Un riego automático bien planteado ahorra agua por dos motivos concretos: pone el agua en el suelo, junto a la raíz, en vez de mojar hojas, caminos y aire, y la aplica siempre en la misma cantidad, sin el exceso que se comete a manguera. Un riego automático mal planteado gasta más que regar a mano, porque nadie lo mira durante meses y sigue funcionando en noviembre con el programa de julio.
La diferencia entre uno y otro no está en la marca de los componentes ni en el precio de la instalación. Está en tres decisiones: agrupar las plantas por necesidades de agua, elegir el emisor adecuado para cada grupo y reprogramar el reloj cuando cambia la estación. El montaje físico, que es lo que asusta, es la parte fácil.
Agrupar por necesidades: los sectores
Es la decisión que más agua ahorra y la que más se salta. Un césped, un macizo de arbustos mediterráneos y unas macetas en la terraza no necesitan ni la misma cantidad de agua ni la misma frecuencia. Si comparten sector, uno de los tres siempre estará mal regado, y normalmente el que manda es el que más pide.
Cada grupo de plantas con necesidades parecidas debe ser un sector de riego independiente, con su propia electroválvula y su propio programa. Hay además una razón hidráulica: cada tipo de emisor trabaja a una presión y un caudal distintos, y goteros y aspersores no pueden compartir la misma línea. Mezclarlos garantiza que unos no den suficiente presión y otros la den de sobra.
La forma sensata de organizarlo es por hidrozonas: césped aparte, arbolado y arbustos aparte (que además son los que menos riego necesitan una vez implantados), flor de temporada aparte, huerto aparte y macetas aparte. En un jardín de tamaño medio, cuatro o cinco sectores.
Qué emisor va en cada sitio
Goteo. El sistema localizado por excelencia y el más eficiente. Deposita el agua gota a gota en un punto, formando en el suelo un bulbo húmedo alrededor del emisor. Al no mojar el follaje evita enfermedades foliares, y al no mojar el suelo entre plantas reduce muchísimo la germinación de malas hierbas. Es lo indicado para arbustos, árboles, setos, macizos, huerto y macetas.
Hay dos formatos: goteros pinchados uno a uno en la tubería, que permiten colocar el emisor exactamente donde está cada planta, y tubería con goteo integrado, con emisores ya insertados a intervalos regulares (habitualmente cada 30 o 33 centímetros), muy cómoda para hileras y para el huerto. Los caudales comerciales típicos por gotero son de 2, 4 u 8 litros por hora.
Dos detalles que marcan la diferencia. Los goteros autocompensantes entregan el mismo caudal aunque varíe la presión, lo que es imprescindible en terrenos con desnivel y en líneas largas: sin ellos, los primeros goteros dan mucho más que los últimos. Y los antidrenantes evitan que la línea se vacíe por gravedad al cerrar, cosa que en una terraza con pendiente encharca la maceta más baja.
Microaspersión. Emite el agua en una fina lluvia sobre un área, a presión baja compatible con la de una vivienda. Da más caudal que el goteo y cubre superficie, así que va bien en macizos densos de vivaces y tapizantes, donde poner un gotero por planta sería absurdo. Sus emisores son más grandes y se obturan menos, pero mojan el follaje, lo que en plantas sensibles a hongos es un inconveniente.
Cintas de exudación. Tuberías porosas que rezuman agua por toda su superficie y crean una franja húmeda continua. Su terreno es el cultivo en línea del huerto. Trabajan a presión muy baja, así que exigen regulador, y son las más sensibles a la obturación por cal y algas.
Aspersión. Solo para césped, con aspersores emergentes o difusores. Es el sistema menos eficiente porque moja todo el aire y toda la superficie, con pérdidas por evaporación y por viento, pero es el único que riega una pradera de forma uniforme. El reparto se calcula por solape, de modo que el chorro de cada aspersor alcance al siguiente.
Los componentes de la instalación
- Programador. El cerebro. Los hay de grifo, a pilas, para instalaciones pequeñas, y de pared con varias estaciones. Lo importante no es el número de funciones sino que puedas ajustar con facilidad el tiempo por sector y los días de riego, porque lo vas a cambiar varias veces al año.
- Electroválvula. Abre y cierra el paso de cada sector cuando el programador se lo ordena. Una por sector.
- Filtro de malla o de anillas. No es opcional. Retiene las partículas que obturan los emisores, y en goteo la obturación es la avería número uno. Se limpia periódicamente.
- Regulador de presión. La presión de la red doméstica es demasiado alta para el goteo y para las cintas. Sin regulador, los emisores se salen de su rango de trabajo y las conexiones acaban reventando.
- Válvula antirretorno. Impide que el agua de la instalación de riego pueda volver a la red de agua potable. Muchas ordenanzas municipales la exigen, y en cualquier caso es lo razonable.
- Tubería y accesorios. Portagoteros de 16 milímetros para las líneas de emisores, tubería de mayor diámetro para las conducciones principales. Los enlaces son a presión y no requieren herramienta especial.
- Sensor de lluvia o de humedad. Suspende el riego cuando ha llovido o cuando el suelo aún está húmedo. Es el accesorio con mejor relación entre lo que cuesta y lo que ahorra.
Cómo se programa, que es donde se gana o se pierde
Hora. Lo mejor es regar al final de la noche o a primera hora de la mañana, terminando alrededor del amanecer. La evaporación es mínima, el viento suele estar en calma, la presión de la red es buena y el follaje que se haya mojado se seca con el sol de la mañana. Regar al mediodía en verano es tirar buena parte del agua a la atmósfera, y regar al anochecer con aspersión deja el césped mojado toda la noche, que es la condición ideal para los hongos.
Frecuencia y duración. Mejor pocos riegos largos que muchos cortos. Un riego breve solo moja los primeros centímetros del suelo, y las raíces se quedan arriba, donde están más expuestas al calor y a la sequía. Un riego largo y espaciado empuja el agua en profundidad y obliga a la raíz a bajar. La excepción son los suelos arenosos, que no retienen, y las macetas, con un volumen tan pequeño que necesitan más frecuencia.
Reprogramar con la estación. Es la clave de todo. La demanda de agua de un jardín en el clima peninsular varía enormemente entre marzo y julio, y otra vez entre julio y octubre. Como mínimo hay que ajustar el programa cuatro veces al año, y en pleno verano conviene revisarlo cada pocas semanas. Muchos programadores tienen un ajuste estacional en porcentaje que permite subir o bajar todos los tiempos de golpe, y es la forma más cómoda de hacerlo. En invierno, con la mayoría de plantas paradas y con lluvias, lo normal es apagarlo directamente.
Comprobar el resultado. Programa un riego y, un par de horas después, excava con una paleta junto a una planta para ver hasta dónde ha llegado el agua. Es la única forma de saber si el tiempo que has puesto es el correcto. En césped, la prueba equivalente es colocar unos vasos repartidos por la zona y comparar cuánta agua recoge cada uno: si las diferencias son grandes, el problema es de reparto, no de tiempo.
Mantenimiento
Un sistema de riego es una instalación, y como tal necesita repasos. Cada mes durante la temporada, haz correr manualmente cada sector y camina la instalación mirando: goteros que no gotean, otros que chorrean por haberse salido, charcos que delatan una fuga enterrada, aspersores que no emergen o que riegan la pared. Limpia el filtro con regularidad, y más a menudo si el agua es dura o viene de un depósito.
Al final de la temporada, abre los finales de línea y deja correr el agua unos segundos para arrastrar los sedimentos acumulados. Y antes del invierno, en zonas donde hiela, vacía las tuberías y el programador de grifo, retira las pilas y protege lo que esté a la intemperie: el hielo dentro de un tubo lo revienta.
Si vas a instalar goteo en una terraza, el montaje paso a paso está en instalar riego por goteo en la terraza, y para calcular el reparto de una instalación de aspersión, en cómo calcular el riego por aspersión.
En resumen
Empieza por agrupar las plantas en sectores según lo que beben, no según dónde están, y pon un tipo de emisor por sector: goteo para árboles, arbustos, huerto y macetas, microaspersión para macizos densos, cintas de exudación para cultivos en línea y aspersión solo para césped. Filtro, regulador de presión y válvula antirretorno no son extras: sin ellos la instalación se obtura, revienta o incumple.
El ahorro real llega con la programación, no con el equipo. Riega antes del amanecer, con riegos largos y espaciados que mojen en profundidad, ajusta los tiempos cada vez que cambia la estación y apágalo cuando llueve, con sensor si puedes. Y comprueba de vez en cuando, cavando un poco junto a una planta, que el agua está llegando donde crees que llega.