Las guindas son el fruto del guindo o cerezo ácido, Prunus cerasus, una especie distinta del cerezo dulce que da las cerezas de mesa. Son más pequeñas, más redondas, de pulpa blanda y notablemente ácidas, y por eso casi nadie las come crudas: su sitio está en el almíbar, en el licor, en la mermelada y en la repostería, donde esa acidez es justo lo que hace falta para que un postre no empalague.

Aquí va lo que se hace con ellas en la cocina y en el bote, y una cosa que conviene saber antes de seguir: la guinda roja y brillante que corona una tarta industrial muy a menudo no es guinda. Es otra fruta procesada para parecerlo. Lo explico más abajo, porque la diferencia se ve en la lista de ingredientes y en ningún otro sitio.

Sobre el texto que había antes: prometía beneficios contra la diabetes, el sueño y otras cosas. Todo eso queda fuera. Las declaraciones de propiedades saludables en la Unión Europea están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006 y las autoriza la Comisión Europea tras evaluación científica. Lo que sí se puede decir de la guinda es lo que es: una fruta con mucha agua y con bastante ácido, y de ahí viene todo su interés culinario.

Guinda, cereza y picota

Tres frutos que se confunden en el mostrador. La cereza y la picota vienen de Prunus avium, el cerezo dulce, y se comen crudas; la picota se diferencia en que se recolecta sin rabo, y las distingo en este artículo. La guinda viene de Prunus cerasus, es ácida y va casi siempre elaborada.

Dentro de las guindas hay dos grandes grupos que cambian por completo el resultado en la cocina. Las de pulpa clara y jugo casi incoloro, llamadas amarelas, dan esas conservas de aspecto luminoso. Las de pulpa y jugo rojo oscuro, las morellas o griottes, tiñen todo lo que tocan y son las adecuadas para licor, mermelada y zumo concentrado. Si vas a plantar un guindo, elige el grupo según lo que pienses hacer con la fruta: está desarrollado en la ficha del Prunus cerasus.

Frutos rojos madurando en el árbol antes de la recolección

Cuándo hay guindas y cómo llegan a casa

La guinda madura algo más tarde que la cereza, ya entrado el verano, y su campaña es corta. En fresco se ve poco en las fruterías españolas, porque es blanda, se estropea deprisa y viaja mal; lo normal es conseguirla de un árbol conocido, en un mercado local o directamente comprarla ya elaborada.

Si la recoges tú, trabájala el mismo día. Se magulla con solo mirarla y, a diferencia de la cereza dulce, apenas aguanta unos días en frío en condiciones decentes. Retira las rajadas: la lluvia justo antes de la maduración abre la piel, y esa fruta ya no sirve para conserva porque fermenta o enmohece.

Guindas en almíbar

Es la conserva clásica y no tiene misterio en cuanto a método: fruta sana y bien lavada, con hueso o deshuesada (con hueso queda más entera y sabe más; deshuesada es más cómoda después), tarros de cristal limpios con tapa nueva, el almíbar caliente por encima cubriendo la fruta, cerrar y procesar al baño María.

No doy tiempos ni proporciones porque dependen del tamaño del tarro, de la cantidad de azúcar y de la altitud a la que vivas, y una conserva mal procesada es un riesgo real. Sigue una guía de conservas casera solvente y respeta sus tiempos. Lo que sí conviene tener siempre presente:

  • Tapas nuevas en cada tanda. Una tapa reutilizada no cierra al vacío con garantías.
  • Comprueba el cierre una vez frío: la tapa debe quedar hundida y no hacer clic al presionarla.
  • Tarro abombado, tapa hinchada, olor raro o líquido turbio: a la basura sin probarlo. No se cata para comprobar, no se hierve para arreglarlo.
  • Una vez abierto, a la nevera y consumir en pocos días.

El azúcar en esta conserva no es opcional ni decorativo: además de corregir la acidez, sostiene la textura de una fruta que tiende a deshacerse.

Guindas en aguardiente y licores

La otra salida tradicional de la guinda es el alcohol, y es la que mejor aprovecha su acidez. La maceración casera de guindas en aguardiente o en anís, con azúcar y unos meses de reposo en sitio oscuro, es una receta de pueblo repetida en medio país. La fruta se pone entera y sana, y se deja el tiempo suficiente para que el líquido tome color y aroma.

De la guinda salen también licores comerciales conocidos: el marrasquino se elabora con la variedad dálmata marasca, y el kirsch centroeuropeo es un aguardiente de cerezas. Conviene no mezclar conceptos: el pacharán no lleva guindas, sino endrinas, el fruto de Prunus spinosa, que es otra especie del mismo género.

Como cualquier preparación alcohólica, ni para menores ni para quien no deba tomar alcohol, y la fruta macerada lleva alcohol dentro aunque parezca solo fruta.

La guinda confitada de la repostería

Este es el punto que más sorprende. La guinda roja, brillante y dulzona del roscón, de la macedonia en lata, del helado o del cóctel a menudo no se elabora con Prunus cerasus. Lo habitual en la industria es partir de cereza dulce de carne clara, decolorarla, confitarla en jarabe y devolverle el color con un colorante. El resultado es firme, muy dulce y de un rojo imposible que ninguna guinda tiene de forma natural.

No es un engaño si está bien etiquetado, pero explica por qué una guinda de bote no sabe a nada parecido a una guinda de árbol. La única forma de saber qué estás comprando es leer la lista de ingredientes: mira qué fruta declara, si lleva colorante y en qué jarabe está. Para un postre casero en el que la fruta se note, compensa buscar guindas en almíbar de verdad, o hacerlas.

Deshuesar y congelar

Deshuesar guindas a mano es tedioso y con cuchillo se destrozan, así que un deshuesador de cereza es la mejor compra pequeña que puedes hacer si tienes un guindo en casa. Trabaja con delantal: las morellas manchan la ropa y la tabla.

Para congelar, lávalas, sécalas bien, deshuésalas y congélalas extendidas en una bandeja antes de pasarlas a una bolsa, para que no se peguen en un bloque. Descongeladas sueltan mucho jugo y no sirven para presentar enteras, pero están perfectas para mermelada, para relleno, para salsa de carne o para un clafoutis. Congelar es además la forma de ir juntando cosecha si tu árbol no da todo de golpe.

El hueso, y lo que no se hace con él

La guinda se come de pulpa. Su hueso, como el de todo el género Prunus, contiene en la semilla glucósidos cianogénicos. Tragado entero y por accidente, el hueso pasa intacto y no suele dar problemas, pero no se machaca, no se muele y no se usa la almendra de dentro para aromatizar licores ni postres, por mucho que alguna receta antigua lo sugiera. Tampoco se hacen infusiones con las hojas ni con los rabillos.

Si envasas guindas con hueso, cuenta con que quien las coma se lo va a encontrar: avísalo, y si hay niños en la mesa, mejor deshuesadas, sobre todo por el riesgo de atragantamiento, que es el inmediato. Para perros y gatos, las hojas, los tallos y los huesos del guindo son tóxicos. Ante una ingestión, al médico o al veterinario, o al Instituto Nacional de Toxicología. No hay remedio casero que ofrecer.

En resumen

La guinda es el fruto ácido de Prunus cerasus, no se come cruda casi nunca y su terreno es la conserva: almíbar, licor, mermelada y repostería. Las de jugo claro dan conservas luminosas y las de jugo oscuro tiñen, así que el grupo se elige según el destino. En casa, trabajarla el mismo día, tapas nuevas, procesado correcto y tirar sin probar cualquier tarro sospechoso.

Y dos cosas que el texto anterior no contaba: que la guinda confitada de la repostería industrial muchas veces es cereza dulce decolorada y teñida, lo que solo se averigua leyendo la etiqueta, y que del hueso no se hace nada, porque lleva compuestos cianogénicos. Propiedades curativas, ninguna: esas declaraciones las regula el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión Europea.


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