La naranja que compras ya viene madura y no mejora en casa. Esa es la diferencia que ordena todo lo demás: a un caqui o a una pera se les compra el punto y se les deja hacer, pero un cítrico no tiene almidón que convertir en azúcar después de cortarlo, así que lo que trae de la rama es lo que va a tener siempre. Si la naranja está sosa, seguirá sosa dentro de una semana en el frutero.

De ahí salen las dos preguntas que trae casi todo el mundo aquí: cómo distinguir en la tienda una naranja que valga la pena y cómo guardarla para que aguante. El color de la piel no sirve para lo primero, y el frutero de la encimera no es lo mejor para lo segundo. Vamos por partes.

El color de la piel no dice si está madura

Es el error más extendido. La piel de la naranja pierde clorofila y se vuelve naranja por efecto del frío nocturno, no por la madurez del zumo de dentro. En climas cálidos, y sobre todo en las primeras semanas de campaña, hay naranjas perfectamente maduras y dulces con la corteza todavía verdosa. Al revés también ocurre: una naranja de piel impecable puede estar pasada.

Lo que sí funciona es el peso. Coge dos naranjas de tamaño parecido y quédate con la que pese más, porque el peso es zumo. Una naranja ligera para su tamaño tiene la pulpa seca o esponjosa, un defecto que se ve al abrirla como gajos pálidos y fibrosos que no sueltan nada.

Los otros dos indicadores son el tacto y la piel. La fruta debe estar firme, sin ceder al apretarla con suavidad y sin zonas blandas, que casi siempre son el principio de una podredumbre. Y la piel fina y algo brillante suele acompañar a una fruta jugosa, mientras que la corteza muy gruesa y rugosa señala fruto basto, con mucho albedo (la capa blanca) y menos zumo.

Naranjo cargado de frutos maduros bajo cielo azul En el árbol, el color de la corteza depende de las noches frescas más que del azúcar del zumo.

De mesa o de zumo, que no son la misma compra

En la frutería conviven dos grupos con usos distintos y conviene pedir por nombre.

  • Las navel, las del ombligo, se pelan con facilidad, no tienen semillas y se abren en gajos gruesos. Son las de comer a gajos. Su zumo amarga a los pocos minutos de exprimirlo, y no porque pierda nada, sino porque libera un compuesto amargo llamado limonina.
  • Las blancas del grupo Salustiana, Valencia y similares son las de exprimir. Dan más zumo, aguantan mejor en el vaso y no amargan.
  • La naranja amarga es otra cosa, otro árbol de calle y de patio, y su destino es la mermelada.

Si compras por cajas para zumo diario, pregunta directamente por variedad de zumo. Es un detalle pequeño que cambia el resultado más que ninguna otra decisión. El calendario de cada grupo y cómo se recolectan están contados aparte en cuándo se recolectan las naranjas, y el árbol entero, en la ficha del naranjo.

Cuánta vitamina C lleva y el bulo del zumo

La naranja tiene alrededor de 50 miligramos de vitamina C por cada 100 gramos de parte comestible. Eso es composición, un dato de tabla, y es lo único que se puede decir con propiedad. Es bastante, aunque ni de lejos es la fruta con más: el kiwi, el pimiento crudo o el escaramujo llevan más por peso.

El bulo que se repite es que el zumo recién exprimido pierde las vitaminas en diez o quince minutos y hay que bebérselo corriendo. No es cierto. La vitamina C se degrada con el oxígeno, la luz y el calor, pero en ese plazo la pérdida es despreciable. Lo que sí cambia en pocos minutos es el sabor, si has exprimido navel, por el amargor de la limonina que acabamos de mencionar. De ahí viene la prisa, y de ahí salió la leyenda.

La diferencia real entre comer la naranja y beberla no está en las vitaminas: está en la fibra. Al exprimir se queda en el exprimidor la pulpa y buena parte de las membranas de los gajos, y con ellas la fibra. La fruta entera llena más.

La piel: ralladura sí, pero de qué naranja

La corteza tiene dos capas. La exterior y coloreada, el flavedo, está llena de vesículas de aceite esencial, que es lo que salpica y perfuma cuando doblas un trozo de piel. La interior y blanca, el albedo, es esponjosa y amarga.

Para rallar, solo interesa el flavedo. En cuanto la ralladura arrastra blanco, el amargor se nota. Con un rallador fino y pasadas cortas se resuelve.

Ahora la parte que casi nunca se dice. Buena parte de la naranja de tienda lleva un recubrimiento de cera de uso alimentario y, según el lote, tratamientos poscosecha para evitar hongos durante el transporte. Son legales y están pensados para una fruta que se pela y se tira la piel, no para una piel que va a la masa de un bizcocho o a un licor casero. Si vas a usar la corteza, busca fruta etiquetada como no tratada después de la recolección, o naranjas de un árbol que conozcas, y lávala y sécala bien antes. Es la misma regla de siempre: la parte que se come decide de dónde hay que comprarla.

Cómo se guardan en casa

Las naranjas aguantan mucho más en la nevera que en el frutero. A temperatura ambiente duran en torno a una semana en buen estado; en el cajón de la verdura, varias semanas. No hace falta bolsa cerrada, y si la usas, que sea perforada, porque la condensación es lo que dispara los mohos verdes y azules tan típicos de los cítricos.

Tres normas que ahorran disgustos:

  • No amontonar en capas gruesas ni dejarlas en la bolsa de plástico de la compra.
  • Retirar en cuanto aparezca una con moho, porque contagia al resto por contacto en poco tiempo.
  • No pelarlas por adelantado. Los gajos pelados se secan y pierden aroma enseguida.

El zumo ya hecho se conserva tapado y en frío, y es normal que se separe en dos fases; se remueve y ya está. Si quieres guardarlo más tiempo, congela: en cubitera para echar a una jarra de agua, o en botella dejando aire porque el líquido aumenta de volumen al helarse. Y la ralladura también se congela muy bien, extendida y luego en tarro.

Qué hacer con las que se pasan

Una naranja demasiado madura, todavía sana pero blanda, no está para gajos y sí para todo lo demás: zumo, un sorbete, la piel confitada, mermelada. Lo que ya tiene moho se tira entera, no se recorta la parte buena.

Y una idea para el jardín, que es de lo que va esta casa: las cáscaras van al compost sin problema, en trozos pequeños y mezcladas con material seco, aunque tardan en romperse por la cera y los aceites. Lo que no funciona es el remedio de internet que dice que la piel de naranja repele plagas del huerto. No tiene respaldo y ocupa el sitio de medidas que sí funcionan.

Lo que no vas a leer aquí

Esta ficha sustituye a un texto que prometía trece beneficios y propiedades de la naranja. No hay ninguno aquí, y no es por prudencia: las declaraciones de propiedades saludables en la Unión Europea están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006 y las autoriza la Comisión Europea, no un artículo de internet. Que una fruta tenga vitamina C es composición. Que esa fruta prevenga, cure o refuerce algo es otra cosa muy distinta, y no se dice aquí.

Si tienes una duda de alimentación o de salud, la resuelve tu médico o un dietista-nutricionista, no una web de plantas.

En resumen

La naranja se compra madura o no se compra: no evoluciona en casa. Elígela por peso y por firmeza, no por el color de la corteza, que depende del frío de las noches y no del azúcar de dentro. Pide navel para comer a gajos y variedad de zumo para exprimir, y guárdala en la nevera, sin amontonar y sin bolsa cerrada.

De la piel solo interesa la capa coloreada, y solo si la fruta no lleva tratamiento poscosecha. Y con los datos, prudencia: alrededor de 50 miligramos de vitamina C por cada 100 gramos es un dato de composición comprobable, y el zumo recién hecho no se queda sin vitaminas en media hora. Lo que se va rápido es el buen sabor del zumo de navel, que amarga por la limonina.


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