En el pasillo de palmeras de cualquier centro de jardinería español, buena parte de lo expuesto no pertenece a la familia de las palmeras. Hay una cícada, que es una gimnosperma emparentada de lejos con los pinos; hay dos o tres asparagáceas que en botánica están más cerca de un espárrago que de una datilera; y hay alguna monocotiledónea tropical que solo comparte con las palmeras el hábito de tener un tronco desnudo y un penacho arriba. La confusión sería anecdótica si no tuviera consecuencias prácticas de peso: cambian la poda, cambian las plagas, cambia la resistencia al frío y, en un caso concreto, cambia el riesgo de intoxicación en casa. Este artículo separa unas de otras y explica cómo reconocerlas. La división entre hoja pinnada y palmeada, la rusticidad especie por especie y el problema del picudo están en la guía de tipos de palmeras.
Qué hace que una palmera sea una palmera
Las palmeras forman una familia botánica precisa, Arecaceae, con unos 2.600 taxones, todos monocotiledóneos y todos angiospermas. Hay cinco rasgos que se comprueban a simple vista en el vivero y que ninguna imitación reúne a la vez.
La vaina foliar envolvente. La base de cada hoja abraza el tallo formando un cilindro. Al caer la hoja deja una cicatriz anular completa alrededor del estipe, y esos anillos apilados son la textura característica de un tronco de palmera.
La hástula, en las de hoja palmeada: una lengüeta o cresta en el punto donde el pecíolo se abre en abanico. Es exclusiva de las Arecaceae y basta por sí sola para identificar la familia.
La hoja plegada en abanico de papel. Una hoja joven de palmera sale del cogollo como una espada cerrada y se despliega en pliegues en uve; según el pliegue se abra hacia arriba o hacia abajo, la hoja se llama induplicada o reduplicada. Ni las cícadas ni las asparagáceas hacen eso.
La inflorescencia con espata. Las flores salen en un ramillete ramificado protegido por una bráctea leñosa que se raja para dejarlo salir, y el fruto es una drupa: dátil, coco, palmiche.
Un solo punto de crecimiento por eje. Sin cámbium, sin ramas y sin yemas de reemplazo bajo la superficie del estipe.
Una gimnosperma con aspecto de palmera
Cycas revoluta se vende con el nombre de palmera de Sagú o falsa palmera, y no es ni palmera ni sagú. Es una gimnosperma del orden Cycadales, un linaje que ya existía en el Pérmico, mucho antes de que aparecieran las plantas con flor. No produce flores ni frutos: los ejemplares masculinos forman un cono alargado y los femeninos una estructura laxa de esporofilos lanudos entre los que quedan las semillas anaranjadas, a la vista. Es una planta dioica, con pie macho y pie hembra separados, y su polinización natural la realizan pequeños escarabajos.
Sus raíces tienen otra singularidad: además de las normales produce raíces coraloides, gruesas y ramificadas cerca de la superficie, que albergan cianobacterias fijadoras de nitrógeno. Eso explica que se conforme con suelos pobres y que responda mal a los abonados fuertes.
En el jardín se comporta de forma muy distinta a una palmera. Crece con extrema lentitud, del orden de dos a cinco centímetros de tronco al año, y emite hijuelos laterales en la base y a veces en el tronco, cosa que una palmera de eje único no puede hacer. Esos hijuelos se separan en primavera con un corte limpio, se dejan orear varios días para que cicatricen y se enraízan en arena: es la forma habitual de multiplicarla. Aguanta de −8 a −10 °C en ejemplares establecidos, mucho más que una Phoenix canariensis, y su punto débil es el encharcamiento.
Su plaga específica tampoco tiene nada que ver con las de las palmeras. Aulacaspis yasumatsui, la cochinilla blanca de las cícadas, cubre hojas, tronco y raíces de una costra blanquecina y mata al ejemplar en un par de temporadas si no se interviene; está presente en el litoral mediterráneo peninsular y se propaga con el material de vivero. Se combate con aceite de parafina bien aplicado, incluidas las bases de las hojas, y con la retirada del follaje muy infestado.
Aviso: la cícada es tóxica
Toda la planta de Cycas revoluta es venenosa, y la semilla es la parte más concentrada. Contiene cicasina, un glucósido que el organismo transforma en un metabolito hepatotóxico y genotóxico, y BMAA, un aminoácido no proteico neurotóxico. La intoxicación cursa con vómitos, daño hepático que puede llegar a ser grave, y afectación neurológica.
Esto importa en un jardín doméstico por dos motivos. Las semillas son anaranjadas, grandes y llamativas, y quedan a la altura de un niño pequeño. Y los perros mastican tanto las semillas como las hojas y el tronco: en veterinaria es una de las intoxicaciones vegetales con peor pronóstico, con mortalidad alta incluso tratada, y bastan unas pocas semillas para un animal de tamaño medio. Ante cualquier ingestión, la atención veterinaria o médica es inmediata y no cabe esperar a ver síntomas; el Instituto Nacional de Toxicología atiende consultas en el 91 562 04 20.
Conviene añadir que el sagú comestible auténtico no procede de esta planta, sino de la palmera Metroxylon sagu y de otras especies, y que los preparados tradicionales de cícada de algunas cocinas asiáticas exigen procesos largos de lavado y fermentación destinados precisamente a eliminar la toxina. No es una planta con la que experimentar en la cocina, ni con fines medicinales: no hay uso doméstico seguro. Si hay niños o perros y el ejemplar es hembra, lo prudente es retirar los conos con semillas en cuanto se formen.
Las asparagáceas: yuca, drácena y pata de elefante
Este grupo reúne a las falsas palmeras más habituales de interior y de jardín, y todas comparten una ventaja enorme sobre una palmera de verdad: tienen yemas latentes por todo el tallo y rebrotan si se cortan.
Yucca elephantipes —hoy Yucca gigantea—, la yuca de interior de tronco troceado, y Yucca aloifolia o Yucca gloriosa en exterior. Cuando una yuca de salón alcanza el techo, se sierra el tronco a la altura que se quiera y rebrota en dos o tres penachos por debajo del corte; el trozo retirado enraíza plantado en sustrato. Con una Washingtonia esa operación es sencillamente mortal. En exterior resisten heladas notables y sequía, y sus hojas terminan en una punta rígida que conviene tener en cuenta al plantarlas junto a un paso.
Dracaena en sus muchas formas: D. marginata, D. fragrans, y su pariente cercana Cordyline australis —la mal llamada palmera hawaiana o palmera de la suerte—, del mismo grupo de las asparagáceas. Igual que la yuca, se despuntan y ramifican. El drago canario, Dracaena draco, es el pariente monumental del grupo, protegido y de crecimiento lentísimo, con su savia roja característica.
Beaucarnea recurvata, la pata de elefante o nolina. Su base ensanchada no es un tronco de palmera sino un caudex de reserva de agua, adaptación a la sequía de su Veracruz natal. De ahí sale la única regla de cultivo que necesita: se riega poco, se deja secar el sustrato por completo entre riegos y se planta en mezcla muy arenosa. Casi todas las que mueren en interiores españoles mueren por exceso de agua en el caudex.
Ninguna de las tres es hospedadora del picudo rojo ni de Paysandisia, lo que en el litoral mediterráneo es un argumento de peso a su favor.
Otras confusiones frecuentes
Pandanus utilis, el pandano o pino tornillo, tiene hojas espinosas dispuestas en espiral y raíces zanco que salen del tronco y llegan al suelo como puntales. Pertenece a las Pandanaceae y solo prospera en clima cálido sin heladas, en Canarias o en la costa más templada.
Ravenala madagascariensis, el árbol del viajero, con su abanico plano de hojas enormes, es de la familia del ave del paraíso, las Strelitziaceae. Su aspecto tropical engaña: no tolera el frío ni el viento, que le deshilacha las hojas en tiras.
Musa, el platanero, no tiene tronco leñoso en absoluto: lo que parece estipe es un pseudotallo formado por vainas foliares apretadas, y el verdadero tallo es subterráneo. Muere después de fructificar y se renueva por hijuelos.
Cyperus alternifolius, la falsa papiro o paragüitas, se vende a veces como palmera de interior por el penacho de brácteas radiales que remata cada tallo. Es una ciperácea de humedal, y a diferencia de todo lo anterior quiere el pie encharcado.
Zamia furfuracea, la falsa palmera de Yucatán, es otra cícada, de la familia Zamiaceae, y comparte con Cycas revoluta tanto el aspecto como la toxicidad. Todo lo dicho en el aviso anterior le es aplicable.
Por qué la distinción cambia el manejo
Puestas en fila, las consecuencias prácticas son cinco.
La poda. Una asparagácea se recorta a la altura que convenga y rebrota; una palmera pierde el ápice y muere. Antes de acercar una sierra a un tronco con penacho, hay que saber qué familia se tiene delante.
La propagación. Yucas y drácenas se multiplican por esqueje de tallo; las cícadas, por hijuelos de la base; las palmeras, casi exclusivamente por semilla, salvo las cespitosas, de las que puede separarse un vástago con raíz propia. Quien intente enraizar un trozo de tronco de palmera solo obtendrá madera podrida.
Las plagas y la obligación de avisar. El picudo rojo y Paysandisia archon afectan a Arecaceae; la cochinilla Aulacaspis, a cícadas. La detección de picudo debe comunicarse a los servicios de sanidad vegetal de la comunidad autónoma, y esa obligación se refiere a palmeras, no a yucas ni a drácenas.
El riego. Una pata de elefante y un paragüitas piden regímenes opuestos, y a simple vista ambos ocupan el mismo lugar en una terraza.
La seguridad. Una cícada en un jardín con perro o con niños pequeños exige una decisión consciente; una Chamaerops humilis en el mismo sitio no plantea ese problema, más allá de los dientes cortantes de sus pecíolos.
Comprar con criterio
La etiqueta comercial rara vez ayuda: «palmera de interior», «palmera de la suerte» o «falsa palmera» no designan nada concreto. El nombre científico, en cambio, se puede exigir y se puede verificar allí mismo con dos comprobaciones de treinta segundos.
Mirar el punto de unión entre pecíolo y limbo: si hay hástula y la hoja está plegada en abanico de pliegues rígidos, es una palmera. Y mirar el tronco: cicatrices anulares completas y regulares, palmera; superficie con cicatrices romboidales o restos de bases de hoja apretadas en espiral, cícada; corteza fibrosa con yemas visibles, asparagácea.
Con el nombre científico en la mano, lo demás se resuelve: la rusticidad real de esa especie en la zona, el tamaño adulto, la exposición y si va a necesitar un calendario de tratamientos o no. Una Cycas revoluta por 40 euros y una Phoenix canariensis por 40 euros son compromisos completamente distintos a diez años vista.
En resumen
Una palmera es una Arecaceae y se reconoce por la vaina foliar envolvente, las cicatrices anulares del estipe, la hástula en las de abanico, la hoja plegada que se despliega desde una espada y la inflorescencia con espata. Cycas revoluta es una gimnosperma con conos, raíces coraloides fijadoras de nitrógeno, hijuelos laterales y una plaga propia, la cochinilla Aulacaspis yasumatsui; además toda la planta es tóxica por cicasina y BMAA, con especial peligro en las semillas anaranjadas para niños y sobre todo para perros, y ante una ingestión se acude sin esperar al veterinario o al médico. Yucas, drácenas y pata de elefante son asparagáceas y, a diferencia de una palmera, rebrotan tras un corte y se multiplican por esqueje de tallo. Pandano, árbol del viajero, platanero y paragüitas completan la lista de imitaciones con exigencias muy dispares. Y como todo esto cambia la poda, la propagación, las plagas, el riego y la seguridad doméstica, la compra empieza siempre por pedir el nombre científico.