La faya es un arbolito perennifolio de las islas macaronésicas, Morella faya, que en Canarias forma junto al brezo la formación llamada fayal-brezal. Si has llegado aquí desde una ruta por las medianías del norte de Tenerife, de La Palma o de La Gomera, lo que buscas seguramente es lo mismo que busca todo el mundo: cómo reconocerla cuando la tienes delante, porque en el monteverde hay una docena de árboles de hoja verde oscura y coriácea que a primera vista se parecen todos.

Hay dos rasgos que la identifican sin margen de duda y que se comprueban en el sitio, sin necesidad de flor ni de fruto: el borde dentado solo en la mitad superior de la hoja y el olor a resina al estrujarla. Con eso basta la mayor parte de las veces. El resto de este artículo explica cómo confirmarlo, con qué se confunde y qué pasa con sus frutos, que son comestibles mientras los de un vecino suyo muy parecido no lo son.

Hojas de faya, Morella faya, verde oscuro y brillantes

Hojas de faya. Fíjate en el borde: liso en la mitad inferior y con dientes gruesos e irregulares en la superior.

Faya no es haya, y el nombre científico ha cambiado

Empezamos por lo que más confusión genera. La faya no tiene nada que ver con el haya, Fagus sylvatica, que es un árbol caducifolio de montaña atlántica peninsular. La coincidencia fonética ha metido el error en bastantes textos divulgativos, pero son familias distintas y climas distintos. La faya pertenece a las Miricáceas, una familia pequeña emparentada de lejos con los abedules y los alisos, no con las lauráceas junto a las que crece.

Sobre el binomio: la especie se describió como Myrica faya Aiton y hoy se acepta mayoritariamente como Morella faya (Aiton) Wilbur, tras la partición del viejo género Myrica. Las dos combinaciones se siguen usando y designan exactamente la misma planta, así que no te alarmes si la ves escrita de las dos formas en paneles interpretativos de distinta antigüedad.

Tampoco es «el árbol de la cera». Ese nombre corresponde a otras Morella americanas cuyos frutos llevan un revestimiento céreo aprovechable, algo que la faya no tiene.

Cómo reconocerla, paso a paso

Vas por un sendero de medianías, entre los 500 y los 1.200 metros, en una vertiente de barlovento con niebla. Esto es lo que miras, por orden:

  • El porte. Arbusto grande o arbolito de tres a ocho metros, ramificado desde muy abajo cuando crece a plena luz y más esbelto y de tronco limpio cuando compite dentro del bosque. Corteza lisa y grisácea de joven, finamente agrietada con los años. Con frecuencia tiene varios troncos, porque rebrota de cepa después de un corte o de un incendio.
  • El borde de la hoja. Este es el carácter principal. La hoja es perenne, coriácea, oblanceolada u oblonga, de cuatro a once centímetros, verde oscuro brillante por el haz y más pálida por el envés. El margen puede ser entero, pero lo habitual es que aparezca groseramente dentado solo en la mitad superior, con dientes gruesos e irregulares, mientras la mitad que va hacia el pecíolo queda lisa. Esa distribución desigual es muy característica.
  • El envés, con lupa. Si llevas una lupa de mano, el detalle definitivo está debajo: el envés está salpicado de glándulas resinosas puntiformes de color pardo dorado. Ningún otro árbol del monteverde las tiene.
  • El olor. Estruja una hoja entre los dedos. Huele a resina, un olor limpio y aromático que no se parece nada al del laurel de cocina. Si el olor que sale es el del laurel, estás delante de un laurel canario, Laurus novocanariensis, no de una faya.

Amentos rojizos de Morella faya entre las hojas

Los amentos de la faya son cortos, verdosos o rojizos y nada vistosos. Aparecen entre finales de invierno y primavera.

La flor y el fruto, si coincides con ellos

La faya es dioica: hay pies masculinos y pies femeninos separados, aunque de vez en cuando aparece algún ejemplar con unas pocas flores del otro sexo. Las flores se agrupan en amentos cortos, verdosos o rojizos, sin ningún atractivo ornamental, y abren entre finales de invierno y primavera. Las poliniza el viento, así que no esperes verla visitada por insectos en ese momento.

Solo los pies femeninos dan fruto. Es una drupa globosa de unos cinco milímetros con la superficie tuberculada, casi verrugosa, que pasa del verde al rojo y al morado negruzco al madurar entre verano y otoño. En Canarias a esos frutos se les llama creces. Son carnosos, algo astringentes y comestibles cuando están bien maduros, y con ellos se han hecho licores y aguardientes tanto en Canarias como en Azores.

Frutos de la faya, tuberculados, del rojo al negro

Las creces, con la superficie rugosa inconfundible, maduran de forma escalonada del rojo al morado casi negro.

Con qué se confunde en el monte

Estas son las confusiones reales sobre el terreno, y una de ellas importa de verdad:

  • Acebiño, Ilex canariensis. Es la confusión peligrosa. También es dioico, también da frutos rojos pequeños y también vive en el monteverde. La diferencia está en la superficie del fruto y en la hoja: los del acebiño son lisos y brillantes, y los de la faya, rugosos y tuberculados; la hoja del acebiño es lisa, ondulada y sin dientes marcados, y no huele a resina. Y lo importante: los frutos del acebiño son tóxicos por ingestión, mientras que las creces se comen. Tienes su ficha en Ilex canariensis.
  • Brezo, Erica arborea y Erica platycodon. Es su compañero en el fayal-brezal, así que los vas a ver juntos, pero no hay forma de confundirlos con la hoja en la mano: el brezo tiene hojas diminutas, en forma de aguja, dispuestas en verticilos.
  • Laurel canario, Laurus novocanariensis. Hoja entera, sin dientes, y olor a laurel de cocina al estrujarla.
  • Viñátigo, Persea indica. Hojas bastante mayores y enteras, que enrojecen antes de caer y dan el punto de color del monte. Es pariente cercano del aguacate y tiene ficha propia en viñátigo.

La regla de campo no cambia por muy clara que parezca una identificación: no se consume nada recolectado sin estar seguro al cien por cien de qué es. La duda razonable equivale a un no.

Qué significa encontrarla y dónde verla

La faya no forma bosque sola. Se asocia al brezo en el fayal-brezal, que ocupa superficies grandes en Tenerife, La Palma, La Gomera, El Hierro y Gran Canaria. Esa formación es en buena medida un bosque de sustitución: aparece donde la laurisilva original fue talada, quemada o pastoreada, porque faya y brezo rebrotan de cepa con vigor y aguantan suelos degradados que las lauráceas no toleran. Encontrar un fayal-brezal denso no significa estar en un bosque maduro, sino en un monte en recuperación. Con décadas de tranquilidad, las lauráceas vuelven a entrar por debajo. La formación completa está explicada en laurisilva.

Sus frutos alimentan a mirlos y capirotes y a las dos palomas endémicas del monteverde, la turqué y la rabiche, que son a su vez las que llevan la semilla monte adentro. La floración temprana la convierte además en un recurso apícola de interés en las medianías.

Y un matiz que sorprende a mucha gente: este mismo árbol, protegido aquí por formar parte del monteverde canario, es objeto de campañas de erradicación en Hawái, donde se comporta como invasora de primer orden. El motivo está en sus raíces y lo explica con detalle la ficha de Myrica faya, que es también donde encontrarás el cultivo, la propagación y la parte ecológica.

En resumen

La faya, Morella faya, antes Myrica faya, se reconoce por la hoja: coriácea, perenne, de cuatro a once centímetros, con el borde dentado solo en la mitad superior, con glándulas resinosas pardo doradas en el envés y con olor a resina al estrujarla. Es dioica, sus amentos son cortos y poco vistosos, y solo los pies femeninos dan las creces, unas drupas de cinco milímetros con la superficie rugosa que pasan del rojo al morado y que son comestibles bien maduras.

No tiene ningún parentesco con el haya peninsular pese al nombre. En el monte se confunde sobre todo con el acebiño, que también es dioico y da frutos rojos pequeños, pero los del acebiño son lisos y tóxicos por ingestión: si vas a comer algo, esa distinción es la que hay que tener clara. Y donde la veas dominando la ladera, junto al brezo, lo más probable es que estés viendo un monte que se está recuperando de una tala o de un fuego, no la laurisilva madura.


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