Una planta florece para producir semilla. En cuanto lo consigue, deja de gastar energía en abrir flores nuevas y la dedica a llenar los frutos. Ese es el mecanismo que hay detrás del truco más eficaz de todos: quitar las flores marchitas antes de que cuajen semilla obliga a la planta a intentarlo otra vez.
El resto de las medidas que alargan la floración son las que evitan que la planta entre en estrés: luz suficiente, agua regular, raíz sin asfixiar y nada de sobresaltos de abonado. Una planta estresada acorta el ciclo y va directa a la semilla, que es justo lo contrario de lo que buscas.
La floración de las plantas de flor se puede incentivar para que resulte más copiosa y duradera. Eliminar las flores marchitas ayuda. También, pinzar algunas especies de crisantemos (Dendranthema).
Quitar las flores marchitas
Es lo que más rendimiento da por minuto invertido. Se corta la flor pasada junto con el pedúnculo, hasta el primer par de hojas o el primer brote lateral que veas por debajo, no solo los pétalos. Si dejas el pedúnculo desnudo, se seca y afea la mata; si dejas el ovario, la planta sigue con lo suyo.
Con qué frecuencia: en petunias, geranios, gitanillas, tagetes, cosmos, dalias, margaritas y osteospermum, una pasada cada pocos días en plena temporada mantiene la floración desde primavera hasta las primeras heladas.
Hay excepciones que conviene conocer. Muchas variedades modernas de petunia colgante y las calibrachoas son autolimpiantes: sueltan la flor pasada solas y no necesitan que las repases. Y en algunas plantas la fructificación es precisamente lo que quieres conservar: los escaramujos de los rosales silvestres y de arbustiva, las cabezuelas secas de equináceas y gramíneas ornamentales, los frutos de Callicarpa. Ahí no se quita nada, porque ese es el interés otoñal e invernal de la planta y además alimenta a los pájaros.
Pinzar para tener más flores
Pinzar es cortar la punta del brote principal, lo que rompe la dominancia apical y hace que la planta emita brotes laterales. Más brotes, más puntos de floración y una mata compacta en lugar de larguirucha.
Se hace cuando la planta es joven y está creciendo, no cuando ya está en flor. Funciona bien en crisantemos, cosmos, salvias, petunias, coleos y muchas anuales de verano. Retrasa un poco la primera floración a cambio de que sea mucho más abundante y de que la mata no se abra por el centro.
Desyemar para tener flores más grandes
Es la operación contraria. Si lo que quieres son flores de exposición, se dejan solo los botones centrales y se eliminan los laterales en cuanto aparecen, de modo que toda la energía vaya a uno. Es lo que se hace en dalias y crisantemos de flor grande. Tendrás menos flores, y bastante mayores.
No se puede pinzar y desyemar la misma planta esperando los dos resultados: hay que elegir entre cantidad y tamaño.
Recortar a mitad de verano
A finales de julio muchas anuales de temporada se han quedado desgarbadas, con los tallos largos y la flor solo en las puntas. Un recorte general de un tercio, seguido de riego y un abonado suave, provoca una segunda oleada de floración que llega hasta octubre. Funciona muy bien en petunias, lobelias, alisos, verbenas y salvias anuales.
Cuesta hacerlo, porque implica cortar una planta que todavía tiene alguna flor, pero el resultado a las tres semanas no se parece en nada a dejarla agotarse.
Luz: la causa más frecuente de floración pobre
Si una planta de sol crece alta, con entrenudos largos, mucha hoja y pocas flores, lo que le falta casi siempre es luz. La solución no es abonarla más (eso empeora el problema), sino moverla.
En clima mediterráneo hay un matiz importante: "pleno sol" en un balcón de Sevilla en agosto no es lo mismo que en uno de Bilbao. Especies que en el norte agradecen todo el sol posible, en el sur agradecen sombra en las horas centrales del verano, y florecen mejor así que asándose. Gazanias y osteospermum, además, cierran sus flores en sombra y con cielo cubierto, lo que a veces se confunde con falta de floración.
Abono: menos nitrógeno, no más fósforo
Aquí hay una idea muy extendida que conviene matizar. Los abonos llamados de floración se venden por su alto contenido en fósforo, pero en la mayoría de los suelos y sustratos de jardín el fósforo no es el factor limitante, y añadir más no produce más flores. Lo que sí tiene efecto demostrable es no pasarse con el nitrógeno: el exceso empuja crecimiento vegetativo, hoja grande y tierna, tallos blandos y floración escasa, además de atraer pulgón.
En maceta el planteamiento es distinto que en suelo. El sustrato tiene una reserva limitada y el riego frecuente del verano lava los nutrientes por el drenaje, así que las plantas de flor en tiesto sí necesitan abonado regular durante la temporada de crecimiento, en dosis moderadas y siguiendo las indicaciones del producto. En pleno suelo, con un aporte de compost y un abonado de fondo, la mayoría de las anuales y vivaces van sobradas.
Lo que nunca conviene es abonar una planta que está estresada por calor o por sequía. Primero se corrige el agua, después se abona.
Riego: constante, sin encharcar
El estrés hídrico repetido acorta la floración: la planta cierra el ciclo y produce semilla. Pero el encharcamiento la mata más rápido todavía. En verano, riego a fondo y con regularidad, mejor de madrugada.
Sobre mojar las flores: la razón para evitarlo no es que las gotas hagan de lupa y quemen los pétalos, que es una idea sin respaldo. La razón real es que las flores dobles y densas (geranios, dalias, rosas, petunias) retienen agua entre los pétalos, y esa humedad favorece la botritis, que las pudre en un par de días. Riega al pie, dirigiendo el agua al suelo.
Un acolchado de corteza o grava en la base de los macizos y macetones mantiene la humedad mucho más estable, y esa estabilidad es justo lo que alarga la floración.
Tutorar antes de que haga falta
Las plantas de tallo alto y flor pesada (dalias grandes, gladiolos, azucenas, girasoles, peonías) se doblan o se parten con una tormenta de verano o con el propio peso tras un riego. El tutor se coloca cuando la planta empieza a crecer, no cuando ya está caída: después es tarde y además se atraviesan las raíces al clavarlo.
Se ata con rafia, cuerda de jardín o goma, en ocho y sin apretar, para que el tallo pueda engrosar.
Dividir las vivaces
Una mata de vivaz que lleva años en el mismo sitio se agota por el centro y florece cada vez peor. Cada dos a cuatro años se levanta con cepellón, se divide en porciones con yemas y raíz, se descarta la parte central envejecida y se replantan las porciones exteriores. La mata rejuvenecida vuelve a florecer con fuerza.
En clima mediterráneo el otoño es mejor momento que la primavera para dividir la mayoría de las vivaces: la planta arraiga con las lluvias y las temperaturas suaves y llega al verano establecida.
Vigilar las plagas que se comen la flor
Los trips deforman y decoloran los pétalos, el pulgón deforma los botones, la botritis los pudre en tiempo húmedo y la oruga de Cacyreus marshalli vacía los tallos de geranios y gitanillas empezando por el botón floral.
La detección temprana, revisando el envés de las hojas y los botones al regar, resuelve la mayoría. Y en plantas en flor hay una regla que no depende del producto: no se pulveriza sobre flor abierta ni en horas de vuelo de los polinizadores.
En resumen
Quitar las flores marchitas antes de que formen semilla, pinzar cuando la planta es joven y dar un recorte general a mitad de verano son las tres intervenciones que más alargan la floración, y las tres son gratis. La cuarta es tener la planta donde le corresponde de luz.
En cuanto a los cuidados, lo que sostiene una floración larga es la regularidad: riego a fondo sin encharcar, abonado moderado en maceta y sin excesos de nitrógeno, acolchado para que la humedad no oscile y revisión frecuente de botones y envés. Las plantas florecen mucho tiempo cuando nada les da un susto.