En casi todo jardín hay un rincón que no funciona: el lado norte donde el césped se llena de musgo, la esquina que se encharca cada invierno, el talud donde no se sostiene nada o el pasillo por donde el viento entra como por un embudo. Insistir con las mismas plantas que van bien en el resto de la parcela solo consigue repetir el fracaso todos los años.
La salida no es forzar la zona a parecerse al resto del jardín, sino aceptar sus condiciones y elegir en consecuencia. Casi siempre hay una paleta de especies que prospera justo ahí, y casi siempre el resultado es más interesante que el parterre convencional que no salía.
Algunos tipos de bambúes y la hiedra funcionan muy bien en las zonas de sombra del jardín. Abajo, rododendros al pie de un árbol, y presencia de musgo en el césped.
Zonas en pendiente
Una pendiente da posibilidades que un jardín llano no tiene (vistas escalonadas, muros con plantación colgante, agua en cascada), pero exige planificarla antes de mover una piedra. Improvisar en cuesta sale caro, porque los errores se corrigen con maquinaria.
Las tres soluciones básicas son aterrazar en bancales llanos a distintas alturas, formar un talud plantado que sujete el terreno, o combinar ambas con muretes de contención. Un aviso importante: un muro de contención de cierta altura es una obra estructural, no decoración. Tiene que estar calculado, drenado por detrás y, según la altura y el municipio, puede requerir proyecto técnico y licencia. Un muro mal drenado acaba empujado por la presión del agua.
Mientras la plantación no cubre, el suelo desnudo en pendiente se erosiona con la primera tormenta. Un acolchado grueso, una malla o manta orgánica biodegradable y plantación densa de tapizantes resuelven ese periodo. Si el terreno es pedregoso y soleado, una rocalla es el planteamiento natural: tienes el detalle en Construir una rocalla y las especies para sujetar tierra en Cómo afianzar un talud con plantas.
Zonas con poca luz
Antes de elegir plantas conviene distinguir dos sombras que se comportan de forma muy distinta.
La sombra fresca y húmeda, la del lado norte de un muro, es la fácil. Ahí van bien helechos, Fatsia japonica, aucuba, bergenias, Brunnera, hostas (con la advertencia de que son el plato favorito de babosas y caracoles) y las acidófilas si el suelo acompaña.
La sombra seca bajo la copa de un árbol grande es la difícil, porque además de faltar luz hay una raíz establecida que se lleva el agua y los nutrientes. Ahí funcionan Acanthus mollis, Iris foetidissima, Ruscus aculeatus, Vinca, Liriope muscari, Ophiopogon, hiedra y bulbosas de floración temprana, que hacen su ciclo antes de que el árbol foliar del todo.
Una precisión sobre las acidófilas: rododendros, azaleas, camelias y pieris son las plantas de sombra por excelencia, pero necesitan suelo ácido. En buena parte del este y el sur peninsular, con suelos calizos y agua de riego dura, acaban con clorosis férrica crónica, esas hojas amarillas con los nervios verdes. Si ese es tu caso, o las cultivas en maceta con sustrato específico y agua de lluvia, o eliges otra cosa. Insistir con ellas en suelo calizo es tirar dinero cada temporada.
Para iluminar visualmente esos rincones funcionan los follajes variegados, plateados o dorados: Elaeagnus pungens 'Maculata', Elaeagnus × ebbingei, las hiedras jaspeadas y las variedades matizadas del acebo (Ilex aquifolium). Una capa de grava clara en el suelo también levanta mucho la luminosidad de la zona.
El musgo en el césped
El musgo no es la enfermedad, es el síntoma. Aparece donde hay sombra, suelo compactado, drenaje deficiente, siega demasiado baja o exceso de humedad, y el césped no compite. Aplicar un antimusgo sin corregir la causa consigue que vuelva la temporada siguiente.
Si la zona recibe menos de tres o cuatro horas de sol al día, lo razonable no es empeñarse en el césped sino cambiar de solución: tapizantes de sombra, un parterre de helechos y hostas, un pavimento, una zona de grava o una tarima. El césped bajo un árbol grande es una batalla perdida en la que se pierden años.
Suelo encharcado
Primero hay que averiguar por qué se encharca. Puede ser una fuga en el riego, una capa compactada bajo la superficie que impide la infiltración, un suelo arcilloso denso o simplemente que ese punto es el más bajo de la parcela y ahí llega toda el agua. Cada causa tiene su arreglo, y no todas se resuelven plantando.
Si hay solución técnica (romper la capa compactada, un dren, mejorar la estructura del suelo con materia orgánica, redirigir la escorrentía), esa es la vía. Hay más detalle en Problemas de drenaje en el jardín.
Si el encharcamiento es estructural y no se puede eliminar, se planta lo que lo tolera. Aquí hay que corregir un error que circula mucho: el cedro del Atlas (Cedrus atlantica) no aguanta encharcamiento, necesita suelo bien drenado y muere por asfixia radicular en terreno saturado. Tampoco es planta para eso el tulipero (Liriodendron tulipifera), que quiere suelo fresco y profundo pero drenado, y que además es un árbol de gran porte.
Lo que sí funciona en suelo húmedo o encharcado: sauces (Salix alba, Salix babylonica), chopos y álamos (Populus alba, Populus nigra 'Italica'), aliso (Alnus glutinosa), fresno de hoja estrecha (Fraxinus angustifolia) y, para un efecto muy vistoso, el ciprés calvo (Taxodium distichum), que tolera el suelo saturado mejor que casi ningún otro árbol. En porte menor, cornejos (Cornus alba, Cornus sanguinea), Viburnum opulus, carrizos y juncos ornamentales.
Dos cautelas con sauces y chopos: crecen mucho y rápido, y sus raíces buscan agua activamente, así que se plantan lejos de tuberías, alcantarillado, piscinas, pozos y cimentaciones. No son árboles de jardín pequeño.
La menta (Mentha) aguanta bien la humedad, pero se extiende por estolones y coloniza el parterre entero. Si la plantas, hazlo dentro de una maceta enterrada.
Zonas de mucho viento
Un cortavientos no debe ser una pared maciza. Un muro cerrado genera turbulencias al otro lado y puede empeorar el problema; una barrera permeable, que deja pasar en torno a la mitad del aire, frena la velocidad de forma progresiva y protege una franja a sotavento de hasta unas diez veces su altura. Por eso un seto vegetal o una celosía funcionan mejor que una valla ciega.
Especies que aguantan viento y sirven de pantalla:
- Cupressus arizonica, muy resistente a sequía, frío y suelos calizos, y menos problemática que otras cupresáceas.
- Cupressus × leylandii, de crecimiento muy rápido, pero conviene saber en qué te metes: exige poda frecuente para que no se desmadre, no rebrota de la madera vieja (una poda severa deja un hueco permanente) y en España es sensible a chancros que secan ramas enteras.
- Pittosporum tobira y Elaeagnus × ebbingei, ambos muy resistentes al viento y a la salinidad, buenos para jardines de costa.
- Tamarix (el taray o taraje, no "tamarindo"), excelente en primera línea de costa y en suelos salinos.
- Phormium, de hojas rígidas en abanico, aguanta viento y ambiente marino, y funciona plantado en grupos aislados.
Sobre la adelfa (Nerium oleander), que es la solución clásica para setos expuestos y suelos difíciles: aguanta muchísimo y florece todo el verano, pero toda la planta es tóxica por ingestión, hojas, tallos, flores y semillas incluidos, y su savia irrita la piel. No se queman los restos de poda, porque el humo también es irritante. Si hay niños pequeños o animales con acceso a la zona, conviene descartarla y elegir otra cosa.
Con los bambúes hay que distinguir. Los del género Phyllostachys son de rizoma trazante: se extienden bajo tierra a distancias considerables y aparecen en el parterre del vecino o entre las juntas del pavimento. Si los plantas, va con barrera antirrizoma enterrada y bien rematada, o en contenedor. Los bambúes de mata cespitosa se comportan mucho mejor en jardín pequeño.
Y una especie que no se debe plantar pese a ser habitual en zonas ventosas y costeras: el plumero de la pampa (Cortaderia selloana) figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013. Su inclusión implica la prohibición genérica de poseerla, transportarla, comerciar con ella e introducirla en el medio natural. Se dispersa por semilla a gran distancia y ha colonizado buena parte de la cornisa cantábrica.
Para una terraza expuesta, una celosía con una trepadora resistente resuelve bien. Trachelospermum jasminoides, el jazmín estrella, tiene follaje perenne y denso, floración muy fragante en primavera y verano, no es exigente con el suelo y aguanta frío moderado.
En resumen
Las zonas difíciles se resuelven identificando bien la causa antes de comprar plantas: si es sombra, saber si es húmeda o seca; si es encharcamiento, si tiene arreglo técnico o no; si es viento, entender que la barrera debe filtrar el aire y no bloquearlo. Con la causa clara, la lista de especies que funcionan se acorta y deja de haber sorpresas.
Y hay decisiones que conviene tomar con la información delante: la adelfa es tóxica en todas sus partes, los Phyllostachys se escapan por rizoma, los sauces y chopos buscan tuberías, las acidófilas no prosperan en suelo calizo y el plumero de la pampa está catalogado como especie exótica invasora y no puede plantarse. Elegir bien la primera vez ahorra el disgusto de tener que arrancarlo todo tres años después.