Si buscas «caparro» o «chaparro» esperando una planta concreta, te vas a encontrar con tres cosas muy distintas que comparten la misma palabra. En España, chaparro es la mata baja de encina o de coscoja, un Quercus de toda la vida. En los llanos de Colombia y Venezuela y en el cerrado brasileño, chaparro es un árbol de sabana de hoja áspera, Curatella americana. Y en el noreste de México y el sur de Texas, chaparro amargo es un arbusto espinoso completamente distinto, del género Castela, de la familia Simaroubaceae.

No son parientes: pertenecen a tres familias botánicas sin relación entre sí. La confusión se ha colado incluso en textos publicados, y el que ocupaba antes esta página es un buen ejemplo, porque mezclaba las tres en un mismo artículo, atribuía a Curatella americana una familia que no es la suya y remataba con una lista de usos medicinales que no tienen respaldo. Vamos a deshacer el enredo por partes.

Hojas ásperas y nervadas de Curatella americana en suelo de sabana

Hojas gruesas y muy nervadas de Curatella americana, el chaparro de sabana, sobre suelo laterítico.

De dónde viene la palabra

Chaparro es una palabra española antigua, anterior a la llegada a América, y designaba la mata baja y achaparrada de encina o de coscoja: esos Quercus que no llegan a árbol y forman un monte bajo cerrado y difícil de atravesar. De ahí salió chaparral, el terreno cubierto de esa vegetación, que pasó al inglés como chaparral y hoy se usa para el matorral mediterráneo de California. Y de ahí también el adjetivo chaparro aplicado a una persona baja y recia, que sigue vivo en México y en buena parte de América.

Cuando los colonos llegaron a las sabanas americanas, hicieron lo que se hace siempre: aplicar los nombres que ya conocían a las plantas nuevas que recordaban a las de casa. Cualquier arbolito o arbusto bajo, torcido y de monte abierto se convirtió en chaparro. Por eso el mismo nombre acabó puesto sobre especies de familias sin ningún parentesco, y por eso hoy no sirve para identificar nada sin decir de qué país estamos hablando.

La forma «caparro» funciona como variante local de esa misma palabra. Conviene saber además que en Colombia y Venezuela caparro es también el nombre popular de un mono de la Amazonía, así que una búsqueda con ese término mezcla botánica y fauna sin avisar.

El chaparro de sabana: Curatella americana

Es la planta que aparece en la foto, y se identifica bien. Se trata de un árbol pequeño y tortuoso de la familia Dilleniaceae, no de las Simaroubaceae como decía el texto anterior. Vive en las sabanas tropicales americanas, desde México hasta Brasil y Bolivia, y es uno de los árboles característicos de los llanos y del cerrado.

Su rasgo más reconocible está en la hoja: gruesa, coriácea, con los nervios muy marcados y una superficie tan áspera que se ha usado tradicionalmente para lijar madera y limpiar utensilios, igual que una lija fina. En inglés se le llama por eso sandpaper tree. El porte es bajo y retorcido, con corteza gruesa y agrietada, una arquitectura típica de árbol adaptado a un ambiente donde el fuego pasa con cierta frecuencia.

Crece sobre suelos pobres, ácidos y lateríticos, esos suelos rojizos que se ven en la foto, y aguanta bien la estación seca larga. En su tierra es un árbol común y familiar, no una rareza.

El chaparro amargo: Castela

Esta es otra cosa. El chaparro amargo, Castela erecta subespecie texana, también citado como Castela texana, sí pertenece a la familia Simaroubaceae y sí es un arbusto espinoso. Vive en zonas áridas y semiáridas del noreste de México y del sur de Texas, que es exactamente la descripción geográfica que daba el texto anterior mientras ponía el nombre científico de la otra planta.

Es un arbusto pequeño, muy ramificado, con ramas terminadas en espina, hojas reducidas y frutos rojizos pequeños. La familia Simaroubaceae es conocida por producir cuasinoides, unos compuestos de sabor intensamente amargo, y de ahí el apellido «amargo» del nombre popular.

Tiene un uso tradicional documentado en la medicina popular del norte de México, sobre todo en forma de cocimiento de la corteza o de la parte leñosa. Eso se cuenta como lo que es, una tradición, y no como una indicación: un uso tradicional no sustituye a un tratamiento ni a una consulta médica, y no equivale a que la planta sirva para lo que la tradición dice.

Y el chaparro de aquí: la encina achaparrada

En España, si alguien te habla de un chaparro está hablando de una encina joven o de un pie de encina o coscoja mantenido en mata baja, no de un arbusto tropical. El chaparral ibérico es ese monte bajo de Quercus que cubre buena parte del interior peninsular y que, cuando se deja crecer y se selecciona un pie, acaba dando la encina de dehesa que todos conocemos.

Merece la pena tenerlo claro porque es la única de las tres plantas que puedes encontrarte en el campo español. Ni Curatella americana ni Castela se cultivan aquí ni prosperan al aire libre: son plantas de sabana tropical y de semidesierto subtropical, y su sitio no es el clima peninsular.

Lo que decía el artículo anterior y por qué se ha retirado

El texto original prometía diez propiedades y beneficios: desparasitar, limpiar el hígado, combatir la amebiasis, actuar como antioxidante, tratar el acné y la psoriasis, resolver problemas digestivos, combatir la malaria y frenar tumores. Venía acompañado, además, de una foto de una taza de infusión de manzanilla y de otra de un mosquito, ninguna de las cuales tiene relación con ninguna de estas plantas. Las dos se han retirado, junto con todo el contenido de salud.

El motivo es sencillo. En la Unión Europea, las declaraciones de propiedades saludables están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006 y las autoriza la Comisión Europea tras una evaluación científica, no un artículo de internet. Para estas plantas no hay ninguna declaración autorizada, y las afirmaciones que atribuyen a un producto la prevención, el tratamiento o la curación de una enfermedad, como la malaria o el cáncer, no están permitidas en ningún caso.

Hay un motivo práctico añadido, y es el que da sentido a todo este artículo. Un texto que recomienda tomar en infusión o en cápsulas «el caparro» sin poder decir de qué especie habla está recomendando consumir una planta sin identificar. Con tres plantas de tres familias distintas compartiendo el nombre, y con una de ellas cargada de compuestos amargos activos, eso no es una imprecisión menor. Si tienes cualquier duda sobre una planta que alguien te ofrece para consumir, la consulta es al médico o al farmacéutico, y ante una ingestión con síntomas, al médico o al Instituto Nacional de Toxicología.

En resumen

Caparro y chaparro son la misma palabra española aplicada a plantas que no tienen nada que ver entre sí: la encina en mata baja en la Península, Curatella americana de hoja áspera en las sabanas americanas, y el chaparro amargo del género Castela en el semidesierto del noreste de México y el sur de Texas. La foto que acompaña a este artículo corresponde a la segunda.

Saber esto es lo único verdaderamente útil que se puede sacar del nombre. Todo lo que el artículo anterior contaba sobre curar parásitos, hígado, malaria o tumores se ha retirado, porque no está respaldado y porque, encima, ni siquiera dejaba claro de qué planta estaba hablando.


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