La pulmonaria se llama así porque sus hojas están salpicadas de manchas blanquecinas y a alguien, hace siglos, le parecieron un pulmón enfermo. De ese parecido, y de nada más, salió la idea de que la planta servía para curar el pulmón. No era una observación clínica: era la teoría de las signaturas, una doctrina renacentista según la cual la forma de una planta revelaba para qué servía. La teoría es falsa, y la historia de cómo esta vivaz de sombra acabó cargando con un nombre médico es bastante más interesante que cualquier cosa que se le haya atribuido.

Porque atribuciones hay muchas y aquí no vas a encontrar ninguna. No existen declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para esta planta; las que existen para cualquier alimento están recogidas en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión Europea, no un artículo de internet. Además, como el resto de las boragináceas, la pulmonaria contiene alcaloides pirrolizidínicos, un grupo de compuestos con toxicidad hepática por los que las autoridades europeas fijaron límites máximos en infusiones de hierbas y complementos alimenticios a base de plantas. Preparar una infusión casera con hojas recogidas del jardín no tiene ninguna justificación razonable.

Pulmonaria officinalis en flor, con hojas moteadas Pulmonaria officinalis: hojas moteadas de blanco y flores que pasan del rosa al azul en la misma mata.

Qué era la teoría de las signaturas

La idea es antigua, pero se formuló y se difundió en el siglo XVI. Sostenía que cada planta llevaba impresa una marca, una signatura, que indicaba el órgano o la dolencia para la que había sido creada. Paracelso la defendió y la puso de moda en la medicina europea, y Giambattista della Porta la sistematizó en su Phytognomonica, publicada en 1588, donde emparejaba formas de plantas con partes del cuerpo.

El corpus de ejemplos es reconocible incluso hoy, porque muchos quedaron fosilizados en los nombres comunes:

  • La hepática, con la hoja trilobulada y parda, debía servir para el hígado.
  • Las plantas llamadas rompepiedras, que crecen en grietas de roca, debían deshacer los cálculos.
  • La escrofularia, con nódulos en la raíz, debía curar las escrófulas.
  • La eufrasia, con una mancha en la flor que recuerda a un ojo, debía servir para la vista.
  • Y la pulmonaria, con la hoja moteada como un pulmón lesionado, para el pulmón.

El problema es evidente en cuanto se enuncia: el parecido lo pone quien mira, y siempre a posteriori. No hay ninguna razón por la que la anatomía de una hoja tenga que informar de su química. La doctrina funcionaba como un mecanismo de confirmación, no como un método: cuando el remedio parecía funcionar se anotaba, y cuando no, no. La medicina la abandonó, pero los nombres se quedaron, y con ellos la sospecha de que el nombre significa algo. No significa nada.

Por qué la hoja está moteada de verdad

Las manchas claras no son una lesión ni una enfermedad, aunque lo parezcan. Corresponden a zonas de la hoja donde el tejido interno deja huecos de aire bajo la epidermis; esos espacios dispersan la luz y se ven desde fuera como manchas pálidas sobre el verde. Es un carácter constante de la especie, presente ya en las hojas jóvenes, y los jardineros lo han seleccionado a conciencia: buena parte de los cultivares modernos se eligieron por tener las manchas más grandes, más plateadas o fundidas en una hoja casi blanca.

Hay otro detalle mucho más llamativo que el moteado y que casi nadie mira. Las flores cambian de color: abren rosadas y viran a azul violáceo a medida que envejecen, de manera que una misma mata en marzo tiene flores rosas y azules al mismo tiempo. Detrás hay un cambio de acidez en el interior de la célula que altera el color del pigmento, un mecanismo compartido con otras boragináceas como la borraja o la viborera.

Y un tercero, para quien quiera fijarse: la pulmonaria tiene flores de dos formas distintas según la planta, unas con el estilo largo y los estambres escondidos y otras al revés. Es un sistema que favorece el cruzamiento entre pies diferentes y dificulta la autofecundación. Si recoges semilla de un solo ejemplar aislado, esa es la razón de que a veces no cuaje nada.

Qué planta es

Pulmonaria officinalis L. es una vivaz de la familia de las boragináceas, propia de bosques caducifolios y sotobosques frescos de buena parte de Europa. Hay varias especies del género en los bosques frescos del norte peninsular, y en jardinería se usan además Pulmonaria saccharata, de hojas muy plateadas, y Pulmonaria longifolia, de hoja estrecha y alargada.

Forma matas bajas, de un palmo o poco más, con hojas ásperas y peludas al tacto, ovales y bruscamente estrechadas en un pecíolo alado. Florece muy temprano, entre finales de invierno y mediados de primavera, y esa es su principal virtud en el jardín: aparece cuando no hay casi nada abierto. Después de la floración emite un segundo juego de hojas, mayores que las primeras, que es el que cubre el suelo el resto de la temporada.

Esa floración temprana tiene además un valor ecológico concreto. Las flores tubulares de la pulmonaria son una de las primeras fuentes de néctar disponibles para las reinas de abejorro que salen de la hibernación en febrero y marzo, cuando la oferta es mínima.

Cómo se cultiva

Es una planta de sombra o media sombra, de suelo fresco y con materia orgánica. El sol directo del verano le quema las hojas por los bordes, y la sequía las deja lacias y feas aunque la planta sobreviva.

En España va sola en Galicia, la cornisa cantábrica, el Pirineo y los jardines de montaña. En el interior peninsular y en el litoral mediterráneo funciona bajo caducifolios, donde recibe luz en invierno y sombra en verano, con acolchado permanente y riego regular en la temporada seca. En clima cálido y seco de verdad es una planta corta de vida.

El frío no le afecta, y tampoco necesita nada especial en invierno. Se planta en otoño o a principios de primavera, a unos treinta centímetros entre pies, y se multiplica dividiendo la mata justo después de la floración o en otoño, separando porciones con raíz y replantando enseguida.

La única labor que cambia el resultado es el corte posterior a la floración: cuando las flores se han pasado, se siegan las hojas viejas y los tallos florales casi a ras. La planta rebrota con follaje limpio y compacto que dura todo el verano. Si no se hace, las hojas viejas se llenan de oídio al primer calor y la mata queda desastrada hasta el otoño. Ese oídio es su problema habitual, y se agrava con las plantas apretadas, el riego por aspersión y el suelo seco; los caracoles y las babosas son el otro, sobre las hojas tiernas de primavera.

Dónde queda bien

Es una cubridora de sombra de primera para el pie de un seto, el borde de un macizo bajo árboles caducifolios o un rincón norte. Combina con helechos, hostas, Epimedium, hellebores, primaveras y bulbos de floración temprana, que ocupan el mismo momento del año. Las selecciones de hoja muy plateada iluminan zonas sombrías donde el verde se come toda la luz, y ese es su papel decorativo el resto del año, cuando ya no hay flor.

En resumen

La pulmonaria es una vivaz de sombra fresca que florece a finales de invierno, con hojas moteadas de blanco y flores que pasan del rosa al azul en la misma mata. Quiere sombra, suelo con materia orgánica y humedad, se divide después de florecer y agradece un corte a ras en cuanto acaba la flor, que es lo que la mantiene limpia de oídio el resto del verano. En el norte húmedo es fácil; en clima mediterráneo, solo bajo caducifolios y con riego.

Su nombre viene de la teoría de las signaturas, la idea renacentista de que el aspecto de una planta revelaba su uso médico. La teoría era falsa y la medicina la abandonó, pero el nombre se quedó y arrastra consigo atribuciones que no se sostienen. No hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para esta planta en el marco del Reglamento (CE) 1924/2006, y contiene alcaloides pirrolizidínicos, de toxicidad hepática, por los que existen límites máximos europeos en infusiones y complementos de plantas. En el jardín, excelente. En una taza, no.


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