La palabra sombra tapa tres situaciones muy distintas, y la trepadora que resuelve una de ellas fracasa en las otras dos. Un muro orientado al norte, el pasillo estrecho entre dos edificios y el pie de un árbol grande se parecen en que el sol directo no llega, y en nada más: cambia la cantidad de luz difusa, cambia la humedad del aire y cambia, sobre todo, quién se está bebiendo el agua del suelo. Antes de elegir planta conviene identificar en cuál de los tres casos estamos, porque el diagnóstico decide la lista.
Hay un segundo punto que conviene aceptar desde el principio: casi todas las trepadoras que aguantan sombra florecen menos ahí que a pleno sol. La flor es cara en energía y la planta la recorta cuando la fotosíntesis no da para tanto. Una Clematis que en un muro soleado abre cincuenta flores, en el mismo muro al norte abrirá quince, más pequeñas y más tarde. De modo que en sombra se elige por hoja: por su tamaño, su color, su brillo y su permanencia en invierno. La flor, cuando llega, es un extra.
Caso uno: el muro al norte, con mucha luz y ningún sol
Es la sombra más benigna y la que más se malinterpreta. Un paramento orientado al norte, si tiene el cielo abierto delante, recibe luz indirecta durante todas las horas del día: en junio, en el centro peninsular, un muro así puede estar recibiendo del orden de 15.000 a 25.000 lux al mediodía, que es luz de sobra para muchísimas plantas. Lo que no recibe es radiación directa, y por tanto tampoco el golpe de calor. El resultado es una pared fresca, de humedad estable, donde la hoja no se quema y el suelo del pie tarda mucho más en secarse.
Aquí funciona la hortensia trepadora (Hydrangea anomala subsp. petiolaris), que es probablemente la única trepadora que florece mejor al norte que al sur en clima español, porque su corimbo blanco de flores estériles se abrasa con el sol de junio. Se adhiere sola con raíces adventicias, tarda dos o tres años en arrancar y luego sube sin ayuda hasta ocho o diez metros. Su prima Schizophragma hydrangeoides hace lo mismo con brácteas de una sola pieza, colgantes, y es algo menos vigorosa.
Con esa misma orientación funcionan las Clematis del grupo montana, que florecen en mayo sobre madera del año anterior y aceptan la media sombra sin ponerse tacañas; la Lonicera periclymenum, madreselva europea de bosque, que en sombra fresca huele igual de bien; y Akebia quinata, semiperenne, de hoja palmeada muy limpia y flores color chocolate en marzo con olor a vainilla. Incluso algunos rosales trepadores viven al norte: 'Madame Alfred Carrière', 'New Dawn' y 'Zéphirine Drouhin' son los clásicos para eso, aunque florecerán menos y hay que vigilar el oídio por la falta de aireación.
Caso dos: el hueco entre edificios, donde falta el cielo
El callejón entre dos medianeras, el patinillo de tres metros de ancho y siete de alto, el hueco de escalera exterior. Aquí el problema ya no es el sol: es que el ángulo de cielo visible se ha reducido a una franja, y con él la luz difusa. Se puede pasar de esos 20.000 lux del muro al norte a 1.500 o 2.000 a nivel de suelo, que es el umbral por debajo del cual la mayoría de las trepadoras leñosas deja de crecer y empieza a estirarse con entrenudos largos y hojas pequeñas.
La lista se acorta drásticamente. La hiedra común (Hedera helix) es la respuesta obvia y sigue siéndolo: su hoja juvenil se coloca en mosaico para no darse sombra a sí misma, sube por raicillas adventicias sin necesidad de soporte y aguanta niveles de luz en los que nada leñoso prospera. Para estos huecos conviene la forma verde de especie o cultivares de hoja grande y oscura como 'Hibernica'; los variegados —'Buttercup', 'Goldheart', 'Glacier'— pierden el dibujo o directamente se revierten a verde cuando les falta luz, porque el tejido blanco no fotosintetiza y la planta no puede permitírselo.
Junto a la hiedra, dos plantas que trepan de manera imperfecta pero cumplen: Euonymus fortunei 'Radicans', que también emite raíces adherentes y llega a tres o cuatro metros con hoja perenne pequeña y coriácea, y Fatshedera lizei, que no trepa —hay que atarla— pero llena de hoja grande y palmeada un rincón donde no entra nada. En el sur peninsular, Ficus pumila en su forma juvenil se pega al muro como una tapicería plana y tolera muy poca luz, con la advertencia de que su forma adulta se separa del paramento y pesa. Si el hueco es literalmente interior o tiene solo luz cenital escasa, ya no estamos hablando de jardín: eso se trata en nuestro artículo sobre trepadoras para lugares con poca luz.
Caso tres: bajo la copa de un árbol, donde el enemigo es el agua
Es la sombra que más plantas mata, y casi nunca por falta de luz. Bajo un cedro, un fresno o un ciprés maduro, la copa intercepta buena parte de la lluvia fina —que se evapora sin llegar al suelo— y el sistema radicular superficial del árbol ocupa el primer medio metro de tierra, que es exactamente donde una trepadora recién plantada tiene que instalarse. A eso se le llama sombra seca y su régimen hídrico es más duro que el de un arriate a pleno sol.
Aquí la hortensia trepadora no vale: necesita suelo fresco y se queda parada. Lo que sí resiste es lo de raíz profunda y hoja dura. La hiedra, otra vez, es la campeona indiscutida de la sombra seca. Lonicera henryi, madreselva perenne de hoja lanceolada oscura, aguanta bien una vez arraigada. Vinca major y Vinca minor no trepan pero tapizan el pie y pueden subir un poco por un tronco. Y la parra virgen (Parthenocissus quinquefolia) tolera esta situación mejor de lo que se espera, aunque tarda: puede trepar por el propio tronco del árbol, con la salvedad de que P. quinquefolia sube por zarcillos con ventosas y Ampelopsis no las tiene, distinción que desarrollamos en el artículo sobre Ampelopsis y Parthenocissus.
La medida técnica que decide el éxito en este caso no es la elección de planta sino la plantación: hoyo generoso a un metro largo del tronco, tierra mejorada con compost, acolchado de diez centímetros de corteza y, sobre todo, riego de apoyo durante los dos primeros veranos completos. Sin eso, la raíz del árbol gana siempre.
Cómo se elige la hoja cuando no se puede elegir la flor
Con el sol descartado, el criterio de composición pasa a ser textura y reflectancia. Una hoja grande, brillante y de verde oscuro —hiedra colchica, Fatshedera, Akebia— devuelve la poca luz que recibe y hace parecer más claro el rincón. Una hoja pequeña y mate lo apaga. Los verdes muy claros, casi limón, funcionan sorprendentemente bien en sombra media porque contrastan contra el muro, pero necesitan al menos la luz de una orientación norte abierta para mantener el color.
El otro criterio es la permanencia. Un muro sombrío en invierno, con la trepadora caduca desnuda, es un muro sombrío y feo cinco meses al año. Si el rincón se ve desde una ventana, la elección tiende hacia lo perenne: hiedra, Lonicera henryi, Euonymus fortunei, Trachelospermum jasminoides si la sombra es ligera. Si el rincón solo se usa en verano, la parra virgen paga con un color otoñal escarlata que ninguna perenne da.
Ajustes de cultivo que cambian en sombra
Se riega menos y se abona menos. La evapotranspiración en un muro al norte puede ser la mitad que en el mismo muro al sur, y regar con la pauta del jardín soleado es la vía rápida a la asfixia radicular y a la Phytophthora. El abonado nitrogenado abundante, en poca luz, produce brotes largos, blandos y con los entrenudos separados, que es justo lo que no se quiere.
A cambio, la humedad estable favorece los hongos foliares: oídio en rosales y en Lonicera, mancha negra, botritis sobre flor marchita. Se previene con aireación —no plantar apretado contra el muro, dejar cuatro o cinco centímetros de cámara detrás del enrejado— y con poda de aclareo, no con fungicida. La araña roja, en cambio, prácticamente desaparece: es una plaga de calor y sequedad, como se explica en el artículo sobre plagas en trepadoras. Para la sujeción y el tipo de anclaje, que en muro sombrío y húmedo importa aún más porque el revoco se degrada antes, conviene repasar los consejos a la hora de colocar enredaderas.
En resumen
No existe una lista única de trepadoras de sombra porque no existe una sola sombra. En el muro al norte con cielo abierto hay luz de sobra y caben la hortensia trepadora, Schizophragma, Clematis montana, Akebia y hasta algún rosal. En el hueco entre edificios, donde falta cielo y no solo sol, la respuesta es hiedra verde de especie, Euonymus fortunei, Fatshedera y, en el sur, Ficus pumila. Bajo la copa de un árbol el limitante es el agua y no la luz, de modo que se plantan especies de sombra seca y se riega dos veranos. En los tres casos la floración será menor que a pleno sol, así que la elección se hace mirando la hoja: tamaño, brillo, color y si se cae o no en invierno.