No huele. Conviene saberlo antes de comprarlo, porque el perfume es justo lo que se espera de algo que lleva la palabra jazmín en la etiqueta, y aquí no lo hay: como mucho un aroma tenue y dulzón que solo se aprecia con la nariz pegada a la flor en una tarde calurosa. A cambio, el falso jazmín florece desde mayo hasta bien entrado el otoño, cubre una celosía de cuatro metros en dos temporadas y aguanta el verano peninsular sin pestañear.

El nombre botánico aceptado hoy es Solanum laxum, aunque en viveros y etiquetas seguirá apareciendo mucho tiempo como Solanum jasminoides, que es el sinónimo antiguo. Pertenece a las solanáceas, la familia del tomate, la patata y la berenjena, y viene del sureste de Brasil, Paraguay, Uruguay y el noreste de Argentina.

Flores estrelladas blancas de Solanum laxum, el falso jazmín

Antes de nada: los frutos son tóxicos

Después de la floración aparecen bayas pequeñas, de menos de un centímetro, primero verdes y luego de un morado casi negro. Contienen glicoalcaloides del tipo solanina, los mismos compuestos que hacen tóxicos los brotes verdes de la patata, y son más concentrados cuanto más inmaduro está el fruto. La ingestión provoca molestias digestivas, vómitos y diarrea; en cantidad importante, y sobre todo en un niño pequeño o en un perro, puede dar cuadros más serios.

No es una planta que haya que descartar por esto, pero sí conviene colocarla con cabeza. Si hay críos que juegan en el jardín o un perro que muerde lo que encuentra, plántala fuera de su alcance o retira los racimos de fruto en cuanto cuajen. Las hojas también tienen alcaloides, aunque el riesgo real está en las bayas, que son lo único que resulta apetecible a la vista. Si alguien traga bayas, llama al Instituto Nacional de Toxicología (91 562 04 20) o al veterinario, según el caso.

Cómo es la planta

Es una trepadora leñosa de base y herbácea en sus extremos, con tallos finos, flexibles y muy ramificados que alcanzan de cuatro a seis metros. En clima suave se comporta como perennifolia; donde el invierno aprieta pierde buena parte de la hoja y se queda medio desnuda hasta marzo.

Las hojas son alternas, de un verde oscuro algo brillante, ovadas o lanceoladas, con el borde entero. En los tallos viejos suelen ser simples, mientras que en los brotes jóvenes aparecen divididas en tres o cinco lóbulos: la misma planta puede tener las dos formas a la vez, y eso despista a quien intenta identificarla por la hoja.

La flor es lo que sostiene el conjunto. Salen en corimbos de veinte a cuarenta flores en el extremo de los brotes del año, cada una de unos dos centímetros, con cinco lóbulos abiertos en estrella y un cono de anteras amarillo vivo en el centro, marca de fábrica de las solanáceas. En el capullo tiran a azul lila y abren blancas, así que un racimo en plena floración tiene las dos tonalidades a la vez. El cultivar 'Album' da flor blanca pura y 'Aureovariegatum' tiene la hoja jaspeada de amarillo, con menos vigor.

La floración arranca en mayo y sigue por oleadas hasta octubre o noviembre. En el litoral mediterráneo y en Canarias es fácil encontrarle flores sueltas en pleno enero.

Ni jazmín ni jazmín estrella: cómo distinguirlos

Tres plantas distintas comparten mostrador y confusión. Los jazmines verdaderos son del género Jasminum, familia de las oleáceas: J. officinale, J. polyanthum, J. grandiflorum. Tienen hoja compuesta pinnada, flor con tubo largo y estrecho que abre en cinco pétalos, y un perfume que llena un patio entero.

El Trachelospermum jasminoides, que se vende como jazmín estrella o también como falso jazmín, es una apocinácea: hoja opuesta, coriácea, muy oscura; flor en hélice, como una pequeña aspa blanca; savia blanca y lechosa al romper un tallo; floración concentrada en unas pocas semanas de mayo y junio, con un olor intensísimo.

El Solanum laxum se separa de ambos sin margen de duda: hoja alterna, savia transparente, flor plana en estrella con el cono amarillo en medio, floración larguísima y aroma prácticamente nulo. Si buscas perfume, ninguno de los dos solanos sirve; si buscas cobertura rápida y flor de mayo a noviembre, el Trachelospermum se queda corto en calendario. Elegir según lo que se quiere y no según la palabra que comparten en la etiqueta ahorra un trasplante.

Frío, exposición y dónde plantarlo

El límite práctico está en torno a los -5 °C. Heladas ligeras y cortas las encaja perdiendo hoja y algo de brote tierno. Con -8 o -10 °C se le seca toda la parte aérea, y entonces la única baza es que el cepellón sobreviva y rebrote desde abajo en abril, cosa que ocurre si tiene la base cubierta con un buen acolchado de diez o quince centímetros de corteza, hoja seca o paja. Vuelve a subir dos o tres metros en una sola temporada, de modo que en Madrid, Zaragoza o Valladolid se puede cultivar asumiendo que cada invierno lo devuelve al suelo.

En el arco mediterráneo, en el valle del Guadalquivir, en el litoral cantábrico y en Canarias vive sin problema como planta permanente y de porte grande.

Quiere sol directo, mínimo cinco o seis horas. A media sombra crece igual de bien —o mejor, con la hoja más grande— pero produce una fracción de la flor, y toda ella asomada al lado donde entra la luz. Plantarlo contra un muro orientado al sur o al este, con la protección térmica que da la pared, es lo que mejor funciona en el interior peninsular. En Almería o Murcia, un muro al oeste que le dé el sol de tarde en agosto le quema los bordes de la hoja: mejor este.

Suelo, riego y abonado

Se adapta a casi cualquier suelo con una condición innegociable: que drene. En arcilla compacta y encharcada la raíz se asfixia y la planta se va en un par de meses sin síntoma previo claro, salvo un amarilleo general. En terreno pesado, plantar sobre un caballón elevado veinte centímetros o mezclar arena gruesa y compost en el hoyo resuelve el asunto.

Tolera la caliza, pero en suelos muy calizos regados con agua dura acaba mostrando clorosis férrica: hoja amarilla con los nervios marcados en verde, empezando por los brotes nuevos. Se corrige con quelato de hierro EDDHA regado a la base en primavera, y se previene aportando materia orgánica todos los años.

El riego, regular y sin exageraciones. En verano, en el interior, dos o tres riegos abundantes por semana en planta joven; una vez asentado, con uno semanal profundo tira. Si se seca del todo tira la hoja de golpe y detiene la floración varias semanas, aunque no suele morir por un susto puntual.

Con el abono hay un malentendido que se paga en flores. Un abono nitrogenado, del tipo del césped o de una fórmula 20-5-5, le da una vegetación espectacular, brotes de dos metros y hoja enorme, y casi ninguna inflorescencia. Lo que le va es un abono con potasio alto, tipo 12-12-17 o directamente un abono de tomate, cada tres o cuatro semanas de abril a septiembre. Y nada de abonar en octubre: solo sirve para que llegue a las primeras heladas con brotes tiernos que se pierden enteros.

Necesita que lo aten: no se agarra solo

Plantado al pie de una pared desnuda, el Solanum laxum no tiene zarcillos, ni ventosas, ni raíces adventicias como la hiedra. Es un trepador apoyante: enreda los tallos jóvenes y los pecíolos alrededor de lo que encuentre, y si no encuentra nada se descuelga. Contra un muro liso no sube, por mucho que lo pongas al pie.

Lo que necesita es una estructura de paso estrecho: celosía de madera, malla de alambre plastificado, cables tensados en horizontal cada treinta centímetros o una reja. Los primeros dos años hay que guiar y atar los tallos principales a mano, repartiéndolos en abanico en vez de dejarlos amontonarse en el centro. Con esa base bien extendida, la planta se cubre entera de flor; sin ella, florece solo por arriba y deja el pie desnudo.

Falso jazmín cubriendo una estructura con racimos de flor

Poda

Dato que ordena todo lo demás: florece sobre la madera del año. Cada racimo sale en el extremo de un brote nacido esa misma primavera. De ahí que la poda fuerte no comprometa la floración, al contrario, la multiplique.

El momento es el final del invierno, cuando ya no se esperan heladas fuertes: febrero en la costa, marzo en el interior. Se quitan los tallos secos, los que se cruzan y los que se han enmarañado, y se acortan los del año anterior dejando dos o tres yemas sobre la estructura permanente. Si la planta lleva años sin tocarse y es una maraña con el pie pelado, admite un rejuvenecimiento a treinta centímetros del suelo; rebrota con fuerza y vuelve a florecer ese mismo verano, algo más tarde.

Durante la temporada se puede recortar la punta de los brotes que se desmandan, y eso incluso favorece que ramifiquen y saquen más racimos. Lo que no debe hacerse es la poda de otoño en zona fría: mueve la planta a rebrotar en noviembre y esos brotes tiernos se pierden con la primera helada, junto con la reserva que la planta gastó en producirlos.

Multiplicarlo sale casi gratis

Los esquejes semileñosos enraízan con facilidad. De junio a agosto se cortan trozos de diez a quince centímetros de brotes del año ya algo firmes, se les quitan las hojas de la mitad inferior, se moja la base en hormona de enraizamiento y se clavan en una mezcla a partes iguales de turba y perlita. Con el tiesto tapado con una bolsa transparente, a la sombra y con el sustrato siempre húmedo, en tres o cuatro semanas hay raíces.

Todavía más sencillo es el acodo: se tumba un tallo largo en primavera, se hiere ligeramente la corteza en el punto de contacto, se entierra bajo cuatro dedos de tierra sujeto con una piedra o una horquilla, y en otoño se separa ya enraizado. La semilla también germina, pero da plantas desiguales y tarda mucho más en llegar a floración.

Plagas, enfermedades y un aviso si tienes huerto

El pulgón se ceba con los brotes tiernos en abril y mayo, deformando las puntas y dejándolas pegajosas de melaza. Un chorro de agua a presión y jabón potásico repetido cada cuatro o cinco días basta en la mayoría de los casos.

La mosca blanca es visita habitual, previsible en una solanácea, sobre todo en plantas apoyadas contra un muro protegido y con poca ventilación. Trampas cromáticas amarillas y jabón potásico en el envés de la hoja, que es donde está.

La araña roja aparece en julio y agosto en ambiente seco y caluroso: hoja punteada de amarillo, aspecto polvoriento y telillas finas en las axilas. Se combate subiendo la humedad ambiental con pulverizaciones al envés al atardecer.

Y el aviso: Solanum laxum está documentado como planta ornamental portadora de viroides de la patata y el tomate (del grupo de los pospiviroides), que puede alojar sin mostrar síntoma alguno. Si tienes un huerto con tomateras, pimientos o berenjenas, mantén el falso jazmín a distancia, no uses las mismas tijeras en los dos sin desinfectarlas con alcohol y lávate las manos entre una planta y otra. La misma precaución vale para la mosca blanca, que salta encantada del ornamental al cultivo.

En maceta

Funciona en contenedor si es grande de verdad: a partir de cuarenta o cincuenta litros, con su celosía clavada en el propio tiesto o apoyada en la pared. Sustrato de calidad con un tercio de arena o perlita, drenaje asegurado y plato retirado en invierno para que no acumule agua de lluvia.

En maceta come y bebe mucho más: riego diario en pleno julio en el interior y abono líquido cada dos semanas durante toda la temporada de crecimiento. Se trasplanta cada dos o tres años a un tiesto mayor, o se le renueva el palmo superior de sustrato si ya está en el contenedor definitivo. Es la única fórmula sensata para tenerlo en Burgos o Soria: al primer aviso de helada fuerte, entra a un porche o a un garaje con luz, se riega poco y se saca en abril.

En resumen

Solanum laxum, todavía etiquetado como S. jasminoides, es una trepadora rápida y de floración larguísima, de mayo a noviembre, con flores blancas en estrella y cono amarillo reunidas en racimos densos. No es un jazmín, no perfuma y sus bayas moradas son tóxicas, así que hay que pensarse el sitio si hay niños o perros.

Quiere sol, suelo drenado, riego regular y un abono con más potasio que nitrógeno, porque el nitrógeno en exceso le da hoja y le quita flor. Necesita celosía o alambres y que lo aten los primeros años, porque no se agarra por sí mismo a una pared lisa. Se poda a final de invierno sin miedo, ya que florece sobre brotes del año. Aguanta hasta unos -5 °C; por debajo pierde la parte aérea, pero rebrota desde la base si el pie está acolchado. Se multiplica con esquejes de verano o con un acodo primaveral, y conviene mantenerlo lejos del huerto de solanáceas.


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