Un árbol se planta una sola vez y las decisiones de esa mañana condicionan los siguientes cincuenta años. Dos de ellas concentran casi todos los fallos: elegir mal el sitio, sin contar con el tamaño adulto, y plantar demasiado profundo, enterrando el cuello de la raíz. La primera se paga con podas severas, raíces que levantan el pavimento y ramas contra la fachada. La segunda mata el árbol despacio, a lo largo de años, y casi nadie relaciona la causa con el efecto.
La técnica en sí no tiene misterio. Hoyo ancho y poco profundo, tierra del propio sitio sin grandes enmiendas, el cuello del tronco visible por encima del suelo, alcorque, riego abundante y acolchado. Lo demás son matices.
Humedecer un poco el cepellón ayudará a extraer la planta del tiesto con facilidad, pero cuidando de que no se rompa.
Cuándo plantar
La ventana buena en España va de octubre a marzo, con el árbol en reposo vegetativo. Plantado en otoño, tiene todo el invierno para emitir raíz antes de enfrentarse al primer verano, que es la prueba de fuego. En el interior peninsular, con heladas fuertes, se prefiere el final del invierno para las especies más sensibles al frío; en el litoral mediterráneo y en el sur, el otoño es claramente mejor.
Los ejemplares vendidos a raíz desnuda solo se plantan en ese periodo de reposo, y cuanto antes mejor una vez arrancados. Los de contenedor admiten plantación en cualquier momento en teoría, pero plantar un árbol en junio en Córdoba significa dos veranos de riego de rescate en lugar de uno.
Escoge un día fresco y sin viento, con la tierra húmeda pero no encharcada. Si el suelo está helado, embarrado o reseco a piedra, aplaza.
Elegir el sitio
Antes de cavar, busca el tamaño adulto de la especie y trabaja con ese dato, no con el ejemplar que tienes en el carro. Un plátano de sombra o un olmo necesitan un volumen que rara vez existe en un jardín particular; un almez, un árbol del amor o un madroño encajan sin conflicto.
- Distancia a la construcción. Cuenta al menos con el radio de la copa adulta, y más en suelos arcillosos expansivos, donde la retracción del terreno por absorción de agua de las raíces puede afectar a cimentaciones superficiales.
- Servicios enterrados. Saneamiento, riego, arqueta, alcantarillado. Las raíces de chopos, sauces y ficus buscan la humedad y colonizan tuberías con juntas defectuosas.
- Tendidos aéreos. Plantar bajo un cable condena al árbol a desmoches periódicos toda su vida.
- Piscina. Evita especies de hoja pequeña y caduca junto al vaso y a los skimmers, y también las de fruto carnoso que mancha.
- Distancia legal al lindero. El artículo 591 del Código Civil establece que, a falta de ordenanza municipal o costumbre del lugar que diga otra cosa, los árboles altos deben plantarse a dos metros de la línea divisoria y los arbustos y árboles bajos a cincuenta centímetros. Consulta antes la ordenanza municipal, que en muchos sitios es más exigente.
El hoyo: ancho, no profundo
La recomendación técnica actual es un hoyo de dos a tres veces el ancho del cepellón y de la misma profundidad que este, ni un centímetro más. La razón es que las raíces crecen lateralmente, en los primeros 30 o 60 centímetros de suelo, no hacia abajo; ensanchar sirve, ahondar no. Y un hoyo más profundo que el cepellón provoca que el árbol se asiente al compactarse la tierra suelta del fondo, quedando enterrado de más.
En suelo compactado, escarifica las paredes del hoyo con una laya. Un hoyo de paredes lisas hecho con barrena en arcilla se comporta como una maceta enterrada: la raíz llega al borde, no lo atraviesa y gira sobre sí misma.
Sobre enmendar la tierra: lo que se hacía antes, rellenar con sustrato comprado y estiércol, hoy no se recomienda para árboles y arbustos en pleno suelo. Un hoyo lleno de tierra rica rodeado de tierra pobre retiene el agua como una bañera y desincentiva que la raíz salga del hoyo. Se rellena con la misma tierra extraída, desterronada; si es muy mala, se mejora una superficie amplia alrededor, no solo el hoyo. Tampoco se abona en la plantación: el nitrógeno estimula la parte aérea cuando lo que hace falta es raíz.
Las excepciones son las plantas de suelo ácido (azaleas, rododendros, camelias, arándanos) en los suelos calizos que dominan el este y el sur peninsulares. Ahí no basta con enmendar el hoyo, porque la caliza del entorno acaba imponiéndose y aparece la clorosis férrica: lo sensato es plantarlas en macetón o en un macizo elevado con sustrato ácido, o directamente elegir otra especie.
La plantación
- Riega el cepellón antes de sacarlo del contenedor, media hora antes, para que salga entero.
- Revisa la raíz. Si viene enrollada en espiral por el fondo o los lados, hay que actuar: se desenreda con los dedos o se dan tres o cuatro cortes verticales con un cuchillo por el exterior del cepellón. Una raíz espiralizada que se deja tal cual acaba estrangulando el propio tronco años después. Corta las raíces rotas o secas con un corte limpio.
- Busca el cuello. Es el ensanchamiento donde el tronco pasa a raíz. En muchos ejemplares de vivero está enterrado bajo dos o tres dedos de sustrato dentro de la propia maceta: retira ese sustrato hasta verlo. El cuello debe quedar a nivel del suelo o un par de centímetros por encima, nunca por debajo.
- Coloca y comprueba con un listón apoyado sobre el hoyo que la altura es correcta y el tronco vertical. Orienta el lado con mejor ramificación hacia donde vaya a verse.
- Rellena por tongadas, apretando con la mano o con el pie sin machacar, para eliminar bolsas de aire sin compactar en exceso.
- Haz el alcorque, un caballón de tierra en círculo del diámetro del hoyo, que retiene el agua de riego y de lluvia sobre la zona radicular.
- Riega abundantemente, mucho más de lo que parece necesario: el objetivo es que el agua llegue al fondo y asiente la tierra contra las raíces. Repite a los pocos días.
- Acolcha con una capa de 5 a 10 centímetros de corteza, astilla o restos de poda triturados sobre el alcorque, sin tocar el tronco. El acolchado pegado al tronco lo mantiene húmedo y lo pudre.
El entutorado
No todo árbol necesita tutor. Un ejemplar joven y bien proporcionado se sujeta solo y se beneficia del movimiento: el balanceo estimula el engrosamiento del tronco y el desarrollo de la raíz. El tutor se reserva para ejemplares grandes recién trasplantados, para zonas de viento fuerte y para árboles con copa desproporcionada respecto al cepellón.
- Clava las estacas antes de meter el cepellón, o al menos fuera de él, para no atravesar raíces.
- Ata bajo, en el tercio inferior del tronco. Un tutor atado alto inmoviliza el árbol entero y produce troncos delgados y débiles.
- Usa ligaduras anchas y elásticas, de goma o tela engomada, en forma de ocho entre tronco y estaca para que no rocen. Nada de alambre, brida plástica ni cuerda fina: cortan la corteza y estrangulan.
- En zonas de viento dominante, una estaca clavada inclinada del lado de donde viene el viento, o mejor un sistema de dos o tres estacas equidistantes, reparte el esfuerzo.
- Retira el tutor al cabo de uno o dos años. Es la parte que se olvida y la que causa daños: ligaduras incrustadas y troncos que nunca aprendieron a sostenerse.
El primer verano
Un árbol recién plantado no tiene todavía sistema radicular explorando el suelo; depende del volumen del antiguo cepellón, que es pequeño y se seca rápido. Durante los dos primeros veranos hay que regar en profundidad y con espaciamiento, no un poco todos los días: un riego abundante cada siete a diez días obliga a la raíz a bajar, mientras que riegos cortos y frecuentes crean un sistema superficial y dependiente.
No se poda al plantar, más allá de eliminar ramas rotas o secas. La creencia de que hay que reducir la copa para compensar la pérdida de raíz está desmentida: las hojas son las que producen los azúcares que la raíz necesita para regenerarse. La poda de formación viene después, en los inviernos siguientes.
Reducir el cepellón: cuándo tiene sentido
En ejemplares cultivados permanentemente en contenedor, incluidos los grandes en macetón, llega un momento en que la raíz llena el volumen y la planta se estanca. Ahí sí se recorta el cepellón para renovar el sustrato y provocar raíces nuevas. Se hace en reposo vegetativo, de finales de otoño a invierno, se elimina como mucho un tercio del volumen, se cortan las raíces gruesas con corte limpio y se desenredan las periféricas, se replanta en sustrato fresco y se reduce el riego durante unas semanas mientras rehace raíz. En árboles plantados en suelo esto no es una operación de rutina.
En resumen
Planta entre octubre y marzo, elige el sitio contando con el tamaño adulto y respetando las distancias del artículo 591 del Código Civil o la ordenanza municipal, y cava un hoyo de dos a tres veces el ancho del cepellón y de su misma profundidad. Rellena con la propia tierra, sin enmiendas ni abono, deja el cuello del tronco a nivel del suelo o algo por encima, haz alcorque, riega a fondo y acolcha sin tocar el tronco.
Revisa siempre la raíz antes de enterrarla y corta o desenreda las que vengan espiralizadas. Entutora solo si hace falta, atando bajo, con ligadura ancha y elástica, y retira el tutor al cabo de uno o dos años. Y reserva el esfuerzo para lo que de verdad decide la supervivencia: riego profundo y espaciado durante los dos primeros veranos.