Declarar extinta una planta es más difícil de lo que parece. No basta con dejar de verla: la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) exige que se hayan hecho prospecciones exhaustivas en todo su hábitat conocido, en la época adecuada y durante un plazo acorde con su ciclo de vida, sin encontrar un solo ejemplar. Por eso las listas de "plantas extinguidas" que circulan por internet están casi siempre mal: mezclan especies que aún viven en jardines botánicos, otras que nunca se identificaron bien y, con frecuencia, fósiles de hace millones de años.
La categoría importa porque no significa lo mismo. EX (Extinta) quiere decir que no queda ningún individuo, ni en la naturaleza ni en cultivo. EW (Extinta en estado silvestre) quiere decir que sigue habiendo plantas vivas, pero solo en manos humanas: jardines botánicos, colecciones, bancos de semillas. Y CR (En peligro crítico) es la categoría anterior, con una etiqueta añadida, "posiblemente extinta", para los casos en los que se sospecha lo peor pero aún no se puede afirmar. Esta ficha repasa casos documentados desde 1600 y explica cómo se comprueban.
Extinta y extinta en estado silvestre no son lo mismo
La diferencia no es un matiz burocrático. Una especie EW conserva material genético vivo y, en teoría, podría volver al campo si se resuelve lo que la sacó de él. Una especie EX no tiene vuelta.
Pero EW tiene su propia trampa, y es la que suele pasar inadvertida: si las plantas que quedan proceden de un puñado de ejemplares o, peor, de uno solo, no hay diversidad genética con la que reconstruir una población viable. Pueden mantenerse vivas indefinidamente por esqueje o por injerto y seguir siendo un callejón sin salida. Los dos casos más claros de eso están más abajo.
El olivo de Santa Elena, una extinción con fecha
De todos los casos de esta página, el de Nesiota elliptica es el único que se cierra del todo. Era un árbol endémico de la isla de Santa Elena, en el Atlántico sur, y a pesar de su nombre común no tenía nada que ver con el olivo: pertenece a las ramnáceas, la familia del azufaifo.
La isla fue deforestada durante siglos para leña y para pastos, y las cabras introducidas impidieron cualquier regeneración. En el siglo XX quedaban unos pocos ejemplares contados. El último árbol silvestre murió en 1994 y el último ejemplar en cultivo murió en 2003, pese a los intentos de propagarlo. La UICN lo clasifica como extinto.
El toromiro de Rapa Nui
Las flores amarillas colgantes y la hoja pinnada son propias del género Sophora, al que pertenece el toromiro de la isla de Pascua.
Sophora toromiro era un pequeño árbol leguminoso endémico de Rapa Nui, la isla de Pascua, y su madera se usaba para tallar figuras. La deforestación de la isla y el pastoreo de las ovejas acabaron con él: a mediados del siglo XX quedaba un único ejemplar en el cráter del Rano Kau, que también desapareció.
Sobrevive porque se recogió semilla de ese último árbol. La expedición noruega de Thor Heyerdahl, a mediados de los años cincuenta, se llevó material que acabó germinando en el jardín botánico de Gotemburgo, y de ahí se ha ido repartiendo a otras instituciones. Hoy figura como extinto en estado silvestre, y los intentos de devolverlo a la isla han tropezado con la base genética estrechísima de la que se parte y con las condiciones del suelo.
Encephalartos woodii: un macho sin hembra
Ejemplar de Encephalartos woodii en un jardín botánico. Todos los que existen en el mundo son clones del mismo individuo, y todos son machos.
Este es el caso más peculiar de la lista. Encephalartos woodii es una cícada descubierta en 1895 en el bosque de Ngoye, en KwaZulu-Natal (Sudáfrica). Se encontró un solo grupo de tallos, y nunca se ha localizado otro. De aquel grupo se fueron retirando vástagos para llevarlos a jardines botánicos, hasta que el último quedó trasladado a Pretoria.
El problema es que las cícadas son dioicas, con plantas macho y plantas hembra separadas, y aquel individuo era macho. Como todos los ejemplares que existen son clones suyos, todos son machos. Sin una hembra, la especie no puede reproducirse sexualmente ni volver a la naturaleza, por muchos ejemplares que se cultiven. Está clasificada como extinta en estado silvestre, y las búsquedas en el bosque de Ngoye se han repetido sin resultado.
Kokia cookei, que vive injertada
Flor de Kokia, una malvácea hawaiana emparentada de lejos con el hibisco y con el algodón. La columna estaminal larga es típica de la familia.
Kokia cookei es un arbolillo de la familia de las malváceas endémico de la isla de Molokai, en Hawái. Se conocieron muy pocos ejemplares silvestres y la especie desapareció del campo, en un archipiélago donde la ganadería, el fuego y las especies introducidas arrasaron la vegetación seca de tierras bajas.
Lo que queda vive injertado sobre patrones de otra especie del mismo género, porque el material propio no prospera por sus propios medios. Está clasificada como extinta en estado silvestre y sigue siendo una de las plantas más raras del mundo.
Franklinia alatamaha, la que solo existe en los jardines
El follaje rojo de otoño es, junto a la flor blanca de finales de verano, lo que ha mantenido a esta planta en los jardines durante dos siglos.
Franklinia alatamaha es un arbolillo de la familia del té que los botánicos John y William Bartram encontraron en 1765 en el valle del río Altamaha, en Georgia (Estados Unidos). Recogieron semilla, la cultivaron en Filadelfia, y menos de cuarenta años después la planta ya no se volvió a ver en su rincón silvestre: el último avistamiento se sitúa a comienzos del siglo XIX.
Nunca se conoció en otro sitio. Su área natural era tan pequeña que cabía en unas hectáreas, y las causas de su desaparición se discuten: incendios, crecidas del río, recolección excesiva o una enfermedad fúngica asociada a los cultivos de algodón de la zona. Todos los ejemplares vivos del planeta, y hay miles en jardines de medio mundo, descienden de aquella recolección de los Bartram.
Las islas, y por qué salen tantas veces
Lobelioide hawaiano visto desde abajo: tronco único y sin ramas rematado por una roseta de hojas grandes. Es una forma de crecimiento que evolucionó varias veces en el archipiélago.
Santa Elena, Rapa Nui, Molokai. No es casualidad que las extinciones documentadas se concentren en islas. Las islas oceánicas producen muchísimo endemismo, especies que no viven en ninguna otra parte, sobre superficies minúsculas y con poblaciones pequeñas. Además, esas plantas evolucionaron sin grandes herbívoros y perdieron las defensas.
Cuando llegan cabras, cerdos, ovejas o ratas, la vegetación no tiene respuesta. Súmale la tala, el fuego y las plantas invasoras y el resultado es el que se ve. En Hawái, el género Cyanea, al que pertenece la planta de la foto, concentra decenas de especies en situación crítica. De la flora hawaiana tiene ficha propia Brighamia insignis, que se poliniza a mano porque su polinizador ya no está.
De Cyanea superba en concreto circulan fechas distintas según la subespecie y no hemos podido confirmar aquí su categoría actual, así que no la damos.
El silfio, o por qué no toda planta perdida tiene ficha
El silfio de Cirene es la planta desaparecida más famosa de la Antigüedad. Creció en una franja estrecha de la costa de la actual Libia, sostuvo la economía de la colonia griega de Cirene, se acuñó en sus monedas y, según las fuentes antiguas, se agotó por sobreexplotación en época romana. Nunca se consiguió cultivar fuera de allí.
Y sin embargo no puede figurar en ninguna lista roja. No se conserva ningún ejemplar de herbario, no hay una descripción botánica que permita identificarlo con seguridad y ni siquiera hay acuerdo sobre su género, aunque se suele apuntar a las umbelíferas. Sin una especie definida no hay categoría posible: una planta perdida y una especie extinta no son automáticamente lo mismo.
Cómo se comprueba esto, y qué NO es una planta extinta
La referencia internacional es la Lista Roja de la UICN, que se revisa continuamente: hay especies que pasan de "posiblemente extinta" a redescubierta, y nombres científicos que cambian cuando se revisa la taxonomía. Cualquier dato de este tipo lleva fecha, y conviene comprobarlo antes de darlo por bueno.
En España, el marco propio es el Real Decreto 139/2011, que regula el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial y el Catálogo Español de Especies Amenazadas, con dos categorías, "en peligro de extinción" y "vulnerable". Está resumido en plantas amenazadas en España.
Y una advertencia sobre las listas que circulan. El texto que había antes en esta página incluía entre las plantas extintas una supuesta "flor de paja de Hawái" ilustrada con una foto de Cortaderia selloana, el plumero de la pampa: una gramínea sudamericana viva, extendidísima y con el problema contrario, el de ser invasora. Figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (Real Decreto 630/2013). Cuando una lista de extinciones se ilustra con una invasora, lo que hay detrás no es un error puntual.
En resumen
Las extinciones vegetales documentadas desde 1600 son menos numerosas de lo que sugieren las listas populares y mucho más concretas. Nesiota elliptica, el olivo de Santa Elena, se extinguió por completo entre 1994 y 2003. Sophora toromiro, Encephalartos woodii, Kokia cookei y Franklinia alatamaha siguen vivas en cultivo y desaparecidas del campo, cada una con su propio callejón sin salida: un clon macho, una base genética mínima, un injerto obligatorio, un área natural que ya no se localiza.
Lo que estos casos tienen en común no es la mala suerte. Es una superficie pequeña, unas cuantas cabras y unos siglos de tala. Mantener una especie viva en un jardín botánico es mejor que perderla, pero no es lo mismo que conservarla: una planta que no puede reproducirse ni volver a su sitio está en una sala de espera, no a salvo. Y no tiene nada que ver con las plantas del registro fósil, que es otro asunto y está contado en plantas fósiles.