Ese magenta eléctrico de la buganvilla no lo tiene ninguna rosa, ninguna petunia y ningún geranio. No es una impresión: es química. La buganvilla fabrica sus colores con una familia de pigmentos distinta de la que usa el noventa por ciento de las plantas con flor, y esa rareza bioquímica explica tanto los tonos que puede dar como los que no dará nunca.

Brácteas magenta de buganvilla

Betalaínas, no antocianinas

Lo que se ve de una buganvilla no son pétalos, sino brácteas, hojas modificadas que rodean de tres en tres a las flores verdaderas, que son los tubitos blancos o crema del centro. Ese reparto está explicado en el artículo de la especie. Lo que interesa aquí es lo que hay dentro de esas brácteas.

En la inmensa mayoría de las plantas con flor, los rojos, rosas, morados y azules los producen las antocianinas, pigmentos derivados de la ruta de los flavonoides. Es lo que colorea una amapola, una hortensia, un arándano o una col lombarda. Pero hay un orden botánico entero, el de las Caryophyllales, en el que la mayor parte de las familias han sustituido las antocianinas por otra cosa: las betalaínas.

Las betalaínas son pigmentos nitrogenados -contienen nitrógeno en la molécula, cosa que las antocianinas no hacen- y se sintetizan por una ruta completamente distinta, a partir del aminoácido tirosina y de un intermediario común llamado ácido betalámico. Según con qué se combine ese intermediario se obtienen dos subgrupos: las betacianinas, responsables del rango rojo-violeta-magenta, y las betaxantinas, responsables del amarillo y el naranja.

El dato más llamativo es que ambas rutas son mutuamente excluyentes: ninguna planta conocida produce betalaínas y antocianinas a la vez. O una cosa o la otra. La buganvilla pertenece a las Nyctaginaceae, familia de las Caryophyllales, y por tanto está en el bando de las betalaínas. Sus compañeras de pigmento son la remolacha -la betanina de la remolacha roja es la betacianina de manual, el E-162 de la industria alimentaria-, el fruto de las cactáceas como la pitaya y el higo chumbo, los amarantos, las portulacas y las mesembriantemos. Quien haya visto el rosa imposible de una flor de Portulaca o el fucsia de una pitaya cortada reconocerá el parentesco cromático con la buganvilla al instante.

Ahí está el origen de esos magentas y fucsias saturados que ninguna otra planta de jardín consigue. Las betacianinas absorben la luz en una banda ligeramente distinta de la de las antocianinas, con el máximo hacia los 535-540 nanómetros, y el resultado percibido es un rojo-púrpura de una pureza y una intensidad que el ojo lee casi como fluorescente. Además, las betalaínas son mucho más estables frente al pH que las antocianinas, que viran de rojo a azul según la acidez del tejido -es lo que hace que una hortensia cambie de color con el suelo-. Por eso el color de una buganvilla es constante y no depende del pH del riego ni de la tierra, y por eso no sirve de nada intentar «virarla» como se hace con las hortensias.

La otra cara de la moneda: no existe la buganvilla azul, ni la existirá por selección convencional. El azul floral se obtiene con antocianinas modificadas, copigmentación y complejos metálicos, y las betalaínas no llegan a esa zona del espectro. Cualquier buganvilla azul o turquesa que aparezca a la venta está teñida artificialmente o es un montaje de imagen. Lo mismo vale para las semillas de colores fantásticos que circulan por internet: la buganvilla apenas produce semilla viable en cultivo, y toda la multiplicación seria es por esqueje.

Los cultivares por color

Casi todo lo que se vende procede de tres especies sudamericanas -Bougainvillea glabra, Bougainvillea spectabilis y Bougainvillea peruviana- y sobre todo de sus híbridos, agrupados en Bougainvillea × buttiana, que es de donde salen los rojos y los naranjas. Estos son los cultivares que uno se encuentra de verdad en vivero español, ordenados por color.

Magenta y púrpura. Es el grupo clásico y el más rústico. 'Sanderiana' es la buganvilla de toda la vida, de Bougainvillea glabra, magenta púrpura, floración abundantísima y la más tolerante al frío del grupo. 'Alexandra' da un violeta más oscuro y compacto, muy usada en maceta. 'Vera Deep Purple' tira a morado profundo. Y 'Elizabeth Angus', de púrpura azulado, es lo más cerca del azul que llega el género, que no es mucho.

Rojo y carmín. Casi todos son híbridos de buttiana. 'Barbara Karst' es el rojo escarlata más extendido, de floración muy prolongada y con las brácteas nuevas de un rojo encendido que después se apaga a carmín. 'Scarlett O'Hara' -que también se vende como 'San Diego Red'- da rojo profundo sobre hoja grande y es de las más vigorosas. 'Mrs. Butt', la variedad original del cruce, tiene brácteas carmesí con reflejos cobrizos.

Rosa y salmón. 'Rosenka' abre en un dorado anaranjado y va derivando a rosa coral con la edad de la bráctea, de modo que la planta muestra los dos tonos a la vez. 'Miss Manila' hace lo propio en salmón, y 'Klong Fire' combina rosa y naranja.

Amarillo y naranja. Aquí mandan las betaxantinas. 'California Gold' -conocida también como 'Golden Glow'- da un amarillo dorado limpio que envejece a marfil. 'Orange King' y 'Afterglow' se mueven en el naranja albaricoque. Son en general algo menos rústicas que las magentas y agradecen posiciones más abrigadas.

Blanco. 'Jamaica White' y 'Summer Snow' tienen las brácteas casi sin pigmento, blanco puro con la nervadura verdosa marcada. La ausencia de betalaínas se nota además en el vigor: suelen ser plantas más lentas y más sensibles.

Follaje variegado. 'Raspberry Ice', 'Harrisii' y 'Sanderiana Variegata' combinan hoja jaspeada de crema o amarillo con bráctea magenta o rosa. Como toda variegación, tienen menos superficie fotosintética, crecen más despacio y florecen algo menos, pero el contraste hoja-bráctea es notable.

Existe además un grupo de brácteas dobles, como 'Mahara' o 'Doubloon', en las que las bractéolas interiores se han convertido también en brácteas coloreadas y forman una roseta apretada. Duran más en la planta, pero al secarse no caen y quedan colgando pardas, lo que obliga a limpiar la mata a mano.

Las buganvillas de tres colores

En los garden centers aparecen cada primavera ejemplares con brácteas magenta, blancas y naranjas en la misma copa, vendidos como buganvilla tricolor o multicolor. Merece la pena saber qué son antes de comprarlos.

Casi nunca son una sola planta. Lo habitual es una de estas dos cosas:

Varios esquejes plantados juntos. Es el método más frecuente por lo barato. Se meten en el mismo contenedor dos o tres esquejes enraizados de cultivares distintos y se dejan crecer entrelazados. El aspecto es espectacular el primer año, pero cada cultivar tiene su vigor: el magenta -casi siempre 'Sanderiana' o similar- crece bastante más deprisa que el blanco o el amarillo, y en dos o tres temporadas se los come. El ejemplar acaba siendo monocolor salvo que se pode con criterio cada año, aclarando deliberadamente el más fuerte para dejar espacio a los otros.

Injertos. La opción más seria y más cara: se injertan yemas de dos o tres cultivares sobre un patrón vigoroso. Aguanta mucho mejor en el tiempo, pero hay que vigilar el rebrote del portainjerto, que sale por debajo del punto de injerto y, si no se elimina, termina dominando la planta igualmente. Cualquier brote que nazca del tronco por debajo de la unión o directamente de la base se corta en cuanto se ve.

Existen, eso sí, cultivares de un solo individuo que dan más de un tono de forma natural, como 'Thai Gold' o 'Tahitian Dawn', donde el cambio de color con la edad de la bráctea produce dorados, rosas y púrpuras conviviendo. Ahí no hay truco: es una sola planta.

Buganvilla blanca en flor

Por qué el color cambia con la edad y con el sol

Una misma buganvilla no tiene un color, tiene un recorrido de color, y eso desconcierta a quien compró la planta por la foto de la etiqueta.

La edad de la bráctea. Al desplegarse, la bráctea es pequeña, tierna y de tono pálido o verdoso, porque aún no ha acumulado pigmento. En los días siguientes la concentración de betalaínas sube y el color alcanza su máximo, que es el momento en que la planta está en su mejor aspecto. Después, según envejece, el pigmento se degrada y el tejido pierde agua: el magenta deriva a rosa apagado o a lila sucio, el rojo a carmín pardo y el amarillo a marfil, hasta que la bráctea se seca y cae. Como en una mata hay brácteas de todas las edades a la vez, el conjunto muestra un degradado permanente. Un ejemplar recién florecido es siempre más intenso que uno que lleva dos meses en flor.

La luz. La síntesis de betalaínas está estimulada por la radiación, y en particular por la luz intensa y la fracción ultravioleta. La misma variedad plantada a pleno sol y a media sombra da colores distintos: al sol, saturado; a la sombra, lavado y pálido, con menos brácteas y más hoja. Es el argumento más sólido para plantarla en el sitio más soleado disponible, junto con el hecho de que en sombra apenas florece.

La temperatura y el momento del año. Las noches frescas del final del verano y del principio del otoño favorecen la acumulación de pigmento, igual que ocurre con las antocianinas en la hoja de otoño de otras plantas. Por eso la floración de septiembre suele verse más intensa que la de pleno agosto, cuando el calor extremo y la insolación directa llegan a decolorar las brácteas más expuestas.

El estado de la planta. Un cierto grado de estrés -sequía moderada, suelo pobre en nitrógeno, raíz algo apretada- concentra los azúcares en el tejido y favorece tanto la floración como la intensidad del color. Una buganvilla sobrealimentada y regada en exceso da hoja grande, verde y poca bráctea, y la que da sale descolorida. El mecanismo del estrés hídrico para forzar la floración está desarrollado en el artículo de la especie.

En resumen

El color de las brácteas de la buganvilla lo producen betalaínas, pigmentos nitrogenados derivados de la tirosina, y no antocianinas: una rareza que comparte con la remolacha, las cactáceas y los amarantos, todos ellos del orden Caryophyllales, donde ambas rutas se excluyen mutuamente. De ahí los magentas y fucsias saturados que no da ninguna otra planta de jardín, la estabilidad del color frente al pH del suelo, y la imposibilidad física de una buganvilla azul. Los cultivares se reparten en magentas y púrpuras -los más rústicos-, rojos de híbridos buttiana, rosas, dorados de betaxantinas, blancos y variegados. Los ejemplares multicolores son casi siempre varias plantas juntas o injertos, y con el tiempo el cultivar más vigoroso desplaza a los demás si no se poda con criterio. Y el tono de cada bráctea cambia a lo largo de su vida y con la insolación, así que una mata al sol y recién abierta será siempre más intensa que la misma planta a media sombra o al final de la floración.


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