La pregunta que trae casi todo el mundo tiene una respuesta que depende de un solo dato: si el rosal florece sobre madera del año anterior o sobre los brotes del año en curso. Los rosales modernos y reflorecientes (híbridos de té, floribunda, polyantha, miniatura, trepadores modernos) florecen en madera nueva y se podan a final del invierno, cuando las yemas empiezan a hincharse. Los rosales botánicos y antiguos de una sola floración forman las yemas de flor el verano anterior, florecen en madera vieja, y podarlos en invierno equivale a cortar la floración de primavera: se podan después de florecer.
El segundo dato que cambia el manual respecto a lo que dicen los libros ingleses es el clima. En la mayor parte de la Península los inviernos no son tan fríos, los veranos son largos y con mucha radiación, y los rosales sufren una parada estival en lugar de una parada invernal profunda. Eso adelanta el momento de la poda y añade una intervención de verano que en climas fríos no tiene sentido.
Rosales híbridos de té recién podados: se dejan las ramás más nuevas y fuertes. Foto: Malcolm Manners
El momento en España
La señal es la planta, no el calendario: se poda cuando las yemas se hinchan y empiezan a apuntar, antes de que broten. Si se poda demasiado pronto, en pleno invierno, una brotación anticipada puede quemarse en la siguiente helada.
- Litoral mediterráneo, Andalucía occidental y Canarias: de mediados de enero a mediados de febrero.
- Interior peninsular y mesetas: de mediados de febrero a mediados de marzo, cuando ya no se esperan heladas fuertes.
- Norte atlántico y zonas de montaña: marzo.
Lo que se hace en cualquier rosal
La poda de mantenimiento se aplica a todos los tipos y consiste en retirar lo que no aporta nada y sí genera problemas:
- Ramas secas, enfermas, dañadas o con la médula oscura al cortar.
- Ramas débiles, más finas que un lápiz, que no van a sostener flor.
- Ramas cruzadas o que rozan entre sí, porque la herida por roce es puerta de entrada de hongos.
- Vegetación del centro del arbusto, para dejar una estructura abierta en copa. La ventilación interior es la mejor prevención frente a oídio, mancha negra (Diplocarpon rosae) y roya, que son los tres problemas habituales del rosal en España.
- Chupones del patrón en rosales injertados: brotes que salen por debajo del punto de injerto, con hoja distinta y más foliolos. No se cortan, se arrancan de un tirón desde su base, porque cortarlos estimula que salgan más.
El corte se hace en bisel, unos cinco milímetros por encima de una yema orientada hacia el exterior, inclinando la hoja en sentido contrario a la yema para que el agua escurra. Tijera de bypass, bien afilada, y desinfectada entre plantas si has cortado madera enferma.
Vigor: cuánto cortar
Aquí está el criterio que más resultados cambia. La poda intensa estimula crecimientos vigorosos con poca flor; la ausencia de poda envejece la planta, que se enmaraña y da flores pequeñas.
De ahí se deduce la regla práctica: a un rosal vigoroso, poda larga, dejando más vegetación, para inducirlo a florecer en lugar de a crecer. A un rosal debilitado o envejecido, poda corta, eliminando más vegetación y despejando el centro para provocar renuevos desde la base. Esta segunda operación tiene riesgo: un ejemplar muy agotado puede no reponerse, así que en un rosal viejo y descuidado es más seguro renovar la estructura a lo largo de dos o tres temporadas, retirando cada año uno o dos brazos viejos, que hacerlo todo de golpe.
Rosales modernos arbustivos
Híbridos de té. Son los de flor grande y solitaria sobre tallo largo, de porte poco compacto. Al final del invierno se eliminan los tallos envejecidos, los débiles y los mal orientados, y se dejan de tres a seis tallos jóvenes y fuertes, recortados a tres o cinco yemas cada uno. Es una poda corta que produce menos flores pero de mayor calidad.
Floribunda, polyantha y multiflora. Florecen en ramillete y lo que se busca es abundancia. Se retiran desde la base todos los tallos viejos que se pueda y se conservan los nuevos, recortados a unos dos tercios de su longitud, dejando de seis a ocho yemas. Con algunos cultivares muy floríferos, como 'La Sevillana', puede dejarse el tallo nuevo casi íntegro para maximizar el número de yemas de flor.
Miniatura y de patio. Basta la poda de mantenimiento al final del invierno, despejando el centro y recortando lo que sobresale del volumen deseado. Es un grupo muy heterogéneo, así que conviene observar la respuesta de cada ejemplar y ajustar el año siguiente.
Tapizantes y paisajísticos. Poda ligera, limitándose a mantener la forma y a retirar madera vieja. Muchos toleran incluso el recorte con tijera de setos, aunque el resultado es menos elegante.
Rosales antiguos y botánicos
Rosales silvestres como Rosa canina o Rosa moschata: solo mantenimiento, y después de la floración, para no comprometer la del año siguiente. El objetivo es potenciar el porte natural, no domarlo.
Los que producen escaramujos ornamentales, como Rosa rugosa: se poda tras la caída de los frutos, y de forma ligera si el arbusto ya está formado. Aquí no se quitan las flores marchitas, porque son las que darán el fruto.
Antiguos de una floración (gallica, damascena, centifolia, alba, musgosos): poda de mantenimiento tras la floración de primavera. En los de ramas largas y flexibles que se vencen por el peso de la flor, recortar entre un cuarto y un tercio de su longitud consigue una estructura más compacta.
Antiguos reflorecientes (Bourbon, Portland, híbridos perpetuos) y las English Roses de David Austin, que combinan el aspecto de los antiguos con la refloración de los modernos: mantenimiento al final del invierno, retirando cada año algún brazo viejo desde la base para renovar, y recorte de los brotes desproporcionadamente vigorosos durante la temporada.
Trepadores
Sarmentosos o ramblers (Rosa banksiae, 'Dorothy Perkins', 'Félicité et Perpétue', Rosa filipes 'Kiftsgate'): florecen una vez, sobre madera del año anterior, y en general de forma espectacular. Si tienen sitio, solo mantenimiento. Para controlar el tamaño, se podan justo después de la floración, retirando desde la base algunas varas que ya han florecido y dejando las nuevas del año, que serán las que florezcan la temporada siguiente.
Trepadores modernos o climbers ('New Dawn', 'Aloha', 'Pierre de Ronsard' y similares): ramas rígidas y reflorecientes. Aquí lo determinante no es tanto el corte como el guiado. Una vara conducida en horizontal o en arco florece a lo largo de toda su longitud; la misma vara atada en vertical solo florece en la punta. Se guían cuando aún son flexibles, antes de que lignifiquen del todo, atando con material blando a alambres o a la estructura. Después de la primera floración se hace la poda de mantenimiento y se recolocan las varas nuevas. Los tallos laterales que han florecido se recortan a dos o tres yemas.
Durante la temporada
Pinzado de flores marchitas. En rosales reflorecientes, retirar la flor pasada estimula la siguiente floración, porque impide que la planta invierta en formar escaramujo. Se corta en el punto donde encuentres una hoja completa, con sus cinco foliolos, mirando hacia fuera. En los ramilletes, se elimina el conjunto entero cuando la mayoría ha pasado. La excepción son los rosales de fruto ornamental, donde se dejan a propósito.
Poda de verano. En clima peninsular, la floración de muchos rosales modernos decae a mediados del verano por acumulación de vegetación y desgaste. Un recorte de aproximadamente un tercio de la longitud de las ramas, hecho en agosto y acompañado de riego y un abonado ligero, compacta el arbusto y provoca una nueva floración en otoño, que aquí suele ser la mejor del año por temperaturas más suaves. No la hagas en plena ola de calor ni sobre plantas con estrés hídrico: riega bien antes y poda al atardecer.
En resumen
Poda a final del invierno, cuando las yemas se hinchan, los rosales modernos reflorecientes, que florecen en madera nueva: de tres a seis tallos de tres a cinco yemas en híbridos de té, y tallos nuevos recortados a dos tercios en floribunda. Poda después de la floración los botánicos y los antiguos de una sola floración, que forman sus yemas el verano anterior. En todos, retira madera seca, débil y cruzada, abre el centro para que ventile y arranca de un tirón los chupones que broten bajo el injerto.
Ajusta la intensidad al vigor: poda larga en el rosal fuerte, poda corta en el envejecido, y renovación en dos o tres temporadas si está muy descuidado. Corta en bisel cinco milímetros por encima de una yema orientada hacia el exterior. Y aprovecha las dos particularidades del clima español: guiar las varas de los trepadores en horizontal para que florezcan en toda su longitud, y un recorte de un tercio en agosto para conseguir una segunda floración de otoño.