El rábano picante es Armoracia rusticana, una planta vivaz de la familia de las brasicáceas de la que se usa la raíz, gruesa, blanquecina y de superficie rugosa. No es el rabanito de huerto: ese es Raphanus sativus, otro género distinto, anual, de raíz pequeña y roja o blanca, y con un picor mucho más flojo. Comparten familia y poco más. Si lo que buscas es el de las ensaladas, lo tienes en la ficha del rábano de huerto.

Lo característico de esta raíz es que entera casi no huele. La puedes tener en la mano, acercarla a la nariz y no notar nada. El picor aparece en el momento en que la rallas, la rompes o la cortas, y ese detalle no es una curiosidad de cocinero: es exactamente lo que explica cómo se maneja, cómo se conserva y por qué pica donde pica.

Por qué solo pica cuando se ralla

Las células de la raíz guardan dos cosas separadas. Por un lado, un glucosinolato llamado sinigrina, que por sí mismo no pica. Por otro, una enzima, la mirosinasa, encerrada en compartimentos aparte. Mientras la célula está intacta no se tocan.

Al rallar rompes las paredes celulares, las dos sustancias se mezclan y la enzima parte la sinigrina. De ahí sale isotiocianato de alilo, que es el compuesto responsable del picor y el mismo que da carácter a la mostaza parda. Es una reacción de defensa de la planta frente a quien la mastica, y funciona igual en el rallador que en la boca de un herbívoro.

Ese compuesto es volátil. Por eso el picor del rábano rusticano se sube a la nariz y a los ojos en vez de quedarse en la lengua: lo que llega a las fosas nasales es vapor. Es justo lo contrario de lo que pasa con el chile, donde la capsaicina no se evapora y el ardor se queda en la boca.

La consecuencia práctica es doble. Primera: el picor se pierde deprisa. Una raíz rallada y dejada al aire está sosa en poco tiempo, y una salsa preparada hace meses tiene poco que ver con la del día. Segunda: se ralla en el momento de servir, y siempre en un sitio ventilado, porque el vapor irrita los ojos y las vías respiratorias de verdad. Rallar medio kilo en una cocina cerrada es una experiencia desagradable.

El vinagre fija el picor

En la cocina centroeuropea el truco es conocido y tiene base química: el ácido detiene la enzima. Si añades vinagre nada más rallar, cortas la reacción pronto y la salsa queda suave. Si esperas un par de minutos antes de añadirlo, dejas que la enzima trabaje y el resultado es bastante más agresivo.

Ese es el mando de intensidad, y no hay más misterio. A partir de ahí, la nata, la manzana rallada o la remolacha (la combinación clásica del chrain de Europa del Este) rebajan el conjunto y le dan cuerpo.

Parientes que pican por lo mismo

Los glucosinolatos son marca de la casa en las brasicáceas, y varios de los sabores fuertes de la despensa salen del mismo mecanismo:

PlantaNombre botánicoParte que se usa
Rábano picanteArmoracia rusticanaRaíz
Mostaza pardaBrassica junceaSemilla
Mostaza blancaSinapis albaSemilla
WasabiEutrema japonicumRizoma
RabanitoRaphanus sativusRaíz
BerroNasturtium officinaleHoja

La relación con el wasabi merece una nota. El wasabi verdadero es el rizoma de Eutrema japonicum, una planta difícil de cultivar y cara, y buena parte de lo que se vende fuera de Japón como pasta de wasabi lleva rábano picante teñido, con o sin algo de wasabi de verdad. La lista de ingredientes lo aclara. No es un fraude escondido: es un sustituto barato que además funciona, porque el compuesto picante es de la misma familia química.

De la mostaza tienes más en cómo plantar mostaza.

Qué es y qué no es como alimento

Lo que se puede decir de la raíz es lo que es: un condimento que se toma en cantidades muy pequeñas, con mucha agua y fibra y muy poca grasa, y cuyo interés en el plato es aromático, no nutricional. Nadie come rábano picante por lo que aporta, porque se come a cucharaditas.

Lo que circula por internet es otra cosa. A esta planta se le atribuyen desde siempre efectos sobre las vías respiratorias, la digestión o cosas peores, y conviene dejarlo claro de una vez: en la Unión Europea las declaraciones de propiedades saludables están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006 y las autoriza la Comisión Europea, no un artículo de internet ni un vendedor. Para el rábano picante no hay nada de eso. Existe una tradición de uso en Europa central y del este, documentada y antigua, y eso es tradición, no tratamiento: no sustituye a una consulta médica ni a la medicación de nadie.

Dos advertencias de manejo, que sí son cosa de esta página. El vapor que suelta al rallar irrita ojos, nariz y garganta; se trabaja con ventilación y sin acercar la cara. Y los isotiocianatos son irritantes del tubo digestivo, así que la raíz no es cosa que dar a perros ni a gatos; si tu animal se ha comido un trozo, al veterinario.

Cultivarlo: lo que nadie te avisa

El rábano picante es una planta rústica, resistente al frío y muy poco exigente, y ahí empieza el problema. Se multiplica por trozos de raíz, y cualquier fragmento que quede enterrado al arrancarla vuelve a brotar. Plantada en un bancal abierto, en pocos años la tienes por todas partes y sacarla del todo es trabajo de años.

La forma sensata de tenerla:

  • En maceta o contenedor profundo, o en un rincón acotado del que no te importe que no salga nunca. Es la única manera de controlarla.
  • Suelo hondo, suelto y sin piedras. En terreno compacto la raíz sale bifurcada y retorcida, y rallar eso es un suplicio.
  • Se planta el trozo de raíz a final de invierno, inclinado, con el extremo grueso arriba.
  • Sol o media sombra, riegos regulares en verano. Le sienta mal la sequía larga, que le da raíces fibrosas.
  • Se arranca en otoño o invierno, después de los primeros fríos, cuando la hoja se ha ido retirando. Ese es el momento en que la raíz está en su punto.

Las hojas son grandes, alargadas y de borde ondulado, y no se parecen en nada a las de un rabanito: por eso la planta se reconoce de lejos en cuanto la has visto una vez. En el huerto español no es un cultivo habitual, pero se defiende bien en el norte y en zonas de invierno marcado, y peor donde el verano es largo y seco.

Conservarlo en casa

La raíz entera, sin pelar, aguanta semanas en el cajón de las verduras de la nevera envuelta en papel o en un paño ligeramente húmedo. También se conserva enterrada en arena en un sitio fresco, que es como se ha guardado siempre.

Rallada, ya no. Si preparas más de la que vas a usar, la opción es la salsa con vinagre en tarro cerrado y en frío, sabiendo que irá perdiendo fuerza. Congelada en trozos se ralla todavía mejor porque está dura, aunque pierde algo de intensidad. Lo que no tiene arreglo es la raíz rallada guardada al aire: en un rato es serrín.

En resumen

El rábano picante es Armoracia rusticana, una vivaz de raíz gruesa que no tiene nada que ver con el rabanito de ensalada. Todo su interés está en una reacción química que solo ocurre cuando rompes la célula: la mirosinasa parte la sinigrina y libera isotiocianato de alilo, un compuesto volátil que se sube a la nariz y se evapora enseguida. De ahí sale todo lo demás, desde rallar en el último momento hasta el chorro de vinagre que fija el picor donde tú quieras.

En el huerto es una planta agradecida y peligrosamente permanente: plántala contenida o no la plantes. Y de lo que se lee por ahí sobre sus efectos, quédate con esto: en la Unión Europea las declaraciones de propiedades saludables las autoriza la Comisión al amparo del Reglamento (CE) 1924/2006, aquí no hay ninguna, y lo demás es tradición culinaria, que ya es bastante.


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