Guardar semillas de tus propias plantas es fácil, sale gratis y permite conservar variedades locales que no se encuentran en ningún sitio. Pero tiene dos condiciones que deciden todo el resultado: recogerlas en el punto exacto de madurez y secarlas bien antes de guardarlas. Una semilla recogida verde no germinará nunca, y una guardada con humedad se enmohece o pierde viabilidad en pocos meses.

Antes de empezar conviene saber de qué planta merece la pena recoger. Las variedades híbridas F1, que es lo que indica la etiqueta de la mayoría de las semillas de hortícolas del comercio, no reproducen fielmente a la planta madre: la descendencia se segrega y sale de todo. Lo mismo ocurre con los cultivares ornamentales seleccionados, que se multiplican por esqueje o injerto precisamente porque por semilla no salen iguales. Lo que sí funciona son las variedades tradicionales y las especies de flor de temporada de siembra directa, que reproducen bien sus características.

Cabezas de semillas de eneldo listas para ser recolectadas.

Cuándo se recoge

La madurez de la semilla no coincide con el momento en que la planta está bonita ni, en muchos casos, con el momento de recolección para comer. La referencia general es que la semilla está lista cuando el órgano que la contiene ha cambiado de color y empieza a secarse, y cuando se desprende con facilidad.

  • Cápsulas, silicuas y vainas. Se recogen cuando pasan de verde a pardo y suenan al agitarlas, pero antes de que se abran solas. En especies que dispersan rápido (amapolas, aguileñas, muchas leguminosas) conviene atar una bolsa de papel o de tul sobre la inflorescencia unos días antes, para no perder la cosecha.
  • Capítulos y umbelas. En compuestas y umbelíferas (caléndula, girasol, eneldo, hinojo, cilantro) se corta la cabeza entera cuando está seca y se termina de secar bajo techo, sobre un papel, sacudiéndola de vez en cuando.
  • Frutos carnosos. Tomate, pimiento, calabaza, berenjena, melón: la semilla madura cuando el fruto está sobremaduro, más allá del punto de consumo. Un pimiento verde de ensalada no tiene semilla viable; hay que dejarlo enrojecer y arrugar en la planta.
  • Frutos secos y bellotas. Se recogen del suelo recién caídos, y aquí hay una excepción importante que se explica más abajo.

Elige siempre las plantas mejores, no las que sobran: la más sana, la más productiva, la que ha aguantado mejor el calor. Y no guardes semilla de plantas enfermas, porque bastantes patógenos se transmiten por semilla.

Cuidado con los cruces

Este es el punto que arruina más colecciones caseras. Hay especies autógamas, que se fecundan a sí mismas antes de abrir la flor, y en ellas la semilla sale prácticamente idéntica aunque tengas varias variedades juntas: tomate, pimiento, judía, guisante y lechuga son las fáciles, y son por donde conviene empezar.

Y hay especies alógamas, que se cruzan con cualquier otra variedad de su especie que haya cerca gracias a los insectos o al viento. Las cucurbitáceas son el ejemplo más ruidoso: si guardas semilla de un calabacín que ha convivido con calabazas, al año siguiente te salen frutos imposibles. Lo mismo pasa con coles, acelgas, remolachas, cebollas, puerros y maíz. Para conservarlas fielmente hay que aislar variedades por distancia o por barreras físicas, lo que en un huerto pequeño obliga a cultivar solo una variedad de cada especie por temporada.

Limpieza: seca y húmeda

La limpieza en seco vale para todo lo que viene en vaina, cápsula o cabezuela. Se desgrana el material sobre una bandeja, se retira la paja gruesa con la mano y se separa el resto aventando: se echa poco a poco de un recipiente a otro delante de un ventilador suave o al aire libre en un día de brisa, y la semilla, más pesada, cae mientras la broza vuela. Con un par de pasadas queda limpio.

La limpieza húmeda es para frutos carnosos. En melón, calabaza, pepino o berenjena basta con extraer las semillas, aclararlas bajo el grifo frotando la pulpa y escurrirlas.

El tomate es un caso aparte y merece hacerlo bien. Sus semillas van envueltas en un gel que contiene inhibidores de la germinación. Se extrae la pulpa con las semillas a un vaso, se añade un poco de agua y se deja fermentar dos o tres días a temperatura ambiente, removiendo a diario. Aparecerá una capa de moho en la superficie: es lo esperado. La fermentación disuelve el gel y reduce la carga de algunos patógenos que se transmiten por semilla. Después se llena el vaso de agua, se remueve y se tira lo que flota, que son la pulpa y las semillas vanas; las buenas se van al fondo. Se aclara y se pone a secar.

Secado y conservación

Se seca a la sombra, a temperatura ambiente, con aire en movimiento, extendido en capa fina sobre un plato, una bandeja o una malla. Nunca al sol directo, en el horno ni sobre un radiador: el calor mata el embrión. Tampoco sobre papel de cocina, porque las semillas pequeñas se pegan y se rompen al despegarlas. Una semilla está seca cuando se parte en vez de doblarse y cuando una judía o un guisante no se dejan marcar con la uña.

Una vez seca, se guarda en recipiente hermético o en sobre de papel dentro de una lata o un tarro, en un sitio fresco, oscuro y seco, con temperatura estable. La regla práctica que usan los bancos de semillas es que la suma de la temperatura en grados centígrados y la humedad relativa en tanto por ciento se mantenga por debajo de cien. Eso descarta el sitio donde casi todo el mundo las guarda, que es un cajón de la cocina o el garaje. La parte baja de la nevera, en tarro bien cerrado y con un pequeño sobre de gel de sílice, es una solución doméstica excelente.

Etiqueta siempre: especie, variedad, año de recolección y, si viene al caso, de dónde salió. Sin fecha, en dos años no sabrás qué tienes.

La longevidad varía mucho según la especie. Cebolla, puerro, chirivía y en general las umbelíferas duran poco, uno o dos años en buenas condiciones. Tomate, pimiento, pepino, melón y calabaza aguantan muchos años. Ante la duda, haz una prueba de germinación antes de sembrar: diez semillas entre dos papeles de cocina húmedos, dentro de una bolsa cerrada y en sitio templado; si germinan siete, siembras algo más espeso, y si germinan dos, tiras el lote.

Semillas que no se guardan secas y semillas que necesitan un trato previo

Hay un grupo de semillas, llamadas recalcitrantes, que no toleran perder humedad y mueren si se secan. Es el caso de las bellotas de encina, roble y alcornoque, las castañas y las nueces. No se guardan en un sobre en un armario, como suele decirse: o se siembran en cuanto caen, en otoño, o se conservan en frío y en medio húmedo (arena o turba ligeramente humedecidas, en la nevera) durante unas semanas, y se siembran en cuanto empiecen a emitir la radícula.

Otras semillas están vivas pero dormidas y necesitan una señal ambiental para arrancar:

  • Estratificación en frío y húmedo. Muchas especies leñosas de clima templado (rosáceas silvestres, arces, fresnos, tejo, muchos frutales de hueso) exigen pasar semanas de frío húmedo para romper la latencia. Se reproduce mezclándolas con arena o turba húmeda en una bolsa o recipiente y guardándolas en la parte baja de la nevera durante uno a tres meses según la especie. En zonas de invierno frío se consigue lo mismo dejando el semillero a la intemperie desde el otoño.
  • Escarificación. Semillas con cubierta dura e impermeable, típicas de leguminosas (retamas, acacias, altramuces) y de jaras. Se lija ligeramente la cubierta, se raspa con papel de lija o se sumerge en agua muy caliente dejándola enfriar. Una vez escarificadas no se conservan bien, así que se siembran enseguida.

Lo que no se puede recoger ni intercambiar

Dos límites legales que conviene conocer. El primero: la recolección de material vegetal silvestre no es libre. La Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad y el Real Decreto 139/2011, que regula el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial y el Catálogo Español de Especies Amenazadas, protegen a determinadas especies, y los espacios naturales protegidos tienen además sus propias normas. En muchas comunidades autónomas la recogida de semillas o plantas en el monte requiere autorización.

El segundo: no propagues especies invasoras. El Real Decreto 630/2013 regula el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras y prohíbe la posesión, el transporte, el tráfico y el comercio de las especies incluidas en él, entre las que figuran el plumero de la Pampa (Cortaderia selloana) y el ailanto (Ailanthus altissima), dos plantas cuyas semillas circulan con facilidad en intercambios de aficionados por lo vistosas o lo fáciles que resultan. Antes de guardar semilla de una planta ornamental que se resiembra sola con entusiasmo, merece la pena comprobar si está catalogada.

En resumen

Recoge de plantas sanas y bien elegidas, en el punto en que la vaina o el fruto ya han cambiado de color, y empieza por las especies autógamas (tomate, pimiento, judía, guisante, lechuga), que no se cruzan y dan una descendencia fiel. Limpia en seco aventando o en húmedo lavando la pulpa, con la fermentación de dos o tres días en el caso del tomate, y seca siempre a la sombra y a temperatura ambiente.

Guarda en hermético, en sitio fresco, seco y oscuro, con etiqueta y año, y comprueba la viabilidad con una prueba de germinación cuando el lote tenga tiempo. Recuerda las excepciones: las bellotas y castañas no se secan, muchas semillas de leñosas necesitan frío húmedo o escarificación previa, y hay especies que la ley protege y otras que la ley prohíbe propagar. Y si quieres poner a los niños en esto, la parte de sembrar lo recogido está en jardinería con niños: sembrar en semilleros.


Contenidos relacionados