Sembrar en semillero es la mejor puerta de entrada a la jardinería para un niño porque tiene todo lo que hace falta: se toca tierra, se hace algo con las manos y pasan cosas visibles en pocos días. La clave para que funcione es elegir especies que germinen rápido y semillas grandes, que un niño pequeño pueda coger de una en una sin frustrarse.
Comparado con sembrar directamente en el suelo, el semillero da mucho más control: temperatura, humedad y luz se manejan, las plántulas no compiten entre sí y están a salvo de caracoles y de una helada tardía. Además cabe en el alféizar de una ventana, así que no hace falta jardín.
Los niños disfrutan de la experiencia de sembrar y ver crecer las plantas.
Qué sembrar
Para un niño, una semilla que tarda tres semanas en asomar ya ha dejado de existir. Estas son las apuestas seguras, con tiempos aproximados de germinación en condiciones templadas.
| Especie | Germina en | Por qué funciona |
|---|---|---|
| Rábano | 3 a 7 días | Lo más rápido que hay, y se cosecha en un mes |
| Judía | 5 a 10 días | Semilla enorme, fácil de manipular, crecimiento espectacular |
| Girasol | 5 a 10 días | Semilla grande y planta que se hace más alta que el niño |
| Lechuga | 3 a 7 días | Germina bien en fresco, se cosecha hoja a hoja |
| Guisante | 7 a 10 días | Semilla grande, trepa por una caña |
| Caléndula | 7 a 12 días | Flor abundante y semilla curiosa, muy fácil de recoger después |
| Albahaca | 5 a 10 días | Huele, se usa en la cocina, pero exige calor |
| Tomate cherry | 6 a 12 días | El cultivo más agradecido para terminar en maceta |
Conviene sembrar más de una especie y con ritmos distintos, para que siempre haya algo pasando en la bandeja. Y no está de más que cada niño tenga su propia bandeja identificada con su nombre.
Cuándo
Para las plantas de flor de verano y para el tomate, la ventana en España va de febrero a abril según la zona, siempre en semillero protegido dentro de casa o en un invernadero pequeño. La referencia que importa no es la fecha de siembra sino la fecha de la última helada en tu zona, porque las plántulas no salen al exterior hasta que ese riesgo ha pasado: en el litoral mediterráneo puede ser marzo, y en el interior de la meseta o en zonas de montaña, mayo.
Lechuga, rábano y guisante son de temporada fresca y se llevan mejor con el frío, así que admiten siembras de final de invierno y también de final de verano para otoño.
El semillero
Las bandejas de alveolos son lo más cómodo, porque cada plántula crece en su celda sin enredar raíces con las vecinas y el trasplante es limpio. Las bandejas con tapa transparente añaden el efecto invernadero.
También sirve casi cualquier recipiente poco profundo con agujeros de drenaje: hueveras de cartón, vasos de yogur lavados, bandejas de fruta. Los rollos de cartón del papel higiénico van muy bien para especies de raíz larga como el guisante, y se plantan enteros. Lo único innegociable son los agujeros de drenaje y que el recipiente esté limpio: un semillero con restos de una tanda anterior es donde empiezan los hongos.
El sustrato
Un sustrato de semillero es fino, poroso, capaz de retener humedad sin encharcarse y pobre en nutrientes, al revés de lo que la intuición dice. La semilla lleva su propia despensa, y un exceso de abono en esta fase quema las raicillas.
Los hay específicos, y se pueden preparar mezclando un sustrato ligero con perlita o arena fina de río para aumentar la porosidad. Si se quiere evitar la turba, la fibra de coco funciona bien como base. Se rellenan los alveolos, se nivela al ras sin apretar y se humedece antes de sembrar, no después.
Cómo se siembra
La regla de la profundidad es sencilla: se cubre la semilla con una capa de sustrato de aproximadamente dos veces su grosor. Las semillas muy pequeñas se esparcen en superficie y apenas se tapan, y algunas, como la lechuga, necesitan luz para germinar, así que enterrarlas es lo peor que se puede hacer.
Una o dos semillas por alveolo bastan si son grandes; con semillas finas se echa una pizca y luego se aclara. Un truco que funciona muy bien con niños es doblar una hoja de papel por la mitad y dejar caer las semillas por el pliegue, que da mucha más puntería que los dedos. Después se presiona suavemente para que la semilla haga contacto con el sustrato.
El primer riego se hace con pulverizador o poniendo la bandeja unos minutos dentro de otra con un dedo de agua, para que absorba desde abajo. Regar con chorro descoloca las semillas y las entierra a la profundidad equivocada.
Germinación: la tapa y la luz
La bandeja se coloca en un sitio cálido, alrededor de veinte grados sirve para la mayoría de las especies de verano. La tapa mantiene humedad, pero hay que ventilar a diario: el aire estancado y saturado es exactamente lo que favorece a los hongos que provocan el mal del semillero, esa caída repentina de las plántulas que se doblan por la base y ya no se recuperan.
En cuanto asoman las primeras plántulas, se retira la tapa y la bandeja se lleva al sitio más luminoso posible, aunque sin sol directo abrasador. Este es el error que más semilleros arruina: plántulas que germinan con poca luz se estiran buscándola, quedan larguiruchas y débiles y ya no enderezan. Si se ven alargarse, el problema es luz, no agua.
El repicado
Cuando la plántula tiene el primer par de hojas verdaderas, distintas de las dos primeras redondeadas que trae la semilla, está lista para pasar a un recipiente mayor con sustrato algo más nutritivo.
Se levanta con un palito por debajo del cepellón y se sujeta siempre por las hojas, nunca por el tallo: una hoja rota se repone, un tallo aplastado mata la planta. Se coloca en un hoyo hecho previamente, se aprieta un poco alrededor y se riega. Es un momento perfecto para explicar que las raíces no se pueden dejar al aire mucho rato.
Antes de plantar fuera: endurecer
Una plántula criada dentro de casa no está preparada para el sol, el viento y la oscilación térmica del exterior. Durante una semana o diez días se saca unas horas al día, empezando por un sitio protegido y en sombra, y aumentando poco a poco. Sin ese proceso, muchas plantas se queman o se paran justo después del trasplante.
Seguridad: lo que no deben tocar
Dos advertencias concretas y ninguna alarmista. La primera: parte de la semilla comercial se vende tratada con fitosanitarios, y se reconoce porque va teñida de colores llamativos, precisamente para que no se confunda con comida. Esa semilla no la manipulan los niños. Para trabajar con ellos, semilla sin tratar.
La segunda: nunca se recogen semillas del jardín para un proyecto infantil sin saber de qué planta son. Hay ornamentales muy comunes y muy tóxicas por ingestión, como la adelfa (Nerium oleander) o el ricino (Ricinus communis), cuyas semillas son grandes, moteadas y llamativas, justo lo que atrae a un niño. Ante la sospecha de que alguien haya ingerido algo, se acude al médico o se llama al servicio de información toxicológica.
Por lo demás, lavarse las manos al terminar y no llevarse el sustrato a la boca resuelve el resto.
Sacarle partido
El semillero da mucho más juego si se convierte en un pequeño experimento. Etiquetar cada alveolo con la fecha, contar los días hasta que asoma la primera hoja, medir con una regla cada semana y anotarlo en un cuaderno enseña más botánica que cualquier explicación.
Se puede sembrar la misma especie en dos bandejas y ponerlas en sitios distintos, una junto a la ventana y otra en la penumbra, para que se vea con los ojos por qué las plantas necesitan luz. Y conviene contar de antemano que algunas semillas no van a nacer: en la naturaleza tampoco germinan todas, y perder la mitad de una bandeja es parte del asunto, no un fracaso.
En resumen
Con niños funcionan las semillas grandes y las especies rápidas: rábano, judía, girasol, guisante, lechuga y caléndula dan señales visibles en menos de una semana. El semillero puede ser una bandeja de alveolos o una huevera con agujeros, con sustrato fino, poroso y pobre en nutrientes, cubriendo cada semilla con unas dos veces su grosor y regando con pulverizador o desde abajo.
Los dos puntos donde se pierde casi todo son la ventilación, porque el exceso de humedad cerrada trae el mal del semillero, y la luz después de la germinación, porque a media luz las plántulas se estiran y ya no sirven. Después llegan el repicado sujetando por las hojas, el endurecimiento antes de salir al exterior y el trasplante definitivo cuando haya pasado el riesgo de heladas de la zona.