Helichrysum es el género de las siemprevivas: unas 600 especies de la familia Asteraceae, las compuestas, cuyas flores conservan la forma y el color después de secarse. De ahí vienen sus nombres populares, perpetua, siempreviva o flor de papel, y de ahí viene también el nombre científico, del griego helios, sol, y chrysos, oro, por el amarillo dorado de la mayoría de sus capítulos.

En España el género interesa por partida doble. Hay especies silvestres muy comunes en el matorral mediterráneo, como Helichrysum stoechas, que se ven en cualquier paseo por la costa o el interior seco. Y hay especies de jardín que resuelven bien las zonas más áridas de una parcela: sol duro, suelo pobre, poca agua y una mata gris que da estructura todo el año.

Qué es una siempreviva y por qué no se marchita

Lo que llamamos flor en estas plantas es en realidad un capítulo, la inflorescencia típica de las compuestas: muchas flores diminutas agrupadas en una base común. Lo que da el aspecto de pétalos son brácteas secas, membranosas, con una textura de papel, que rodean el capítulo. Esas brácteas no tienen apenas agua, así que al secarse la planta no se arrugan ni pierden el color. Ese es todo el truco de las flores secas.

Las hojas suelen ser estrechas, de lanceoladas a lineares, y en la mayoría de las especies mediterráneas están cubiertas de un fieltro de pelos blancos que les da el color gris característico y reduce la pérdida de agua. Los capítulos aparecen agrupados en corimbos densos en el extremo de los tallos. Los colores del género van del amarillo al blanco, el crema, el rosa, el naranja y el rojo, pero no existe el azul.

De dónde viene el género

La mayor concentración de especies está en África, con muchísimas endémicas de Sudáfrica, y hay grupos importantes en Madagascar, Australia y Eurasia. Las formas de vida son variadas: hay anuales, herbáceas perennes, matas leñosas en la base y arbustillos.

En la península ibérica y Baleares crecen varias especies silvestres. La más extendida es Helichrysum stoechas, la perpetua silvestre, una mata gris de menos de medio metro que florece en primavera y principios de verano con corimbos de capítulos amarillos y que huele a curry al frotarla. Ocupa arenales costeros, matorrales, cunetas y suelos calizos degradados de casi toda España. También aparece Helichrysum italicum, más aromática todavía y de porte algo mayor, sobre todo en el este peninsular y en las islas.

Las que se cultivan en el jardín

Helichrysum italicum es la más usada en jardinería mediterránea seca. Se la llama planta del curry por el olor intenso de sus hojas, que recuerda a esa mezcla de especias aunque no tenga nada que ver con ella. Forma una mata compacta de follaje plateado, muy fina de textura, que combina bien con lavandas, romeros, santolinas y gramíneas. Sus hojas se emplean en la cocina mediterránea para aromatizar guisos y aceites, retirándolas antes de servir porque son duras y el sabor es muy fuerte. El aceite esencial que se extrae de esta especie, conocido en perfumería como immortelle, se usa en cosmética.

La siempreviva de jardín de flores grandes y colores vivos, la que todo el mundo ha visto en ramos secos, se cultivó durante décadas como Helichrysum bracteatum, aunque hoy se clasifica en otro género, Xerochrysum bracteatum. Es australiana, se cultiva como anual de verano, alcanza en torno a medio metro y da capítulos grandes en amarillo, naranja, rojo, rosa y blanco.

Helichrysum petiolare, sudafricana, se usa como planta de temporada en jardineras y macetas por sus tallos flexibles y sus hojas redondeadas cubiertas de fieltro blanco. Conviene saber que en climas suaves y húmedos se asilvestra con facilidad, arraiga por los tallos que tocan el suelo y puede desplazar a la vegetación local en zonas costeras. Si se cultiva, mejor en maceta y sin dejar que los restos de poda acaben en un terreno próximo.

Cultivo

El género pide condiciones de secano mediterráneo. Pleno sol: a media sombra los tallos se alargan, la mata se abre por el centro y el follaje pierde el gris. Suelo pobre, pedregoso y muy drenante, incluso calizo, que es exactamente lo que abunda en el este y el sur peninsular. En suelo rico y regado en exceso crecen rápido, se vuelven blandas y se pudren.

El riego es de apoyo el primer año, para que arraiguen, y prácticamente nulo después en clima mediterráneo. En maceta hay que regar más, dejando siempre secar el sustrato entre riego y riego, y usando una mezcla con al menos un tercio de material mineral.

La poda es lo que mantiene la planta viva y con forma. Después de la floración se recorta la mata en conjunto, quitando las inflorescencias secas y acortando los tallos del año, sin llegar a la madera vieja sin hojas, que en muchas especies no rebrota. Sin esa poda anual, las matas se abren por el centro, se descuelgan y en tres o cuatro años quedan con aspecto de esqueleto leñoso.

Resistencia al frío: las especies mediterráneas toleran heladas moderadas si el suelo está seco, y por eso viven bien en buena parte del interior peninsular. Las sudafricanas y australianas son más frioleras y se comportan como anuales o requieren protección.

Multiplicación

La vía más práctica para las especies leñosas es el esqueje semileñoso, tomado a finales de verano o principios de otoño de brotes del año que no lleven flor. Se cortan trozos de unos diez centímetros, se deshoja la parte inferior y se plantan en sustrato arenoso mantenido apenas húmedo, a la sombra. Enraízan con facilidad.

La semilla se usa sobre todo en las anuales de flor grande, que se siembran a finales de invierno en semillero protegido y se trasplantan cuando ha pasado el riesgo de heladas, para florecer desde junio hasta el otoño. Las especies silvestres también se resiembran solas si el suelo les gusta.

Cómo secar las flores

Es el uso clásico del género y tiene poca ciencia, pero conviene hacerlo bien. Se cortan los tallos cuando los capítulos empiezan a abrirse, no cuando ya están completamente abiertos, porque al secarse siguen abriéndose un poco más y si se cortan tarde acaban desflecados. Se atan en manojos pequeños y se cuelgan boca abajo en un sitio ventilado, seco y sin luz directa, porque el sol descolora las brácteas. En una o dos semanas están listas.

Una vez secas duran años, aunque el color se apaga poco a poco con la luz. Si el manojo se cuelga demasiado apretado o en un sitio húmedo aparece moho, que es el único fallo habitual del proceso.

Una advertencia sobre los usos

Circulan en internet muchas afirmaciones sobre propiedades curativas de distintas especies de Helichrysum, y algunas se repiten como si estuvieran demostradas. No lo están, y este no es el sitio para recomendarlas. Lo que sí está documentado es el uso ornamental, el uso del aceite esencial de Helichrysum italicum en perfumería y cosmética, y el empleo culinario de sus hojas como aromática en pequeñas cantidades. Cualquier cuestión de salud es asunto de un médico.

En resumen

Helichrysum reúne unas 600 especies de compuestas cuyas brácteas secas mantienen forma y color después de cortadas, de donde vienen los nombres de siempreviva y perpetua. En España hay especies silvestres muy comunes en el matorral mediterráneo, como Helichrysum stoechas, y especies de jardín como Helichrysum italicum, la planta del curry, muy útil en jardinería de bajo consumo de agua.

Todas piden lo mismo: pleno sol, suelo pobre y drenante, riego mínimo y una poda anual después de la floración que impida que la mata se abra y se descuelgue. Se multiplican con facilidad por esqueje semileñoso a final de verano, y para secarlas basta con cortarlas antes de que abran del todo y colgarlas boca abajo a la sombra.


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