria hasta saber cómo sienta. Se han descrito casos aislados de reacción adversa relevante. No se recomienda en embarazo ni lactancia, ni en menores, por falta de datos de seguridad. Se aconseja suspenderla antes de una intervención quirúrgica programada por su interacción con la anestesia, y hay precaución señalada en pacientes anticoagulados.
Por todo ello, aquí no se dan cantidades, preparaciones ni pautas. La dosificación de un preparado de pasiflora es cosa del médico o del farmacéutico, que además son quienes pueden revisar la medicación de cada uno y detectar la interacción. Que se venda sin receta no significa que sea indiferente tomarla, y un insomnio o una ansiedad que se sostienen en el tiempo son motivo de consulta, no de infusión.
En resumen
El fruto aprovechable del género es el de Passiflora edulis: la forma morada es más dulce y aromática y se come en fresco, la amarilla es más ácida, más productiva en zumo y autoincompatible, por lo que depende de abejorros Xylocopa o de polinización manual. Se recoge cuando ha virado de color -normalmente del suelo- y está en su punto cuando la corteza se ha arrugado. El fruto de Passiflora caerulea, el que se da en los jardines peninsulares, es comestible maduro pero insulso, y en verde no debe comerse. En cuanto a la fama medicinal, la especie de farmacia es Passiflora incarnata: tradición amplia, reconocimiento como medicamento tradicional a base de plantas, ensayos pequeños y heterogéneos con resultados modestos, efecto aditivo con sedantes y alcohol, precaución al conducir, y decisión sobre su uso en manos del médico o del farmacéutico. La flor y su estructura se tratan en el artículo del género, y el cultivo, en el de cuidados de la pasiflora.