La anona de México es, en el uso más extendido, Annona reticulata, la anona colorada o anona corazón: un frutal de zonas cálidas y bajas, de piel lisa con un dibujo reticulado que se vuelve rojiza al madurar. Digo «en el uso más extendido» porque el nombre también se aplica al anón (Annona squamosa) y, en zonas templadas del país, a la chirimoya. Todas son del género Annona y todas comparten lo que se cuenta aquí.

Y lo que se cuenta aquí es la parte que ningún texto de este tipo menciona: la semilla. Las anonas llevan dentro decenas de pepitas negras, duras y brillantes, y esas semillas son tóxicas y no se comen. Se separan solas de la pulpa, se escupen y no se trituran nunca con la fruta. Si haces batido, cuela. Si las manipulas para sembrarlas, lávate las manos después y no te toques los ojos. Esto no es una nota a pie de página: es lo primero que hay que saber de esta fruta.

Frutos de anona colgando del árbol Frutos de anonácea en el árbol. La foto no permite atribuir la especie con seguridad, algo habitual en este grupo de frutales.

Qué es exactamente esa semilla

Para entender por qué hay tantas conviene mirar cómo está construido el fruto. La flor de una anona no tiene un ovario único, sino muchos carpelos apiñados, y cada uno que se fecunda engorda y forma una semilla. Después todos se sueldan en una sola masa carnosa. Por eso el número de pepitas es alto y por eso están repartidas de forma regular por toda la pulpa: cada una ocupa el sitio de un gajo de la superficie.

La semilla en sí es oblonga, de un negro pardo muy brillante, con una cubierta dura e impermeable. Esa dureza es lo que la hace sobrevivir al paso por el tubo digestivo de los animales que dispersan la fruta en su ambiente natural, y también lo que hace que, tragada entera y por accidente, no suela tener consecuencias. El problema aparece cuando se rompe: molida, machacada o pasada por la batidora, libera su contenido.

El uso tradicional como insecticida

En varios países americanos, y también en Asia, la semilla de anona molida se ha empleado tradicionalmente como insecticida y como antiparasitario externo, sobre todo contra piojos. Ese uso está documentado en la bibliografía etnobotánica y es, en realidad, la mejor prueba de que no estamos ante una parte comestible de la planta.

No vas a encontrar aquí ninguna preparación ni ninguna proporción, y por dos motivos. El primero es que el polvo de semilla molida es un irritante ocular grave: hay casos descritos de inflamación seria por contacto accidental con los ojos, y ese es un accidente fácil cuando se manipula un polvo en casa. El segundo es que en España cualquier producto que se use como fitosanitario tiene que estar inscrito en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, y un preparado casero no lo está. El marco legal es el Real Decreto 1311/2012, y su principio es la gestión integrada de plagas: prevención y medios físicos y biológicos antes que nada.

Las acetogeninas, dicho con prudencia

Las anonáceas contienen un grupo de compuestos propios llamados acetogeninas anonáceas, más concentrados en semillas, hojas, raíz y corteza que en la pulpa. Son los responsables de la actividad insecticida de la semilla y son también el motivo por el que este grupo de plantas aparece en la literatura científica con más frecuencia de la que le correspondería a un frutal tropical cualquiera.

Ahí hay que ser cuidadoso en las dos direcciones. Por un lado, se han publicado trabajos que asocian el consumo alto y continuado de frutos e infusiones de anonáceas con un síndrome neurológico atípico descrito en algunas poblaciones tropicales, en particular en el Caribe. No es una relación cerrada ni una alarma general, y no es motivo para dejar de comer una chirimoya de temporada. Por otro lado, sí es una razón sólida para no tomar por cuenta propia extractos, cápsulas ni infusiones concentradas de hoja o semilla de anonácea, que es exactamente lo que se vende por internet. Si estás considerando un suplemento de este tipo, consúltalo antes con tu médico.

Lo que prometía el texto anterior

La página que ocupaba antes este sitio enumeraba once beneficios: analgésico natural, antiinflamatorio, tratamiento de la anemia, antibacteriano, antivírico, antifúngico, adelgazante, refuerzo del sistema inmunitario, mejora digestiva, reducción del colesterol y de la tensión arterial, y un apartado sobre el cáncer en el que llegaba a sugerir que la semilla es más eficaz que la quimioterapia. Ese texto se ha retirado entero.

No hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para prácticamente ninguna de estas plantas, y las que existen están en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión Europea, no un artículo de internet. Una fruta no trata la anemia, no baja la tensión y no combate infecciones. Y sobre lo del cáncer no cabe ambigüedad: ninguna anonácea es un tratamiento oncológico, no hay evidencia clínica que lo respalde, y sustituir o retrasar un tratamiento médico por una fruta o por un extracto tiene consecuencias reales.

Lo que sí se puede decir de la fruta

Que es una fruta fresca con mucha agua, de pulpa cremosa y dulce, con una proporción apreciable de azúcares, que es lo que explica su sabor y su textura. Que la anona colorada es algo más basta y menos aromática que la chirimoya, y que por eso en el mercado internacional la chirimoya se ha impuesto. Que se magulla con nada y madura de golpe, y por eso casi siempre se consume cerca de donde se produce.

Eso es composición y es comportamiento del producto, no una promesa. Y es suficiente para justificar por qué vale la pena comprarla cuando está en temporada.

Si alguien traga semillas

Tragar una o dos pepitas enteras sin romperlas, que es lo que pasa normalmente, no suele dar problemas. Lo que hay que evitar es la ingestión de semilla triturada, y ahí no hay que improvisar: consulta al médico o llama al Instituto Nacional de Toxicología. Si el afectado es un perro o un gato que ha mordisqueado pepitas, al veterinario. No se dan remedios caseros ni se provoca el vómito por iniciativa propia.

Con el polvo en un ojo, lo mismo: lavado abundante con agua y consulta médica, porque la irritación puede ser seria. La mejor prevención sigue siendo la más simple, que es no moler semillas de anona en casa.

En resumen

«Anona de México» designa sobre todo a Annona reticulata, aunque el nombre se reparte con otras especies del género. Sea cual sea, lo que comparten todas es una pulpa dulce y agradable y unas semillas que no forman parte del alimento: son duras, negras, numerosas, y contienen los compuestos que explican su viejo uso como insecticida.

Así que la regla práctica es corta. La pulpa, sí. La semilla, fuera, entera y sin triturar. Y de las promesas de salud que acompañaban a esta fruta en internet, ninguna: ni analgésico, ni adelgazante, ni tratamiento contra el cáncer. Para eso está el médico, y para la chirimoya de noviembre está la cuchara.


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