Hay hiedras con hoja de un centímetro y hiedras con hoja de veinticinco, hiedras que se rizan como perejil, hiedras con lóbulos afilados como puntas de flecha y hiedras doradas por el centro. Casi todas pertenecen a la misma especie, Hedera helix, que ha producido más de cuatrocientos cultivares registrados y sigue produciéndolos. Elegir cuál plantar no es cuestión de gusto solamente: cada tipo sirve para un trabajo distinto en el jardín, y equivocarse cuesta años.
De dónde sale tanta variedad
La hiedra común tiene una inestabilidad genética notable: produce con frecuencia mutaciones de yema, ramas que salen distintas del resto de la planta. Cualquiera de esas ramas, propagada por esqueje, mantiene su carácter y se convierte en un cultivar nuevo. Como además el esqueje de hiedra arraiga con facilidad, la selección lleva siglos acumulando formas. A eso se suma un segundo motivo de variación, esta vez natural: la heterofilia de la especie, que reparte hoja lobulada en la fase trepadora y hoja entera en la florífera, y que está explicada en el artículo del género.
Antes de mirar formas de hoja conviene conocer una división que no se ve en la etiqueta pero decide el comportamiento de la planta: los cultivares autorramificantes y los que no lo son. Los primeros emiten brotes laterales espontáneamente en casi todos los nudos, sin necesidad de pinzar, y dan matas densas y cerradas de crecimiento moderado. Los segundos alargan guías largas y desnudas que solo ramifican al tropezar o al cortarlas. Los autorramificantes son los buenos para maceta, para topiaria y para interior; los otros, para cubrir superficie deprisa.
Los grupos de hoja de la hiedra común
Tipo clásico o de cinco lóbulos. La hoja de manual, palmatilobada, verde oscuro con nervadura clara, de seis a diez centímetros. Es la de la especie silvestre y la de los cultivares vigorosos de uso extensivo, como 'Baltica' o 'Thorndale', seleccionados por resistencia al frío.
Acorazonados. Hoja entera o casi, sin lóbulos marcados, con la base en corazón profundo. 'Deltoidea' es el ejemplo clásico, con los dos lóbulos basales solapándose uno sobre otro. Dan un tapiz de textura suave, sin el dibujo picudo habitual.
De abanico. Lóbulos anchos y de longitud parecida, dispuestos en semicírculo; la hoja parece un abanico corto. 'Californian' y 'Triton' entran aquí. Cubren bien y tienen aspecto ordenado.
Pata de pájaro. Lóbulos estrechos, largos y separados, con el central muy prolongado, de modo que la hoja recuerda a una huella o a una punta de flecha. 'Sagittifolia', 'Needlepoint', 'Pedata' e 'Irish Lace' son los nombres habituales. Su textura fina y aireada contrasta muy bien con hojas grandes de hosta o de aspidistra en un rincón sombrío.
Crespos. El borde de la hoja se ondula, se pliega o se riza, a veces hasta enrollarse sobre sí mismo. 'Parsley Crested' —también rotulada 'Cristata'— tiene el borde crespo como una hoja de perejil; 'Curlilocks' se ondula en toda la lámina; 'Ivalace' rechaza los bordes hacia abajo y da un aspecto lustroso y acopado muy característico. Todos ellos aportan volumen y sombra propia, y por eso lucen especialmente a media luz.
De hoja pequeña. Miniaturas de verdad, con láminas de uno a cuatro centímetros y entrenudos cortísimos: 'Duckfoot', 'Minima', 'Très Coupé' y 'Spetchley', que es de las menores que existen. Crecen despacio, ramifican solas y forman almohadillas compactas.
Variegados. Los que llevan blanco, crema o amarillo. 'Glacier' es gris verdoso con borde blanco; 'Marginata' tiene ribete crema; 'Goldheart' —hoy también 'Oro di Bogliasco'— lleva el centro amarillo intenso sobre verde oscuro, y es de los más plantados en España; 'Gold Child' invierte el reparto, con el amarillo en el margen; 'Kolibri', 'Eva' y 'Little Diamond' son variegados menudos de maceta.
Qué hiedra para qué trabajo
Para tapizar suelo. Aquí interesa vigor, hoja grande y ausencia de autorramificación, es decir, guías largas que corran y enraícen por los nudos. La Hedera hibernica del noroeste peninsular, con hoja mayor y lustrosa, es el tapizante por excelencia en clima atlántico; 'Thorndale', 'Baltica' y 'Woerner' funcionan bien donde el invierno aprieta. Se plantan de dos a cuatro ejemplares por metro cuadrado según la prisa, se despuntan las guías el primer año para forzar ramificación y se recorta el conjunto con desbrozadora o cortasetos cada dos o tres años para que el colchón no supere los veinticinco o treinta centímetros de espesor. Es la solución razonable para taludes umbrosos, para el suelo bajo arbolado denso donde el césped no prospera y para contener la erosión en pendiente. Nada de miniaturas ni de variegados: tardarían una década.
Para muro y fachada. Las mismas de arriba, más Hedera colchica y Hedera canariensis si el clima acompaña. La hiedra sube por raíces adventicias y no necesita alambres, pero el estado del revoco y la separación del paramento son asunto aparte, tratado en el artículo sobre colocación de enredaderas. Un dato de conducción que ahorra disgustos: la hiedra tapiza el muro con hoja lobulada mientras sube pegada, y en cuanto rebasa la coronación y sale a plena luz emite ramas rígidas de hoja entera que sobresalen y florecen. Si no se quiere ese remate arbustivo, se recorta la parte alta cada año.
Para maceta colgante. Autorramificantes de hoja pequeña o media, que llenen el tiesto y caigan sin quedar peladas por arriba: 'Glacier', 'Eva', 'Kolibri', 'Duckfoot', 'Little Diamond'. Tres plantas en una maceta de veinticinco centímetros, sustrato con drenaje, riego regular sin encharcar y un recorte de las guías largas al final del invierno. En una terraza con orientación norte o este es de lo poco perenne que aguanta el año entero.
Para topiaria sobre forma de alambre. Este es el uso donde la elección del cultivar lo es casi todo. Hace falta hoja pequeña, entrenudos muy cortos y ramificación espontánea, porque una hoja de ocho centímetros sobre una esfera de treinta rompe la escala y una guía sin ramificar deja huecos. 'Ivalace', 'Duckfoot', 'Needlepoint', 'Spetchley' y 'Très Coupé' son las apropiadas. El procedimiento: se planta un ejemplar por cada cara de la estructura, se conducen las guías atándolas al alambre con hilo blando en espiral, y se pinza cada punta en cuanto asoma para forzar las yemas laterales. Un cono o una bola de tamaño mediano queda cubierta en dos temporadas y se mantiene con un repaso de tijera cada dos meses en primavera y verano.
Para interior. Solo los de crecimiento lento y hoja menuda, y por una razón práctica: la hiedra en casa dispone de poca luz y de aire seco, y un cultivar vigoroso responde a esas condiciones estirando entrenudos y produciendo guías larguiruchas con hojas cada vez más separadas, que es el peor aspecto posible. Los lentos y autorramificantes mantienen la mata cerrada durante años con muy poco crecimiento. Aun así hay que darles el sitio adecuado: mucha luz clara, fresco —entre 10 y 16 °C es su óptimo, no los 22 °C de un salón con calefacción— y humedad ambiental. El fracaso más común no es de riego sino de araña roja, que prolifera exactamente en aire caliente y seco y deja la hoja punteada de amarillo y con telilla en el envés; el remedio empieza por bajar la temperatura y subir la humedad.
La reversión de los variegados
Los cultivares jaspeados de hiedra son quimeras: su tejido contiene dos líneas celulares superpuestas, una con cloroplastos normales y otra con plastos defectuosos que no producen clorofila, y el dibujo depende de cómo se reparten esas capas en cada hoja. Ese equilibrio es inestable.
De vez en cuando una yema origina un brote formado solo por la línea verde. Ese brote tiene toda la superficie fotosintética disponible mientras que sus vecinos variegados van con un tercio menos, así que crece con más fuerza, se alarga más deprisa y, si se le deja, en dos o tres temporadas ha sustituido a la planta entera. Es la reversión, y 'Goldheart' la practica con notable insistencia.
El manejo es simple pero hay que hacerlo a tiempo: en cuanto se detecte una guía completamente verde en una planta variegada, se sigue hasta su origen y se corta desde la base, no por la mitad, porque un corte parcial deja las yemas verdes de abajo y el problema vuelve. Conviene revisar en primavera y a mitad de verano.
Un segundo fenómeno, distinto y reversible, es la pérdida de contraste por falta de luz: en sombra, las zonas claras se vuelven verdosas para compensar la escasez de radiación. No es reversión, y se corrige trasladando la planta a un sitio más iluminado. La regla práctica es que un variegado necesita más luz que su equivalente verde, aunque nunca sol directo de mediodía, que le quema las zonas sin clorofila.
Las hiedras de hoja grande: canariensis y colchica
Junto a Hedera helix, dos especies de otra escala se usan mucho en jardinería y conviene distinguirlas, porque su comportamiento y su resistencia al frío no son los mismos.
Hedera canariensis —y su pariente próxima Hedera algeriensis, con la que se confunde en el comercio— tiene hojas de diez a veinte centímetros, brillantes, de contorno casi entero o con lóbulos apenas insinuados, sobre peciolos y tallos jóvenes de color rojizo o vinoso, que es el rasgo que mejor la identifica. Es muy vigorosa, cubre muy deprisa y da una textura lustrosa, casi tropical, que encaja bien en jardines mediterráneos. Su cultivar 'Gloire de Marengo', con amplio margen blanco crema, es de los más plantados del sur de Europa. La limitación es el frío: se estropea con heladas moderadas, alrededor de siete u ocho grados bajo cero, así que en la meseta y en el norte interior no es opción, mientras que en el litoral mediterráneo, en Andalucía y en Canarias es la hiedra natural.
Hedera colchica, la hiedra del Cáucaso, tiene la hoja aún mayor —hasta veinticinco centímetros—, gruesa, de un verde mate profundo, entera o con base acorazonada, y con un ligero olor cuando se estruja. Lo interesante es que combina ese tamaño con una resistencia al frío muy superior, del orden de veinte grados bajo cero, de modo que es la alternativa de hoja grande donde la canaria no llega. 'Dentata Variegata' lleva un ancho borde crema y 'Sulphur Heart' —también conocida como 'Paddy's Pride'— tiene el centro salpicado de amarillo verdoso. Cubren superficies extensas con muy pocas plantas.
Frente a ellas, Hedera helix aporta lo que las otras dos no tienen: rusticidad extrema, hasta más allá de los veinte grados bajo cero en los cultivares seleccionados, escala pequeña para maceta y topiaria, y la variedad de formas que se ha descrito arriba. En la Península conviven además Hedera hibernica en la franja atlántica y Hedera iberica en el suroeste, de las que también hay material de vivero.
Una precaución común a todas: al podar hiedra conviene llevar guantes y manga larga, porque la savia contiene falcarinol y produce dermatitis de contacto en personas sensibilizadas, y las bayas son tóxicas por ingestión. El detalle está en el artículo de la especie.
En resumen
Hedera helix ha dado cientos de cultivares que se agrupan por la forma de la hoja —clásicos de cinco lóbulos, acorazonados, de abanico, de pata de pájaro, crespos, miniaturas y variegados—, y la división práctica que más importa es otra: los autorramificantes forman matas densas y sirven para maceta, topiaria e interior, mientras que los de guía larga sin ramificar son los que cubren superficie. Para tapizar suelo se usan los vigorosos de hoja grande como 'Hibernica', 'Thorndale' o 'Baltica'; para maceta colgante, autorramificantes de hoja pequeña como 'Glacier', 'Eva' o 'Duckfoot'; para topiaria sobre alambre hacen falta entrenudos cortos y hoja menuda, tipo 'Ivalace', 'Needlepoint' o 'Spetchley'; y para interior conviene elegir cultivares lentos, que aguantan años sin estirarse, cultivados en sitio fresco y luminoso porque en aire caliente y seco los arrasa la araña roja. Los variegados son quimeras y revierten: la guía verde que aparezca se corta desde la base antes de que desplace al resto. Y en hoja grande, Hedera canariensis es la opción lustrosa del clima suave pero cae con heladas de siete u ocho grados bajo cero, mientras que Hedera colchica ofrece hoja aún mayor con resistencia hasta unos veinte bajo cero.