Veinte centímetros de flor no caben en la palma de la mano. Ese es el orden de magnitud de la copa de oro, Solandra maxima, una liana leñosa centroamericana cuyas corolas acampanadas se abren del tamaño de un vaso de tubo y perfuman el jardín entero al anochecer. Antes de seguir con lo bonito conviene decir lo otro, porque condiciona dónde se planta: es una solanácea con alcaloides tropánicos y toda la planta resulta tóxica por ingestión.

El aviso, primero

Solandra maxima pertenece a las Solanaceae, la familia del tomate y la patata, pero está en la rama de los géneros peligrosos: es pariente próxima de la Brugmansia y de la Datura, y comparte con ellas la presencia de alcaloides tropánicos del tipo de la hiosciamina y la escopolamina. Estos compuestos actúan sobre el sistema nervioso y su margen entre efecto y daño grave es estrecho e imprevisible, porque la concentración varía con la parte de la planta, la época y el ejemplar.

En términos prácticos:

Todas las partes son tóxicas si se ingieren: hoja, flor, tallo, savia y las semillas del fruto carnoso que ocasionalmente cuaja. No hay ninguna que sea inocua.

La savia irrita la piel sensible y sobre todo la conjuntiva. Se poda con guantes y sin llevarse las manos a la cara; el contacto ocular con látex de la familia produce midriasis y visión borrosa que asusta mucho.

Ha causado intoxicaciones reales. En Mesoamérica varias especies del género tienen un uso ritual documentado por los pueblos originarios, y en la literatura toxicológica constan episodios asociados a ese uso y a confusiones accidentales. Este artículo no describe ninguna preparación, dosis ni forma de empleo, y no hay ninguna que sea segura fuera de ese contexto.

Ante una ingestión sospechada, o ante síntomas como sequedad de boca, pupilas dilatadas, taquicardia, desorientación o alucinaciones, se llama de inmediato al Instituto Nacional de Toxicología: 91 562 04 20, disponible las veinticuatro horas, o al 112. Conviene llevar una hoja o una flor para la identificación.

Con eso dicho: es una planta ornamental de jardín perfectamente cultivable, como lo es la adelfa o el tejo. La cuestión es no plantarla donde haya niños pequeños sin vigilancia ni animales con costumbre de mordisquear, y saber lo que se tiene.

Flor acampanada dorada de la Solandra maxima o copa de oro

La flor: tamaño, color que madura y perfume que se mueve

La corola tiene forma de cáliz o de copa, de quince a veinticinco centímetros de longitud según el ejemplar y la temporada, con el borde ondulado y vuelto hacia fuera. Abre de un amarillo pálido casi crema y va oscureciendo con las horas hasta un dorado profundo, casi anaranjado, al segundo o tercer día. Por dentro lleva cinco bandas longitudinales de color pardo violáceo que recorren el tubo desde la garganta, una marca de guía para el polinizador nocturno.

El perfume es lo que más impresiona y lo más peculiar. Es nocturno: la flor apenas huele durante el día y empieza a emitir al caer el sol, con un máximo en las primeras horas de la noche. Y cambia de carácter a lo largo de ese ciclo; se percibe primero un tono de coco y vainilla, francamente dulce, que hacia la madrugada se vuelve más denso y ligeramente resinoso. Un solo ejemplar en flor perfuma un patio completo, lo que sugiere colocarlo cerca de una ventana de dormitorio o de una zona de estar de noche, pero no tan cerca que sature.

En el litoral español florece sobre todo entre el final del invierno y la primavera, con repuntes en otoño si el verano ha sido regado. Las flores no salen todas a la vez sino en tandas de unas cuantas, y cada una dura tres o cuatro días.

No es una trepadora de balcón: es una liana

Este punto se subestima con frecuencia. La Solandra maxima no tiene zarcillos, ni ventosas, ni tallos volubles. Se comporta como una liana escandente: emite ramas gruesas y largas que en su bosque de origen se apoyan sobre el arbolado y acaban formando troncos leñosos de varios centímetros de diámetro. En cultivo alcanza sin dificultad ocho o diez metros y una planta adulta pesa mucho.

De ahí que exija estructura seria y no decorativa: pérgola de perfil metálico o de vigas de escuadría generosa, pilar de obra, muro con alambre de acero galvanizado grueso, o directamente un árbol robusto que le sirva de tutor vivo. Una celosía de madera fina, un enrejado de plástico o una malla ligera se doblan en pocos años. Las ramas jóvenes se atan y se conducen mientras son flexibles; después endurecen en la posición que se les haya dado y ya no se mueven.

Como también es capaz de crecer en horizontal, funciona muy bien como cobertura de talud o cayendo desde la coronación de un muro alto, con las flores colgando a la vista.

Clima, suelo y riego

El frío es el techo. Sufre daño foliar ya en torno a 0 °C y una helada de -2 °C le quema los brotes; por debajo de -4 °C se pierde. Su territorio en España es la costa mediterránea templada, el sur atlántico, Baleares y sobre todo Canarias, donde se comporta como en su casa. Tierra adentro solo con protección de invernadero. Agradece, eso sí, el abrigo de un paramento cálido, un recurso que se detalla en el artículo sobre trepadoras para climas fríos.

Quiere sol directo buena parte del día, aunque tolera sombra ligera a costa de florecer menos. Suelo arenoso o franco con drenaje muy bueno; el encharcamiento le pudre el cuello. Resiste bien el ambiente salino, así que es planta de primera línea de costa.

El riego es la palanca de la floración. Durante el crecimiento, agua regular sin excesos. Al final del verano y comienzo del otoño, un periodo de sequía controlada de unas semanas, reduciendo el riego hasta que la hoja acuse ligeramente, induce la formación de yemas florales; al reanudar el riego, la planta cuaja. Un ejemplar con agua permanente y abono nitrogenado abundante da follaje magnífico y ninguna copa dorada.

Poda y multiplicación

Se poda una vez terminada la floración principal, ya entrada la primavera. El objetivo no es acortar por acortar sino gobernar el volumen: se eliminan ramas mal dirigidas, se aclara el interior para que entre luz y se acortan las varas que han desbordado la estructura, cortando siempre por encima de un par de yemas. Guantes puestos y herramienta limpia; los restos no van al compost de la huerta ni a un lugar donde puedan mordisquearlos animales.

Se multiplica con facilidad por esqueje semileñoso de veinte a treinta centímetros tomado en primavera o principio de verano, en sustrato arenoso, con calor de fondo y humedad ambiental. También por acodo aéreo en una vara madura, que enraíza en unos meses. La semilla es infrecuente porque el fruto rara vez cuaja fuera de su área natural, donde lo poliniza fauna nocturna.

Dónde ponerla y dónde no

Buenas ubicaciones: pérgola de zona de estar nocturna, muro alto de patio soleado, pilar de porche, talud de jardín costero, gran maceta de obra en terraza mediterránea con estructura de guía. Cerca de un camino por el que se pase de noche, para aprovechar el perfume.

Malas ubicaciones: junto a la zona de juego de niños pequeños, en el recorrido habitual de un perro que roe ramas, sobre una estructura ligera, en suelo pesado que retiene agua, y en jardines de interior peninsular sin protección invernal. Tampoco en un espacio cerrado y pequeño donde el perfume nocturno se concentre en exceso.

Ejemplar de Solandra maxima conducido sobre una estructura

En resumen

La copa de oro ofrece la flor más grande que se puede pedir a una trepadora, dorada, acampanada y con un perfume nocturno que evoluciona a lo largo de la noche. A cambio pide clima sin heladas, sol, suelo drenante, una sequía controlada de fin de verano para florecer y, sobre todo, una estructura capaz de sostener una liana leñosa de diez metros. Y pide criterio: es una solanácea con alcaloides tropánicos, tóxica por ingestión en todas sus partes y con savia irritante, así que se manipula con guantes y se sitúa lejos del alcance de niños y animales. En caso de ingestión, Instituto Nacional de Toxicología, 91 562 04 20.


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