La almecina es el fruto del almez, Celtis australis, ese árbol de sombra que en España está plantado por miles en paseos, plazas y carreteras. Es una drupa pequeña, del tamaño de un guisante grande, que pasa del verde al ocre y termina en un pardo casi negro cuando madura a finales de verano y en otoño. Sí se come, y es dulce, pero conviene saber de entrada que es más hueso que pulpa: alrededor de la semilla hay una capa fina de carne azucarada y poco más.

Si has llegado buscando qué hacer con las almecinas del árbol de tu calle, la respuesta útil es corta. Se comen tal cual, de la rama, escupiendo el hueso, y con ellas se han hecho tradicionalmente arropes y mermeladas donde había suficientes. Lo que no vas a encontrar aquí son propiedades ni remedios, porque el texto que ocupaba antes esta página los vendía y no se sostenían. Lo explicamos al final.

Frutos verdes del almez colgando entre las hojas aserradas Almecinas todavía verdes en el árbol, colgando de un pedúnculo largo y fino entre hojas asimétricas de borde aserrado. Así se ven en julio, meses antes de estar comestibles.

Qué es exactamente una almecina

Botánicamente es una drupa, la misma categoría de fruto que una cereza o una aceituna: piel fina, pulpa carnosa y un hueso duro con la semilla dentro. Lo que la distingue es la proporción. En una cereza la carne es casi todo el fruto; en la almecina el hueso ocupa la mayor parte y la pulpa es una capa delgada pegada a él.

Cuelga de un pedúnculo largo y fino que sale de la axila de la hoja, casi siempre de una en una. Verde durante todo el verano, va virando a amarillo anaranjado y luego a un pardo violáceo oscuro. Ese color oscuro y una piel que empieza a arrugarse son la señal de que está en su punto. Verde no se come: astringe y no tiene azúcar.

El nombre cambia según dónde estés. Almecina o almeza en buena parte de España, lledó o llidó en catalán y valenciano, ledón o lodón en zonas de Castilla y de Andalucía, de donde salen los nombres del árbol: almez, lledoner, lodoño, aligonero. Que un fruto silvestre acumule tantos nombres suele ser buena señal: significa que se ha comido mucho tiempo en muchos sitios.

Cuándo madura y cómo se recoge

La maduración es tardía. Las almecinas aguantan verdes todo el verano y se oscurecen desde finales de agosto, con el grueso de la campaña en septiembre y octubre según el clima local. En el sur maduran antes que en el interior frío, y en el mismo árbol no maduran todas a la vez.

Se recogen a mano, de la rama, y esa es la única forma razonable. El árbol es grande y la mayoría de los frutos quedan fuera de alcance, así que en la práctica se come lo que pilla la mano desde el suelo o desde una rama baja. Las del suelo, ya caídas, es mejor dejarlas: han estado en contacto con la tierra, con el polvo de la calle y con lo que pase por allí.

Si el árbol está en un parque o en una calle, hay dos cosas que mirar antes. La primera, si el ayuntamiento trata el arbolado urbano. Muchos municipios aplican tratamientos fitosanitarios en el arbolado viario, y aunque el almez es un árbol sano que rara vez los necesita, la única forma de saberlo es preguntar en el servicio de parques y jardines. La segunda, el sitio: un árbol en una mediana de carretera o en un alcorque de una calle con tráfico denso no es el mejor sitio para coger fruta.

A qué sabe y qué se hace con ella

Sabe dulce, con un punto que recuerda al dátil seco, y deja una sensación harinosa en la boca. No es un sabor potente ni ácido: es azúcar suave. La textura es lo que sorprende a quien la prueba por primera vez, porque la carne no es jugosa como la de una cereza sino seca y pastosa, y se queda pegada al hueso.

Como alimento es lo que es: un fruto pequeño, dulce, con poca pulpa. Eso es composición, no una promesa de nada. Tradicionalmente, donde había almeces suficientes, se hacían arropes, jaleas y mermeladas cociendo los frutos y pasándolos por un colador para separar los huesos, y se han usado también para aromatizar aguardientes. Hace falta mucha almecina para un tarro, que es justamente el motivo de que nunca haya sido una fruta de mercado.

El hueso, que es casi todo el fruto

El hueso es duro, esférico y con la superficie reticulada. No se traga entero a propósito y no se mastica bien, así que lo normal es escupirlo, como con una aceituna.

La tradición sí aprovechaba la semilla que va dentro. Partiendo el hueso queda una almendrilla blanca de sabor suave que se comía, y de ella se ha extraído por presión un aceite de uso alimentario y para lámparas. Es un uso documentado, no una receta que tenga sentido en casa: por el tamaño del hueso y por lo que cunde, partir almecinas una a una es un trabajo desproporcionado.

Para los pájaros, en cambio, el hueso es el negocio. Zorzales, mirlos, currucas y estorninos se comen la pulpa y dispersan la semilla entera, y por eso aparecen almeces jóvenes en cualquier grieta, talud o solar cercano a un ejemplar adulto. Es un árbol que se siembra solo.

La madera del almez, que es la del oficio

La almecina nunca fue el motivo principal para plantar un almez. Lo era la madera, y merece la pena contarlo porque es uno de los pocos oficios rurales construidos entero alrededor de una especie.

La madera del almez es dura, tenaz, muy flexible y difícil de romper. Con ella se hicieron durante siglos mangos de herramienta, varas, aros de cedazo, fustas, remos, bastones y, sobre todo, horcas de labranza: esas horquillas de tres puntas de una sola pieza que se usaban para aventar la mies y mover la paja en la era. Se conseguían guiando y podando las ramas jóvenes del árbol durante años, hasta que crecían con la forma pedida. El árbol se cultivaba, literalmente, con la pieza en la cabeza.

Ese oficio está documentado en el este peninsular y en el sur de Francia, y en Aragón se mantuvo hasta bien entrado el siglo XX, cuando el metal, el plástico y la mecanización de la trilla lo dejaron sin clientes. Hoy queda como artesanía y como memoria local, y explica por qué hay almeces viejos en sitios donde nadie los plantó por la sombra.

Si te interesa el árbol en sí, su cultivo, su porte y qué problemas da en un jardín, lo tienes desarrollado en almez (Celtis australis): características, cultivo y usos y en Celtis australis y Celtis occidentalis, donde se compara con el almez americano.

Lo que este artículo no va a decirte

El texto original de esta página prometía seis beneficios de la almecina: que regulaba la menstruación, que cortaba las diarreas, que aliviaba el estómago y que servía como tónico astringente en extractos de fruto verde. Nada de eso se queda.

Conviene decirlo una vez con claridad: no hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para prácticamente ninguna de estas plantas, y las que existen están en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión, no un artículo de internet. Sí existe un uso tradicional documentado de las hojas y el fruto verde del almez como astringente en la medicina popular del Mediterráneo, por su contenido en taninos, y eso es tradición, no tratamiento: no sustituye a una consulta médica ni a nada que te haya pautado un profesional.

Un detalle que sí importa y que el original no decía: el almez no es una planta tóxica, ni para personas ni para perros o gatos. La almecina madura es simplemente una fruta pequeña. Si aun así alguien de casa ha comido una cantidad grande de fruto verde y hay síntomas, la llamada es al médico, o al veterinario si ha sido un animal, o al Instituto Nacional de Toxicología.

En resumen

La almecina es el fruto del almez, Celtis australis, una drupa pequeña que madura de septiembre a octubre y pasa del verde al pardo oscuro. Es comestible y dulce, con un punto que recuerda al dátil, pero tiene muy poca pulpa alrededor de un hueso grande, y por eso nunca ha llegado a ser una fruta de mercado: se come de la rama o se convierte en arrope y mermelada donde hay árboles suficientes. Verde astringe y no se come.

El valor real del almez estuvo siempre en su madera, dura y flexible, con la que se hicieron horcas de labranza, bastones y mangos de herramienta guiando las ramas jóvenes durante años. De lo que prometía el texto anterior, nada: no hay propiedades saludables autorizadas para esta planta, los usos tradicionales son tradición y, si recoges almecinas de un árbol urbano, mira antes si ese arbolado se trata y evita las que ya están en el suelo.


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