Antes de coger la sierra conviene tener claro que un árbol no necesita ser podado. La poda es una herida, y el árbol no cicatriza como un animal: no regenera el tejido perdido, sino que lo compartimenta, aislando la zona dañada con barreras químicas para que la pudrición no avance. Cada corte es una puerta abierta que el árbol tiene que sellar con sus propias reservas. Por eso la primera pregunta siempre es para qué se poda, y si la respuesta es "porque toca", la respuesta correcta es no podar.

Razones válidas hay varias: eliminar madera muerta, rota o enferma, corregir ramas cruzadas o codominantes que a la larga se desgajarán, despejar un paso o una ventana, dar forma en los primeros años y, en frutales, favorecer producción y recolección. Con esas razones, y sabiendo dónde cortar exactamente, la poda es una operación sencilla.

La poda de árboles debe realizarse preferiblemente en invierno, cuando están en reposo. Antes de efectuar los cortes es preciso elegir las herramientas más adecuadas según el grosor, la altura y la fuerza de las ramas.

Cuándo podar

Para la mayoría de árboles de hoja caduca, el mejor momento es el final del invierno, poco antes de que las yemas empiecen a moverse. El árbol está en reposo, la estructura se ve sin hojas y el corte se cierra rápido porque la actividad se reanuda enseguida. En el interior peninsular eso significa febrero y marzo; en el litoral mediterráneo y el sur, enero y febrero.

Hay excepciones importantes:

  • Especies que sangran con el corte a final de invierno: abedul (Betula), arces (Acer), nogal (Juglans regia), morera, higuera y vid. Pierden mucha savia por la herida. Se podan a finales de verano o en otoño, cuando el flujo es menor.
  • Frutales de hueso (cerezo, ciruelo, melocotonero, albaricoquero, almendro). Se prefiere podarlos en verano, tras la cosecha y en tiempo seco, porque los cortes de invierno en tiempo húmedo favorecen la entrada de chancros y de Monilia.
  • Perennifolias mediterráneas (encina, olivo, algarrobo, laurel). Final de invierno o principio de primavera, evitando siempre las heladas y el calor extremo.
  • Arbustos y árboles de flor. Aquí la regla es distinta y depende de si florecen sobre madera del año anterior o del año en curso.

Y una restricción legal que suele ignorarse: la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad prohíbe destruir los nidos de las aves silvestres. En la práctica esto significa que, entre marzo y julio, hay que revisar el árbol antes de intervenir y aplazar la poda si hay nidificación. En arbolado urbano y en muchos municipios, además, la poda de árboles en vía pública o de ejemplares protegidos requiere autorización municipal: consulta la ordenanza antes.

Dónde cortar exactamente

Esta es la parte técnica que realmente importa. En la base de cada rama hay un ensanchamiento llamado cuello o collar de la rama, y por encima suele apreciarse una arruga en la corteza. Ahí, dentro del cuello, está el tejido que el árbol usa para compartimentar la herida y para generar el rodete de cicatrización.

El corte se hace justo por fuera del cuello, sin cortarlo y sin dejar tocón. Los dos errores clásicos son:

  • Corte a ras, eliminando el cuello. Destruye la barrera defensiva y la herida no cierra nunca bien; es la puerta habitual de las pudriciones internas del tronco.
  • Tocón, dejando quince centímetros de rama. Ese trozo se seca, no puede ser cerrado por el rodete, y la pudrición avanza por él hacia el interior.

Para ramas gruesas, el corte en tres tiempos es obligatorio y evita desgarros que arrancan una tira de corteza tronco abajo:

  • Primer corte: desde abajo, a unos 20 o 30 centímetros del cuello, entrando un tercio del diámetro.
  • Segundo corte: desde arriba, unos centímetros más hacia fuera. La rama cae y el desgarro se detiene en el primer corte.
  • Tercer corte: el definitivo, retirando el muñón restante justo por fuera del cuello, sujetándolo con la otra mano.

No se sellan las heridas. Las pastas y mástics cicatrizantes que se vendían para eso están hoy desaconsejados: retienen humedad, dificultan la compartimentación y en algunos casos favorecen la pudrición. Un corte limpio y bien situado se defiende solo.

En ramas finas, el corte se hace a unos cinco milímetros por encima de una yema orientada hacia el exterior, ligeramente inclinado y alejándose de ella, para que el agua no se acumule sobre la yema.

Cuánto se puede cortar

Una referencia razonable para un árbol sano y adulto es no eliminar más del 20 o 25 por ciento del follaje vivo en una misma temporada, y bastante menos en ejemplares viejos o debilitados. Las hojas producen los azúcares que el árbol necesita justamente para cerrar las heridas que le acabas de hacer; quitar demasiadas de golpe deja al ejemplar sin recursos y provoca una brotación masiva de chupones, que son ramas mal ancladas y débiles.

Si un árbol necesita una reducción mayor, se hace en varias temporadas. Y si lo que se plantea es un desmochado, conviene saber que esa práctica no fortalece al árbol, sino que lo debilita de forma duradera.

Herramientas

  • Tijera de una mano, hasta unos 20 milímetros de diámetro. Elige el sistema bypass, de dos hojas que se cruzan como unas tijeras, y no el de yunque, que aplasta el tallo contra una base. El aplastamiento daña el tejido y retrasa el cierre.
  • Tijera de dos manos o loppers, para ramas de 20 a 40 milímetros. Los mangos largos multiplican la fuerza y ahorran esfuerzo.
  • Serrucho de poda para lo más grueso. Los buenos cortan a tracción, es decir, al tirar, lo que permite trabajar en posiciones incómodas con menos fuerza. Hoja curva para ramas grandes, recta para trabajos finos, plegable para llevar encima.
  • Pértiga o podadora de altura, que evita subirse a nada para ramas altas y finas.
  • Motosierra: solo con formación, equipo de protección y los pies en el suelo. Nunca desde una escalera.

El afilado importa tanto como la herramienta: una hoja mellada desgarra en vez de cortar. Y la desinfección entre ejemplares no es una manía: hongos y bacterias viajan en la hoja. Basta limpiar la savia y pasar alcohol o una solución desinfectante. Esto es crítico ante sospecha de fuego bacteriano (Erwinia amylovora) en frutales de pepita y ornamentales de la familia de las rosáceas, un organismo de cuarentena de declaración obligatoria: si ves ramas que se secan de golpe con aspecto quemado y el extremo curvado en cayado, no podes, avisa al servicio de sanidad vegetal de tu comunidad autónoma.

Del mismo modo, en las zonas demarcadas por Xylella fastidiosa existen restricciones específicas al movimiento de material vegetal y a las labores de poda. Antes de podar olivos, almendros o adelfas en Baleares, Alicante o cualquier zona demarcada, consulta las instrucciones vigentes de la administración autonómica.

Trabajar sin hacerse daño

La poda doméstica manda gente al hospital todos los años, y casi siempre por lo mismo: escaleras. Si hay que trepar o llegar por encima de la altura de los hombros con maquinaria, la tarea es de un profesional. Un arboricultor trabaja con cuerdas y arnés, precisamente porque una escalera apoyada en una rama que se mueve no es un lugar donde estar con una herramienta cortante.

Si la rama está cerca de una línea eléctrica, no se toca bajo ninguna circunstancia: se avisa a la compañía o al ayuntamiento. Y para lo que sí se hace desde el suelo, gafas de protección (las ramas rebotan), guantes y casco si hay algo por encima.

Sobre la postura, coloca el área de trabajo entre el pecho y los ojos usando una escalera de tijera estable en lugar de estirarte de puntillas, y flexiona el codo del brazo que corta. Podar cinco horas con el brazo extendido por encima de la cabeza garantiza una lesión de hombro.

En resumen

Poda solo con una razón concreta y en el momento adecuado: final de invierno para la mayoría de caducifolias, verano para frutales de hueso y para las especies que sangran, y siempre revisando que no haya nidos entre marzo y julio, porque la Ley 42/2007 protege los de las aves silvestres. Corta justo por fuera del cuello de la rama, sin cortarlo y sin dejar tocón, y usa el corte en tres tiempos en cuanto la rama tenga peso.

No selles las heridas, no elimines más de un 20 o 25 por ciento del follaje vivo en una temporada y desinfecta la herramienta entre ejemplares. Todo lo que exija subirse a la copa, manejar motosierra en altura o acercarse a un tendido eléctrico corresponde a un profesional con equipo y formación, no a una escalera de mano.


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