Un bonsái es un árbol, no una planta de interior con forma bonita. De ahí salen casi todos los cuidados y también casi todos los fracasos: la mayoría de los ejemplares que se regalan mueren en un salón, con calefacción y poca luz, cuando su sitio estaba en la terraza. Lo primero que hay que averiguar, antes que el riego o el abono, es de qué especie se trata, porque de eso depende todo lo demás.
Lo segundo es asumir el ritmo de la maceta. Un bonsái vive en pocos centímetros de sustrato muy drenante, de manera que se seca deprisa y no perdona un olvido en agosto, pero tampoco tolera estar encharcado. Con la especie identificada, la ubicación correcta y un riego atento, un primer bonsái aguanta años; lo demás (poda, alambrado, estética) se aprende después y sin prisa.
Los bonsáis son árboles, por lo tanto deben situarse al aire libre y al sol, salvo las especies tropicales en climas fríos.
Qué especie tienes delante
En rigor no existen los bonsáis de interior. Lo que existe son especies tropicales y subtropicales que, en un clima con inviernos fríos, hay que meter dentro durante los meses malos porque fuera se helarían. Todo lo demás vive en el exterior los doce meses del año.
| Especie | Dónde vive | Notas |
|---|---|---|
| Ficus microcarpa y otros ficus | Interior en invierno, exterior el resto | El más habitual como primer bonsái, y el más tolerante |
| Carmona retusa | Interior en invierno | Exigente con la luz y la humedad, no es un buen primer árbol |
| Olmo chino (Ulmus parvifolia) | Exterior, semisombra en verano | Muy agradecido, brota con facilidad |
| Juníperos (Juniperus) | Exterior siempre | Se venden a menudo como de interior y mueren dentro |
| Olivo, granado, cotoneaster, piracanta | Exterior siempre | Bien adaptados al clima mediterráneo |
| Arces (Acer) | Exterior, sombra en las horas fuertes | Sufren con el calor seco del interior peninsular |
| Azalea (Rhododendron indicum) | Exterior | Acidófila, pide sustrato y agua sin cal |
Un apunte de seguridad, porque en bonsái se trabajan especies leñosas de todo tipo: el tejo (Taxus baccata), que se usa con frecuencia, es muy tóxico por ingestión en casi todas sus partes. Con niños pequeños o mascotas conviene tenerlo en cuenta al elegir dónde se coloca. Ante una ingestión, el médico o el veterinario.
Ubicación
Al aire libre y con sol. Un árbol de especie autóctona o de clima parecido al nuestro vive fuera todo el año, y solo hay que resguardarlo del viento fuerte, que deseca mucho una maceta poco profunda, y de las heladas intensas.
Para los tropicales que pasan el invierno dentro, el sitio es la ventana más luminosa posible, lejos del radiador y de las corrientes de la puerta. El aire seco de la calefacción es, además de un problema de deshidratación, la puerta de entrada de la araña roja. En cuanto pasan las heladas vuelven fuera, aclimatándolos poco a poco para que las hojas no se quemen con el primer sol directo.
Riego
No hay frecuencia fija que valga. Un mismo árbol puede necesitar dos riegos diarios en un julio de Sevilla y uno a la semana en un enero de Burgos. El criterio es la superficie del sustrato: se riega cuando empieza a verse seca, sin esperar a que el cepellón se seque por dentro.
Se riega con regadera de cebolla fina, para no descalzar el sustrato ni el musgo de la superficie, mojando de manera uniforme hasta que salga agua por los agujeros de drenaje. Un riego corto que solo humedece la capa de arriba deja la parte inferior seca y no sirve de nada. Y la bandeja no debe quedarse nunca con agua estancada.
Si el sustrato ha llegado a secarse del todo y el agua se escurre por los lados sin empapar, la solución es la inmersión: la maceta en un barreño con agua hasta el borde del sustrato, hasta que dejen de salir burbujas, y luego escurrir.
El agua y la cal
En buena parte de España el agua del grifo es dura, y en una maceta pequeña las sales se acumulan rápido, dejando costra blanca en la superficie y en el borde. Lo ideal es agua de lluvia recogida, y si no, agua de mineralización débil. Cuando no hay más remedio que regar con agua dura, la manera de compensarlo es acortar los plazos entre trasplantes, para renovar el sustrato antes de que la acumulación pase factura.
Con especies acidófilas como la azalea la cuestión no es opcional: el agua caliza les provoca clorosis y acaban perdiéndose.
Sustrato
El sustrato de bonsái no se parece a la tierra de maceta. Es una mezcla granular y muy drenante, en la que cada partícula deja huecos por donde circula el aire. Los componentes más usados son la akadama, una arcilla granulada japonesa que retiene agua sin encharcar, y materiales inertes como la pómez, la grava volcánica o el picón, que aseguran la aireación. Para acidófilas se emplea kanuma.
La proporción entre componentes se ajusta a la especie y al clima: más material retentivo donde el verano es seco y caluroso, más inerte donde llueve mucho. Colocar los granos más gruesos en el fondo de la maceta mejora el drenaje. Lo que nunca funciona es un sustrato fino que se apelmaza, porque el árbol termina con la raíz asfixiada.
Trasplante y poda de raíces
El bonsái se trasplanta periódicamente para renovar el sustrato y podar las raíces, que es lo que mantiene un sistema radicular compacto y funcional dentro de una maceta pequeña. Los árboles jóvenes y de crecimiento rápido lo piden cada pocos años; las coníferas y los ejemplares viejos, mucho menos.
El momento es el final del invierno, justo antes de que las yemas se muevan, con el árbol todavía parado pero a punto de brotar. Se saca el cepellón, se desenreda, se recorta una parte de la raíz, se coloca sobre sustrato nuevo y se fija a la maceta con alambre para que no baile. Después, riego a fondo, unas semanas en sombra protegida y nada de abono hasta que se vea brotación nueva.
Abonado
Se abona durante el periodo de actividad, con el grueso en primavera y en otoño. En el pico del verano mediterráneo, con el árbol frenado por el calor, y en pleno invierno con el árbol parado, no tiene sentido.
Los abonos orgánicos sólidos, en bolitas o tortas que se colocan sobre el sustrato y liberan poco a poco con cada riego, son la opción más segura para quien empieza, porque son difíciles de sobredosificar y alimentan también la vida del sustrato. No se abona un árbol enfermo, ni uno recién trasplantado, ni uno con el cepellón seco.
Poda y alambrado
Hay dos trabajos distintos. El pinzado de mantenimiento se hace durante el crecimiento y consiste en recortar los brotes nuevos para mantener la silueta y densificar la ramificación. La poda estructural, la que quita ramas enteras, se hace con el árbol parado, al final del invierno, y conviene pensarla despacio porque una rama tarda años en reponerse.
El alambrado sirve para dirigir ramas y tronco. Se enrolla en espiral sin apretar sobre la corteza y hay que revisarlo con frecuencia: en cuanto la rama engorda, el alambre se clava y deja marcas que quedan para siempre. En especies de crecimiento rápido puede haber que retirarlo en pocos meses; en coníferas aguanta bastante más.
Problemas frecuentes
- Hojas amarillas que caen en masa en un ficus recién llegado a casa: suele ser el cambio de condiciones. Estabilizar el sitio y no regar de más.
- Telarañas finas y hoja moteada en invierno dentro de casa: araña roja, favorecida por el aire seco de la calefacción.
- Musgo verde muy vigoroso y sustrato siempre húmedo: se está regando de más o el sustrato está agotado y apelmazado.
- Brotación débil tras varios años sin trasplantar: el cepellón está lleno de raíz y sin aire. Toca trasplante.
- Punta de las hojas seca: falta de agua puntual, viento seco o exceso de sales por agua dura.
En resumen
La primera decisión que salva un bonsái es identificar la especie y ponerlo donde le corresponde: fuera todo el año si es una especie de clima templado, y dentro solo durante el invierno si es tropical, junto a la ventana más luminosa y lejos del radiador. Casi todos los bonsáis que se pierden se pierden por vivir dentro de casa sin necesidad.
El resto son rutinas sencillas: regar cuando la superficie del sustrato empieza a secarse, empapando hasta que drene; sustrato granular y aireado; abono en primavera y otoño; y trasplante con poda de raíces al final del invierno. Con eso el árbol se mantiene sano durante años, que es la condición previa para poder trabajar la forma.