Sembrada en febrero bajo cristal, una cobea puede cubrir seis metros de pérgola antes de que acabe septiembre. Esa velocidad la convierte en la solución rápida para tapar una valla fea o dar sombra a una terraza en una sola temporada, y viene además con un detalle poco común: sus flores cambian de color y de olor mientras están abiertas.
La flor que muta
Cobaea scandens es originaria de los bosques de montaña de México y de Centroamérica, y pertenece a las polemoniáceas. Su flor es una campana grande, de 5 a 8 cm, con un cáliz verde y foliáceo muy marcado que la sostiene como una copa dentro de otra. De ahí sus nombres populares: campanas de catedral o copa y platillo.
Lo interesante es lo que ocurre en las 48 o 72 horas que dura abierta:
Primer día. La corola abre de un verde pálido cremoso. Los estambres sobresalen bien fuera de la campana, el estigma todavía no es receptivo y la flor huele mal: un olor rancio, agrio, que recuerda a queso viejo o a fermentado.
Días siguientes. La corola vira a lila y después a violeta o púrpura. El estigma madura y se hace receptivo, y el olor cambia por completo: se vuelve dulce y almizclado, mucho más agradable, perceptible sobre todo al anochecer.
Ese doble cambio no es decorativo: acompaña un relevo de polinizadores. La fase verde y maloliente, con estambres expuestos, corresponde a la fase masculina y se asocia en su área de origen a la visita de murciélagos nectarívoros —a los que atraen los olores fermentados y los colores apagados, visibles al crepúsculo—. La fase violeta y perfumada, ya femenina, atrae en cambio a abejas grandes, abejorros y esfíngidos. El escalonamiento temporal, con la parte masculina activa antes que la femenina, reduce además la autopolinización dentro de la misma flor.
En un jardín español no tendrás murciélagos nectarívoros, pero el cambio de color y de aroma se produce igual, y merece la pena oler una flor recién abierta y otra madura del mismo tallo para comprobarlo. Existe la variedad 'Alba', de flores que van del verde al blanco crema y no llegan al violeta.
La siembra hay que adelantarla
Cultivada como anual, que es lo habitual en la Península, la cobea tiene un problema de calendario: desde la siembra hasta la primera flor pasan de cuatro a cinco meses. Sembrar en mayo significa flores en septiembre y apenas un mes de espectáculo antes del frío. Sembrar en febrero significa flor desde julio hasta las primeras heladas.
El procedimiento:
- Cuándo. De febrero a mediados de marzo, en interior, invernadero o galería luminosa.
- Cómo. La semilla es grande, plana y de cubierta dura. Ponla en remojo 12 horas en agua tibia y siémbrala de canto, no plana, apenas cubierta de sustrato: colocada plana tiende a pudrirse porque retiene agua sobre la cara superior.
- Temperatura. Necesita 18-22 ºC para germinar. Tarda de dos a cuatro semanas y la germinación es irregular; no tires la maceta a las dos semanas.
- Después. Un solo trasplante a maceta de 10-12 cm cuando tenga dos hojas verdaderas, y a partir de ahí luz máxima para que no se ahíle. Pinza la punta al llegar a 20 cm: ramifica y sale una planta más densa.
- Al exterior. Cuando hayan pasado las heladas, entre mediados de abril en el sur y mediados de mayo en el interior, aclimatando una semana. Es sensible al frío tardío.
Marco de plantación de 60 a 80 cm entre plantas si vas a cubrir una superficie larga. Suelo profundo, fértil y con buen drenaje; en maceta, mínimo 30 litros por planta, porque el volumen de raíz que desarrolla es considerable.
El tutorado, desde el primer día
La cobea trepa con zarcillos ramificados que nacen del extremo de la hoja compuesta y terminan en pequeños ganchos. Se agarra a cualquier cosa delgada: alambre, cuerda, malla plástica, red de nylon, ramaje fino. Lo que no puede hacer es sujetarse a una superficie lisa —muro enfoscado, cristal, pared de ladrillo sin junta— porque no tiene ni ventosas ni raíces adventicias.
Dos consecuencias prácticas. La primera, que el soporte debe estar puesto antes de plantar: una vez lanzada crece tan deprisa que reconducirla es un lío de zarcillos rotos. La segunda, que el soporte tiene que aguantar peso; una cobea adulta con seis metros de tallo y todo su follaje pesa bastante, y con viento hace vela. Malla metálica tensada, cables de acero o un enrejado sólido, no una red doméstica de plástico fino.
Durante el verano, reconduce los tallos que se salgan y despunta los que lleguen al final del soporte. Riego regular y abundante mientras crece —transpira mucho—, y abono equilibrado cada dos semanas desde junio, sin pasarse de nitrógeno, que aquí también da hoja a costa de flor.
Perenne donde no hiela
En su origen la cobea es una trepadora leñosa perenne, y lo sigue siendo donde el clima se lo permite. El umbral está en 0 ºC: una helada ligera le quema los brotes y una de -3 o -4 ºC la mata entera.
Eso la deja como planta permanente en el litoral mediterráneo cálido, la costa andaluza, Canarias y Baleares, donde forma un tronco leñoso en la base, vive varios años y florece desde primavera hasta el otoño siguiente. Ahí se poda a final de invierno, dejando una estructura de tres o cuatro ramas madre y acortando el resto, y rebrota con fuerza.
En el resto de España es una anual de manual: se siembra cada año y se retira en noviembre. Una alternativa intermedia, si la tienes en maceta, es invernarla en galería fresca y luminosa por encima de 5 ºC, con riego mínimo, y sacarla en abril; el segundo año arranca mucho antes y florece desde junio.
Escapada de cultivo
Conviene saberlo antes de plantarla en zonas cálidas. En climas suaves y húmedos, Cobaea scandens produce cápsulas con semilla viable y se ha naturalizado fuera de su área: está considerada invasora en Nueva Zelanda, donde trepa sobre la vegetación nativa y la ahoga, y hay poblaciones asilvestradas en Australia, Hawái, Portugal continental, Madeira y puntos del litoral mediterráneo.
En la España peninsular su comportamiento asilvestrado es local y limitado, y no figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras. Aun así, si vives en zona de invierno sin heladas y cerca de espacios naturales, la medida sensata es retirar las cápsulas antes de que maduren y no arrojar restos con semilla al medio. En el interior peninsular la cuestión no se plantea: el invierno se ocupa de ella.
Si buscas otras anuales trepadoras rápidas para el mismo hueco, o alternativas para paredes sin sol, tienes las comparaciones en enredaderas y en las mejores trepadoras para la sombra.
En resumen
La cobea cubre varios metros en una temporada y da campanas que abren verdes y con olor desagradable —fase masculina, de murciélago en su tierra— y pasan a violeta y perfumadas cuando el estigma está receptivo. Siémbrala en febrero, con la semilla de canto y remojada, a 18-22 ºC, y sácala fuera pasadas las heladas. Necesita un soporte firme y colocado de antemano, porque se agarra con zarcillos y hace mucho peso. Vive varios años donde no hiela, y ahí conviene quitarle los frutos para que no se escape del jardín.