El calendario dice marzo y el suelo dice febrero. Un mediodía despejado del día 5 puede marcar 19 °C de aire en un bancal de Valladolid mientras a diez centímetros de profundidad ese mismo bancal está a 7, y seguirá por debajo de 10 durante otras tres semanas. La semilla no nota la temperatura del aire: nota la del terreno que la envuelve, y esa cifra lleva un retraso de tres o cuatro semanas respecto a la que anuncia el termómetro de la pared.
Qué se siembra bajo cubierto en marzo, cómo se cuenta hacia atrás desde la fecha de últimas heladas y las condiciones de germinación de un par de especies concretas están en el artículo sobre las siembras protegidas de marzo. Lo que sigue es la otra cara del mes: lo que se siembra directamente en el suelo, y el número que decide si ese sobre germina o se pudre.
Por qué el suelo va tan retrasado
Tres razones se suman. La primera es la inercia: el terreno tiene una capacidad térmica enorme, sobre todo húmedo, y la onda de calor anual penetra despacio, con un desfase de dos a cuatro semanas a la profundidad de siembra. La segunda es que el suelo de marzo está mojado, y buena parte de la energía que recibe se gasta en evaporar agua en lugar de en subir la temperatura: el calor latente se lleva la radiación sin que el termómetro se mueva. La tercera es que los días siguen siendo cortos y la radiación llega con el sol bajo.
El resultado es que la oscilación diaria a diez centímetros es de apenas uno o dos grados, frente a los quince que puede tener el aire. Un mediodía cálido no calienta el suelo; lo que lo calienta es una racha de días buenos seguidos.
Como referencia orientativa a 10 cm en la primera semana de marzo, en suelo desnudo y bien drenado: valle del Guadalquivir y litoral de Levante, 12-14 °C; Extremadura y La Mancha, 10-11; meseta norte y páramos, 6-8; cornisa cantábrica y Galicia, 8-9 pero con muchos días nublados; zonas de montaña, 4-5. A finales de mes, súmense de tres a cuatro grados.
El umbral de cada semilla
Toda especie tiene una temperatura mínima por debajo de la cual el embrión no arranca, y una temperatura práctica por debajo de la cual arranca tan despacio que no compensa. Los valores útiles para la siembra directa de marzo:
Haba (Vicia faba) y guisante (Pisum sativum): mínima de 4-5 °C, práctica 8-10. Son las primeras que entran.
Espinaca (Spinacia oleracea): mínima 2-4 °C, óptimo 10-15. Germina en frío mejor que casi ninguna otra y, en cambio, se bloquea por encima de 25.
Rábano (Raphanus sativus): mínima 5 °C, muy rápido a partir de 10.
Lechuga (Lactuca sativa): mínima 4-5 °C, óptimo 15-18, con inhibición por encima de 25-28.
Zanahoria (Daucus carota): mínima 5-6 °C, práctica 10-12.
Cebolla y puerro (Allium cepa, A. porrum): mínima 4-5 °C, práctica 10.
Acelga y remolacha (Beta vulgaris): mínima 7-8 °C, práctica 12.
Judía (Phaseolus vulgaris): mínima 10-12 °C, práctica 15. Por debajo, la semilla se pudre antes de germinar.
Maíz (Zea mays): mínima 10 °C, práctica 12-14.
Calabacín, pepino, melón (Cucurbita pepo, Cucumis spp.): mínima 14-16 °C, práctica 18-20. En marzo no entran en ningún sitio de la Península al aire libre.
Lo que hace útil esta lista no es el mínimo, sino la distancia entre el mínimo y lo práctico. Una zanahoria sembrada a 8 °C tarda de dieciocho a veintidós días en emerger; la misma zanahoria sembrada a 14 °C emerge en siete u ocho. Cada día que la semilla pasa bajo tierra sin nacer es un día expuesta a los hongos del suelo, a las babosas y a que una costra de lluvia le selle la salida. De ahí la paradoja de que un bancal sembrado el 20 de marzo adelante con frecuencia a otro sembrado el 1: el segundo no ha ganado nada por salir antes.
Medirla es fácil y se hace poco
Basta con una sonda de varilla de las de cocina, que cuesta poco y llega de sobra. El protocolo con el que se manejan las referencias agronómicas es sencillo: se clava a 10 cm de profundidad, se lee a primera hora de la mañana —hacia las ocho— y se repite tres días seguidos, descartando los posteriores a una lluvia fuerte. La media de esas tres lecturas es la cifra con la que se decide.
Conviene medir en el propio bancal y no en el pasillo, porque las diferencias dentro de una misma parcela son grandes: un bancal elevado veinte centímetros va dos o tres grados por delante del terreno llano; una orientación al norte o al pie de un muro que da sombra por la mañana, dos por detrás; un suelo arenoso se adelanta al arcilloso una o dos semanas enteras.
Adelantar el suelo tres semanas
Lámina transparente sobre el bancal. Colocada dos o tres semanas antes de sembrar y bien pegada al terreno con los bordes enterrados, sube la temperatura a diez centímetros entre 4 y 6 °C. Funciona mejor que la negra —que absorbe más radiación pero se la queda en la superficie del propio film— con una contrapartida: bajo el plástico transparente también germinan a toda velocidad las hierbas, así que hay que pasar la azada o el rastrillo justo antes de sembrar.
Drenar es calentar. Un suelo encharcado no sube de temperatura por mucho sol que reciba, porque el agua tiene una capacidad térmica altísima y porque la evaporación consume la energía. Abrir un caballón, levantar el bancal o resolver una compactación que retiene agua vale más grados que cualquier otro truco.
Retirar el acolchado. Diez centímetros de paja mantienen el bancal fresco, que es exactamente lo contrario de lo que interesa en marzo. Se aparta a los lados a mediados de febrero y se devuelve en mayo, cuando el problema pasa a ser el opuesto.
Bajar el albedo. Una capa fina de compost oscuro y tamizado sobre la superficie absorbe más radiación que un suelo claro o cubierto de restos secos. Es un efecto modesto, de un grado escaso, pero gratis.
Túnel bajo o velo. Sirve sobre todo para lo que ya está sembrado, y suma un par de grados en el suelo además de proteger la parte aérea.
Siembra directa o plantel: qué manda en cada caso
La decisión no es de gusto. Van necesariamente a siembra directa las raíces —zanahoria, chirivía, nabo, rábano—, que no toleran que se les toque la raíz principal, y las especies de semilla grande y nascencia fácil como guisantes y habas, donde el plantel es trabajo perdido. Va a semillero todo lo de ciclo largo, semilla cara o germinación exigente.
La diferencia práctica en marzo es que el umbral que hay que respetar es distinto. Para sembrar hay que esperar a la temperatura de germinación de la especie. Para trasplantar basta con que el suelo permita crecer a la raíz, lo que ocurre en general por encima de 10 °C, y de 12 a 14 en solanáceas. Un plantel colocado en suelo más frío que eso no se muere: se queda quieto, con las hojas amoratadas, porque la absorción de fósforo cae con la temperatura del terreno. Y una planta parada tres semanas en el bancal acaba produciendo más tarde que otra plantada quince días después en suelo templado.
La helada tardía, en una línea
La temperatura del suelo decide cuándo germina la semilla; la fecha de última helada decide qué se puede tener fuera con las hojas al aire. Son dos calendarios distintos y hay que llevar los dos. El método para calcular la fecha segura local está en el artículo enlazado al principio; a él conviene añadirle las correcciones del propio terreno, porque en una vaguada o al pie de un talud el aire frío se estanca y se hiela tres o cuatro noches más al año que en la parcela de al lado, a veinte metros.
Marzo por zonas, a suelo abierto
Litoral mediterráneo, Guadalquivir y suroeste. El mes entero está disponible: zanahoria, rábano, remolacha, acelga, lechuga, espinaca, guisante, cebolleta y perejil desde primeros. En la última semana, y solo si la sonda pasa de 14 °C, judía de mata baja en las comarcas más cálidas.
Interior peninsular y ambas mesetas. La primera quincena es de espera. A partir del día 15, y con lámina previa si se puede, guisante, haba de ciclo corto, espinaca, rábano, cebolla de planta y lechuga bajo velo. La zanahoria, mejor a finales de mes o en abril: sembrada en suelo a 7 °C tarda tres semanas en asomar y sale desigual.
Cornisa cantábrica y Galicia. El frío no es el problema; lo son el agua y la falta de días soleados. La prioridad es que el bancal esté escurrido antes de sembrar nada. Con esa condición, espinaca, guisante, lechuga, acelga y cebolla van bien desde mediados de mes.
Zonas de montaña y páramos por encima de 1.000 m. Marzo es mes de semillero protegido y de preparar el terreno, no de sembrar fuera. El suelo no alcanza los 10 °C hasta finales de abril.
En resumen
En marzo, la fecha del sobre importa menos que la lectura de una sonda clavada diez centímetros en el bancal, medida a primera hora y promediada en tres días. El suelo va tres o cuatro semanas por detrás del aire, y ese desfase es el que arruina las siembras impacientes: judía y maíz necesitan 12-15 °C, acelga y remolacha 12, zanahoria y cebolla 10-12, mientras que guisante, haba, espinaca, rábano y lechuga arrancan con 8.
Cuando falten grados, hay tres formas de conseguirlos y todas se aplican antes de sembrar: lámina transparente sobre el bancal dos o tres semanas, bancal elevado y bien drenado —un suelo encharcado no se calienta— y acolchado retirado hasta mayo. Y con el plantel, el criterio cambia: no es cuestión de germinación sino de que la raíz pueda trabajar, lo que exige 10 °C en el terreno y de 12 a 14 en solanáceas. Sembrar dos semanas más tarde en suelo templado suele adelantar la cosecha respecto a sembrar pronto en suelo frío.