Salicornia es el género de esas plantas verdes y carnosas, sin hojas aparentes, formadas por segmentos articulados que parecen cuentas ensartadas, y que crecen en el barro salado de las marismas. En España se venden como espárrago de mar o directamente como salicornia, y en otoño tiñen de rojo y púrpura marismas enteras como las de la bahía de Cádiz o el delta del Ebro.

Son halófitas estrictas: viven en suelos con concentraciones de sal que matarían a casi cualquier otra planta, y ocupan la franja más baja de la marisma, la que se inunda con las mareas. Pertenecen a la subfamilia Salicornioideae, dentro de la familia Amaranthaceae, que absorbió a las antiguas quenopodiáceas.

Cómo son

La estructura de estas plantas es rara y por eso se reconocen enseguida. El tallo es suculento, cilíndrico y está dividido en artejos, segmentos que encajan uno sobre otro y que le dan ese aspecto articulado. Las hojas existen, pero están reducidas a escamas diminutas y opuestas, soldadas al tallo, casi invisibles. Toda la fotosíntesis y todo el almacenamiento de agua ocurren en el tallo.

Las flores son minúsculas y pasan desapercibidas: se agrupan de tres en tres, hundidas en la axila de cada artejo, y apenas asoman los estambres. El fruto es pequeño, carnoso y contiene una sola semilla. Las inflorescencias forman espigas condensadas en el extremo de las ramas, y ese carácter, junto con los tallos articulados, es lo que identifica al grupo.

El color cambia con la estación. En primavera y verano son de un verde brillante, casi traslúcido; a partir del final del verano y en otoño viran a tonos rojizos, anaranjados y púrpuras, que es cuando las marismas dan las fotografías que todo el mundo ha visto. Ese cambio acompaña al final del ciclo: las especies del género Salicornia en sentido estricto son anuales, germinan en primavera, crecen durante el verano y mueren tras fructificar.

Salicornia, Sarcocornia y un género difícil

Junto a las anuales existe un grupo de plantas muy parecidas pero perennes y leñosas en la base, que se han clasificado tradicionalmente en el género Sarcocornia. Trabajos recientes han propuesto reunir ambos géneros bajo el nombre Salicornia, y esa es hoy la tendencia mayoritaria, aunque muchas guías y etiquetas comerciales siguen usando los dos nombres por separado.

La taxonomía de este grupo tiene fama merecida de complicada. Las diferencias entre especies se basan en caracteres microscópicos de las espigas y las semillas, las plantas cambian mucho de aspecto según la salinidad y la inundación del sitio donde crezcan, y hay hibridación y poliploidía. Identificar una salicornia hasta la especie es tarea de especialista, y para casi cualquier propósito práctico basta con reconocer el género.

Cómo sobreviven a la sal

Estas plantas no toleran la sal, la usan. Absorben agua salada y acumulan las sales en las vacuolas de sus células, aisladas del resto del contenido celular, y a la vez retienen agua en el tejido suculento para diluirlas. Esa combinación les permite mantener el equilibrio hídrico en un suelo donde el agua está osmóticamente retenida y donde una planta normal se deshidrataría.

El precio es una estructura muy poco competitiva fuera de ese ambiente. En un suelo de jardín normal, sin sal, la salicornia crece mal y es rápidamente desplazada por cualquier otra planta. No es una especie agresiva ni invasora: su dominio en la marisma se debe únicamente a que allí no compite con nadie. Cuando forma tapices monoespecíficos en la franja de marea, eso no es un comportamiento invasor sino la zonación natural del ecosistema.

Dónde crece en España

El género está presente en marismas, estuarios, salinas y lagunas salobres de todo el litoral español y también en algunos ambientes salinos de interior. Los enclaves más conocidos son las marismas del Guadalquivir y de Doñana, la bahía de Cádiz, las marismas del Odiel, el delta del Ebro, la Albufera de Valencia, el entorno del Mar Menor y las marismas del Cantábrico, como las de Santoña.

Su papel ecológico es de primer orden. Es una planta pionera que coloniza el fango desnudo, fija sedimento, reduce la erosión y prepara el terreno para la vegetación de marisma media y alta. Los saladares que forma son hábitat de invertebrados y zona de alimentación para aves acuáticas y limícolas, muchas de ellas migratorias.

Un uso histórico: la sosa y el vidrio

Las cenizas de estas plantas quemadas contienen carbonato de sodio en cantidad, lo que en español se llamó tradicionalmente sosa o barrilla. Ese producto fue durante siglos materia prima esencial para fabricar vidrio y jabón, antes de que existieran los procesos químicos industriales.

En España la producción de barrilla a partir de plantas de saladar fue una industria importante, sobre todo en Alicante y Murcia durante los siglos XVIII y XIX, con exportación a las fábricas de vidrio europeas. La llegada de los procedimientos industriales de obtención de carbonato sódico acabó con ese comercio en el siglo XIX. Conviene precisar un error habitual en textos traducidos: lo que dan estas cenizas es carbonato de sodio, no potasa, que es lo que se obtiene de las cenizas de leña.

La salicornia en la cocina

Los tallos tiernos de varias especies del género se consumen desde antiguo en la cuenca mediterránea y en el Atlántico europeo, y hoy son un producto habitual en pescaderías y restaurantes españoles bajo el nombre de espárrago de mar o salicornia. Se venden frescos, en salmuera o encurtidos.

Su característica dominante es la sal que llevan incorporada. Eso condiciona cómo se cocinan: se enjuagan o se escaldan brevemente antes de usarlos, y el plato al que se añaden no lleva sal adicional. La textura crujiente se pierde con la cocción prolongada, así que se incorporan al final. Se recolectan tiernos, en primavera y principios de verano, antes de que el tallo se vuelva fibroso.

Recolectarla: dos advertencias serias

La primera es legal. Buena parte de las marismas españolas donde crece están dentro de espacios protegidos, parques naturales o nacionales y lugares de la Red Natura 2000, y en ellos la recolección de flora silvestre está sujeta a autorización conforme a la Ley 42/2007, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, y a la normativa de cada comunidad autónoma. Antes de coger nada conviene informarse en el organismo gestor del espacio.

La segunda es de seguridad. Las halófitas de marisma acumulan en sus tejidos los elementos presentes en el sedimento, y de hecho la salicornia se estudia como planta para fitorremediación de suelos contaminados con metales pesados. Eso significa que la recolectada en estuarios industriales, cerca de puertos, de vertidos históricos o de zonas mineras no es un producto recomendable. La que se compra a productores procede de cultivo controlado o de zonas autorizadas, y esa es la vía sensata.

¿Se puede cultivar?

Se cultiva, y cada vez más, dentro de lo que se llama agricultura salina: sistemas que aprovechan agua salobre o de mar, inservible para los cultivos convencionales, para producir halófitas. En España hay iniciativas de este tipo en zonas de Cádiz, Murcia y Alicante, en algunos casos asociadas a la acuicultura, aprovechando el agua de salida de las piscifactorías.

En un jardín particular la cosa es más difícil. La planta necesita salinidad para desarrollarse bien y un suelo que se mantenga húmedo, una combinación complicada de reproducir en maceta sin acabar salinizando el sustrato. La semilla germina mejor con salinidad baja y luego la planta requiere más sal a medida que crece, lo que obliga a un manejo del agua bastante fino. Es un cultivo interesante para quien quiera experimentar, no una planta ornamental de balcón.

En resumen

Salicornia agrupa hierbas suculentas anuales de tallos articulados y hojas reducidas a escamas, adaptadas a vivir en suelos salinos donde ninguna otra planta prospera. Colonizan la franja baja de las marismas del litoral español, fijan sedimento y sostienen buena parte del ecosistema del saladar, y en otoño lo tiñen de rojo. Sus parientes perennes se han clasificado como Sarcocornia, género que hoy tiende a reunirse con este.

Tienen un uso histórico documentado como fuente de carbonato de sodio para vidrio y jabón, y un uso alimentario actual como espárrago de mar, siempre con la sal ya incorporada. Recolectarla por libre no es buena idea: las marismas suelen ser espacio protegido con recolección regulada, y estas plantas acumulan lo que haya en el sedimento, incluidos metales pesados en estuarios industriales.


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