Stapelia es el género de las flores de carroña, unas suculentas sin espinas y sin hojas que producen las flores más extrañas que se pueden tener en una maceta: estrellas de cinco puntas, carnosas, cubiertas de pelos y con un olor que imita el de la carne en descomposición. Se las llama también flor de estrella de mar, por la forma, y el olor es exactamente lo que la planta pretende, no un defecto.

Son originarias sobre todo del sur de África y de zonas áridas del resto del continente. Pertenecen a la familia Apocynaceae, dentro del grupo de las asclepiadáceas, y no tienen ningún parentesco con los cactus, aunque se cultiven junto a ellos y se les parezcan a primera vista. Carlos Linneo nombró el género en 1737 en honor al médico y botánico neerlandés Johannes van Stapel.

Cómo son

Lo que se ve es un conjunto de tallos suculentos erguidos o algo tumbados, de sección cuadrangular, con los ángulos marcados y provistos de una fila de dientes blandos a lo largo de cada arista. Esos dientes son restos de hojas, no espinas: no pinchan. Algunas especies producen hojas diminutas y de vida muy corta que se caen enseguida.

La ausencia de hojas es una adaptación a la sequía. El agua se almacena en el tallo y la fotosíntesis ocurre en su superficie, lo que reduce al mínimo la superficie de evaporación. Los tallos son verdes, a veces con tonos rojizos o púrpuras cuando reciben mucho sol, y están cubiertos de una fina pubescencia en varias especies.

Las plantas crecen en macolla, ramificando desde la base. Con el tiempo forman almohadillas que se van extendiendo, y en su medio natural algunas especies llegan a cubrir superficies de un par de metros de ancho.

La flor y su olor

Es lo que justifica cultivar estas plantas. La corola tiene cinco lóbulos extendidos en estrella, con textura arrugada o acolchada, pelos marginales y coloraciones que van del pardo rojizo al amarillo con bandas transversales. En Stapelia gigantea la flor puede rondar los cuarenta centímetros de diámetro cuando abre del todo, y el botón se hincha como un globo durante los días previos.

El olor fétido no es casual: atrae a moscas, en particular califóridos y sarcofágidos, que son los polinizadores del grupo. Las moscas no solo visitan la flor, sino que en muchos casos ponen huevos en ella creyendo que es carne. Las larvas que nacen no encuentran alimento y mueren, pero para entonces la mosca ya ha transportado el polen.

No todas huelen mal. Stapelia flavopurpurea, de flores pequeñas amarillas con centro púrpura, tiene un aroma dulce, y varias especies apenas desprenden olor perceptible.

En la práctica, esto condiciona dónde se pone la planta. Fuera de la floración no huele en absoluto. Durante los pocos días que la flor está abierta, conviene tenerla en una terraza o cerca de una ventana abierta y no en el comedor. Y hay que contar con que aparecerán moscas: es señal de que la planta funciona.

Cultivo en España

Luz. Necesitan mucha, pero el sol directo de julio y agosto en el interior y el sur peninsular quema los tallos y deja manchas acorchadas irreversibles. La solución práctica es pleno sol de mañana y sombra a partir del mediodía, o una malla de sombreo ligera en verano. En interior, la ventana más luminosa disponible.

Temperatura. No resisten heladas. Por debajo de unos 5 grados sufren daños y una helada las liquida. En la costa mediterránea cálida, Almería, Murcia y Canarias pueden estar fuera todo el año. En el resto de España se entran a partir de octubre y se mantienen por encima de 10 grados.

Sustrato. Muy drenante, más mineral que orgánico. Una mezcla útil es sustrato de cactus con un tercio de arena gruesa o picón, y una capa superficial de grava para que la base de los tallos no toque tierra húmeda. La maceta, ancha y poco profunda, porque las raíces son superficiales y la planta se extiende en horizontal.

Riego. Este es el punto crítico y merece decirse sin rodeos: lo que mata a estas plantas no es la sequía, sino el riego de invierno sobre un sustrato que retiene agua. De primavera a comienzo de otoño se riega en abundancia cada vez, pero solo cuando el sustrato esté completamente seco. Desde noviembre hasta marzo se mantienen prácticamente en seco si están frescas, con algún riego muy ligero si se conservan en interior cálido. Un tallo arrugado se recupera con un riego; un cuello podrido no tiene arreglo.

Abonado. Escaso. Un abono para cactus, muy diluido, un par de veces durante la estación de crecimiento. El exceso produce crecimientos blandos que se pudren con facilidad.

Multiplicación

Por esqueje es lo habitual y sale casi siempre. Se corta un tallo entero por la base con un cuchillo limpio, se deja cicatrizar en un lugar seco y sombreado durante una semana o algo más según el grosor, y se planta apenas enterrado en sustrato mineral seco. Se espera unos días antes del primer riego. La primavera y el comienzo del verano son los mejores momentos, con calor y días largos por delante.

Por semilla también funciona. Los frutos son folículos alargados que se abren y liberan semillas planas con un penacho de pelos sedosos, muy parecidas a las de los vilanos. Germinan bien recién recogidas, sobre sustrato mineral y con calor, pero conviene sembrar en un recipiente cubierto y ventilar a diario para evitar la caída de plántulas.

Problemas frecuentes

Podredumbre basal. El tallo se vuelve blando y amarillento desde el suelo hacia arriba. Cuando se detecta, la única salida es cortar por encima de la zona sana, dejar cicatrizar y reenraizar. La causa está siempre en el agua: exceso de riego, sustrato compacto, maceta sin drenaje o frío húmedo.

Cochinilla algodonosa. Se instala entre los tallos y en el cuello, donde es difícil de ver. Se retira a mano con un bastoncillo y se revisan también las raíces al trasplantar, porque hay una forma que ataca bajo tierra.

Tallos alargados y pálidos. Falta de luz. Se traslada la planta de forma gradual a una posición más iluminada; los tallos ya estirados no se corrigen, pero los nuevos saldrán compactos.

No florece. Suele ser cuestión de luz insuficiente, de planta demasiado joven o de un invierno demasiado cálido y húmedo. El descanso invernal fresco y seco es parte del ciclo que dispara la floración.

Plantas parecidas y una nota sobre el origen

En el comercio se venden mezcladas con otros géneros muy próximos y de cultivo idéntico: Orbea (la conocida Orbea variegata es probablemente la más extendida en España), Huernia, Duvalia y Caralluma. Todas comparten la estructura de tallo anguloso y la flor en estrella, y a menudo llegan a las tiendas con la etiqueta equivocada.

Una precaución de fondo: dentro de este grupo de suculentas africanas hay géneros afectados por la regulación internacional del comercio, empezando por Hoodia, incluido en el Apéndice II de CITES. No es el caso general de Stapelia, pero el criterio sano es el mismo para todas: las plantas se consiguen por esqueje o de vivero, nunca recolectadas en el medio natural ni importadas sin saber su procedencia.

En resumen

Stapelia reúne suculentas de tallo cuadrangular sin hojas ni espinas, originarias del sur de África, cuyo atractivo está en unas flores en estrella de gran tamaño que huelen a carroña para atraer moscas polinizadoras. El olor dura solo los días de floración y es parte del interés de la planta, no un problema del cultivo.

Se cultivan con mucha luz sin sol abrasador, sustrato mineral muy drenante, riego generoso pero espaciado en verano y sequía casi total en invierno, siempre por encima de los 10 grados. El esqueje de tallo, dejado cicatrizar una semana antes de plantar, es la forma más segura de multiplicarlas y de conservar una planta si la madre se pudre.


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