El cerezo guindal es el guindo, Prunus cerasus, la especie de fruto ácido que se planta por las guindas y que no hay que confundir con el cerezo dulce, Prunus avium. Y tiene una virtud que casi ningún otro frutal de hueso comparte: se multiplica solo. Emite retoños desde la raíz con tanta facilidad que muchos propietarios se pasan la vida arrancándolos, sin caer en que ahí tienen árboles nuevos regalados.

Este artículo va de eso, de cómo sacar guindos nuevos de uno que ya tienes, y de por qué la vía fácil falla con frecuencia. Porque hay una trampa que decide el resultado antes de empezar: si el árbol está injertado, el retoño que sale de su raíz no es el guindo que te gusta, es el patrón. Si lo que buscas es el cultivo, el clima, la poda y las variedades, está en la ficha del Prunus cerasus, y aquí no lo repito.

Antes de seguir, sobre el texto que había en esta página, que era una lista de propiedades y beneficios: queda retirado por completo. Las declaraciones de propiedades saludables en la Unión Europea están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006 y las autoriza la Comisión Europea tras evaluación científica, no una web. Y una precaución para lo que viene, porque aquí se manipulan huesos: la semilla del hueso de todo Prunus contiene glucósidos cianogénicos y no se come, no se muele y no se machaca para nada.

Lo primero: mira si tu guindo está injertado

Agáchate y examina el tronco justo por encima del suelo. Si a pocos centímetros ves un engrosamiento, una cicatriz anular o un cambio brusco en la textura de la corteza, el árbol está injertado: por debajo hay una especie o variedad distinta, elegida como raíz, y por encima la variedad que da la fruta.

Esto lo cambia todo. Un árbol injertado tiene dos plantas dentro, y las raíces pertenecen a la de abajo. Por eso los rebrotes que salen del suelo alrededor del tronco son del patrón, no de la variedad, y si los dejas crecer obtendrás un árbol que puede dar fruta pequeña, muy ácida o casi ninguna. Un guindo de pie franco, sin injertar, es otra historia: ahí el retoño sí es una copia de la planta madre.

Si no lo tienes claro, hay una pista útil: los patrones suelen tener la hoja y el vigor distintos de la copa. Un rebrote con hoja claramente diferente a la del árbol es del patrón, seguro.

Floración del guindo, con flores blancas agrupadas

Retoños de raíz: la vía fácil, si el árbol es de pie franco

Es el método tradicional y el que explica que en muchos pueblos el guindo se haya ido pasando de huerto en huerto sin comprar nunca un árbol.

Se hace en parada vegetativa, con el árbol sin hoja, desde la caída de la hoja hasta el final del invierno, evitando los días de helada. Elige un retoño bien plantado, de un par de años, ni el más raquítico ni el más desmesurado. Descubre la tierra a su alrededor con cuidado y sigue la raíz horizontal de la que sale: la clave está en cortar esa raíz a un palmo largo por cada lado del retoño, de modo que el brote nuevo se lleve su propio trozo de raíz con raicillas. Corta limpio con tijera o serrucho desinfectado, nunca tires de él, porque arrancando se queda todo el sistema radicular en el suelo y el brote se muere.

El retoño extraído se planta inmediatamente en su sitio definitivo o en una maceta grande, a la misma profundidad a la que estaba, se acaba de asentar la tierra con un riego generoso y se acorta la parte aérea para equilibrar la pérdida de raíz. El primer verano hay que regarlo: todavía no tiene raíces para buscar agua por su cuenta.

Dos advertencias. La primera, que no se saca un retoño al año del mismo árbol sin consecuencias: cada extracción es una herida en la raíz de la madre. La segunda, que si multiplicas un guindo que tiende a rebrotar mucho, el hijo heredará esa tendencia y tendrás que controlarle los rebrotes toda la vida.

Injerto: la vía fiable para conservar una variedad

Si el árbol está injertado o si quieres reproducir una variedad concreta, el injerto es el camino correcto. Necesitas dos cosas: un patrón enraizado y madera de la variedad que quieres.

Como patrón se usan en fruticultura el franco de Prunus avium, más vigoroso y exigente en suelo profundo y fresco, y el Prunus mahaleb o cerezo de Santa Lucía, que es el clásico en suelos calizos y secos porque los tolera bien. Hay además patrones enanizantes que dan árboles pequeños y manejables en jardín. También sirve, y es lo que se hace en casa, un retoño de raíz del propio guindo criado un par de años.

Sobre la época, los dos momentos habituales son el final del verano, con injerto de yema a yema dormida, que brota en la primavera siguiente, y el final del invierno, con injertos de púa cuando la savia empieza a moverse. En los dos casos manda la limpieza (herramienta afilada y desinfectada), el ajuste de las capas de cambium entre patrón e injerto y un atado firme que no estrangule. Trabaja con tiempo seco: en este género la humedad en una herida abierta es la entrada del chancro y de la gomosis.

El injerto tiene una ventaja añadida que compensa el trabajo: puedes poner varias variedades sobre el mismo árbol, o reinjertar un guindo adulto que no te convence sin arrancarlo y esperar diez años.

Semilla: buena para patrones, inútil para clonar

De un hueso de guinda sale un guindo, pero no sale tu guindo. La semilla mezcla la herencia de los dos progenitores y el árbol resultante tendrá fruta distinta, casi siempre peor, y tardará bastantes años en producir. Por eso la vía de la semilla se reserva en vivero para obtener patrones y para seleccionar variedades nuevas, no para copiar una que ya existe.

El hueso necesita además un periodo de frío húmedo obligatorio antes de germinar, la estratificación, que se puede hacer al aire libre o en la nevera. El procedimiento completo, que es idéntico para cerezo y guindo, está en multiplicar el cerezo por semillas. Recuerda lo dicho arriba: el hueso se manipula entero, no se rompe ni se muele.

Esqueje y acodo: lo que suele fallar

Aquí conviene ser honesto. Los esquejes leñosos de Prunus enraízan mal, y el guindo no es una excepción. Un trozo de rama plantado en una maceta, con o sin hormonas, se pudre mucho más veces de las que arraiga. Existe la multiplicación por esqueje semileñoso en verano, pero funciona en condiciones de vivero, con nebulización y calor de fondo, no en un alféizar.

El acodo es viable y tiene más posibilidades que el esqueje, aunque es lento y en un árbol adulto resulta incómodo de montar. Con un frutal que regala retoños de raíz y que se injerta bien, complicarse con esquejes no tiene mucho sentido: usa lo que la especie hace bien.

Errores que arruinan el intento

  • Enterrar el punto de injerto al plantar. Si queda bajo tierra, la variedad echa sus propias raíces y se pierde el efecto del patrón.
  • Multiplicar de un árbol enfermo. Un guindo con chancro, gomosis o virosis transmite el problema a todos sus hijos. Elige siempre una planta madre sana y productiva.
  • Trabajar en invierno húmedo. Cortes, injertos y extracciones con lluvia y frío son la vía de entrada de las enfermedades de madera.
  • Plantar el nuevo en suelo encharcado. Esta especie es muy sensible a la asfixia radicular; sin drenaje no hay multiplicación que valga.
  • No etiquetar. Dos años después nadie recuerda qué planta era cada maceta. Una etiqueta con la variedad y la fecha ahorra disgustos.

En resumen

El guindo o cerezo guindal se multiplica mejor que casi cualquier frutal de hueso, pero el método depende de una comprobación previa: si el árbol está injertado, sus retoños de raíz son del patrón y no reproducen la fruta que conoces. En un guindo de pie franco, en cambio, un retoño extraído en invierno con su porción de raíz es un árbol nuevo idéntico a la madre y gratis.

Para conservar una variedad concreta el camino es el injerto, a yema a final de verano o de púa a final de invierno, sobre franco, sobre Santa Lucía en suelos calizos o sobre un retoño criado en casa. La semilla sirve para obtener patrones, no para clonar, y el esqueje leñoso es una pérdida de tiempo fuera de un vivero con nebulización. Y en todo el proceso, el hueso se manipula entero: lleva compuestos cianogénicos y no se muele ni se come.


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