Un kokedama es una planta cultivada sin maceta: el cepellón se envuelve en una mezcla de tierra arcillosa que se compacta a mano formando una bola, y esa bola se forra de musgo y se ata con hilo. La planta vive ahí, con las raíces contenidas por la propia arcilla. Se riega por inmersión, sumergiendo la bola en agua hasta que deja de burbujear, y se cuelga de un hilo o se apoya en un plato hondo.
La duda que trae casi todo el mundo es cuánto aguanta. Un kokedama bien hecho, con una planta adecuada y agua sin cal, dura años; lo que suele fallar no es la técnica sino el riego, porque una bola de sustrato expuesta al aire por todas sus caras se seca mucho más deprisa que una maceta del mismo volumen. En un piso con calefacción o aire acondicionado eso significa revisarlo cada dos o tres días, no cada semana.
Las instalaciones de kokedamas del ecoartista holandés Fedor Van der Valk crean preciosos jardines ingrávidos. Emplea tanto arbustos de flor como bulbosas.
De dónde viene la técnica
La palabra japonesa kokedama significa literalmente bola de musgo. Su antecedente es el nearai, una forma de presentar el bonsái en la que el árbol se saca de la maceta con el cepellón ya cohesionado y se coloca sobre una bandeja, sin recipiente. De ahí a envolver la bola en musgo para que retuviera humedad y no se deshiciera hay un paso corto, y así nació una manera de cultivar sin tiesto que después se extendió a herbáceas, helechos y bulbosas.
El material tradicional es el keto, una arcilla de turbera muy plástica que se amasa con akadama y un poco de fibra de coco o turba. Fuera de Japón el keto es caro y difícil de encontrar, y funciona igual de bien una mezcla casera: dos partes de turba o fibra de coco, una de arcilla o tierra arcillosa de jardín y una de sustrato universal. La clave no es la receta exacta sino que la masa, humedecida, mantenga la forma al apretarla en la mano sin escurrir agua.
El musgo exterior no es decorativo solamente. Frena la evaporación, protege la arcilla de la erosión del riego y le da a la bola la textura que permite manejarla. Se usa musgo en plancha, del que se vende deshidratado, o Sphagnum. Conviene comprarlo, no arrancarlo del monte: en varias comunidades autónomas la recolección de musgo en el medio natural está regulada o directamente prohibida, y las turberas donde crece el Sphagnum son hábitats frágiles.
Qué plantas funcionan
La regla es sencilla: van bien las plantas que aceptan un sustrato húmedo de forma constante y una raíz confinada. Van mal las que necesitan secarse a fondo entre riego y riego.
- Helechos. Son los candidatos ideales. Nephrolepis exaltata, Asplenium nidus, Adiantum raddianum, Phlebodium aureum y los Davallia, que además tienen rizomas peludos que trepan por el musgo y quedan muy bien.
- Aráceas de interior. Potos (Epipremnum aureum), Philodendron, Syngonium, Anthurium y Spathiphyllum se adaptan sin problema.
- Herbáceas de sombra. Fittonia, Peperomia, Chlorophytum comosum, Soleirolia soleirolii, Asparagus ornamentales.
- Orquídeas de raíz aérea. Phalaenopsis y afines, pero con la bola hecha de Sphagnum puro, sin tierra, para que las raíces respiren.
- Bulbosas de temporada. Muscaris, narcisos pequeños y Crocus aguantan bien una temporada de flor en kokedama; después se desmonta y se plantan en tierra para que recuperen reservas.
Descarta cactus y suculentas: la bola húmeda las pudre. Descarta también los árboles y arbustos que necesiten crecer, porque el volumen de raíz disponible es muy limitado y acabarás con un ejemplar sediento y raquítico. Y ten en cuenta que un kokedama colgado queda al alcance de niños y animales: potos, filodendros, Spathiphyllum, Dieffenbachia y hiedra (Hedera helix) contienen sustancias irritantes y son tóxicos por ingestión, sobre todo hojas y tallos. Si hay un gato en casa que muerde todo lo verde, elige helechos o Chlorophytum y cuelga alto. Ante una ingestión, al médico o al veterinario.
Cómo se monta
Necesitas la planta, la mezcla de sustrato, musgo, un cuenco con agua e hilo. Para atar sirve el hilo de algodón encerado, el bramante fino o el sedal transparente si prefieres que no se vea; para colgar, cuerda de yute o de algodón de unos 3 milímetros, que no corte el musgo.
- Saca la planta del tiesto y retira con los dedos la mayor parte del sustrato antiguo, sin destrozar las raíces finas.
- Amasa la mezcla con agua hasta que se comporte como plastilina. Prueba a formar una bola y a dejarla caer diez centímetros sobre la mesa: si se deshace, falta arcilla; si chorrea, sobra agua.
- Envuelve la raíz con la masa y modela una esfera. El tamaño razonable para una planta de maceta de 12 centímetros es una bola de 12 a 15 centímetros de diámetro.
- Rehidrata el musgo en agua unos minutos, escúrrelo y cubre la bola por completo, dejando libre solo el cuello de la planta.
- Ata con el hilo dando vueltas en todas las direcciones, cruzándolas, hasta que el musgo quede firme y la bola no ceda al apretarla.
Los primeros diez días son los delicados: el cepellón está tocado y la planta necesita sombra, ambiente húmedo y ninguna corriente. Después ya puede ir a su sitio definitivo.
El riego, que es todo
Se riega por inmersión. Se llena un barreño con agua a temperatura ambiente y se hunde la bola entera, sujetando la planta, hasta que dejan de salir burbujas. Suele bastar con un par de minutos si la bola conserva algo de humedad, y hacen falta más si se ha secado del todo, porque la arcilla seca repele el agua y hay que insistir. Luego se escurre apretando suavemente y se deja gotear en el fregadero antes de devolverla a su sitio.
El método fiable para saber cuándo toca no es el calendario sino el peso. Coge el kokedama recién regado y escurrido y memoriza lo que pesa; cuando lo notes claramente ligero, riega. En verano, en el interior peninsular o en la costa mediterránea con las ventanas abiertas, puede tocar cada dos días; en invierno, con la planta parada, una vez por semana o menos.
El agua importa mucho aquí. En buena parte de España, y especialmente en el este, el sur y las dos mesetas, el agua de grifo es dura. La cal se deposita en la superficie de la bola, forma una costra blanquecina, sube el pH y termina matando el musgo, que es lo primero que se pone marrón. Usa agua de lluvia si puedes recogerla, o agua de baja mineralización. Dejar el agua reposando un día elimina el cloro, pero no la cal.
Luz, temperatura y sitio
Mucha luz indirecta y nada de sol directo a través del cristal, que en verano cuece el musgo y quema la hoja. Un metro dentro de una ventana orientada al este funciona bien para casi todo. Aléjalo del radiador, de la salida del aire acondicionado y de la puerta de entrada.
Si la planta es de exterior, el kokedama va a la terraza o al porche, pero con dos avisos. En una terraza mediterránea de julio, con 35 grados y viento, una bola de musgo se deshidrata en horas: necesita sombra y, aun así, riego diario. Y en invierno, en zonas con heladas, la bola se congela por completo porque no tiene el volumen de tierra que amortigua el frío en una maceta; los kokedamas de exterior se entran o se protegen.
Abonado y mantenimiento
La bola tiene poco sustrato y poca reserva de nutrientes, y cada inmersión arrastra parte de lo que queda. Durante el periodo de crecimiento, de primavera a principios de otoño, se abona con un fertilizante líquido para plantas verdes muy diluido, bastante por debajo de lo que indique el envase, disuelto en el agua de la inmersión una o dos veces al mes. En invierno no se abona.
Con el tiempo el musgo se apelmaza, la arcilla se compacta y las raíces llenan la bola. Cada dos o tres años conviene rehacerlo: se retira el hilo y el musgo viejo, se recorta un poco la raíz si está muy enrollada, se añade masa nueva y se vuelve a forrar. Es el momento de dividir la planta si ha crecido.
Colgarlo sin sustos
Un kokedama de 15 centímetros recién regado pesa bastante más de lo que aparenta, dos kilos largos con planta grande. No lo cuelgues de una escarpia clavada en pladur sin taco adecuado ni de una escayola vieja. Si vas a montar varios a distintas alturas, como en las instalaciones de la foto, tira una barra o un cable tensor sujeto a estructura firme y cuelga de ahí, que además te permite ajustar alturas sin hacer más agujeros. Debajo, protege el suelo: por muy bien que se escurra, un kokedama gotea.
Problemas frecuentes
- El musgo se pone marrón y crujiente. Falta de agua, exceso de cal o sol directo. Revisa las tres cosas por ese orden.
- Aparecen mosquitos pequeños. Son esciáridos, y salen cuando la bola no llega a orearse nunca. Espacia los riegos y deja que la superficie se seque entre uno y otro.
- Huele a humedad y la planta amarillea desde abajo. Exceso de riego, con raíz asfixiada. Deja escurrir bien tras cada inmersión y alarga el intervalo.
- La bola se deshace. Faltaba arcilla en la mezcla o el hilo quedó flojo. Se arregla rehaciéndola.
En resumen
El kokedama es cultivo sin maceta: una bola de arcilla y sustrato forrada de musgo, con la planta viviendo dentro. Funciona con helechos, aráceas de interior y herbáceas de sombra, y no funciona con suculentas ni con nada que quiera secarse entre riegos. Se riega por inmersión hasta que deja de burbujear, se escurre y se devuelve a su sitio, y el modo fiable de saber cuándo toca es levantarlo y notar el peso.
Lo que decide el resultado en España es el agua y la evaporación. Con agua dura el musgo se muere y la bola se encostra, así que agua de lluvia o de baja mineralización; y con el calor seco del verano una bola expuesta pierde humedad muchísimo más rápido que una maceta, de modo que sombra, protección del viento y revisión cada dos o tres días. Con eso, y un abonado muy flojo en primavera y verano, un kokedama aguanta años y solo pide rehacerse cada dos o tres.