Lo que parece una hoja no lo es. Esas láminas verdes, rígidas y acabadas en punta que forman la mata del laurel de Alejandría son tallos aplanados, llamados filoclados o cladodios. Las hojas verdaderas se han reducido a escamitas membranosas casi invisibles. Por eso las flores brotan en mitad de la supuesta hoja, algo que ninguna planta con hojas de verdad podría hacer, y por eso también el arbusto no responde a la poda como se espera de un arbusto normal.

Es una planta de sombra profunda, longeva, de crecimiento lento y prácticamente indestructible una vez arraigada. También es una de las pocas que resuelve ese rincón norte del patio donde no prospera nada.

Dos plantas distintas con el mismo nombre

Conviene aclarar esto antes de comprar, porque en los viveros españoles la etiqueta "laurel de Alejandría" cuelga de dos especies emparentadas pero diferentes, ambas de la familia Asparagaceae (la misma del espárrago y del rusco):

Danae racemosa es el laurel de Alejandría en sentido estricto. Procede del norte de Irán, el Cáucaso y el noreste de Turquía. Forma cañas arqueadas de 60 a 120 cm, con filoclados de un verde brillante que no pinchan, flores pequeñas y verdosas en racimos terminales a finales de primavera, y bayas de un naranja rojizo intenso en otoño e invierno. Sus flores son hermafroditas, así que un solo ejemplar fructifica.

Ruscus hypophyllum es la que más se ve en los centros de jardinería del sur peninsular, y es planta de casa: crece silvestre en Andalucía, Marruecos y Argelia. Es más baja, de 30 a 70 cm, con filoclados anchos y flores diminutas que aparecen en el envés (de ahí el epíteto hypophyllum, "debajo de la hoja"). Aquí sí hay macho y hembra en pies separados: si compras un solo ejemplar y resulta ser macho, no verás nunca una baya. Para tener fruto hacen falta dos plantas y que una de ellas sea hembra.

Añado un tercer nombre para evitar sorpresas al buscar información en inglés: Calophyllum inophyllum, un árbol tropical del Índico, también se llama Alexandrian laurel. No tiene nada que ver con esto ni se cultiva al aire libre en la Península.

Filoclados del laurel de Alejandría, con las falsas hojas de aspecto coriáceo

El sitio: sombra de verdad, no media sombra

En su hábitat crece bajo bosque cerrado, entre hojarasca y raíces, con luz filtrada durante todo el año. Reproducir eso en el jardín significa orientación norte, pie de muro, bajo la copa de un árbol de hoja perenne o en el hueco entre la casa y la valla. Aguanta niveles de luz en los que una hortensia o un aucuba ya se estiran buscando el sol.

El sol directo del mediodía de junio a septiembre le decolora los filoclados: primero pierden brillo, luego amarillean y acaban con manchas pardas secas en los bordes, que ya no se recuperan porque cada filoclado dura varios años. Unas horas de sol suave a primera hora de la mañana no le hacen daño; el sol de tarde en Sevilla, Córdoba o Zaragoza sí.

De frío va sobrada la Danae, que soporta bien −12 °C y tolera puntualmente algo más. Ruscus hypophyllum es más mediterránea y empieza a sufrir por debajo de −7 u −8 °C: en la meseta norte o en zonas de interior con heladas fuertes conviene plantarla resguardada de vientos secos, que la deshidratan más que el propio frío.

Suelo, riego y abonado

Quiere suelo rico en materia orgánica, mullido y con drenaje, de pH neutro a ligeramente ácido. Tolera bien el suelo calizo siempre que tenga humus por encima; en terrenos muy calcáreos regados con agua dura puede aparecer clorosis férrica, con el filoclado amarillo y los nervios verdes. Se corrige acolchando con corteza de pino o compost y, si hace falta, con un quelato de hierro en primavera.

El riego es moderado y constante. Lo que mata a esta planta no es la sequía puntual sino el encharcamiento sobre el rizoma: si el agua se queda parada en el hoyo de plantación, el rizoma se pudre desde dentro y la mata se viene abajo entera sin aviso previo. En suelo, un riego profundo semanal en verano basta en la mayor parte de la Península; en invierno, con la lluvia suele ser suficiente.

De abonado necesita poco. Una capa de compost de 3 o 4 cm en otoño, extendida sobre el suelo sin enterrarla, alimenta y protege el rizoma superficial. Los abonos ricos en nitrógeno le sacan brotes largos, blandos y de color pálido que se doblan y no sirven ni para el jardín ni para corte.

La poda: nunca se despunta

Aquí está el punto que estropea más ejemplares. El laurel de Alejandría no ramifica desde donde se corta. Si le cortas la punta a una caña buscando que engorde, esa caña se queda mocha para siempre, con un corte pardo bien visible en el extremo, y no rebrota por los lados.

El crecimiento sale del rizoma subterráneo, como en el espárrago o el bambú: cada primavera asoman turiones nuevos que se alargan, despliegan sus filoclados y ya no crecen más en toda su vida. La mata engorda añadiendo cañas nuevas, no alargando las viejas.

Por tanto la poda consiste en cortar a ras de suelo, a finales de invierno, las cañas más viejas, las que ya han perdido brillo o están amarilleando, y dejar las demás intactas. Con quitar entre un cuarto y un tercio de las cañas cada año se mantiene la mata joven y densa. Ojo con los turiones de primavera cuando están asomando: son frágiles, se parten con un pisotón o un rastrillado y esa caña se pierde para toda la temporada.

Cómo multiplicarlo

La división de mata es el método práctico. Se hace a finales de invierno o en otoño, desenterrando la planta o abriendo un lado y separando con una pala afilada trozos de rizoma que lleven al menos tres o cuatro cañas y raíces propias. Trozos más pequeños arraigan, pero tardan años en formar algo presentable. Después de dividir, riega bien y mantén en sombra sin dejar que se seque el cepellón durante el primer verano.

Por semilla es un ejercicio de paciencia. Hay que limpiar la pulpa de la baya, sembrar en fresco en otoño y dejar la maceta a la intemperie en sombra: la germinación es irregular y puede tardar de seis meses a más de un año, porque el embrión necesita alternancia de calor y frío. Y desde la plántula hasta una mata de tamaño decente pasan cinco o seis años. Los esquejes de caña, sencillamente, no enraízan.

En maceta y como follaje de corte

Funciona muy bien en maceta grande para patios interiores y galerías con poca luz. Usa un recipiente ancho más que hondo, porque el rizoma se extiende en horizontal, con sustrato de calidad mezclado con un 20 % de arena gruesa o perlita. Trasplanta cada tres o cuatro años, aprovechando para dividir. En interior necesita luz clara indirecta abundante; una habitación oscura sin ventana cerca no le vale, aunque en el jardín aguante la sombra.

Su otro uso es el que sostiene todo un sector agrícola en Andalucía, Sicilia e Israel: follaje de corte para floristería. Las cañas cortadas duran de tres a cuatro semanas en jarrón sin marchitarse, y secas conservan la forma. Corta siempre cañas maduras, de temporadas anteriores, con el filoclado ya endurecido; las del año en curso se doblan y pierden turgencia en un par de días.

Plagas, frutos y precauciones

Es una planta sana. Lo que puede aparecer son cochinillas, sobre todo la algodonosa, en ejemplares en sombra seca y sin ventilación, junto a un muro caliente; se ven como bolitas blancas en la base de las cañas y se tratan con jabón potásico y aceite de parafina, insistiendo dos o tres veces con una semana de intervalo. Los caracoles y babosas atacan los turiones tiernos en marzo y abril, dejando muescas que deforman la caña definitivamente.

Las bayas rojas o anaranjadas son vistosas y tentadoras para un niño pequeño. No son un veneno grave, pero contienen saponinas que irritan el aparato digestivo y provocan vómitos y diarrea si se ingieren varias. Si hay niños que gatean o mascotas mordisqueadoras, tenlo en cuenta al elegir el sitio. Los filoclados no son comestibles ni sirven para cocinar, por mucho que la planta se llame laurel: el laurel de cocina es Laurus nobilis y no tiene ningún parentesco con esta.

Flores diminutas de Ruscus hypophyllum sobre el filoclado

En resumen

El laurel de Alejandría resuelve la sombra difícil con un follaje limpio los doce meses del año y a cambio pide muy poco: suelo con humus, drenaje, riego regular sin charcos y que nadie lo pise en primavera. Aclara antes de comprar si te llevas Danae racemosa, que fructifica sola y es más alta y arqueada, o Ruscus hypophyllum, más compacta y con pies macho y hembra separados. Poda solo cortando cañas enteras a ras de suelo en invierno y olvídate de despuntar, porque de un corte a media caña no sale nada. Multiplícalo por división y no por semilla salvo que tengas mucha paciencia. Y ten presentes las bayas si hay niños cerca.


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