La regla que resuelve casi todos los casos es una sola: hay que saber si el arbusto florece sobre madera del año anterior o sobre la del año en curso. Los que forman el botón floral el verano anterior se podan justo después de florecer; si se recortan en invierno se cortan las flores de esa temporada. Los que florecen sobre los brotes que emiten en primavera se podan al final del invierno, y esa poda es precisamente lo que provoca una floración más abundante.
Traducido a un calendario práctico: los arbustos de flor de primavera se podan entre abril y junio, cuando terminan; los de flor de verano y otoño, a finales del invierno, una vez pasado el riesgo de heladas fuertes y antes de que brote. Todo lo demás son matices, y los matices son los que cuentan.
Los arbustos de floración estival se podan hacia finales de febrero.
Antes de la tijera: qué se corta siempre
Al margen de la época de floración, en cualquier arbusto y en cualquier momento se pueden retirar las ramas muertas, rotas o claramente enfermas. Ese trabajo no tiene estación.
La poda de limpieza propiamente dicha (ramas cruzadas, las que se rozan entre sí, las que crecen hacia el interior enmarañando la mata, los chupones y los rebrotes débiles del pie) mejora la ventilación y la entrada de luz, y con ello reduce muchos problemas de hongos. En un arbusto denso, aclarar vale más que recortar.
El corte se hace por encima de una yema orientada hacia fuera, a poca distancia de ella y ligeramente inclinado en sentido contrario a la yema, para que el agua no se quede encima. Cortar a ras deja la yema desprotegida y dejar un tocón largo produce un muñón que se seca y se puede pudrir hacia dentro. En ramas gruesas, el corte se hace respetando el rodete de la base, sin apurar contra el tronco.
Y una precaución de higiene que evita disgustos: desinfectar las tijeras al pasar de una planta a otra, sobre todo si se ha cortado algo enfermo. Se puede hacer con alcohol o con una lejía diluida, secando después la hoja para que no se pique.
Arbustos que florecen en primavera
Forman el botón floral el año anterior, así que la poda va después de la floración, entre abril y junio según la especie, y siempre con tiempo suficiente para que la planta emita los brotes que darán flor la primavera siguiente.
Entran en este grupo el lilo (Syringa vulgaris), la forsitia, la kerria, la celinda (Philadelphus), la weigela, el Viburnum, la mahonia, la retama, el grosellero de flor (Ribes sanguineum), la camelia y el membrillero de flor (Chaenomeles speciosa). En invierno, en estas especies, solo ramillas secas o dañadas: nunca una poda a fondo.
Sobre la mimosa (Acacia dealbata), que aparece siempre en estas listas, hay algo más importante que su calendario de poda. Está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, aprobado por el Real Decreto 630/2013, lo que implica la prohibición de su comercio, posesión, transporte y plantación en el territorio nacional, con las excepciones que la propia norma contempla. Se propaga con enorme facilidad y rebrota con fuerza tras el fuego y tras el corte, hasta el punto de que una poda mal planteada puede multiplicar el problema.
Arbustos que florecen en verano y otoño
Florecen sobre la madera del año, de modo que la poda de finales de invierno estimula brotes nuevos y con ellos más flor. Aquí se puede podar con decisión.
Es el caso del Hibiscus syriacus (rosa de Siria), la Buddleja, la Caryopteris, la Perovskia, la espirea de flor estival, la lagerstroemia y las hortensias de panícula. Un detalle sobre la budleya: es de crecimiento muy rápido, produce una cantidad enorme de semilla y se naturaliza con facilidad en terrenos alterados, cunetas y ramblas, así que conviene retirar las inflorescencias marchitas antes de que semillen y no plantarla junto a espacios naturales.
Las hortensias merecen una distinción que en la práctica se confunde a menudo. La hortensia común (Hydrangea macrophylla) florece sobre madera del año anterior: en ella solo se retiran las inflorescencias secas, cortando por encima del primer par de yemas gruesas, y se aclaran ramas viejas desde la base. Las de panícula y las arborescentes, en cambio, florecen sobre madera nueva y admiten una poda corta al final del invierno. Confundirlas es la causa más frecuente de una hortensia que no florece.
La adelfa (Nerium oleander) es un caso aparte y conviene tratarla con respeto. Es una planta muy tóxica por ingestión en todas sus partes, su savia irrita la piel y los ojos, y los restos de poda no deben quemarse, porque el humo también es tóxico. Ni siquiera secos pierden toxicidad, así que no deben quedar al alcance de animales. En cuanto al calendario, no necesita poda anual: basta un aclareo y un recorte moderado tras la floración principal cada dos o tres años, para limitar su tamaño y renovar la mata. Conviene hacerlo con guantes y lavarse después.
Aromáticas de mata leñosa
La lavanda, el romero, el cantueso, la santolina y la salvia arbustiva comparten una limitación que cuesta muchas plantas cada año: no rebrotan bien desde la madera vieja y desnuda. Si se recortan demasiado bajo, hasta la parte lignificada sin hojas, no vuelven a brotar y la mata queda hueca por ahí para siempre.
La poda correcta es ligera y anual, después de la floración, recortando las espigas marchitas y una parte de los tallos del año, siempre por encima de la zona con hojas verdes. Hecho todos los años, el arbusto se mantiene compacto durante mucho tiempo. Cuando ya está abierto y leñoso por el centro, la única salida realista es sustituirlo.
Arbustos de baya y setos
Los arbustos que se cultivan por su fruto decorativo (piracanta, cotoneáster, acebo, durillo) tienen un conflicto de calendario: podarlos después de florecer elimina las bayas. Lo razonable es limitarse a una poda de mantenimiento ligera y renunciar a la forma perfecta, o asumir que ese año no habrá fruto.
En los setos floridos manda la misma regla general, con una consideración añadida importante. La poda a fondo de setos y masas arbustivas en plena primavera destruye nidos de aves. La Ley 42/2007, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, protege a las aves silvestres, incluidos sus nidos, de modo que conviene concentrar el trabajo fuerte fuera de la época de cría y revisar el arbusto antes de empezar. Si hay nido ocupado, se deja esa parte para más adelante.
Arbustos de flor invernal y trepadoras
El jazmín de invierno (Jasminum nudiflorum), la Skimmia y los Viburnum de floración invernal se podan cuando terminan de florecer, ya en primavera, y solo si lo necesitan.
Las trepadoras, en general, piden poco más que una poda de limpieza al final del invierno y un aclareo cada tres o cuatro años cuando la masa se vuelve impenetrable. Hay excepciones que conviene conocer:
- Glicinia (Wisteria). Doble poda. En verano se despuntan los brotes largos y volubles, varias veces a lo largo de la temporada, para que la planta concentre reservas en los ramos cortos. En invierno se acortan esos brotes dejando unas pocas yemas. Es lo que convierte una glicinia frondosa y sin flor en una glicinia florida.
- Bignonia (Campsis). Poda enérgica al final del invierno, acortando bastante las ramas laterales del año anterior, porque florece sobre madera nueva.
- Plumbago (Plumbago auriculata). Florece en verano y otoño sobre brotes del año, así que se recorta al final del invierno para provocar brotación nueva.
- Rosales trepadores. Las ramas principales se guían lo más horizontales posible, porque así florecen a lo largo de todo su recorrido y no solo en el extremo.
Rejuvenecer un arbusto viejo
Cuando una mata se ha vuelto hueca, con toda la vegetación en la punta y ramas viejas improductivas en la base, se puede rejuvenecer. Lo más seguro no es cortarlo todo de golpe, sino repartir la operación en tres años, retirando cada invierno alrededor de un tercio de las ramas más viejas desde la base. La planta mantiene follaje mientras se renueva y el riesgo de perderla es mucho menor.
La poda drástica en una sola vez funciona en especies que rebrotan bien de cepa, pero cuesta la floración de al menos una temporada y no todas las especies la soportan. Las aromáticas leñosas, ya se ha dicho, no.
En resumen
Todo se reduce a identificar sobre qué madera florece cada arbusto. Flor de primavera sobre madera vieja significa podar justo después de la floración, entre abril y junio. Flor de verano y otoño sobre madera del año significa podar a finales del invierno, y podar en serio. En caso de duda, esperar a que la planta florezca y observar dónde salen las flores resuelve la pregunta mejor que cualquier lista.
Quedan tres cautelas que conviene no olvidar: las aromáticas leñosas no rebrotan de la madera desnuda, la adelfa es tóxica y sus restos no se queman, y la poda fuerte de setos y arbustos en primavera puede destruir nidos protegidos por la Ley 42/2007. Con eso y unas tijeras limpias y afiladas, la poda de los arbustos de flor deja de ser un asunto complicado.