Pocas flores se han leído tanto como esta. En 1609, un erudito romano llamado Giacomo Bosio publicó un tratado sobre la cruz e incluyó en él la descripción de una flor americana que le habían enviado desde Nueva España, dibujada por un fraile. Bosio la interpretó pieza por pieza como un catecismo vegetal, la imprenta hizo el resto y cuatro siglos después el género sigue llamándose Passiflora: flor de la Pasión.

Flor de Passiflora caerulea con la corona de filamentos

La lectura de los misioneros

Los primeros europeos que vieron la planta fueron los cronistas y médicos del siglo XVI. Nicolás Monardes, en Sevilla, ya recogía noticias de ella en 1574 con el nombre indígena de granadilla. Pero quien fijó la interpretación religiosa fue Bosio, y los misioneros jesuitas y agustinos la adoptaron con entusiasmo como herramienta de catequesis en América: una flor que llevaba escrita la Pasión era un argumento difícil de superar ante quien nunca había oído el relato.

El reparto quedó así. Los cinco pétalos y los cinco sépalos, diez piezas iguales en apariencia, eran los diez apóstoles fieles, sin Judas ni Pedro. La corona de filamentos, ese anillo radiado que ocupa el centro de la flor, era la corona de espinas, y en algunas versiones el halo. Los cinco estambres eran las cinco llagas. Los tres estigmas, los tres clavos. Los zarcillos enrollados eran los látigos, y la hoja lobulada la lanza del centurión. Que las flores duraran un solo día se leyó como los tres años de vida pública, y las manchas rojas de algunas especies como la sangre.

Es una lectura hecha desde fuera y ajustada a conveniencia -las especies del género varían mucho, y hubo que elegir la que cuadrase-, pero explica el nombre científico y también los nombres populares en media Europa. Linneo formalizó el género Passiflora en 1753 y ahí se quedó. En castellano conviven flor de la Pasión, pasionaria, granadilla y, para las especies con fruto comercial, maracuyá, del guaraní.

Para qué sirve de verdad cada pieza

Lo interesante es que la flor que los misioneros leyeron como símbolo es, en términos botánicos, una máquina de polinización bastante sofisticada, con soluciones que no se repiten en muchas otras familias.

El androginóforo. En el centro de la flor se levanta una columna, de uno a tres centímetros según la especie, que sostiene arriba el ovario y a media altura los estambres. Ese pedestal es el androginóforo, y su función es puramente geométrica: eleva las anteras y los estigmas por encima del plano de los pétalos y los coloca a la altura exacta del lomo del visitante mientras este bebe. Los estambres cuelgan con las anteras versátiles giradas hacia abajo, de manera que el polen cae sobre la espalda del insecto, y los tres estigmas, un poco más arriba, se curvan después hacia esa misma zona para recogerlo de la flor siguiente. La flor es protándrica: primero suelta polen con los estigmas todavía erguidos, y solo al cabo de unas horas estos se doblan hacia abajo y quedan receptivos, con lo que se dificulta la autofecundación.

La corona de filamentos. El anillo de hilos rígidos y de colores contrastados que rodea la base de la columna hace tres trabajos a la vez. Primero, es la señal visual: en muchas especies los filamentos están bandeados en azul, blanco y púrpura, o en rojo y amarillo, y forman un patrón concéntrico que actúa de diana y guía de néctar hacia el centro. Segundo, es la plataforma de agarre: los polinizadores principales del género son abejas carpinteras grandes del género Xylocopa, y también colibríes y murciélagos según el grupo, todos ellos de tamaño considerable; la corona les da dónde apoyarse en la posición correcta bajo las anteras. Y tercero, es un filtro: el néctar se acumula en una cámara anular en la base de la flor, y los filamentos, arqueados sobre ella, la cierran lo suficiente para que un visitante pequeño no pueda robarlo sin tocar nada. Solo quien tiene el tamaño y la fuerza de apartarlos accede, y quien accede se lleva polen. Las especies polinizadas por colibríes, como Passiflora vitifolia o Passiflora manicata, tienen la corona reducida a filamentos cortos, porque un pájaro que liba en vuelo no necesita plataforma.

Los nectarios extraflorales. Este es el capítulo que se le suele pasar por alto a todo el mundo, y es fácil de comprobar en cualquier pasiflora del jardín: en el peciolo de las hojas, y a veces en las brácteas, hay un par de glándulas diminutas con forma de copa o de verruga que segregan un líquido azucarado. No tienen nada que ver con la polinización, porque están lejos de la flor y funcionan incluso cuando no hay flores.

Su papel es de guardia de seguridad. El azúcar atrae hormigas, que patrullan la planta de forma constante y atacan a las orugas y a los huevos de mariposa que encuentran. Las pasifloras son las plantas nutricias de las mariposas Heliconius y de otras Heliconiinae, cuyas orugas defolian una liana entera, y la relación entre ambas es un caso clásico de carrera evolutiva: la planta también fabrica glucósidos cianogénicos para envenenarlas, cambia la forma de la hoja entre individuos para dificultar el reconocimiento y, en algunas especies, produce en la hoja unas protuberancias amarillas que imitan huevos de mariposa ya puestos, con lo que la hembra siguiente decide poner en otro sitio. En jardín europeo no hay Heliconius, pero los nectarios siguen ahí y siguen atrayendo hormigas: verlas subir por los tallos no indica plaga, y merece la pena mirar antes de tratar.

Las especies que importan

El género reúne más de quinientas especies, casi todas americanas, con un puñado en Asia y Oceanía. Son lianas herbáceas o algo leñosas que trepan por zarcillos axilares -uno por nudo, en la axila de la hoja-, que se enrollan al primer contacto con un soporte fino y después se contraen en muelle. Estas son las que se encuentran en España:

Passiflora caerulea, la pasionaria azul, originaria del sur de Brasil, Argentina y Paraguay. Es la que se cultiva en toda la Península porque aguanta el frío mejor que ninguna: resiste hasta unos -10 °C, y si la parte aérea se hiela rebrota desde la raíz. Flor blanca con corona bandeada en azul, blanco y púrpura, floración de mayo a octubre, hoja palmatilobada de cinco a siete lóbulos. En zonas de clima suave se naturaliza con facilidad y conviene controlarla.

Passiflora edulis, el maracuyá, la especie de fruto comercial. Flor blanca y púrpura, hoja trilobada y brillante, y dos formas cultivadas -la morada y la amarilla- que se tratan aparte. Necesita clima libre de heladas: en la Península solo va bien en el litoral mediterráneo cálido, Canarias y rincones muy abrigados.

Passiflora incarnata, del sureste de Estados Unidos, con flor lavanda y corona ondulada. Es la especie de la que se obtiene la droga vegetal reconocida en farmacia y la más rústica junto a la anterior, con la parte aérea herbácea que muere en invierno y rebrota en primavera.

Passiflora quadrangularis, la badea, de tallo cuadrangular alado y frutos que pasan del kilo; Passiflora ligularis, la granadilla dulce andina; Passiflora alata, de flor roja y muy perfumada; y Passiflora vitifolia, de flor escarlata y hoja de parra. Todas ellas son tropicales o subtropicales y en la Península solo prosperan en invernadero o en interior luminoso.

Passiflora mollissima (hoy Passiflora tarminiana y especies próximas), la curuba o tumbo, de flor rosa colgante y fruto alargado, merece un aviso: está catalogada como invasora en Canarias, donde ha colonizado la laurisilva de Tenerife y La Palma cubriendo el dosel. No debe plantarse en las islas.

Flor roja de Passiflora vitifolia

El cultivo -por qué se queda sin florecer, cuándo podar, cómo se comporta el rebrote de raíz- está desarrollado en el artículo de cuidados de la pasiflora, y el fruto y la fama medicinal, en la ficha de propiedades.

En resumen

El nombre Passiflora viene de la lectura que hicieron los misioneros a partir del tratado de Giacomo Bosio de 1609: diez piezas del perianto por los apóstoles fieles, la corona de filamentos por la de espinas, cinco estambres por las llagas y tres estigmas por los clavos. La botánica real es igual de llamativa: el androginóforo eleva anteras y estigmas hasta el lomo del polinizador, la protandria retrasa la receptividad para evitar la autofecundación, y la corona de filamentos funciona a la vez como diana visual, plataforma de agarre para abejas carpinteras y filtro que cierra la cámara de néctar frente a los ladrones pequeños. Los nectarios del peciolo pagan en azúcar a hormigas que defienden la planta de las orugas. De las más de quinientas especies del género, Passiflora caerulea es la única realmente rústica en la Península, y Passiflora mollissima es planta a evitar en Canarias por invasora.


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