«Resistente a la sequía» no quiere decir que se plante y se olvide. Quiere decir que, una vez enraizada en profundidad, la planta atraviesa el verano peninsular con la lluvia que caiga y poco más. Hasta llegar ahí hay dos veranos de trabajo, y saltárselos convierte el jardín de bajo consumo en un solar de marras y hoyos vacíos al segundo agosto.
Vale la pena entender primero cómo se defienden estas plantas, porque de ahí salen todas las decisiones de manejo: dónde plantarlas, cuándo, con qué suelo y con qué riego.
Dos estrategias distintas que se confunden
Hay plantas que evitan la sequía y plantas que la toleran, y no se cuidan igual.
Las evitadoras esquivan el verano. Unas lo hacen con raíz: el algarrobo o la retama bajan raíces pivotantes a varios metros y beben de una reserva que el sol no alcanza. Otras lo hacen con el calendario: los narcisos, los muscaris o la Sternbergia lutea concentran toda su vida en el otoño, el invierno y la primavera, y pasan julio y agosto como bulbo dormido bajo tierra. Y otras se desprenden de la hoja en pleno verano, al revés que un árbol de clima frío; es lo que hace el Cistus albidus, que reduce drásticamente su superficie foliar en agosto y la recupera con las lluvias de septiembre. Ver una jara medio pelada en agosto no es un síntoma de que le falte agua: es su plan.
Las tolerantes aguantan la deshidratación con el tejido. La esclerofilia de la encina o del lentisco —hoja dura, cutícula gruesa, estomas hundidos— es exactamente eso. Y las crasas juegan otro juego: almacenan agua y hacen fotosíntesis CAM, abriendo estomas de noche para no perder vapor de día.
La consecuencia práctica es directa: a una de raíz profunda hay que regarla poco y muy hondo para que la raíz persiga el agua hacia abajo, y a una crasa hay que regarla poco y garantizarle drenaje, porque su enemigo no es la sequía sino el agua parada.
Árboles que aguantan el verano español
Olivo (Olea europaea). El clásico, y merecidamente. Tolera suelos pobres y calizos, aguanta hasta unos -8 o -10 °C ya adulto y vive con 300 mm anuales. Ojo con el acebuche y con los ejemplares trasplantados de gran porte: un olivo centenario recién plantado necesita riego de apoyo durante tres o cuatro años, no es autosuficiente por ser viejo.
Algarrobo (Ceratonia siliqua). Excelente sombra densa y perenne para el litoral mediterráneo y el sur. Su límite es el frío: por debajo de -5 °C sufre, y en la meseta no funciona.
Almez (Celtis australis). El mejor árbol de sombra de porte grande para clima continental seco. Caducifolio, resiste heladas fuertes, crece razonablemente rápido y una vez asentado no pide agua. Necesita sitio: llega a 20 metros.
Encina (Quercus ilex) y coscoja (Q. coccifera). Lentas de establecer y con un pivote que odia el trasplante; plántalas pequeñas, de contenedor forestal, nunca grandes. A cambio, duran siglos.
Árbol del amor (Cercis siliquastrum), fresno de flor (Fraxinus ornus) y jabonero de la China (Koelreuteria paniculata). Porte medio, floración, resistencia al frío continental y muy poca necesidad hídrica una vez arraigados. Son la mejor opción para calles y jardines pequeños del interior.
Pino piñonero (Pinus pinea) y pino carrasco (P. halepensis). El carrasco es la conífera que menos agua pide de la península y crece en yesos y margas donde no crece nada más.
Madroño (Arbutus unedo). Perenne, con fruto y flor a la vez en otoño. Agradece algo de humedad y prefiere suelo no muy calizo, pero soporta bien el estiaje.
Arbustos y matas aromáticas
Aquí está el grueso del jardín seco español, y son las plantas más baratas de mantener del catálogo.
Romero (Salvia rosmarinus, antes Rosmarinus officinalis), lavandas (Lavandula angustifolia para el interior frío, L. dentata y L. stoechas para el litoral y suelos ácidos), tomillo (Thymus vulgaris), salvia (Salvia officinalis), santolina (Santolina chamaecyparissus) y siempreviva (Helichrysum italicum). Todas piden lo mismo: sol directo, suelo con drenaje y ninguna generosidad con el agua. Se rejuvenecen con una poda ligera después de la floración, sin bajar nunca a la madera vieja sin hoja, de donde no rebrotan.
Jaras (Cistus ladanifer, C. albidus, C. salviifolius). Espectaculares en flor entre abril y junio y prácticamente indestructibles en secano ácido o silíceo. Son de vida corta —diez o doce años— y no toleran el trasplante ni la poda severa.
Lentisco (Pistacia lentiscus) y aladierno (Rhamnus alaternus). Perennes, de hoja densa, perfectos para seto informal sin riego en zona mediterránea. Sustituyen con ventaja al ciprés y a la Thuja, que en secano se secan por dentro.
Mirto (Myrtus communis), olivilla (Teucrium fruticans), matagallo (Phlomis purpurea, P. fruticosa), retama (Retama sphaerocarpa) y gayomba (Spartium junceum). El teucrio y el matagallo aportan follaje gris plateado, que es la manera más eficaz de dar luz a un jardín seco sin gastar agua.
Adelfa (Nerium oleander). Cumple todo lo que se le pide —florece cuatro meses, aguanta calor, salinidad y abandono— pero es tóxica en todas sus partes, incluidos los tallos secos, y el humo de su quema y el agua donde han estado esquejes también lo son. Unas pocas hojas bastan para matar a un caballo o a una oveja. No la pongas donde pastan animales ni al alcance de niños pequeños, y no la podes quemando los restos.
Vivaces, tapizantes y gramíneas
Vivaces: Perovskia (hoy Salvia yangii), Nepeta × faassenii, Salvia greggii y S. microphylla, Achillea millefolium, Centranthus ruber, Limonium, Gaura (Oenothera lindheimeri), Origanum y los Dianthus. Con este grupo se construye el jardín con flor de junio a octubre y sin más riego que un apoyo puntual en la ola de calor.
Euforbias (Euphorbia characias, E. myrsinites). Estructura invernal y floración temprana. Su látex blanco es irritante para piel y muy peligroso en los ojos: se podan con guantes y sin llevarse la mano a la cara.
Tapizantes: Thymus serpyllum, Delosperma cooperi, Sedum de todo tipo, Lippia (Phyla nodiflora) como alternativa pisable al césped, y Vinca para sombra seca, que es el hueco más difícil de resolver de todo el jardín.
Gramíneas y afines: Stipa tenacissima (el esparto), Ampelodesmos mauritanicus, Festuca glauca, Muhlenbergia capillaris. Dan movimiento y volumen sin coste hídrico.
Bulbosas mediterráneas: Narcissus de especie, Muscari, Allium, Iris germanica, Sternbergia lutea. Se plantan en septiembre y octubre, no se riegan en verano jamás y se naturalizan solas.
Cuidado con lo que compras: hay especies prohibidas
Varias plantas muy resistentes a la sequía, plantadas a miles en los años ochenta y noventa, están hoy en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (Real Decreto 630/2013 y sus modificaciones posteriores). Su posesión, transporte, venta y plantación están prohibidos en todo el territorio nacional:
El plumero de la Pampa (Cortaderia selloana), el rabo de gato (Pennisetum setaceum), la uña de gato (Carpobrotus edulis) y el ailanto (Ailanthus altissima) son los cuatro casos que más aparecen todavía en jardines y taludes. Varias chumberas del género Opuntia están igualmente catalogadas; antes de plantar una, comprueba la especie concreta y la normativa autonómica, porque hay comunidades con listados propios más amplios.
Si ya tienes alguna en el jardín, no hay sanción por el hecho de que estuviera allí antes, pero sí conviene retirarla y, sobre todo, impedir que semille. Un plumero adulto produce cientos de miles de semillas viables que el viento reparte kilómetros.
Implantación: los dos primeros veranos deciden
Planta en otoño. De octubre a diciembre en el litoral, de octubre a noviembre en el interior antes de que el suelo se enfríe del todo. La planta dispone entonces de cinco o seis meses de suelo húmedo y templado para hacer raíz antes del primer calor. Una lavanda plantada en abril y una plantada en noviembre no son la misma planta cuando llega julio: la de abril tiene el cepellón donde lo dejaste y depende de ti para todo.
Prepara el hoyo grande y el suelo suelto, pero no lo enriquezcas. Un hoyo de tres veces el cepellón, descompactado en el fondo y los laterales. Nada de rellenarlo con turba o mantillo: crea una maceta enterrada de la que la raíz no sale, y en suelo arcilloso se convierte en un cubo que retiene agua alrededor del cuello. Rellena con la propia tierra del sitio, mejorando el drenaje con arena gruesa o grava si es muy pesada.
Riega poco veces y mucho cada vez. El primer verano, un riego profundo —treinta o cuarenta litros para un arbusto, más para un árbol— cada diez o quince días. El segundo verano, la mitad de frecuencia. A partir del tercero, nada salvo en un episodio extremo. Regar quince minutos cada dos días hace justo lo contrario de lo que se busca: mantiene la raíz en los cinco centímetros superficiales, que son los primeros que se secan y los que más se calientan.
Acolcha con grava, no con corteza. Cinco a ocho centímetros de gravilla o zahorra sobre el suelo cortan la evaporación, mantienen el cuello seco y no fermentan. La corteza de pino funciona en jardín de sombra, pero en pleno sol se apelmaza y en jardín mediterráneo mantiene demasiada humedad junto a la base de las aromáticas.
Agrupa por consumo. Si en el mismo sector de riego pones lavanda y hortensia, o gobiernas el riego para la hortensia y matas la lavanda, o al revés. Se llama hidrozonificación y es la decisión de diseño que más agua ahorra: zona sin riego pegada al perímetro, zona de apoyo puntual en el paso, y solo cerca de la casa —si se quiere— un pequeño espacio de riego regular.
Lo que de verdad las mata
Los romeros, las lavandas y las santolinas que aparecen muertos en agosto rara vez han muerto de sed. Han muerto de asfixia radicular y de hongos de suelo, casi siempre Phytophthora, por regar en verano un suelo arcilloso y caliente. El síntoma engaña porque es idéntico al de la sequía: hojas mustias que no se recuperan por la noche. Si ves eso en una aromática y tu reacción es aumentar el riego, la rematas en una semana. Escarba diez centímetros antes de decidir: si el suelo está húmedo, el problema es el agua, no su falta.
Plantar en primavera avanzada, por comodidad de calendario, se paga en bajas. Marzo y abril son buenos meses de vivero y malos meses de plantación en secano: la planta no tiene tiempo de emitir raíz nueva antes de junio y llega al calor viviendo todavía del cepellón.
Y un tercero, más sutil: abonar. El abono nitrogenado sobre una aromática mediterránea produce brotes tiernos, largos y acuosos que no resisten ni el calor ni el frío, y arruina el aroma. Estas plantas evolucionaron en suelos pobres; la pobreza forma parte del tratamiento.
Añado una advertencia sobre el frío, porque resistir la sequía y resistir la helada son cosas independientes. El algarrobo, la buganvilla o muchas crasas sudafricanas soportan cuatro meses sin gota de agua y se mueren en una noche de -6 °C en Segovia. Antes de comprar, mira la zona climática, no solo la etiqueta de «bajo consumo».
En resumen
Un jardín que no se riega no se consigue con una lista de plantas, sino con tres decisiones: plantar en otoño, regar profundo y espaciado durante dos veranos para forzar raíz honda, y agrupar las especies por necesidad hídrica. Con eso, especies como el almez, el algarrobo, el lentisco, la jara, el romero, la lavanda o los narcisos de especie llegan a septiembre sin haber consumido nada.
Vigila el drenaje más que el riego, olvida el abono, acolcha con grava y comprueba la resistencia al frío de tu zona antes de comprar. Y revisa el catálogo de invasoras: plumero de la Pampa, rabo de gato, uña de gato y ailanto están prohibidos, y sustituirlos por esparto, Ampelodesmos, tomillo rastrero o almez sale igual de resistente y sin problemas legales ni ecológicos.