A las siete de una tarde de julio, la mata que llevaba desde el amanecer sin una sola flor abierta se cubre de trompetas en veinte minutos. A la mañana siguiente, hacia las nueve, vuelve a ser un arbusto verde sin nada que mirar. Esa puntualidad, y una segunda rareza que se ve en la misma planta, son el motivo de este artículo.
Aclaremos primero de qué maravilla hablamos
El nombre popular «maravilla» designa en España a dos plantas distintas y sin parentesco. En buena parte del país se aplica a Calendula officinalis, la caléndula de capítulos naranjas que florece en invierno y que tratamos en nuestro artículo sobre la flor de las maravillas. En Andalucía, Canarias y zonas de Levante, en cambio, la maravilla es Mirabilis jalapa, el dondiego de noche, y de esa trata lo que sigue.
La coincidencia no es casual: el nombre del género significa literalmente «admirable, asombrosa», y el nombre castellano es su traducción. El epíteto jalapa alude a Xalapa, en el actual estado mexicano de Veracruz, de donde llegó a Europa en el siglo XVI junto con el resto del material botánico americano. Hoy está naturalizada en todo el sur de Europa y crece asilvestrada en solares, taludes y pies de muro de media España.
Antes de seguir conviene decir lo que tiene de riesgo: la raíz engrosada y las semillas maduras contienen compuestos irritantes y purgantes, entre ellos trigonelina y sustancias del grupo de los rotenoides, y su ingestión produce vómitos, dolor abdominal y diarrea. Las semillas son negras, del tamaño de un grano de pimienta y quedan a la altura de un niño pequeño, así que en un jardín con críos o con perro merece la pena tenerlo presente. No es una planta letal, pero tampoco es para llevarse a la boca, y su fama en la medicina tradicional americana no está respaldada por evidencia clínica suficiente: cualquier duda sobre eso corresponde al médico o al farmacéutico, no a una ficha de jardinería.
El reloj: por qué abre a última hora y no a otra
La apertura no responde a la temperatura ni a un capricho, sino a un ritmo circadiano interno sincronizado por la duración del día. La planta empieza a preparar la apertura horas antes, y la ejecuta acumulando agua en las células de la mitad interna del tubo, que se expande más deprisa que la externa y despliega la trompeta. Al amanecer siguiente el proceso se invierte, la flor se cierra sobre sí misma y ya no vuelve a abrirse: cada flor dura una sola noche.
La hora exacta se desplaza con la estación y con el cielo. En pleno verano peninsular puede pasar de las ocho de la tarde; en septiembre se adelanta; en un día encapotado o después de una tormenta, la mata puede abrir a media tarde. El nombre inglés de la planta, four o'clock flower, quedó fijado con el horario de latitudes más al norte, y aquí rara vez se cumple al pie de la letra.
Hay un detalle botánico que sorprende al mirarla de cerca: esa trompeta de color no tiene pétalos. Lo que parece corola es en realidad el cáliz, transformado en una pieza tubular y coloreada, y lo que hay por debajo, ese caparazón verde de cinco puntas, no es el cáliz sino un involucro de brácteas. De ahí que al secarse la flor quede colgando de una cazoleta verde que después envuelve al fruto.
Perfume nocturno y quién lo cobra
El aroma, dulzón y penetrante, se libera al abrir y alcanza su máximo en las primeras horas de la noche. Va dirigido a mariposas nocturnas de vuelo estacionario, esfíngidos capaces de libar suspendidas frente a la flor; en la península, la más habitual en esta planta es Agrius convolvuli, la esfinge de la correhuela, que tiene una espiritrompa larguísima. Y hace falta que la tenga: el néctar se acumula en el fondo del tubo floral, a tres o cuatro centímetros de la entrada, fuera del alcance de cualquier abeja.
El sistema, sin embargo, no depende de que aparezca el visitante. Al cerrarse por la mañana, la propia flor arrastra los estambres contra el estigma y se autopoliniza con frecuencia, de modo que la mata produce semilla aunque ningún esfíngido pase por el jardín. Esa combinación de reclamo elaborado y seguro de vida propia explica lo fácil que es que la planta se instale sola en cualquier sitio.
La mata que da flores de varios colores a la vez
Aquí está lo verdaderamente llamativo. Un mismo ejemplar puede abrir a la vez flores amarillas, flores rosas y flores jaspeadas con manchas y rayas de otro color; incluso una sola flor puede aparecer partida en dos mitades de distinto tono, y una rama entera puede cambiar de color respecto al resto de la planta. No son plantas mezcladas ni un error del proveedor: es una sola raíz.
El mecanismo tiene nombre. Los genes que gobiernan la síntesis de antocianinas y betalaínas —los pigmentos responsables del color— pueden verse interrumpidos por elementos genéticos móviles, secuencias que se insertan en un gen y lo inactivan, y que en cualquier momento del desarrollo saltan fuera y lo devuelven a la actividad. Cada célula en la que ocurre ese salto transmite el cambio a todas sus descendientes, y el resultado visible es un sector de tejido con el color restaurado: una mancha, una raya, media flor, una rama. Cuanto más tarde ocurre el salto, más pequeña es la mancha.
Este comportamiento de alelos inestables se conoce en varias plantas ornamentales, y en el dondiego de noche resulta especialmente vistoso porque la gama de partida —blanco, amarillo, naranja, rosa, magenta— es amplia y los contrastes se ven a un metro de distancia. La consecuencia práctica es que la semilla recogida de una mata jaspeada no reproduce necesariamente el jaspeado, y que dos plantas idénticas pueden divergir a lo largo de la temporada.
Dos capítulos de la historia de la genética escritos en esta planta
Mirabilis jalapa aparece en cualquier manual de bachillerato por dos motivos distintos.
El primero es la dominancia incompleta: cruzando una variedad de flor roja con una de flor blanca, la descendencia no sale roja ni blanca, sino rosa, porque una sola dosis del gen activo no produce pigmento suficiente para saturar el color. Es el contraejemplo clásico frente a los caracteres de dominancia neta que había descrito Mendel con el guisante.
El segundo es más profundo. En 1909, Carl Correns estudió en esta especie las plantas con hojas variegadas, con sectores verdes y sectores blancos, y comprobó que el carácter se heredaba exclusivamente por vía materna, con independencia de qué planta aportara el polen. La explicación es que los cloroplastos viajan en el óvulo y no en el grano de polen, de modo que ese rasgo no obedece a los cromosomas del núcleo. Fue una de las primeras demostraciones de herencia extranuclear, y salió de una mata de dondiego de noche.
La raíz que la hace volver cada año
Bajo tierra, la planta engrosa una raíz tuberosa, negruzca por fuera y blanca por dentro, que en un ejemplar de varios años puede llegar a pesar más de un kilo y alcanzar el tamaño de un nabo grande. Ahí está el motivo de que la mata rebrote con fuerza en primavera y de que en junio ya tenga la altura que a una anual le costaría toda la temporada.
En el litoral mediterráneo, el sur peninsular y Canarias se comporta como perenne sin más cuidado: la parte aérea se seca con el frío y la raíz espera bajo tierra. En el interior y el norte, con heladas fuertes, la raíz se pierde si el suelo se congela en profundidad, y hay dos soluciones: acolchar con un buen espesor de paja u hojarasca sobre el tocón, o desenterrar el tubérculo en otoño y conservarlo en un cajón con arena o turba seca en un local fresco y sin heladas, igual que se hace con las dalias, para replantarlo en abril.
Resiembra: la virtud que hay que administrar
Cada flor cuaja un solo fruto duro, negro y arrugado, y una mata adulta produce cientos a lo largo del verano. Germinan sin ningún tratamiento previo, en cuanto el suelo se templa, y aparecen plántulas en las juntas del pavimento, en el alcorque de al lado y dentro de las macetas vecinas. Es una planta que se instala sola y que, una vez presente en un jardín, cuesta trabajo retirar del todo por culpa del tubérculo.
Si te interesa la resiembra, no hay que hacer nada. Si no, la medida efectiva es cortar los frutos verdes antes de que endurezcan, cada pocos días desde agosto. Y en cualquier caso conviene no dejarla producir semilla libremente en el borde de un espacio natural, porque es una colonizadora eficaz de suelos removidos y desplaza a la vegetación herbácea autóctona en ambientes cálidos.
Cultivo, en cuatro líneas
Se siembra directamente en el terreno de abril a mayo, cuando ya no hay riesgo de helada, a un centímetro de profundidad; germina en una o dos semanas y florece a los dos o tres meses, de julio a las primeras heladas. Quiere sol pleno o media sombra ligera, tolera suelos pobres, calizos y compactados, y aguanta la sequía mucho mejor de lo que su aspecto lozano sugiere: en tierra y establecida, con un riego cada diez o quince días en verano se sostiene. El abonado nitrogenado le sienta mal, porque produce mata voluminosa y poca flor.
Alcanza de ochenta centímetros a un metro y pico, y se ramifica en anchura, así que se planta a medio metro entre pies o se usa directamente como seto estacional para tapar una valla o un contenedor. En maceta necesita al menos veinticinco o treinta litros para que el tubérculo tenga sitio; en tiestos pequeños florece poco y se agosta pronto.
El sitio correcto es el que aprovecha su horario: junto a la mesa de la terraza, al lado de un banco o bajo la ventana del dormitorio, donde el perfume de las diez de la noche compense que a mediodía no haya nada que ver. Puesta en el arriate principal, que se mira de día, la planta no luce.
En resumen
Con el nombre de maravilla conviven la caléndula y Mirabilis jalapa, el dondiego de noche, que es de la que trata este artículo. Abre a última hora de la tarde por un ritmo circadiano interno, cada flor dura una sola noche y su perfume va dirigido a esfíngidos de trompa larga, aunque se autopoliniza al cerrarse al amanecer. Lo que parece corola es un cáliz transformado. Una misma mata puede dar flores de colores distintos y jaspeadas porque elementos genéticos móviles activan y desactivan los genes del pigmento durante el desarrollo, y esa misma especie sirvió para describir la dominancia incompleta y, en 1909, la herencia materna de los cloroplastos. Su raíz tuberosa la hace perenne en clima suave y se guarda como una dalia donde hiela fuerte. Resiembra con enorme facilidad, así que conviene cortar el fruto verde si no quieres que se extienda, y tanto la semilla negra como la raíz son irritantes y purgantes: fuera del alcance de niños y mascotas.