Echinocereus es el género que resuelve el problema de quien quiere cactus en flor sin esperar veinte años. Son plantas pequeñas, de tallos cortos y blandos que forman macollas apretadas, florecen siendo jóvenes, florecen pronto en la temporada y dan unas flores enormes en relación con el tamaño del tallo, que además duran varios días en lugar de abrirse y marchitarse en una jornada.
Si tienes delante un cactus y quieres saber si pertenece al género, hay un truco que funciona casi siempre: mira el centro de la flor. El estigma, la pieza que remata el pistilo en el medio, es verde. Verde franco, a veces casi esmeralda, contrastando con el magenta o el rosa de los pétalos. Ese carácter es tan constante en Echinocereus que sirve de criterio de campo, y muy pocos cactus fuera del género lo comparten.
Macolla de tallos cortos y flores grandes con el estigma verde en el centro, la combinación que define al género.
Qué es un Echinocereus
Es un género de cactáceas del suroeste de Estados Unidos y de México, con alrededor de sesenta especies aceptadas, aunque el recuento baila bastante según el autor porque muchas poblaciones se han tratado unas veces como especie y otras como subespecie.
El porte es constante. Los tallos son cilíndricos y cortos, de pocos centímetros de diámetro, y rara vez se levantan mucho del suelo. Lo habitual es que la planta ramifique desde la base y forme un grupo de tallos apretados, lo que en el campo puede acabar siendo un cojín de muchos brazos y en maceta se queda en una macolla manejable. Esa ramificación desde abajo es también la vía de multiplicación más cómoda, porque un tallo separado con cuidado, dejado secar unos días y plantado en sustrato mineral enraíza sin complicaciones.
Otra cosa que los diferencia de un cactus globoso clásico es la consistencia: son plantas de tejido relativamente blando y epidermis fina. Eso los hace agradecidos cuando las condiciones acompañan y muy vulnerables cuando no, sobre todo al exceso de agua en el cuello.
La flor, que es media razón para cultivarlos
Además del estigma verde, las flores de Echinocereus tienen dos particularidades que merece la pena conocer.
La primera es cómo salen. En la mayoría de los cactus la flor brota limpiamente de la areola. Aquí, la yema floral se forma bajo la superficie y rompe la epidermis del tallo al salir, un poco por encima de la areola, dejando una pequeña cicatriz que se queda visible después. No es un daño ni una enfermedad: es el funcionamiento normal del género, y quien lo ve por primera vez suele asustarse.
La segunda es la duración. Una flor de Echinocereus se abre y se cierra durante varios días seguidos, mientras que muchas otras cactáceas dan una única jornada de flor. Sumado a que florecen temprano, con frecuencia entre finales del invierno y la primavera, eso convierte al género en el primero que se anima en una colección y en el que más días de espectáculo da.
La gama de color es amplia: domina el magenta y el rosa fuerte, pero hay especies de flor roja polinizadas por colibríes, como Echinocereus triglochidiatus y Echinocereus coccineus, otras de flor amarilla y alguna de flor verdosa, como Echinocereus viridiflorus. El tubo floral suele llevar espinas, otro detalle poco frecuente en la familia.
Después vienen frutos carnosos, a menudo rojizos, que pierden las espinas al madurar. Los de varias especies son comestibles y en zonas de México se recogen con el nombre de alicoche.
La espinación, donde está la otra mitad de la gracia
Dentro del género conviven extremos. Hay especies con espinas escasas y cortas, casi desnudas, y otras tan densamente cubiertas que el tallo no se ve.
El grupo más buscado por los coleccionistas es el de las espinaciones pectinadas: espinas planas, cortas y dispuestas a ambos lados de la areola como los dientes de un peine, pegadas al tallo. Echinocereus pectinatus y Echinocereus reichenbachii son los ejemplos habituales. Y el caso más llamativo es Echinocereus rigidissimus, el cactus arcoíris, en el que las espinas pectinadas cambian de color por temporadas y el tallo acaba mostrando bandas horizontales rosadas, blancas y pardas que son un registro visible del crecimiento de los últimos años.
En el otro extremo están las especies de tallos finos y tendidos, como Echinocereus pentalophus, que forma marañas bajas con flores enormes, o Echinocereus poselgeri, de tallos delgados como lápices que salen de una raíz tuberosa y que sin flor pasa por cualquier cosa menos por un cactus.
Frío: aquí están algunos de los cactus más resistentes
Este es el punto en el que el género se separa de casi todo lo demás que se vende como cactus. Buena parte de las especies proceden de zonas altas y continentales del norte de México y del interior de Estados Unidos, donde el invierno es duro de verdad.
Varias de ellas, Echinocereus triglochidiatus y Echinocereus viridiflorus entre las más citadas, soportan heladas fuertes y prolongadas en su medio natural. Pero hay una condición que no admite excepciones: lo aguantan en seco. Lo que mata a estas plantas no es el frío, es la combinación de frío con sustrato húmedo, y en el clima del norte peninsular o del interior, donde las lluvias de invierno coinciden con las heladas, un ejemplar plantado a la intemperie sin cubrir se pudre aunque en su país de origen resista mucho menos grado.
La solución práctica en España es un invernadero frío o una marquesina que aparte la lluvia invernal, dejando que la planta pase el frío sin recibir agua. Un ejemplar que pasa el invierno dentro de casa, con calefacción y poca luz, no solo no florecerá en primavera: se ahíla y pierde forma, porque necesita ese reposo fresco para preparar la floración.
Sobre el nombre cactus erizo
El nombre común cactus erizo se aplica en español a este género, pero también a Echinocactus grusonii y a los Echinopsis, que son tres cosas distintas con necesidades distintas. La confusión viene del griego echinos, erizo, que comparten los tres nombres genéricos. Está desarrollada en el artículo sobre el cactus erizo, y conviene aclararla antes de comprar: un Echinocereus del norte de México aguanta un invierno frío en seco que se llevaría por delante a un Echinocactus grusonii.
Comprar con papeles
Todas las cactáceas están incluidas en los apéndices del convenio CITES, que la Unión Europea aplica mediante el Reglamento (CE) 338/97. La mayoría del género queda cubierta por el Apéndice II y alguna especie concreta tiene una protección mayor, así que el ejemplar se compra en vivero, con su justificante de propagación artificial, y nunca se recolecta en el campo.
Merece la pena insistir porque este género tiene el perfil que atrae al expolio: plantas pequeñas, fáciles de arrancar, fáciles de transportar y con demanda entre coleccionistas. Y también porque la alternativa legal es sencilla, ya que son de los cactus que mejor se dan por semilla y por división de macolla.
En resumen
Echinocereus reúne unas sesenta especies del suroeste de Estados Unidos y de México, de tallos cortos y blandos que forman macollas, con espinaciones que van de casi nulas a pectinadas y bandeadas como las del cactus arcoíris. Florecen jóvenes, temprano en la temporada y con flores grandes que duran varios días, que rompen la epidermis del tallo al salir y que casi siempre llevan el estigma verde, el carácter más fiable para reconocer el género.
En cultivo piden sustrato muy mineral, sol abundante, riego espaciado durante el crecimiento y, sobre todo, un invierno fresco y completamente seco: muchas especies resisten heladas serias en su medio, pero ninguna resiste el frío con la raíz mojada. Se multiplican bien separando tallos de la macolla y por semilla, que es la vía sensata para no alimentar la recolección de plantas silvestres.