Para macizos bajos de flor, parterres pequeños y mesas de cultivo, el emisor que mejor funciona no es el gotero sino la tobera de aspersión o el microdifusor montado sobre tubo rígido. La razón es sencilla: en estas plantaciones las raíces están repartidas por toda la superficie del bancal, no concentradas bajo cada planta, y lo que interesa es mojar la capa superior del sustrato de manera uniforme, no crear bulbos húmedos aislados.

El montaje habitual consiste en un pequeño tubo rígido de unos 25 o 30 centímetros que eleva el emisor por encima de la vegetación, clavado en el suelo con estaca y conectado a la tubería con un microtubo. Si el emisor se acopla directamente a la tubería, en cuanto las plantas crecen quedan tapando el chorro y aparecen zonas secas justo donde el follaje es más denso. Elevarlo cuesta unos céntimos y resuelve el problema para toda la temporada.

Cómo se comportan las toberas y los microdifusores

Estos emisores pulverizan el agua en gotas finas y la reparten en círculo o en sector. Los modelos más comunes permiten fijar el ángulo de riego en 90, 180 o 360 grados, lo que sirve para regar una bordura pegada a un muro sin mojar la pared, o la esquina de un parterre sin salpicar el paso.

El caudal está muy por encima del de un gotero. Mientras un gotero autocompensante entrega unos pocos litros por hora, una tobera de microaspersión mueve del orden de varias decenas de litros por hora y alcanza radios de aproximadamente uno a tres metros según el modelo y la presión. El dato exacto lo da siempre la tabla del fabricante para ese emisor y esa presión de trabajo, y conviene mirarla antes de comprar, porque de ahí sale cuántos emisores caben en una misma fase.

La contrapartida de mojar toda la superficie es que se pierde más agua por evaporación y por arrastre del viento que con el goteo, y que el follaje se moja. En verano mediterráneo eso significa regar de madrugada o a primera hora, nunca al mediodía, y evitar los días de viento fuerte si se puede. También significa que en plantas sensibles a hongos foliares, como muchas anuales de flor en agosto, el goteo sigue siendo mejor opción.

Por qué el último emisor de la línea riega menos

Las toberas y los microdifusores no son autocompensantes. Su caudal depende directamente de la presión que reciben, y la presión cae a lo largo del recorrido por rozamiento del agua contra la tubería. Cuanto más larga la línea y más emisores cuelgan de ella, más notable es la diferencia entre el primero y el último.

De ahí que estos emisores sean para instalaciones pequeñas. En un macizo doméstico o en un par de mesas de cultivo la diferencia es despreciable. En una línea de treinta metros con veinte toberas ya se ve a simple vista: el arranque encharca y el final se queda corto.

Hay dos maneras de compensarlo. La primera es cerrar el circuito, es decir, que la tubería forme un anillo y el agua llegue al último emisor por los dos extremos, con lo que la caída de presión se reparte. La segunda es sectorizar: si el jardín pide más de lo que aguanta una fase, se parte en dos programas en lugar de estirar la línea.

Presión de trabajo y regulador

El riego localizado trabaja a presiones bajas, muy por debajo de la que suele llegar de la red. Un regulador de presión a la salida del programador es la pieza que más problemas evita: sin él, los emisores nebulizan en lugar de gotear, los microtubos se salen de sus conexiones y las juntas acaban goteando.

Conviene que el regulador sea regulable y no de valor fijo, porque la presión de la red no es constante. En verano, con todo el barrio regando a la misma hora, baja; de madrugada sube. Poder ajustarlo con una llave en treinta segundos es cómodo. La presión concreta a la que debe funcionar la instalación viene indicada en la documentación del emisor, y es el valor al que hay que ceñirse.

Filtración y agua caliza

El orificio de una tobera de microaspersión es minúsculo, y en buena parte del este y el sur peninsular el agua de red es dura. La cal precipita en la boquilla y va estrechando el paso hasta que el chorro se deforma o desaparece. Es la avería más frecuente de estas instalaciones y no da aviso: simplemente una zona del parterre empieza a secarse.

Dos medidas lo mantienen a raya. Un filtro de malla o de anillas a la entrada de la instalación, que se desmonta y se enjuaga con agua unas cuantas veces por temporada, retiene arenillas y restos de la red. Y desenroscar y limpiar las boquillas al empezar la temporada, más una revisión a mitad de verano, resuelve lo que la cal haya ido depositando. Si el agua es muy dura, un remojo en agua con vinagre disuelve los depósitos blancos sin dañar el plástico.

Otro punto que se olvida: al final de cada línea conviene dejar un tapón desmontable. Abrirlo un minuto con el riego en marcha, al principio y al final de la temporada, arrastra los sedimentos acumulados en el fondo de la tubería antes de que lleguen a los emisores.

Mesas de cultivo y huerto en contenedor

Las mesas de cultivo son un caso particular porque el volumen de sustrato es pequeño y la superficie está muy poblada. Dos o tres microdifusores de sector, colocados en los extremos y apuntando hacia dentro, cubren una mesa estándar sin salpicar fuera. Si la mesa está en una terraza con vecinos debajo, mejor bajar el ángulo y el alcance, o pasar a goteo con tubería de goteros integrados serpenteando entre las plantas.

En sustrato de mesa de cultivo el agua se mueve casi tan rápido como en una maceta: riegos cortos y frecuentes en verano, más espaciados en primavera y otoño. Con el programador es fácil pasarse, y una mesa de cultivo encharcada mata las raíces igual de bien que una seca.

Errores de diseño que se pagan todo el verano

El primero, y el más caro de corregir, es mezclar tipos de emisor en la misma fase. Una tobera que entrega decenas de litros por hora y un gotero que entrega dos no pueden compartir programa: el tiempo que necesita uno encharca al otro. Cada tipo de emisor va en su propia fase, aunque eso obligue a comprar un programador con más salidas.

El segundo es agrupar en una misma fase plantas con necesidades distintas. Un macizo de anuales al sol y una masa de arbustos mediterráneos ya establecidos no se riegan igual, y el programa acaba ajustado para la planta más exigente, que es lo mismo que regar de más a todo lo demás.

El tercero es dar por hecho que una plantación nueva se sostiene sola con el goteo desde el primer día. El riego localizado moja el sustrato por capilaridad desde un punto, y hasta que las raíces colonizan ese volumen húmedo el cepellón puede quedarse seco por dentro aunque el suelo alrededor esté mojado. Durante las primeras semanas, un apoyo con manguera o regadera directamente sobre el cepellón evita perder plantas recién puestas.

Revisión de temporada

En clima peninsular la instalación se pone en marcha en primavera y se recoge, o al menos se vacía, al llegar los primeros fríos. En zonas de heladas el agua retenida en tuberías y emisores expuestos los revienta, así que merece la pena purgar las líneas y guardar el programador a cubierto.

Al arrancar en primavera, la rutina útil es corta: abrir con la instalación destapada y mirar emisor por emisor si todos dan agua y con qué forma; limpiar los que estén sucios; comprobar que no hay microtubos sueltos o mordidos; y ajustar el regulador de presión. Media hora en abril ahorra plantas en julio.

Si buscabas los emisores para macetas, jardineras, borduras, setos y masas de arbustos, están tratados en la primera parte de esta guía.

En resumen

Para macizos bajos, parterres pequeños y mesas de cultivo, la tobera de aspersión o el microdifusor sobre tubo rígido de unos 30 centímetros reparten el agua de manera uniforme sobre toda la superficie, que es justo lo que pide este tipo de plantación. No son autocompensantes, así que su terreno son las instalaciones pequeñas, y el circuito cerrado en anillo ayuda a igualar el riego entre el primer emisor y el último.

Lo que marca la diferencia entre una instalación que funciona años y otra que se degrada en dos veranos es siempre lo mismo: un regulador de presión ajustable, un filtro que se limpie de verdad, no mezclar tipos de emisor en una misma fase y una revisión al empezar y al terminar la temporada. Con agua dura, que es lo habitual en el este y el sur, la limpieza de boquillas deja de ser opcional.


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