El plano de un jardín japonés cabe en un folio; la obra, no. Entre el croquis y el resultado hay un camión que tiene que entrar, unas cotas que hay que resolver, un agua que tiene que salir por algún sitio y unos bloques de piedra que pesan más de lo que aparentan. Esta guía se ocupa de esa parte: cómo se ejecuta materialmente, en qué orden y con qué medios. La composición, los tipos de jardín y la paleta vegetal adaptada a España están tratados aparte en la guía de diseño de jardín japonés.
Lo que hay que medir antes de firmar nada
Tres datos condicionan el presupuesto entero y se toman en una tarde.
El acceso. Anota el paso libre más estrecho entre la calle y la parcela, en anchura y en altura, y si hay escalones o giro cerrado. Con menos de 90 cm de paso, todo el material entra a carretilla y en sacos de 25 kg, y la piedra grande queda descartada salvo que se pueda volar con camión grúa por encima de la casa. Con 1,20 m entra una carretilla motorizada o una minicargadora de orugas estrechas. Comprueba también si el camión puede estacionar delante: una descarga con pluma alcanza cómodamente 8 o 10 m, y a partir de ahí el precio se dispara.
Las cotas. Marca con estacas el nivel del umbral de la casa, el del punto más bajo de la parcela y el de la arqueta o sumidero más próximo. La diferencia entre el punto bajo del jardín y el punto de vertido es lo que decide si el drenaje funciona por gravedad o hay que meter un pozo de infiltración. Sin ese desnivel no hay jardín seco que aguante un octubre peninsular.
La permeabilidad real del terreno. Se comprueba con un ensayo casero: excava un hoyo de unos 30 × 30 cm y 40 de hondo, llénalo de agua, deja que empape y vuelve a llenarlo. Mide cuánto baja el nivel en una hora. Por encima de 30 mm/h el suelo drena de sobra; entre 10 y 30 el drenaje hay que ayudarlo; por debajo de 10 mm/h estás sobre arcilla y todo lo que se plante en hoyo se ahogará en invierno.
Tierras: qué se retira, qué se acopia y cómo se modela
La primera operación es desbrozar y retirar los 20 o 30 cm de tierra vegetal, que se acopia aparte en un caballón de no más de 1,5 m de altura para que no se asfixie. Esa tierra vale dinero y se reutiliza al final en las zonas de plantación; lo que sale por debajo, casi siempre subsuelo compacto, es material de relleno o de retirada a gestor autorizado.
Si el proyecto lleva relieve —el jardín de colinas se construye modelando, no comprando montículos hechos—, el terraplén se levanta por tongadas de 20 a 25 cm, cada una compactada con bandeja vibrante de 90-120 kg y con la tierra húmeda, no encharcada ni polvorienta. Un talud en tierra no se sostiene más allá de 2 de base por 1 de altura; por encima de esa pendiente escurre con la primera tormenta. La coronación se remata con la tierra vegetal acopiada y se planta o se acolcha de inmediato: un montículo desnudo pierde su forma en un invierno.
Cuenta con el esponjamiento. Un metro cúbico excavado ocupa entre un 20 y un 30 % más suelto, así que la tierra que sale de un estanque de 6 m³ son unos 8 m³ de acopio y aproximadamente 10 t de peso.
El drenaje, que es lo que no se ve y decide todo
La superficie de grava rastrillada es una lámina impermeable a efectos prácticos si debajo hay arcilla: el agua se queda entre el árido y el terreno, la capa se enfanga desde abajo y aparecen manchas oscuras que ya no se van. La solución estándar es una red de drenaje enterrada bajo la zona mineral.
Se excava una zanja de 40 cm de anchura y 50 de profundidad con pendiente continua del 1 al 2 % hacia la salida, se forra con geotextil de unos 150 g/m², se asienta un tubo de dren corrugado ranurado de 110 mm sobre 5 cm de grava lavada de 20-40 mm, se cubre con otros 20 cm de la misma grava y se cierra el geotextil por encima como un paquete antes de recrecer. Las ranuras del tubo van hacia abajo, que es la posición que recoge la lámina freática. Si no hay a dónde verter, la zanja termina en un pozo de infiltración de 1 m³ relleno de la misma grava, o en un depósito de tormentas si el terreno no absorbe.
Toda la explanada mineral se remata además con una pendiente oculta del 1 % hacia el dren. Es imperceptible a la vista y evita que la grava trabaje como una bandeja.
Mover y asentar un bloque de media tonelada
Antes de encargar piedra conviene saber lo que se encarga. Multiplica largo por ancho por alto en metros y aplica un factor de 0,6 para descontar las irregularidades; el resultado, multiplicado por 2,6 t/m³ (granito, caliza compacta y basalto rondan esa cifra), da el peso aproximado. Un bloque de 1,20 × 0,80 × 0,70 m sale por encima de 1.000 kg.
Para lo que cabe por un paso de jardín, hay tres medios que resuelven el 90 % de los casos:
Trípode de obra con polipasto de cadena. Un trípode de 3 m con un polipasto de 1 t permite levantar la piedra unos centímetros, colocar debajo la cama de asiento y girarla hasta la cara buena. Es el medio más preciso y el único que permite corregir sin prisa.
Cabrestante manual de palanca y rodillos. Sobre tablones de 5 cm y tubos de acero de 50 mm como rodillos, dos personas mueven media tonelada por terreno llano sin destrozar el suelo. La regla de seguridad es no ponerse nunca en la dirección de caída ni a favor de la pendiente.
Minicargadora o miniexcavadora con pinza. Rápida y brutal: solo si el jardín está sin terminar y se puede recompactar después la huella de las orugas.
El asiento se prepara con una cama de zahorra compactada de 15 a 20 cm bajo el punto de apoyo, para que el bloque no se hunda por un lado en el segundo invierno. Sobre el hueco se ajusta con cuñas de piedra pequeña, nunca con ladrillo ni con espuma, y se rellena el perímetro por tongadas, apisonando con un pisón manual mientras se comprueba con nivel de burbuja que la cara vista mantiene la inclinación decidida. Solo se recurre al hormigón cuando la piedra hace de escalón o de borde de agua y no puede moverse: una torta de HM-20 de 15 cm, siempre por debajo de la línea de tierra para que no asome gris.
Las capas del pavimento terminado
De abajo arriba, el paquete que aguanta pisadas y lluvia es este:
Explanada. Terreno natural limpio de raíces y compactado, con la pendiente ya dada.
Zahorra artificial 0/20 de 10 a 15 cm, extendida en dos tongadas y compactada con bandeja. Es la capa que impide que la grava se hunda formando calvas.
Geotextil no tejido de 150-200 g/m², solapado 20 cm entre rollos. Separa, no impermeabiliza.
Capa vista de gravilla angular, cuyo espesor y granulometría dependen de si va a rastrillarse o solo a pisarse.
Las pasaderas se asientan sobre 10 cm de zahorra compactada y una cama de mortero seco de 3 cm, y se golpean con maceta de goma hasta que no bailan. Una losa suelta en un camino de jardín se convierte en una caída en cuanto llueve.
El vaso de agua y sus instalaciones
Si hay lámina de agua, la excavación se hace con banquetas escalonadas, taludes tendidos a 1:2 para que la lámina no resbale, y un sobreancho de 30 cm de terreno horizontal en todo el perímetro para rematar el borde. El nivel se comprueba con nivel láser o con manguera de agua, porque un borde con 2 cm de error queda a la vista para siempre.
Sobre el terreno saneado va geotextil de 300 g/m² y encima lámina de EPDM de 1,02 o 1,14 mm, que se despliega al sol para que se relaje antes de plegar las esquinas. La lámina se corta con generosidad: sobra siempre unos 40 cm por lado, y recortarla es fácil, alargarla no.
Las instalaciones se dejan hechas antes de rellenar: pasamuros para la aspiración de la bomba, tubo corrugado de reserva de 50 mm desde la arqueta hasta el punto de agua para pasar cableado después, y una arqueta registrable fuera del vaso donde alojar la bomba, el filtro y la conexión eléctrica. Los circuitos de exterior van protegidos con diferencial de 30 mA, y todos los aparatos sumergidos o próximos al agua deben ser de muy baja tensión o llevar el grado de protección adecuado; esta parte, si hay dudas, la firma un instalador.
Orden de trabajos, plazos y presupuesto
El orden importa porque cada oficio ensucia al siguiente: replanteo con cuerda y yeso, demoliciones y desbroce, movimiento de tierras, drenajes y pasos de instalaciones, colocación de las piedras principales, vaso de agua, subbases y pavimentos, capas minerales, plantación y, al final, riego de goteo en superficie y acolchado.
Para un jardín de unos 100 m² con equipo de dos personas, el reparto habitual es de una jornada de replanteo, dos o tres de tierras, dos de drenaje, tres a cinco para la piedra —un solo bloque grande puede llevar media jornada—, una semana de pavimentos y dos o tres días de plantación. Entre cuatro y seis semanas de calendario contando lluvias y esperas de material.
En dinero, los órdenes de magnitud que conviene tener en la cabeza al pedir ofertas: la piedra ornamental en bruto se mueve entre 250 y 500 € por tonelada puesta en obra según especie y distancia a cantera, y el transporte pesa tanto como el material; la zahorra a granel sale barata, en torno a 20-30 € la tonelada; la gravilla decorativa a granel multiplica por tres ese precio y en saco pequeño por seis; el EPDM con geotextil ronda los 12-18 €/m² instalado. La partida que más se subestima no es la piedra, sino la maquinaria y la retirada de tierras.
La época también cuenta: octubre y noviembre son el momento ideal, porque la obra termina justo cuando toca plantar en clima mediterráneo y el arraigo lo hacen las lluvias. Trabajar tierra arcillosa en pleno invierno mojado la deja compactada y estructuralmente arruinada durante años.
En resumen
Mide antes de proyectar: paso libre de acceso, desnivel disponible hasta el punto de vertido y velocidad de infiltración del terreno. Esos tres números deciden qué se puede construir y con qué medios.
Bajo la superficie mineral va siempre un dren de tubo ranurado envuelto en grava lavada y geotextil, con pendiente del 1-2 %, y la explanada con un 1 % oculto hacia él. Sin eso, el jardín seco se enfanga.
Calcula el peso de cada bloque antes de encargarlo (largo × ancho × alto × 0,6 × 2,6 t/m³), muévelo con trípode y polipasto o con cabrestante y rodillos, y asiéntalo sobre cama de zahorra compactada, no sobre tierra suelta.
Respeta el paquete de capas —explanada compactada, zahorra 0/20, geotextil, capa vista— y deja pasado el tubo de reserva para el cableado antes de cerrar nada. Empieza la obra en otoño y reserva más presupuesto para maquinaria y transporte que para la propia piedra.