La gerbera blanca es la misma planta que la roja o la naranja, Gerbera jamesonii y sus híbridos, con las lígulas blancas y el centro claro o casi negro según el cultivar. Se cultiva igual, y todo lo que decide si vive o se pudre está en un solo detalle: la corona tiene que quedar por encima del sustrato, seca, sin tierra encima y sin agua estancada alrededor.
Lo segundo que decide el resultado en España es el agua. La gerbera prefiere un sustrato ácido, entre pH 5,5 y 6,5, y con las aguas duras del este y del sur peninsular acaba con las hojas amarillas y los nervios verdes, que es la clorosis férrica de manual. Sustrato ácido, riego por la base sin mojar la planta y agua de lluvia cuando se pueda resuelven la mayor parte de los problemas antes de que aparezcan.
Qué es exactamente una gerbera blanca
La gerbera es una compuesta, de la familia de las asteráceas, originaria de Sudáfrica; Gerbera jamesonii se conoce como margarita del Transvaal. Lo que llamamos "la flor" es en realidad un capítulo, una inflorescencia con decenas de flores diminutas: las lígulas del borde, que son los pétalos aparentes, y las flores del disco central.
Ahí está la variación que importa al comprar. Las gerberas blancas se ofrecen con centro claro, de tono verdoso o amarillo, que dan un conjunto luminoso, y con centro oscuro, casi negro, mucho más gráfico y contrastado. Por forma se agrupan en simples, semidobles, dobles y de lígula estrecha, las llamadas tipo araña. Y por tamaño, entre las gerberas de flor grande y las minigerberas, con capítulos bastante más pequeños y varias flores por planta.
Las variedades comerciales actuales son híbridos, se propagan por cultivo in vitro y no se reproducen fieles por semilla. Si compras semilla de gerbera blanca, lo que sale se parecerá poco a la planta de la foto.
La corona, que es todo
La corona es el punto donde se juntan las raíces y la base de las hojas. En la gerbera queda muy compacta, casi al ras del suelo, y ahí se acumulan humedad y restos vegetales. Si se planta enterrada, o si con los riegos el sustrato se va asentando y la cubre, aparece la podredumbre de corona y la planta se pierde en pocas semanas.
Al plantar se deja la corona uno o dos centímetros por encima del nivel del sustrato, sin apretar tierra contra ella. Conviene revisarla cada temporada: si el sustrato se ha compactado y la ha tapado, se levanta la planta y se replanta un poco más alta. Con el paso de los años la mata se hunde por sí sola, y ese es uno de los motivos por los que se divide cada dos o tres años.
La señal de alarma es una planta que se marchita por sectores, con unas hojas mustias y otras aparentemente sanas, y que no responde al riego. Al desenterrarla se ven manchas pardas y tejido blando en la base. Cuando el daño ha llegado a la corona no hay tratamiento casero que valga; lo sensato es descartar la planta y el sustrato, no replantar otra gerbera en el mismo sitio y corregir la causa, que casi siempre es riego por encima o drenaje insuficiente.
Luz, temperatura y calendario español
La gerbera quiere mucha luz. En el norte y en zonas templadas admite el sol directo la mayor parte del día. En el interior peninsular y en el sur, con veranos secos y radiación fuerte, va mejor con sol de mañana y sombra en las horas centrales de julio y agosto; a pleno sol de mediodía las flores duran menos y las hojas se ajan.
Es una planta que no tolera las heladas. En el litoral mediterráneo, en el sur y en Canarias puede quedarse fuera todo el año y comportarse como vivaz. En el interior peninsular lo práctico es cultivarla en maceta y meterla a un lugar protegido y luminoso durante el invierno, o tratarla como planta de temporada. En interior se comporta como una planta de flor exigente en luz: junto a una ventana muy clara, sin sol abrasador a través del cristal.
La plantación en exterior se hace en primavera, pasado el riesgo de heladas, y la floración se extiende desde finales de primavera hasta el otoño, con un parón en lo más duro del verano.
Sustrato, riego y abonado
Sustrato suelto, aireado y ácido. Una mezcla de turba rubia o fibra de coco con perlita o arena gruesa funciona bien; lo que no funciona es una tierra pesada que se encharque. En jardín, si el suelo es arcilloso, más vale plantarla en un caballón o en un arriate elevado que intentar corregir el drenaje a base de arena.
El riego es abundante pero espaciado: se moja bien y se deja secar la capa superior antes de volver. Se riega por la base o en el suelo alrededor, nunca sobre la corona ni sobre las hojas, y nunca dejando un plato con agua bajo la maceta. En verano puede tocar cada dos o tres días; en invierno, muy de tarde en tarde.
Durante la floración agradece un abono con potasio, del tipo de los de planta de flor, aplicado según lo que indique el envase y siempre sobre el sustrato húmedo. Si el agua es caliza y aparece la clorosis, un abono que incluya hierro quelatado corrige el amarilleo mientras se arregla el fondo del asunto, que es el pH.
Problemas frecuentes
- Oídio. Polvo blanco sobre las hojas, muy habitual en la gerbera. Se favorece con poca ventilación y noches húmedas. Separar las plantas, no mojar el follaje y retirar las hojas afectadas es lo primero.
- Botritis. Moho gris en las flores y en las hojas viejas, típico de otoño húmedo. Se previene retirando flores marchitas y hojas caídas en cuanto aparecen.
- Mosca blanca, trips y araña roja. Las tres se instalan en el envés. Un chorro de agua a presión sobre el envés y una revisión frecuente resuelven las poblaciones pequeñas.
- Minadores. Galerías blancas y sinuosas en la hoja. Se retiran las hojas afectadas.
Si hay que llegar a un tratamiento fitosanitario, en jardinería doméstica solo pueden emplearse productos autorizados para ese uso, que se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, y la dosis y el plazo son los de la etiqueta del envase, no los de ninguna receta de internet. El marco general es el Real Decreto 1311/2012, sobre uso sostenible de los productos fitosanitarios, que pone la prevención y los medios físicos por delante del tratamiento químico. Y como la gerbera es muy visitada por polinizadores, no se trata en floración ni en horas de vuelo.
Dividir la mata
La forma doméstica de multiplicarla es la división, a la salida del invierno o a principios de otoño. Se desentierra la planta, se sacude el sustrato y se ve que la corona está formada por varios grupos de hojas con su propia raíz. Se separan con un cuchillo limpio y bien afilado, dejando a cada porción un sistema radicular completo, y se retiran raíces muertas y hojas viejas para reducir la pérdida de agua.
Cada división se planta con la corona al aire, se riega una vez y se deja tranquila unos días a la sombra clara antes de devolverla a su sitio.
La gerbera blanca como flor cortada
Es una de las flores de corte más usadas y de las más agradecidas en jarrón, con la particularidad de que su tallo es hueco y sin apenas fibra, así que se dobla por el cuello con facilidad y se obstruye si el agua está sucia.
Lo que funciona: cortar el tallo en recto, no en bisel; poner poca agua en el jarrón, unos pocos centímetros, porque el tallo sumergido se reblandece; cambiar el agua a diario y enjuagar el recipiente; mantener el ramo lejos del sol directo y de la fruta madura, que desprende etileno y acelera el marchitado. En floristería es habitual usar un soporte fino dentro del tallo para las flores más pesadas.
La gerbera blanca es la comodín de los ramos: combina con cualquier color y sostiene ella sola un ramo monocromo, que es el motivo por el que aparece tanto en bodas. Como convención cultural, el blanco se asocia a la pureza y a la sencillez, y la gerbera en general a la alegría; es tradición y lenguaje de las flores, no una propiedad de la planta.
En resumen
La gerbera blanca se cultiva como cualquier otra gerbera: mucha luz con sombra al mediodía en el verano del sur y del interior, sustrato suelto y ácido, riego abundante pero espaciado y siempre por la base, y protección frente a las heladas. La corona por encima del nivel del sustrato es la regla que más plantas salva, y revisarla cada temporada evita la podredumbre que se lleva por delante a la mayoría.
Con agua dura conviene contar con la clorosis férrica y corregirla con sustrato ácido y agua de lluvia cuando la haya. La mata se divide cada dos o tres años a la salida del invierno, y como flor cortada aguanta bien con poca agua en el jarrón, cambio diario y corte recto del tallo hueco.