Garrya elliptica es un arbusto de hoja perenne que hace lo contrario que casi todo lo demás: se pone bonito en enero. Entre diciembre y febrero se cubre de amentos colgantes de color gris plateado, largos y estrechos, que cuelgan de las ramas como flecos y que tiemblan con cualquier corriente de aire. El resto del año es un arbusto verde oscuro, denso y discreto, que sirve perfectamente de fondo. Esa es exactamente la razón para plantarlo: cubre el hueco del invierno.

Es una planta que el sitio no tenía y que en España se ve poquísimo, sobre todo porque se vende poco. Su sitio natural en un jardín español es un muro orientado al norte o al este, de esos que nadie sabe qué plantar, y ahí funciona mejor que a pleno sol. Un aviso antes de seguir: no es una planta comestible. En el género se han descrito alcaloides, ninguna parte suya se prepara ni se ingiere, y los frutos, aunque parezcan uvitas, no son para comer. Si alguien o un animal se los come, la respuesta es el médico o el veterinario, o el Instituto Nacional de Toxicología. En este artículo no hay remedios ni preparaciones porque no hay ninguno que ofrecer.

Amentos plateados colgantes de Garrya elliptica entre hojas coriáceas verde oscuro Los amentos masculinos cuelgan durante semanas en pleno invierno, cuando el arbusto está por lo demás parado.

Qué planta es exactamente

Viene de la franja costera de California y del sur de Oregón, de un clima mediterráneo oceánico con inviernos suaves y húmedos y veranos secos pero frescos por la niebla del Pacífico. Ese origen explica sus manías: aguanta bien la sequía de verano una vez arraigada, pero no lleva nada bien el calor seco y abrasador del interior.

Forma un arbusto erecto y denso, de ramificación repetida, que en cultivo se queda habitualmente entre los dos y los cinco metros y que contra un muro se deja conducir mucho más alto que ancho. La hoja es opuesta, coriácea, elíptica y con el margen ondulado, verde oscuro y brillante por el haz y cubierta de un fieltro grisáceo por el envés. Ese contraste entre las dos caras es su segunda seña de identidad, después de los amentos.

El nombre del género recuerda a Nicholas Garry, directivo de la Compañía de la Bahía de Hudson que ayudó al botánico David Douglas en sus viajes por el noroeste americano. En inglés se le llama silk tassel, borla de seda, por los amentos; en español no ha cuajado ningún nombre popular y lo normal es pedirlo por el científico.

Macho o hembra: aquí importa mucho

La Garrya es dioica, con pies masculinos y pies femeninos separados, y la diferencia entre unos y otros es la diferencia entre comprar la planta buena y comprar la otra. Los amentos largos y vistosos son los masculinos. Los femeninos son bastante más cortos y discretos, y después de la floración se convierten en racimos de frutos redondeados y purpúreos.

Arbusto de Garrya elliptica cubierto de amentos colgantes plateados Un ejemplar masculino en plena floración invernal. Los pies femeninos florecen con amentos mucho más cortos.

Por eso, cuando compres, pide un cultivar masculino seleccionado. El de referencia es 'James Roof', elegido precisamente por tener los amentos más largos del comercio, y es el que encontrarás en la mayoría de los viveros que trabajan la especie. Una planta de semilla, en cambio, es una lotería: puede salir hembra, y entonces tendrás un arbusto perenne correcto pero sin el motivo por el que lo plantaste.

El muro orientado al norte

Hay un motivo real para arrimarlo a una pared en sombra, y no es una manía de jardinero inglés. Su hoja perenne sufre con el viento frío y seco del invierno, que la reseca y la quema por los bordes. Y en un ejemplar cubierto de escarcha, el sol de la mañana dando de lleno remata el daño: el tejido helado se descongela demasiado rápido. Un muro al norte o al este le da abrigo del viento, evita ese golpe de sol y, de propina, mantiene los amentos en buen estado durante más tiempo, porque en sombra fresca duran más.

El muro tiene además una ventaja de diseño. Los amentos cuelgan, así que se ven mejor contra un fondo liso y a la altura de la vista que perdidos en medio de un macizo. Contra ladrillo o contra revoco claro, un ejemplar bien conducido en invierno es una de las cosas más bonitas que puede tener un jardín en esa época.

Suelo, riego y frío

Se adapta a casi cualquier suelo, incluidos los pobres y los pedregosos, con una condición innegociable: drenaje. Lo que no perdona es el suelo encharcado en invierno, y ese es el motivo de la mayoría de las pérdidas en zonas de lluvia abundante. Si tu terreno retiene agua, plántalo sobre un caballón o un montículo y ganarás mucho.

El riego es generoso el primer par de veranos, en riegos profundos y espaciados para que la raíz baje, y después muy escaso: una vez asentado tolera bien la sequía estival, y ahí está una de sus mejores bazas, porque además tolera la sombra. Los rincones secos y sombríos son difíciles de plantar y este arbusto los resuelve.

Aguanta heladas moderadas sin problema, pero no los inviernos continentales duros ni los golpes de frío con viento. Tampoco le va bien el verano largo, seco y muy caluroso del interior peninsular. Donde mejor funciona en España es en el norte atlántico y en zonas costeras de clima suave, incluida la costa expuesta: soporta bien el viento salino, lo que lo convierte en una buena pieza de pantalla en jardines de primera línea.

Plantar y podar sin estropearlo

Dos reglas que ahorran disgustos.

  • No le gusta que le toquen la raíz. Se planta joven, de contenedor, y se planta donde se va a quedar. Trasplantar un ejemplar hecho es la forma más rápida de perderlo, así que piensa bien el sitio antes de cavar.
  • Se poda después de la floración, cuando los amentos ya están pasados y antes de que arranque el brote nuevo de primavera. La flor del año que viene se forma sobre ese crecimiento, así que podar en verano o en otoño equivale a cortar la floración.
Rama de Garrya elliptica con amentos largos colgando a contraluz Conducido contra un muro, los amentos quedan a la altura de la vista y con fondo liso, que es como mejor se ven.

La poda en sí es ligera: retirar lo seco, aclarar lo que se cruce y, si va sobre muro, atar las ramas principales en abanico y despuntar las que salgan hacia fuera. No tolera bien los cortes drásticos sobre madera vieja, así que la conducción se hace poco a poco desde el principio y no a base de rejuvenecimientos.

Otras especies del género

Garrya elliptica es la que se cultiva, pero el género tiene unas cuantas especies más en el oeste de Norteamérica y en el Caribe, como Garrya fremontii, Garrya congdonii o Garrya flavescens. Se distinguen sobre todo por el margen de la hoja, plano en unas y claramente ondulado en G. elliptica, y por el tamaño de los amentos. Ninguna de ellas se ve en el comercio español, así que en la práctica, si alguien te ofrece una garrya, es esta.

Un detalle taxonómico que sorprende: en la clasificación actual la familia Garryaceae incluye también al género Aucuba, el laurel manchado de los jardines de sombra. Vistas de cerca no se parecen en casi nada, pero comparten el gusto por la sombra y la hoja coriácea perenne.

En resumen

Garrya elliptica es un arbusto perenne de la costa californiana que florece en pleno invierno con amentos plateados colgantes, y que el resto del año hace de fondo verde oscuro sin llamar la atención. Al ser dioico, solo los pies masculinos dan los amentos largos, así que hay que comprar un cultivar masculino seleccionado, normalmente 'James Roof', y no una planta de semilla.

Su sitio es un muro orientado al norte o al este, que lo protege del viento frío y del sol sobre la hoja helada y alarga la duración de la floración. Pide drenaje por encima de todo, tolera la sequía y la sombra una vez asentado, aguanta el viento salino de la costa y no lleva bien ni el invierno continental duro ni el verano seco y muy caluroso del interior. Se planta joven, no se trasplanta y se poda ligero justo después de florecer.


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