Lo que decide si un jardín sobrevive a tres semanas de agosto sin nadie delante es el agua, y en segundo lugar el acolchado. Todo lo demás (podar, abonar, ordenar) es secundario y, mal hecho justo antes de irse, resulta contraproducente. La regla de oro es sencilla: nada de cambios fuertes en la semana previa al viaje, y todo el esfuerzo puesto en asegurar el suministro de agua y en reducir la evaporación.
La segunda cosa que conviene tener clara es que jardín y terraza son problemas distintos. Una planta en suelo tiene un volumen de tierra enorme del que tirar; una maceta de veinte centímetros en un balcón al sur se seca en un día de julio. Si hay que elegir dónde invertir tiempo y dinero, la terraza es lo urgente.
Antes de partir de vacaciones, revisa aspersores y difusores: deben emerger correctamente y solapar las zonas de riego unos con otros para que no queden áreas sin regar. Ilustraciones: Marina Lemos
Una semana antes: probar el riego de verdad
El error más común es dar por hecho que la instalación funciona porque funcionaba en junio. Conviene lanzar un ciclo manual completo, con el jardín delante, y mirar sector por sector.
- Que todos los aspersores emergen del todo y giran, y que los sectores se solapan sin dejar zonas secas.
- Que ningún gotero está obturado y que ninguna planta se ha quedado sin emisor tras la última replantación.
- Que los microtubos siguen conectados. Con el calor, el plástico se dilata y las conexiones a presión se sueltan.
- Que el filtro está limpio, que es la avería silenciosa por excelencia.
- Que el programador tiene pilas nuevas. Si va enchufado, hay que saber qué pasa tras un corte de luz por tormenta: muchos modelos conservan el programa con una pila interna, y si está agotada se pierde todo.
Merece la pena hacer esta comprobación una semana antes y no la víspera, para tener margen de comprar la pieza que falte.
Cómo programar en verano
El riego se pone de madrugada o a primerísima hora, cuando la evaporación es mínima y la presión de red suele ser mejor. Regar al mediodía es tirar buena parte del agua.
Es preferible aumentar la duración de cada riego y espaciar los días antes que regar poco todos los días: el agua que llega en profundidad sostiene a la planta durante la ola de calor, mientras que un riego somero solo moja la superficie. En suelos arcillosos o en pendiente, partir el riego en dos ciclos cortos separados por media hora evita que el agua se vaya por escorrentía sin infiltrarse.
Un detalle práctico: durante las vacaciones baja el consumo de agua del barrio y sube la presión de red. Si la instalación no lleva regulador de presión, es el momento en que revientan las conexiones.
El acolchado, el mejor seguro
Una capa de cinco a siete centímetros de corteza de pino, astillas, paja o incluso grava sobre el suelo reduce muchísimo la evaporación, mantiene la tierra más fresca y frena la germinación de malas hierbas. En un verano peninsular la diferencia entre suelo desnudo y suelo acolchado es enorme.
Se extiende sobre suelo previamente regado a fondo y sin tocar el cuello de las plantas ni el tronco de los árboles, que necesitan quedar despejados. Antes de acolchar conviene escardar, porque las hierbas que se dejan compiten por el agua y, si granan, dejan semilla para años. En árboles y arbustos plantados esta temporada, un alcorque o caballón alrededor retiene el agua de riego donde hace falta.
Macetas y jardineras
Si hay grifo en la terraza, un pequeño equipo de goteo con programador resuelve el problema entero, y es una inversión que se amortiza el primer verano. En cómo instalar riego por goteo en la terraza está el procedimiento paso a paso.
Si no lo hay, se puede reducir mucho el consumo con medidas físicas:
- Agrupar las macetas juntas, en el rincón más sombreado y resguardado del viento. Agrupadas se dan sombra unas a otras y crean un microclima más húmedo.
- Meter la maceta dentro de otra mayor con sustrato o arcilla expandida entre ambas. La maceta interior deja de recibir sol directo y se seca mucho más despacio.
- Filtrar el sol con una malla de sombreo o dejando el toldo echado, siempre que no haya riesgo de que el viento lo destroce.
- Retirar la mitad de las flores abiertas y los frutos que no vayan a aprovecharse: reducen el consumo de agua sin dañar la planta.
Sistemas de riego para ausencias sin grifo
Las mechas de capilaridad funcionan bien y cuestan casi nada: una cuerda de algodón o de fibra natural va desde un cubo de agua colocado más alto hasta el interior del sustrato de cada maceta, y el agua sube por capilaridad al ritmo que el sustrato la va pidiendo. Conviene probarlo unos días antes para calibrar cuánta agua consume cada planta.
Las ollas de barro poroso enterradas junto a la planta, llenas de agua y tapadas, son una técnica antigua que funciona por el mismo principio y aguanta bien varios días en macetas grandes y en el huerto.
Los depósitos con programador a pilas son la solución intermedia cuando no hay toma de agua, y las botellas invertidas clavadas en el sustrato sirven para un fin de semana, pero no son fiables para una ausencia larga porque el caudal depende de cómo esté el sustrato y suelen vaciarse antes de tiempo o taponarse.
Sobre los geles y polímeros hidroabsorbentes, conviene ser prudente: aportan algo de reserva, pero los resultados son irregulares y no sustituyen a un sistema de riego. No es buena idea confiarles tres semanas de terraza.
El césped
Se siega antes de salir sin bajar la altura de corte. En verano interesa justo lo contrario: hierba más alta, que da sombra al suelo, conserva humedad y resiste mejor. Nunca se retira más de un tercio de la altura en una sola siega.
Escarificar, resembrar o abonar en pleno julio es contraproducente, porque son trabajos que estresan al césped y exigen seguimiento diario justo cuando no habrá nadie. Todo eso se hace en primavera o a la entrada del otoño.
Y si el césped acaba amarilleando por falta de agua durante la ausencia, en la mayoría de los casos no está muerto: las gramíneas de estación fría entran en una especie de letargo y rebrotan cuando vuelven el agua y las temperaturas suaves de septiembre.
Lo que no hay que hacer antes de irse
- Podar fuerte. Una poda severa en julio expone al sol corteza que nunca lo ha recibido y provoca quemaduras, además de estimular brotación tierna que se quedará sin riego. Solo flores marchitas, hojas secas y ramas rotas.
- Abonar. Con calor y sin riego seguro, el abono concentrado quema raíces. Se deja para septiembre.
- Trasplantar. La peor época del año, y encima sin nadie para seguirlo.
- Dejar plagas para la vuelta. Un foco pequeño de pulgón o de araña roja en julio es una plaga instalada en agosto. Se revisa y se actúa antes; si hay que tratar, se hace con tiempo, respetando las condiciones y las dosis de la etiqueta, y nunca sobre plantas en flor ni en horas de vuelo de los polinizadores.
El huerto
Antes de salir se recoge todo lo que esté maduro o a punto. Una planta con frutos pasados deja de producir, y calabacines o judías que nadie cosecha frenan la mata entera. Lo ideal es que un vecino pase a recoger, que además es la forma más barata de que alguien eche un vistazo.
El tomate y otras hortalizas de crecimiento rápido agradecen quedar bien entutorados antes del viaje, y una tormenta de verano puede tumbar lo que estaba justo. Un acolchado generoso entre líneas hace en el huerto el mismo efecto que en el jardín.
Alguien con llave
Aunque haya riego automático, conviene que alguien pueda entrar. Una fuga en una conexión con el programador funcionando puede tirar mucha agua durante dos semanas, y el aviso llega en la factura. Basta con dejar dicho dónde está la llave de paso general y cómo cerrarla, y pedir un vistazo cada pocos días.
Merece la pena también recoger y guardar sombrilla, cojines y muebles ligeros, que las tormentas de verano vuelcan con facilidad, y bajar toldos solo si están bien sujetos.
En resumen
Asegurar el agua y acolchar el suelo resuelve la mayor parte del problema. La instalación de riego se prueba una semana antes con un ciclo manual completo, sector por sector, con pilas nuevas en el programador y el filtro limpio, y se programa de madrugada con riegos más largos y menos frecuentes.
En terraza, agrupar las macetas a la sombra, protegerlas del viento y usar un goteo con programador o, en su defecto, mechas de capilaridad, es lo que de verdad funciona. Y en la semana previa no se poda fuerte, no se abona, no se trasplanta y no se dejan plagas pendientes para la vuelta.