Plante un algarrobo a tres metros de la piscina y en quince años tendrá el bordillo levantado, el vaso sombreado y un tapiz de vainas pisadas alrededor. Plántelo a diez metros, en un rincón seco donde no llegue el riego, y tendrá copa perenne, sombra densa en agosto y ni una factura de agua asociada. El algarrobo (Ceratonia siliqua) no es un árbol difícil: es un árbol grande y longevo al que hay que darle sitio desde el primer día, porque después no se mueve.
Es una leguminosa de la subfamilia Caesalpinioideae, perennifolia, propia de la cuenca mediterránea y del suroeste de Asia, cultivada de forma tradicional en Levante, Murcia, Andalucía oriental, Baleares, Tarragona y el Algarve. En el jardín funciona como árbol de sombra, como pantalla verde durante todo el año y como pieza central de una zona de secano.
Cómo es el árbol cuando llega a adulto
Un algarrobo maduro mide entre 8 y 12 metros de alto, con una copa igual de ancha o más, redondeada y muy densa. El tronco engorda con el tiempo hasta volverse retorcido y acanalado, y los ejemplares centenarios de Mallorca o Ibiza tienen un porte escultórico que ningún árbol de crecimiento rápido consigue imitar.
La hoja es compuesta, paripinnada, con dos a cinco pares de folíolos coriáceos, redondeados, verde oscuro brillante por el haz y más pálidos por el envés. No se cae en invierno, pero sí hay una renovación parcial en primavera: durante unas semanas suelta hoja vieja. Es una caída ordenada, nada que ver con la de un plátano de sombra, aunque conviene saberlo si el árbol va sobre un pavimento claro.
El crecimiento es lento: entre 25 y 50 centímetros al año en condiciones normales de secano. Quien plante un algarrobo buscando sombra para el verano siguiente se va a llevar una decepción; quien lo plante pensando en veinte años acierta.
Flor, fruto y el asunto del sexo del árbol
Aquí está la parte que decide si su algarrobo dará vainas o no. La especie es mayoritariamente dioica: hay pies macho, pies hembra y algunos ejemplares hermafroditas. Solo los pies hembra fructifican, y necesitan polen de un macho a distancia razonable, unos 30 o 40 metros como mucho si no hay más árboles alrededor.
Esto explica el desconcierto de quien compró un algarrobo en vivero y lleva doce años sin ver una algarroba: puede ser sencillamente un macho. Si el objetivo es la cosecha, hay dos caminos. Comprar planta injertada de variedad hembra conocida —Negra, Rojal, Matalafera, Duraió, Banya de Cabra, según la zona— y asegurarse de que existe un polinizador cerca; o injertar una rama de macho en la copa del propio árbol hembra, que es lo que se hace de toda la vida en las fincas de Levante.
La floración llega a finales de verano y en otoño, entre agosto y octubre, y ocurre sobre madera vieja, directamente en ramas y tronco (caulifloria). Las flores son diminutas, sin pétalos, agrupadas en racimos rojizos. Un detalle práctico: las flores masculinas desprenden un olor desagradable, entre agrio y espermático, bastante penetrante durante un par de semanas. Si va a plantar un macho, aléjelo de la terraza donde se cena en septiembre.
La vaina tarda casi un año en madurar. Las algarrobas que se recogen en agosto o septiembre proceden de la flor del otoño anterior, de modo que en verano el árbol lleva a la vez fruto maduro y flores nuevas. Un ejemplar adulto bien situado puede dar de 30 a 100 kilos de vaina al año, y eso, encima de un césped o de un camino, es mucho fruto que barrer.
Clima: dónde funciona y dónde no
El límite lo pone el frío. Un algarrobo adulto y bien establecido aguanta heladas de -5 a -7 °C puntuales, pero un ejemplar joven se quema por debajo de -3 o -4 °C, y una helada de -8 °C mantenida mata ramas gruesas o el árbol entero. Por eso el algarrobo prospera en el litoral mediterráneo y en los valles interiores templados, y fracasa en la meseta, en el valle del Ebro interior o en cualquier zona con heladas de enero por debajo de -6 °C.
Al calor y a la sequía responde al revés: cuanto más, mejor. Vegeta con 300-350 mm de lluvia anual sin riego alguno, soporta cuarenta y muchos grados en verano y tolera la brisa marina y cierta salinidad del suelo, lo que le permite dar sombra fiable en jardines de primera línea de costa, donde otros árboles se queman.
Lo que no perdona es la humedad permanente en la raíz. Suelo compacto que encharca en invierno, alcorque con riego por goteo diario o un césped regado a diario alrededor del tronco son la vía directa a la Phytophthora y a la muerte lenta del árbol por asfixia radicular.
Suelo y plantación
Prefiere suelos calizos, pobres, pedregosos y con drenaje libre, con pH entre 6,5 y 8,5. Los suelos ricos y frescos le hacen crecer más rápido, pero también más blando y peor anclado. No hace falta enmendar el hoyo con estiércol ni con turba: un hoyo mullido y bien drenado basta.
Se planta en otoño (octubre-noviembre) en zonas de invierno suave, o a principios de primavera (marzo) donde haya riesgo de helada fuerte, para que el primer invierno lo pase ya arraigado. Elija planta joven, de contenedor pequeño: el algarrobo emite una raíz pivotante potente que se enrolla y se estropea en las macetas grandes, y un ejemplar de 10 litros bien enraizado adelanta en tres años a uno de 100 litros con el cepellón revirado.
Marco mínimo: 6 metros a fachadas, muros y piscinas, y mejor 8. Sus raíces superficiales son gruesas y persistentes, y levantan losas, bordillos y soleras sin esfuerzo. Tampoco es árbol para alcorque estrecho de acera.
Riego: solo al principio
Los dos o tres primeros veranos son los que cuentan. En ese periodo conviene un riego generoso —30 o 40 litros por árbol— cada 15 o 20 días de junio a septiembre, mojando profundo y espaciando mucho, para forzar a la raíz a bajar. Riegos cortos y frecuentes producen justo lo contrario: un sistema radicular somero y un árbol dependiente para siempre.
A partir del cuarto o quinto año, el riego sobra en casi toda la costa mediterránea. Si quiere cosecha, un par de riegos de apoyo en julio y agosto engordan la vaina, pero el árbol vive perfectamente sin ellos. En invierno, cero riego.
Abonado y una idea equivocada muy repetida
Se lee constantemente que el algarrobo, por ser leguminosa, fija nitrógeno atmosférico y fertiliza el suelo a su alrededor. No es cierto. Ceratonia siliqua no forma nódulos radiculares ni establece simbiosis con rizobios; su ventaja en suelos pobres viene de las micorrizas y de un sistema radicular enorme, no de la fijación de nitrógeno. Plantar un algarrobo esperando que enriquezca el huerto de al lado no va a funcionar.
En consecuencia, sí agradece un aporte moderado si se le pide producción: una aplicación de estiércol maduro o compost, 15-20 kg por árbol adulto, extendido bajo la copa a finales de invierno, cubre las necesidades de un año. En jardín ornamental, sin interés por el fruto, no necesita abonado ninguno. El exceso de nitrógeno produce brotes largos, blandos y sensibles al frío, y retrasa la entrada en producción.
Poda
Poco y bien. El algarrobo cierra mal las heridas grandes y responde a los cortes gruesos con pudriciones y con chupones descontrolados desde la base. La poda razonable consiste en formar el árbol en los primeros años —dejar tres o cuatro ramas principales bien repartidas, elevar la cruz a la altura que le convenga— y después limitarse a quitar madera seca, ramas cruzadas y los rebrotes del pie.
El momento: después de la cosecha, entre finales de verano y comienzos del otoño, o en marzo antes de que arranque. Nada de podas fuertes en pleno invierno húmedo, cuando la herida tarda semanas en secar. Si tiene que quitar una rama gruesa, hágalo en dos o tres años y no de golpe.
Multiplicación
La semilla es fácil pero tiene truco: la cubierta es durísima e impermeable, así que hay que escarificarla. Lo doméstico y seguro es sumergirla en agua muy caliente (unos 80 °C) dejándola enfriar 24 horas, y sembrar solo las semillas que se hayan hinchado; el resto se repite. Germinan en 3-4 semanas a 20-25 °C. El problema es que el pie de semilla no revela su sexo hasta los 6-10 años y no reproduce la variedad de la madre.
Por eso lo profesional es el injerto sobre patrón de semilla de dos o tres años: injerto de escudete o de chapa en primavera avanzada o a finales de verano, cuando la corteza despega bien. Un injerto de variedad conocida entra en producción a los 5 o 6 años. La técnica también resuelve la polinización: basta injertar una púa de macho en una rama alta del árbol hembra.
Plagas y problemas
Es un árbol sano, con pocos enemigos serios:
Barrenador amarillo (Zeuzera pyrina): la oruga excava galerías en ramas y tronco de ejemplares jóvenes, que se secan de golpe con serrín visible en el orificio. Se detecta y se corta la rama afectada.
Polilla de la algarroba (Ectomyelois ceratoniae): daña la vaina en el árbol y en el almacén. La recolección temprana y la retirada de las vainas caídas y de las momificadas reducen la población.
Cochinillas (Saissetia oleae, diaspinos varios): aparecen en árboles muy densos o excesivamente abonados; se corrigen aclarando copa y con aceite de verano en el momento de la migración de larvas.
Pudrición radicular: no es una plaga, es un error de emplazamiento. Suelo encharcado o riego frecuente en verano sobre árbol adulto, y el árbol amarillea, defolia por sectores y se muere en dos temporadas. No hay tratamiento; hay que evitarlo.
La algarroba: para qué sirve y qué es la garrofa
La vaina madura, marrón oscura y coriácea, contiene una pulpa dulce con un 40-50 % de azúcares y las semillas duras y brillantes. Tradicionalmente ha sido pienso de primera para caballos, mulas y ganado. La pulpa molida y tostada da la harina de algarroba que se usa como sucedáneo del cacao: no lleva teobromina ni cafeína y es naturalmente dulce, lo que la hace apta donde el chocolate no lo es, aunque de sabor no es lo mismo y conviene no prometérselo a nadie.
La semilla, el garrofín, es la parte de más valor económico: de su endospermo se extrae la goma garrofín, el aditivo E-410, espesante habitual de helados, salsas y productos sin gluten. Una parte importante de la producción española se destina a eso.
Y una precisión sobre la historia que se repite en todas partes: se dice que el quilate de los joyeros nace de que las semillas de algarrobo pesan todas exactamente lo mismo. La palabra sí procede del griego kerátion, «pequeño cuerno», nombre del fruto, pero los estudios de peso de semilla muestran una variabilidad similar a la de otras leguminosas. La etimología es real; la uniformidad milagrosa, no.
Dónde encaja en un jardín
El algarrobo brilla en jardines de secano mediterráneo, junto a olivos, lentiscos, romeros y adelfas, en suelos que no se riegan. Da sombra perenne y densa —debajo crece poco, así que no cuente con ese espacio para un parterre— y aguanta el abandono con una elegancia que pocos árboles tienen.
Reconsidérelo si su jardín está sobre arcilla pesada, si el invierno le baja regularmente de -6 °C, si el único hueco disponible está a cuatro metros de la casa, o si le molesta barrer vaina en agosto junto a una zona de paso. En maceta no es opción a medio plazo: crece lento, pero su raíz pivotante necesita profundidad real y el ejemplar se estanca y acaba muriendo.
En resumen
El algarrobo es un árbol de secano, de crecimiento lento y vida muy larga, que pide sol pleno, suelo calizo bien drenado y un mínimo de seis a ocho metros libres alrededor. Aguanta -5 o -6 °C ya adulto, y por debajo de ahí deja de ser una opción. Riego generoso y espaciado los tres primeros veranos, y a partir de entonces prácticamente nada. Poda mínima, abonado mínimo, y ninguna expectativa de que fije nitrógeno, porque no lo hace. Si quiere algarrobas, necesita un pie hembra injertado y un macho que lo polinice; si le da igual el fruto, un macho le dará la misma sombra, aunque florezca con mal olor en septiembre. Puesto en el sitio correcto no le pedirá casi nada durante cincuenta años; puesto en el sitio equivocado, rectificarlo significa talarlo.