Dividir una mata es la forma más rápida y segura de multiplicar plantas vivaces: se obtienen ejemplares ya crecidos, con raíz, que arraigan casi siempre, y que son genéticamente idénticos a la planta madre, así que conservan su color y su porte. Ninguna otra técnica de multiplicación da tanto resultado con tan poco material.

Tiene además una segunda función que suele pesar más que la primera. Las vivaces que llevan varios años en el mismo sitio se apelmazan, la parte central se agota y se queda hueca, y la floración pierde calidad. Dividirlas es la manera de rejuvenecerlas. Por eso no se divide cada año por sistema, sino cuando la planta lo pide: mata apretada, centro leñoso o desnudo, menos flor que en temporadas anteriores.

Las sansevierias se multiplican dividiendo el rizoma. Los meses ideales para hacerlo son marzo y abril.

Qué plantas se dividen y cuáles no

Se dividen bien todas las plantas que forman mata a partir de varios puntos de crecimiento: vivaces herbáceas, rizomatosas, bulbosas que producen hijuelos y muchas plantas de interior que emiten brotes desde la base.

No se dividen las que tienen una única raíz principal pivotante ni un solo tallo de crecimiento. Es el caso de la lavanda, el romero, las amapolas orientales, los altramuces, la retama y en general las matas leñosas de un solo pie: al partirlas se obtienen dos trozos sin puntos de brotación suficientes y se pierden los dos. Esas se multiplican por esqueje o por semilla, no por división.

Cuándo hacerlo

La regla más útil es dividir en el momento opuesto a la floración, para no interrumpir el ciclo de la planta ni desperdiciar la floración del año.

  • Vivaces de flor estival y otoñal (aster, equinácea, heleno, flox): al final del invierno o en el arranque de la primavera.
  • Vivaces de flor primaveral (primaveras, aubrieta, arabis, doronicum): al terminar de florecer, o en el primer otoño.
  • Gramíneas ornamentales. Conviene distinguirlas. Las de crecimiento cálido, que arrancan tarde y lucen en verano y otoño, se dividen en primavera, cuando el suelo ya está templado; dividirlas en otoño suele salir mal porque no tienen tiempo de enraizar antes del frío. Las de crecimiento frío, que brotan pronto, admiten el otoño.
  • Lirios de rizoma (Iris germanica y afines): en verano, unas semanas después de la floración, que es cuando están en reposo.
  • Plantas de interior: a comienzos de la primavera, cuando reanudan el crecimiento.

En cualquier caso, el trabajo se hace con la tierra húmeda y en días templados, ni con helada ni con calor fuerte, y mejor a última hora de la tarde o en una jornada nublada para que la planta pierda menos agua mientras está descalzada.

Herramientas y preparación

Para una mata pequeña basta con las manos y un cuchillo robusto. Para matas grandes y compactas se necesita una pala de corte o una laya, y para las más leñosas, dos horcas clavadas espalda contra espalda y separadas haciendo palanca, que es el método que menos daña las raíces.

Las herramientas deben estar limpias y desinfectadas antes de empezar y al pasar de una planta a otra. Un corte es una puerta de entrada para hongos y bacterias, y la división es precisamente una operación de cortes. Alcohol o una lejía diluida sirven; después conviene secar el filo.

Conviene tener preparado el sitio de destino antes de sacar la planta, y a mano una regadera o manguera. Una división que espera dos horas al sol con las raíces al aire llega en malas condiciones.

Cómo se divide una mata

El procedimiento es siempre el mismo. Se riega la planta el día anterior. Se cava alrededor de la mata a una distancia prudente para no cortar demasiada raíz y se levanta entera. Se sacude o se lava la tierra lo justo para ver dónde están los puntos de crecimiento, porque cortar a ciegas es la causa habitual de divisiones que no brotan.

Después se separa. Muchas matas se abren solas tirando con las dos manos; otras necesitan cuchillo o pala. Cada porción debe llevar dos cosas: raíces y al menos dos o tres yemas o brotes. Las divisiones muy pequeñas tardan años en dar una planta presentable, y las muy grandes reproducen el problema que se quería resolver.

La parte central vieja, leñosa y sin brotación se descarta: es la que menos rinde. El material bueno está en la periferia de la mata.

Se replanta enseguida, a la misma profundidad a la que estaba, se aprieta la tierra alrededor sin compactarla en exceso y se riega abundantemente para que no queden bolsas de aire junto a las raíces. Si la porción tiene mucha parte aérea en relación con la raíz que le ha quedado, conviene recortar el follaje a la mitad para equilibrar; en plantas de hoja perenne esa poda reduce la transpiración mientras la raíz se rehace.

Las semanas siguientes son las que deciden. Riego regular sin encharcar, sombra si hace calor, y nada de abono hasta que la planta muestre crecimiento nuevo: un fertilizante sobre raíces cortadas quema.

Rizomas, tubérculos e hijuelos

Los rizomas son tallos subterráneos u horizontales que se cortan en segmentos, y cada segmento debe conservar al menos una yema y algo de raíz. Se dejan orear unas horas para que la herida seque antes de plantar, lo que reduce mucho el riesgo de podredumbre.

Los lirios de rizoma tienen una particularidad que se olvida a menudo: el rizoma se planta casi en superficie, con la parte superior a la vista, no enterrado. Si se sepulta, se pudre o deja de florecer. Se aprovecha la ocasión para descartar los tramos viejos, sin brotes, y para recortar las hojas en abanico, lo que evita que el viento vuelque la división antes de que agarre.

Muchas plantas de interior producen hijuelos con raíz propia (cintas, espatifilos, aglaonemas, calateas, sansevierias, chamaedoreas), que basta con separar en el trasplante de primavera. Aquí una advertencia práctica: varias de estas especies conviene manipularlas con guantes. Las aráceas como el espatifilo, el aglaonema y la alocasia contienen cristales de oxalato cálcico, cuya savia irrita la piel y las mucosas y que resulta tóxica por ingestión, algo a tener en cuenta si hay niños o mascotas. La sansevieria también es tóxica por ingestión para perros y gatos. No son plantas peligrosas de tener, pero sí conviene lavarse las manos después de trabajar con ellas y no dejar los trozos cortados al alcance de un animal.

Un apunte sobre las sansevierias: se multiplican por división de rizoma y también por esqueje de hoja, pero las variedades con el borde amarillo pierden ese margen si se propagan por hoja. Para conservar la variegación hay que dividir el rizoma.

Arbustos y aromáticas de mata

Algunos arbustos de hoja caduca que emiten muchos tallos desde la base (kerria, espirea, avellano, cornejo) admiten división en reposo, con la tierra húmeda y sin heladas: se descubre la base, se separa con la pala una porción de cepa con sus tallos y se planta aparte, recortando la parte aérea para favorecer el arraigo.

Entre las aromáticas, las que se extienden por estolones o rizomas, como la hierbabuena, la menta o el orégano, se dividen con enorme facilidad, y de hecho conviene hacerlo cada pocos años porque se agotan. Las de mata leñosa (romero, lavanda, tomillo arbustivo) no.

Cuidado con lo que se multiplica

La división es tan eficaz que a veces multiplica lo que no conviene. Conviene saber que el plumero de la pampa (Cortaderia selloana), que se ha plantado durante décadas como gramínea ornamental, figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras aprobado por el Real Decreto 630/2013, lo que implica la prohibición de su comercio, posesión, transporte y plantación. Produce una cantidad enorme de semilla que el viento lleva muy lejos y coloniza cunetas, taludes y terrenos alterados con gran rapidez. No es una gramínea que haya que dividir, sino una que hay que retirar.

Con carácter general, tampoco es buena idea multiplicar y regalar plantas de comportamiento agresivo por rizoma sin advertir de ello. Algunas mentas y bambúes corredores son capaces de invadir un jardín entero en pocos años si no se plantan con barrera antirrizoma o en contenedor.

En resumen

Dividir es la técnica de multiplicación con mayor tasa de éxito y, al mismo tiempo, la operación de mantenimiento que rejuvenece una vivaz agotada. Se hace cuando la mata lo pide, en el momento opuesto a su floración, con la tierra húmeda, herramientas desinfectadas y porciones que lleven raíz y varias yemas, descartando siempre el centro viejo de la mata.

Después de replantar, riego constante sin encharcar, sombra si aprieta el calor y nada de abono hasta que brote. Y dos precauciones: hay plantas que no se dividen porque tienen raíz pivotante, y hay especies que no conviene multiplicar en absoluto, empezando por las incluidas en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras.


Contenidos relacionados