Hay un matiz que decide la vida de casi todas las plantas de esta lista: necesitar riego frecuente no es lo mismo que tolerar el encharcado. Son dos cosas distintas y casi opuestas. Una planta sedienta pide que le repongas agua a menudo porque la gasta deprisa; una planta palustre es la que puede vivir con las raíces bajo el agua sin ahogarse. La inmensa mayoría de las llamadas amantes del agua son lo primero y no lo segundo, y por eso la causa de muerte más común entre ellas no es la sed, es la podredumbre de raíz.

Si has llegado buscando plantas que aguanten mucho riego, esto es lo primero que hay que tener claro, porque cambia por completo la forma de regarlas. Abajo está por qué una raíz se ahoga en agua, cuáles son las poquísimas que de verdad toleran el suelo empapado, por qué razones distintas una planta pide agua a diario, y cómo se riega una sedienta sin matarla.

Por qué una raíz se ahoga

Las raíces respiran. Necesitan oxígeno igual que las hojas, y lo toman del aire que ocupa los poros del sustrato entre las partículas. Cuando riegas, el agua desplaza ese aire; cuando el agua drena, el aire vuelve a entrar. Ese ciclo de llenado y vaciado es el que mantiene viva la raíz.

Si el agua no se va, porque la maceta no drena, porque el plato está siempre lleno o porque el sustrato está compactado, los poros quedan ocupados de forma permanente y la raíz se queda sin oxígeno. En pocos días empieza a morir, y sobre el tejido muerto se instalan hongos del suelo del tipo Pythium y Phytophthora, que prosperan justo en esas condiciones. Ahí está la trampa: la planta ahogada se marchita igual que una planta seca, porque las raíces podridas ya no absorben. El jardinero ve el marchitamiento, riega más, y acelera el final.

Las que sí toleran el agua: las palustres

Existe un grupo que aguanta el suelo saturado, y lo aguanta por una razón anatómica concreta: tienen aerénquima, un tejido con grandes cámaras de aire que conduce el oxígeno desde las partes aéreas hasta las raíces sumergidas. Es lo que permite a un carrizo o a un papiro vivir con el pie dentro del agua.

En jardinería doméstica el papiro (Cyperus papyrus) y el paragüitas (Cyperus alternifolius) son los ejemplos típicos: se pueden cultivar en maceta con el plato permanentemente lleno, algo que sería una sentencia para cualquier otra. También toleran el suelo constantemente húmedo el lirio de agua o cala (Zantedeschia aethiopica) y el acoro (Acorus). Ese es el grupo pequeño. El resto de la lista, no.

Tres razones distintas para pedir agua a diario

No todas las sedientas lo son por el mismo motivo, y saber cuál es el tuyo cambia la solución:

  • Hoja grande y fina. Cuanta más superficie foliar y más delgada sea, más agua evapora. Es el caso del plátano abisinio (Ensete ventricosum) o de la sanchezia (Sanchezia speciosa). Aquí el agua se pierde de verdad, y la solución pasa por resguardarlas del viento y del sol de mediodía, que es lo que dispara la transpiración.
  • Poca tierra para mucha raíz. Una planta con el cepellón lleno de raíces se bebe su maceta en unas horas por muy poco sediento que sea su carácter. La solución no es regar tres veces al día, es trasplantar.
  • Floración continua. Producir flor sin parar durante meses, como hacen las impatiens o las begonias de flor, consume agua y nutrientes de forma constante. Se riega a menudo, pero la maceta tiene que seguir drenando.

Platano abisinio de hojas rojizas junto a una persona, en un patio

El plátano abisinio gasta agua por la superficie enorme de sus hojas. Necesita riego abundante y, aun así, suelo que drene.

Las famosas sedientas que se pudren con más facilidad

El ciclamen (Cyclamen persicum) encabeza la lista de malentendidos. Tiene un tubérculo que asoma sobre el sustrato y, si el agua cae encima de esa corona, se pudre. Se riega siempre desde abajo, poniendo la maceta en un recipiente con agua un rato y retirándola después. Y hay algo más: cuando en primavera empieza a amarillear no se está muriendo, entra en reposo estival, que es lo normal en una planta de veranos secos. En ese periodo se deja de regar, no se riega más.

Flores de ciclamen blancas y rosas

El ciclamen se riega por abajo. El agua sobre el tubérculo es la causa habitual de que se pierda.

La violeta africana (Saintpaulia ionantha, hoy incluida en el género Streptocarpus) tiene el mismo protocolo por otro motivo: sus hojas están cubiertas de pelos, retienen las gotas y se manchan si les cae agua encima, sobre todo si está fría. También se riega por abajo, con agua templada.

Violetas africanas de flor morada y hojas aterciopeladas

Las hojas velludas de la violeta africana se manchan con el agua fría. Riego por abajo y templada.

La flor de Pascua (Euphorbia pulcherrima) se pierde cada Navidad por un motivo casi siempre idéntico: el envoltorio decorativo. La lámina de plástico o el cesto sin agujeros retienen el agua en el fondo, la maceta queda sumergida y la planta se ahoga en pocos días. Quita el envoltorio o perfóralo antes de regar. Añade a eso que viene de un invernadero caliente y suele sufrir el golpe de frío del viaje a casa, y ya tienes explicada su fama de efímera.

Flores de Pascua con bracteas rojas

El envoltorio metalizado de la flor de Pascua retiene el agua en el fondo y ahoga la maceta.

Las impatiens (Impatiens walleriana y los híbridos de Nueva Guinea) son las más francas del grupo: se desploman en cuanto les falta agua y se recuperan al regarlas. Ese aviso visible las hace fáciles, pero no conviene abusar de él, porque cada marchitamiento severo pasa factura. Quieren sombra o media sombra; a pleno sol no hay riego que las mantenga.

Impatiens de flor naranja intenso con hojas oscuras

Las impatiens avisan desplomándose. Se recuperan al regar, pero cada susto les cuesta.

Y la sanchezia, menos conocida, es un arbusto tropical de sotobosque húmedo: quiere sustrato siempre fresco, ambiente cálido y luz filtrada. En la España peninsular no pasa el invierno a la intemperie salvo en el litoral más suave, así que es planta de interior luminoso o de invernadero.

Hojas de sanchezia con nervios blancos muy marcados

La sanchezia viene del sotobosque húmedo tropical: sustrato fresco, calor y luz filtrada.

Cómo se riega una planta sedienta

La forma correcta es empapar y dejar secar un poco, no dar un chorrito cada día. Riega hasta que salga agua por los agujeros del fondo, espera unos minutos y vacía el plato. Así se moja todo el cepellón, no solo la capa de arriba, y al drenar el agua arrastra aire nuevo hacia el interior del sustrato. El riego escaso y diario moja los tres primeros centímetros y deja secas las raíces profundas, que son las que sostienen la planta.

Para saber cuándo toca, mete el dedo un par de falanges en el sustrato o levanta la maceta: el peso es el mejor indicador que existe y es gratis. Y olvida la costumbre de poner una capa de grava en el fondo de la maceta para mejorar el drenaje, porque hace justo lo contrario: el cambio brusco de textura entre tierra y grava frena la salida del agua y mantiene una franja saturada encima de la grava. Lo que drena es un sustrato aireado y unos agujeros que funcionen.

Dos de esta lista son tóxicas

El ciclamen tiene el tubérculo cargado de saponinas y es tóxico por ingestión, también para perros y gatos, así que se mantiene fuera de su alcance. La flor de Pascua es una Euphorbia y suelta un látex blanco al romperse que irrita piel, mucosas y ojos; su fama de mortal, sin embargo, está muy exagerada y procede de un caso antiguo nunca confirmado. Irrita, no mata, pero no se manipula sin lavarse las manos después ni se deja al alcance de un gato. Ante cualquier ingestión, al médico o al veterinario, o al Instituto Nacional de Toxicología.

En resumen

Necesitar mucha agua y tolerar el encharcado son cosas distintas, y confundirlas es lo que mata plantas. Solo un grupo pequeño, el de las palustres con aerénquima como los papiros o la cala, vive con el pie dentro del agua. Las demás sedientas (impatiens, begonias, ciclámenes, violetas africanas, flor de Pascua, dalias, plátano abisinio, sanchezia) piden riego frecuente pero necesitan que el agua drene entre riego y riego, porque sus raíces respiran.

En la práctica: empapa hasta que salga agua por abajo, vacía el plato, comprueba la humedad con el dedo o con el peso de la maceta, riega por abajo el ciclamen y la violeta africana, quita el envoltorio a la flor de Pascua y trasplanta lo que se beba la maceta en horas en lugar de regarlo tres veces al día. Y recuerda que ciclamen y flor de Pascua no se dejan al alcance de niños ni de mascotas.


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