La mayor parte de los daños de invierno en un jardín español no los causa el frío en sí, sino tres cosas concretas: la helada de irradiación en noches despejadas y sin viento, el viento seco y persistente que deshidrata el follaje cuando la planta no puede reponer agua del suelo helado, y el peso de la nieve sobre estructuras que no están hechas para soportarlo. Cada una se combate de manera distinta, y las protecciones que sirven para una no sirven para las otras.
La segunda idea que ahorra trabajo es que no todo hay que protegerlo. Una planta adaptada a la zona, plantada en el sitio correcto y endurecida por el otoño aguanta el invierno sola. Lo que necesita protección es lo recién plantado, lo que está en maceta, lo que se ha plantado por encima de su resistencia real al frío y lo que ha rebrotado tarde por un otoño demasiado suave.
Si los árboles y arbustos están recién plantados o son muy delicados, conviene abrigarlos con ramas o una esterilla para protegerlos de las heladas, el frío y el peso de la nieve. Dibujos: María Eugenia Mas
Preparar la planta antes de que llegue el frío
Lo que se hace en septiembre y octubre importa más que lo que se hace en enero.
- Nada de nitrógeno a partir de finales de verano. Los abonos ricos en nitrógeno provocan brotes tiernos y acuosos que no llegan a lignificar y que se queman a la primera helada. A partir de agosto, si se abona, se hace con formulaciones ricas en potasio, que favorece el endurecimiento de los tejidos.
- No podar en otoño las especies sensibles. La poda estimula brotación, y un brote nuevo en noviembre es un daño asegurado. Las podas de invierno se hacen a final de estación, cuando ya ha pasado lo peor.
- Reducir el riego progresivamente para que la planta entre en reposo, sin llegar a dejarla en estrés.
- Acolchar el suelo con 5 a 10 centímetros de corteza, paja, hojarasca o acículas alrededor de la base, sin tocar el cuello. Aísla la raíz, que es la parte que no rebrota si se pierde, y amortigua los ciclos de hielo y deshielo.
Heladas: qué proteger y con qué
La helada peligrosa para un jardín particular suele ser la de irradiación: noche despejada, aire en calma, el suelo pierde calor hacia el cielo y la temperatura baja mucho en la capa de aire junto al terreno. De ahí salen dos medidas eficaces y baratas.
Suelo húmedo. El agua tiene mucha inercia térmica: un suelo húmedo acumula calor durante el día y lo cede de noche. Regar por la mañana o al mediodía de un día previo a una helada anunciada protege de verdad. Nunca por la tarde ni sobre el follaje.
Velo de invierno. El tejido no tejido de poliéster o polipropileno, de 17 a 30 gramos por metro cuadrado, es la protección estándar. Deja pasar luz, aire y agua, y frena la pérdida de calor por radiación lo suficiente para ganar dos o tres grados, que es la diferencia entre perder o no una planta al borde de su límite. Se coloca cubriendo la planta y se sujeta al suelo con piedras o grapas, dejando cámara de aire entre la tela y las hojas siempre que se pueda, con un arco o unas cañas. En noches puntuales se pone y se quita; para varias semanas, se deja, porque no asfixia.
Lo que no debe usarse: plástico en contacto directo con la hoja. No transpira, condensa agua por dentro, y donde toca la hoja transmite el frío igual que el aire, con lo que se producen quemaduras exactas en la forma del plástico. El plástico sirve para túneles con estructura y ventilación, no como manta.
Otras protecciones válidas son las clásicas: paja, ramas de conífera o helecho seco apoyadas sobre la planta, y arpillera de yute enrollada alrededor del arbusto. Funcionan y transpiran.
Viento
El viento invernal deshidrata: arranca vapor de la hoja mientras el suelo frío impide reponerlo, y las hojas perennes se queman por los bordes sin que haya habido helada fuerte. Además tumba lo recién plantado, cuya raíz aún no ancla.
La protección eficaz es una barrera permeable, no un muro. Una pantalla que deja pasar en torno a la mitad del aire reduce la velocidad del viento a sotavento en una distancia de varias veces su altura; un muro macizo genera turbulencias tras él y protege mucho menos de lo que parece. Sirven un seto, una malla cortavientos, una celosía o un cañizo. Para plantas concretas, un cilindro de malla o arpillera sujeto a tres estacas, sin cerrar por arriba.
Y entutorado en lo recién plantado, con ligaduras anchas y elásticas atadas en el tercio inferior del tronco, nunca con alambre ni brida.
Nieve
El problema de la nieve no es el frío sino el peso, y afecta sobre todo a coníferas de porte columnar, setos recortados de superficie plana, arbustos de ramas flexibles y estructuras como pérgolas e invernaderos.
- Atar las coníferas columnares y los arbustos de ramas verticales con una cuerda enrollada en espiral desde la base hasta la punta, apretando lo justo. Evita que las ramas se abran y queden dobladas para siempre.
- Recortar los setos con la cara superior ligeramente abombada o en pendiente, no plana. La nieve resbala en vez de acumularse.
- Retirar la nieve acumulada con una escoba, sacudiendo de abajo arriba y con suavidad. Si las ramas están congeladas, mejor esperar: la madera helada es quebradiza y se parte donde no lo haría en otro momento.
- Cuidado con la sal de deshielo de aceras y caminos. El agua salada que escurre hacia parterres y alcorques daña las raíces y arruina la estructura del suelo. Es preferible usar arena o gravilla junto a zonas plantadas.
Las macetas, el punto más vulnerable
Una planta en maceta pasa mucho más frío que la misma planta en el suelo, porque el cepellón se congela por los cuatro costados y no tiene el volumen de tierra que amortigua la temperatura. Lo que se pierde ahí es la raíz, y de eso no se rebrota.
- Agrupa las macetas contra un muro, mejor orientado al sur, donde la pared devuelve calor por la noche. Juntas se protegen unas a otras.
- Envuelve el contenedor, no la planta, con plástico de burbujas, arpillera o fieltro. Aquí el plástico sí es útil porque no está en contacto con la hoja.
- Levántalas del suelo con tacos o pies de maceta. Evita que el drenaje se bloquee con hielo y reduce la conducción de frío desde el pavimento.
- Vigila el drenaje. Un cepellón encharcado que se congela mata más plantas que el frío seco. En invierno se riega poco y solo cuando el sustrato está seco, en las horas centrales del día.
- El barro cocido se raja cuando el agua absorbida por la pared se congela. En zonas de heladas fuertes conviene resguardarlo o cambiarlo por material resistente.
Las plantas de interior y subtropicales que veranean fuera (crotón, esparragueras, ficus, potos, buganvilla) entran antes de las primeras heladas, no después. Los cítricos en maceta y las plantas mediterráneas de invierno suave, como Plumbago o adelfa, se llevan a porche o pared abrigada.
Casos particulares
Palmeras. El punto vulnerable es el cogollo central, de donde salen las hojas nuevas: si se pudre por frío y humedad, la palmera muere aunque el tronco parezca sano. En ejemplares jóvenes de especies delicadas, se atan las hojas hacia arriba en haz y se envuelve el conjunto con velo de invierno o arpillera, dejando ventilación y quitándolo en cuanto pase el episodio.
Rosales. En zonas frías se aporca la base amontonando tierra o mantillo alrededor del injerto, que es la parte sensible, y se retira en primavera.
Estanques. Si el estanque se hiela por completo, el problema es el intercambio de gases, no la temperatura. Se mantiene un punto abierto con un flotador de poliestireno, una pelota o un desincrustador; nunca se rompe el hielo a golpes, porque la onda de choque daña a los peces. Las plantas flotantes sensibles se pasan a un recipiente con agua en lugar resguardado, y las emergentes de estanques pequeños y poco profundos, cuyos tallos pueden quedar aprisionados por el hielo, se retiran; las sumergidas resisten mejor.
En resumen
La protección invernal empieza en otoño: nada de nitrógeno desde finales de verano, sin podas tardías, riego a la baja y acolchado de 5 a 10 centímetros sobre la zona de raíces. Ante una helada anunciada, suelo húmedo regado por la mañana y velo de invierno de tejido no tejido, que gana dos o tres grados. Plástico en contacto con la hoja, nunca.
Contra el viento, barreras permeables mejor que muros macizos, y entutorado de lo recién plantado. Contra la nieve, atar las coníferas columnares en espiral, rematar los setos con la cara superior inclinada y sacudir con escoba solo cuando las ramas no estén congeladas. Y presta atención especial a las macetas: agrupadas contra un muro, con el contenedor envuelto, levantadas del suelo y con el drenaje libre, porque el cepellón congelado es lo que de verdad mata.